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El Polo Democrático: sin perestroika no hay futuro

Escrito por Andrés Hernández
Andrés Hernández Quiñónez

Andres Hernandez QuiñonezEn vez de su obsesión con las próximas elecciones, el Polo debe cambiar sus prácticas políticas y asumir seriamente su papel como un proyecto realmente alternativo, según el razonado análisis del profesor de la Universidad de los Andes.  

Andrés Hernández Quiñones

Durante las últimas semanas varios hechos han mostrado que el Polo Democrático Alternativo (PDA) no ha logrado encontrar un camino para manejar las tensiones internas o para superar las divisiones.  El retiro de 8 miembros del Comité Ejecutivo Nacional antes del Congreso del Partido, los numerosos enfrentamientos públicos entre los dirigentes de los tres sectores más visibles del Polo (el de la izquierda tradicional, el de los moderados, y el de los senadores Moreno y Dussán),  no menos que la notoria inasistencia de Luis Eduardo Garzón a este Congreso son expresiones de que algo anda mal.

Algunos afirman que las tensiones no tienen  importancia porque son consustanciales al ejercicio de la política y a la sana competencia por los liderazgos[1]. Sin embargo parece que las tensiones se están agudizando y que amenazan con romper la unidad del proyecto, de modo que sin duda los militantes o simpatizantes del Polo han de tomarlas en serio. 

Este artículo consta de dos partes. Primero reflexiono sobre las causas de las tensiones internas y la manera como se han venido manejando, y luego examino algunos  factores que pueden implicar un retroceso del Polo en las elecciones del 2010 respecto de lo alcanzado en el 2006. Termino explicando la necesidad de cambiar el rumbo, moderar las expectativas, y pensar seriamente en  una "perestroika" que asegure el futuro electoral y político del proyecto de cambio que el PDA encarna o quiere encarnar para Colombia.

1 ¿En qué consiste la división dentro del PDA?

Algunos han señalado que las divisiones dentro del Polo son el resultado exclusivo de ambiciones y disputas personales[2]. Aunque  estas razones no deben ignorarse, las causas principales son de carácter más estructural y se refieren a dos grandes asuntos: primero, las diferencias en torno a la estrategia más adecuada para las elecciones del 2010; y segundo, las diferencias en cuanto a la forma de concebir y practicar la política en una democracia deteriorada por el conflicto armado y la debilidad del Estado.  

a. Discrepancias frente a las elecciones del 2010.

La división en este campo se viene dando entre aquellos sectores (la izquierda tradicional) que defienden la pureza ideológica del partido para evitar la autodestrucción o el riesgo de desdibujamiento que producen las alianzas y el excesivo afán de ganar las elecciones; y aquellos otros sectores (los moderados -Petro y Garzón entre otros) que consideran que el proyecto ideológico del Polo debe ser lo suficientemente amplio como para hacer alianzas y atraer al electorado, pues de lo contrario sería difícil fraguar una coalición antiuribista donde el Polo tenga la posibilidad de llegar a la segunda vuelta. 

Esta tensión en realidad refleja uno de los dilemas permanentes de la política moderna: ¿cómo ganar las elecciones sin perder el proyecto ideológico?

  • Por un parte es verdad que muchas expresiones de la socialdemocracia que han  acentuado la estrategia de la victoria electoral mediante alianzas y "ablandamientos" del programa,  han terminado por perder el norte programático y con ello el apoyo ciudadano, tanto en países avanzados como en países en vías de desarrollo.  Por ello, no resulta descabellado afirmar que si el Polo no perfila claramente su propuesta ideológica pondría en entredicho su razón de existir como partido de izquierda. 
  • Pero por otra parte no debe ignorarse que, en el contexto de tránsito hacia sistemas multipartidistas débilmente institucionalizados que caracteriza a América Latina, las coaliciones se ha convertido en una herramienta utilizada por numerosos sectores de izquierda moderada, de izquierda radical y de centro para sumar fuerzas y alcanzar el poder. Rechazar las coaliciones en el marco de sistemas multipartidistas desinstitucionalizados (como es el caso del sistema en Colombia)  es un suicido electoral. 

