Petro, entre la hegemonía y la herejía
Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

Petro, entre la hegemonía y la herejía

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Petro llegó al poder, pero la batalla cultural sigue dominada por el conservadurismo propio de los colombianos. Gramsci ayuda a entender por qué.

Una batalla cultural

En la Colombia de hoy, hablar de Petro no es simplemente hablar de un presidente.

Es hablar de una anomalía histórica, de un accidente controlado por el propio sistema que lo permitió llegar, siempre y cuando su victoria no significara su «victoria». 

Aquí es donde Gramsci se cuela como invitado incómodo: el pensador italiano que entendió que el poder no es solo fuerza bruta ni legalidad, sino una guerra constante por el sentido común, una batalla cultural en la que la hegemonía decide quién puede soñar y quién ni siquiera tiene permiso para imaginar.

Petro llegó prometiendo un cambio de época, pero en los hechos se enfrenta a una maquinaria política y mediática que, más que oposición, es una fábrica de contrahegemonía. 

Gramsci lo habría descrito como un prisionero de una correlación de fuerzas que no ha logrado quebrar. 

El Pacto Histórico es su trinchera, pero es también su límite: una coalición heterogénea que vive en la tensión permanente entre la épica y la administración, entre la poesía de las plazas y la prosa de los despachos.

La hegemonía que nunca fue

Gramsci decía que una revolución no se gana solo en las calles, sino en las cabezas. 

Petro ha intentado instaurar un nuevo relato nacional: justicia social, transición energética, paz total. Sin embargo, ese relato no ha penetrado el núcleo duro del sentido común colombiano, moldeado durante décadas por un conservadurismo práctico que asocia el cambio con el caos. 

Su discurso choca contra una cultura política donde la obediencia al orden —por injusto que sea— parece más segura que la promesa de un futuro incierto.

En este terreno, la derecha no necesita ganar el debate: le basta con bloquearlo. Y lo hace a través de lo que Gramsci llamaba “aparatos privados de hegemonía”: medios de comunicación, gremios económicos, think tanks, iglesias y hasta la comedia televisiva, todos alineados para desgastar, ridiculizar o demonizar cualquier desviación del guion neoliberal.

La guerra de posiciones

Petro está librando una guerra de posiciones, no de movimientos. No avanza como ejército en campo abierto; avanza como quien cava túneles bajo una fortaleza enemiga. Pero sus túneles parecen llenarse de agua antes de llegar al otro lado. 

Las reformas estructurales —salud, pensiones, laboral— se convierten en campos de batalla parlamentarios donde las victorias parciales se sienten como derrotas diferidas. En la lógica gramsciana, cada retroceso erosiona la credibilidad del proyecto y fortalece la hegemonía adversaria.

La contrahegemonía de bolsillo

Petro ha intentado construir una contrahegemonía apoyándose en redes sociales y en la movilización callejera. Sin embargo, esta estrategia tiene dos límites claros: la calle no gobierna y las redes no reemplazan las instituciones. 

La hegemonía se disputa también en el control de los resortes del Estado, y allí la “gobernabilidad” impone pactos incómodos que diluyen la pureza del proyecto inicial. Lo que se gana en radicalidad discursiva se pierde en capacidad de implementación.

Entre la herejía y la cooptación

Gramsci entendía que todo liderazgo que desafía un orden establecido enfrenta una disyuntiva: convertirse en herejía persistente o ser absorbido por el sistema que pretendía transformar. 

Petro, en este punto, está en la cuerda floja. Si insiste en empujar la frontera del cambio, corre el riesgo de un bloqueo total que lo condene a la irrelevancia práctica. Si cede para sobrevivir, la herejía se convierte en rutina, y el cambio en mera administración del mismo orden que criticaba.

Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

Conclusión: la oportunidad única que se disuelve

El gobierno de Petro puede ser la única oportunidad en décadas para un proyecto de izquierda con opción real de poder en Colombia. 

Pero la lógica gramsciana nos recuerda que, si no se logra modificar el sentido común dominante, las victorias políticas son solo paréntesis en una historia escrita por otros. Petro puede pasar a la historia como el presidente que abrió una puerta o como el que la dejó entornada para que el viento la cerrara.

En el tablero de Gramsci, no basta con mover piezas: hay que cambiar las reglas del juego. El tiempo, implacable, le está recordando que en política no hay segundas oportunidades… y que la hegemonía no se hereda, se conquista.

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Acerca del autor

Carlos Randazzo
crandazzo@razonpublica.org | + posts

*Abogado de la Universidad Javeriana con especialización en Derecho Administrativo, ex funcionario de la Corte Constitucional y actualmente asesor jurídico de entidades públicas y privadas.

12 comentarios

Carlos Randazzo

Escrito por:

Carlos Randazzo

*Abogado de la Universidad Javeriana con especialización en Derecho Administrativo, ex funcionario de la Corte Constitucional y actualmente asesor jurídico de entidades públicas y privadas.

12 comentarios de “Petro, entre la hegemonía y la herejía”

  1. Que artículo tan mal escrito y sesgado. Finalmente opinión de algún desconocido. No entendì el objetivo del artículo, creo que solo defender. No hay que ser opositor para entender que Petro no supo cómo hacer un proyecto de lar5go plazo y que su ego e incompetencia, fue el culpable de todo. En política no es imponer es negociar los mínimos, él que tanto estuvo en la práctica no lo supo ejecutar. El país está pero y afortunadamente esas reformas no se aprobaron, o estaríamos peor.

  2. Es fácil contestar “tan mal escrito y sesgado” y no aportar el argumento necesario. Te faltó análisis; dejaste la evidencia clara de “la batalla cultural”, es un comentario muy emocional.

  3. Pondero la relación que hace el columnista con Gramsci, no obstante, el artículo no es revelador, más bien tibio en sus apreciaciones, pues ya han pasado 3 años de caos y el país está completamente descuadernado. No hemos sentido que haya gobernabilidad, es más de lo mismo de los viejos políticos tradicionales.

  4. El problema con la «contrahegemonía» de Gramsci (que por cierto fue un filósofo del marxismo italiano) es que pretende que esta tiunfe en la batalla cultural que haría que el «sentido comun» sea el del partido o grupo que triunfe en tal batalla. En el caso de Gramsci el sentido común sería aquel de los obreros o proletarios con exclusión de los demás. Un totalitarismo al que se llega no por la violencia y el terror sinó por la transformación en la forma de pensar de la comunidad.

    1. Me parece un buen artículo, por su extensión deja las ventanas abiertas para que uno vaya más allá… explore. La idea central es como el Pacto puede responder al poder.

  5. Es fácil entender el articulo. Para lograr transformaciones políticas y sociales no solo basta con llegar al poder, hay que hacer una gran revolución intelectual, cultural y moral. La transformación de la noche a la mañana es un mito, el cambio que se ha iniciado hay que entenderlo en que es un cambio de largo plazo. La izquierda si quiere seguir en el poder debe organizarse y generar una hegemonía; unirse y no fraccionarse que es lo que sucede que la propia izquierda le tira piedras al rejado de la otra izquierda porque no es tan bonita como ella quisiera. El hecho de lograr la unidad de amplios sectores permite recuperar esos espacios que fueron despojados como la educación, la salud, la comunicación. Si en las elecciones presidenciales del próximo año gana la izquierda se debería seguir avanzando en ese sentido, pero esto implicaría mayor democracia, mayor participación, más medios de comunicación, más radios públicas, más pluralidad de voces, nos referimos a la construcción de hegemonía y esto implica ser capaces con el discurso de convencer a la mayoría, para que la mayoría apoye el proyecto y esto solo es posible a través de un planteamiento político, de la organización y de la movilización, pero también a través de la ocupación de ciertos campos en donde antes no estábamos, uno de ellos, por ejemplo, es el de la comunicación.

  6. A la verdad está muuy flojo y timorato el artículo. Le falta análisis, contraste, mirar desde el perfil psicológico de un Presidente autocrático y propagandista, que desprecia el rol y el valor simbólico de la comunicación, embriagado en libertad abstracta e ilusoria y con serios problemas de hermenéutica en el lenguaje, al que maltrata todo el tiempo, de ahí tanta incoherencia cuando se da ‘garra’ en horario ‘prime time’ para mostrar en público su impudicia de ser un pésimo gobernante y de un gobierno carente de gobernabilidad. Petro es un paquete ‘chileno’, un niñato burgués que juega a la ‘revolución’ como rito de pasaje hacia la oligarquía.

    Respecto al Pacto Histórico, ¿cuál trinchera?, ¿cuál poesía?, si lo que hay ahí es la cloaca más grande del país, junto a la otra cloaca llamada Centro Democrático y las otras pequeñas letrinas llamadas dizque partidos políticos o movimientos, y no son más que colchas de retazos donde no se asume ninguna responsabilidad política, fiscal, administrativa o penal cuando de responder por los entuertos de sus miembros se trata. Ni siquiera tienen estatutos o mecanismos disciplinarios internos o comisiones de ética para disciplinar a quienes orquestan o hacen concierto para delinquir. Sólo tienen consignas políticamente correctas para distraer a los incautos y a la mayoría con mirada plana de las cosas y realidades, mientras refrendan todos los males del neoliberalismo. Y no contento con eso, sólo a un colombiano como él se le ocurre destruir los recursos estratégicos de la nación (gas, petróleo y carbón), activos fundamentales para negociar frente a otras economías fuertes y a partir de ahí generar una redistribución de la riqueza, para que, como en el capitalismo norteamericano, los obreros o los empleados de las empresas puedan participar en las utilidades de las grandes empresas, y de ahí surja una clase obrera pudiente y de clase media, como sucedió en los Estados Unidos tras la Gran Depresión. ¡Pero qué va! A ese inepto no le gusta la redistribución de la riqueza, prefiere a los aduladores que promuevan el viejo vicio nacional del culto al caudillismo, de ahí que haya traído a un tonto con los vicios del pentecostalismo de despreciar los mecanismos democráticos para favorecer el clientelismo y el cacicazgo, en un país de analfabetos y frustrados.

    RTVC convertida en caja de propaganda de gobierno, dejando de lado el pluralismo que debe caracterizar a los medios públicos y privados. Es más, en las «noches de opinión» la mesa de integrantes son puros agentes «Smith», todos pensando igual, sin ningún equilibrio para generar un contraste y equilibrio en las controversias. El orden público en crisis por cuenta de las masacres que no paran; nombrando como gestores de paz a matones como Mancuso, en vez de estar restituyendo a las víctimas, intimida a las víctimas, una burla; fuera de eso dándole palmaditas en la espalda al dictador de Venezuela y apoyando a la dictadura; permisivo con el terrorismo; el sistema de salud saboteado, quebrado y robado (el gobierno también tiene su cuota gigantesca en esa inmensa corrupción; cómplice en la fuga de sus compinches del ex-M19 hacia Nicaragua, obstructor de la justicia para que atraparan a Carlos Ramón González luego del megadesfalco a la UNGRD por al menos $5 billones de pesos; bodegas pagadas con recursos públicos prestas para difamar y desinformar, con toda impudicia y ligereza, recordar que la ‘perla’ sacada fue «mover la línea ética»; aumentó la producción y el número de hectáreas con cultivos de hoja de coca (ni siquiera hizo un estudio de en qué momento se cambiaron las dinámicas del uso de la coca hacia un modelo industrial de capitalismo salvaje como es el narcotráfico de ‘perica’ a los cinco continentes (no sólo a Estados Unidos, como cacarean para desviar la atención por el fracaso de la descertificación; y no contento, refrendó al dictador bananero como garante de la «paz total» que es un fracaso total por la improvisación total y la falta de imperio de la autoridad para buscar el sometimiento de los grupos armados ilegales. Y ahora nos quieren vender a un estalinista (Iván Cepeda Castro) vulgar posando de voz que aparenta saber y de defensor de derechos humanos eso sí incapaz de criticar y señalar los crímenes de la izquierda armada y no armada, y que tiene como principal propuesta de campaña refrendar todo este desastre hecho por Gustavo Petro, y eso con el discurso distractor y políticamente correcto de las «reformas sociales», cuando lo que se necesita, en su orden de jerarquía, es: seguridad, imperio de la autoridad y reformas constitucionales y reformas sociales serias. Pero lo que hacen es refrendar el neoliberalismo y el neocolinialismo desde el negociazo que siempre ha sido patrocinar al pobre como forma efectiva de enriquecerse a través de programas de transferencias condicionadas, una forma de refrendación del neocolonialismo destructor de la esperanza y perpetuador de las estructuras permanentes de dependencia económica y de las inercias culturales.

    1. Excelente! Y le abono al articulo de Randazzo el que haya dado lugar al debate.

      Y lo de: «serios problemas de hermenéutica en el lenguaje, al que maltrata todo el tiempo, de ahí tanta incoherencia cuando se da ‘garra’ en horario ‘prime time’ para mostrar en público su impudicia de ser un pésimo gobernante y de un gobierno carente de gobernabilidad» pude fácilmente condensarse en que Petro dice muchas etupideces y muy seguido.

  7. Creo que Petro abrió la puerta y la va a dejar cerrada. Escribo con el corazón dolido. Creo que se valen las emociones en la política y en estos espacios de intercambio.

  8. Completamente de acuerdo con el autor. Creo que Petro ha intentado plantear temas nuevos y pertinentes para el país pero la oposición y los medios de comunicación han hecho un trabajo magistral de contrainformacion y fakenews que ha desgastado el mensaje y ha decepcionado a muchos que creían que Petro era el mesías y esperaban un cambio milagroso.
    Del lado del gobierno ha fallado en su estrategia de comunicar los logros y en que ha dado demasiada papaya con el nombramiento de funcionarios flojos o con rabo de paja

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