Así pues, la tensión entre proyecto ideológico y estrategia electoral no debe verse como un problema peculiar del PDA, sino como un reflejo de las condiciones propias  de la vida política moderna.

Lo que sí resulta preocupante es el hecho de que los sectores más interesados en  construir un proyecto ideológico – es decir en avanzar hacia una democracia más profunda y hacia una sociedad menos excluyente-  paradójicamente se hayan dedicado a tocar las puertas del sector que privilegia la captura de cargos y contratos. El resultado es el fortalecimiento de los sectores burocráticos y clientelistas en el seno del Polo, el sector de Iván Moreno y Jaime Dussán. Y el otro resultado ha sido la derrota, cuando menos aparente, de un sector ideológico – el ala moderada – sin que el debate de ideas hubiera sido seriamente afrontado ni resuelto.  

También deben preocupar otros tres hechos. Uno,  que el Polo haya desperdiciado el escenario para discutir los asuntos programáticos. Otro, que el Partido no quiera pronunciarse sobre los logros y fracasos de las dos últimos administraciones en Bogotá, en relación con sus metas programáticas. Y otro, que ambas vertientes ideológicas, tanto la de izquierda tradicional como la "moderada", afirmen que la principal meta del Partido sea "jugarse el todo por el todo en las presidenciales" (con candidato propio o apoyando a un tercer candidato). 

De esta manera, las divisiones en cuanto a la estrategia frente a las elecciones del 2010 no son tan profundas como se pretende hacer creer.  Un rasgo común a los tres sectores o corrientes mencionadas es que los tres le dan prioridad al tema de la elección presidencial sobre el de los cambios internos que el Polo necesita para llegar a ser una real alternativa  de poder.  Y esta es no es una circunstancia afortunada.

b. Las diferentes formas de concebir y practicar la política.

El PDA quiere ser alternativa, pero ¿cuál es su nueva forma de entender o de hacer la política que en realidad pueda llamarse alternativa? Entre las múltiples tensiones y/o rupturas latentes en el seno del Polo a este respecto señalo sólo cuatro:

1) ¿Se distancia el Polo de las prácticas políticas tradicionales, como el clientelismo y el patrimonialismo?

2)  ¿Se distancia  de visiones elitistas que subordinan la democracia participativa y la movilización ciudadana a los mandatos de elites políticas?

3) ¿Se distancia de visiones que entienden la política como una puja entre amigos y enemigos donde se justifican todas las formas de lucha?

4) ¿Se distancia de aquellas visiones de la izquierda que desprecian la democracia "liberal" y la "republicana", es decir que:

  • Desprecian las restricciones constitucionales por considerarlas un obstáculo a las decisiones democráticas de las mayorías, y /o
  • Desconocen o ven con desinterés la tradición republicana, que aboga por fortalecer las esferas de diálogo y deliberación civilista como la base para identificar proyectos colectivos;  y  que reclama el comportamiento virtuoso de los líderes políticos y funcionarios públicos como una condición necesaria aunque no suficiente para cumplir con los mandatos programáticos y constitucionales?

Las tensiones que surgen de estas formas diferentes de concebir y practicar la política no se han traducido aún en divisiones que generen rupturas, pero sin duda pueden llegar a provocarlas.

c. Los dos gobiernos del Polo en Bogotá: un mal ejemplo

Comencemos con las tensiones tocantes al clientelismo y a la relación entre democracia participativa y  democracia representativa.  Para ello es útil analizar los dos gobiernos del Polo en Bogotá.  Dos hechos muestran que  el Partido no ha logrado grandes cambios en las formas de hacer política en la ciudad, ni reducir las desigualdades que separan al ciudadano de la tecnocracia, de la clase política (concejales) y del Alcalde – todo lo cual se ha  convertido en una fuente de tensión entre algunos sectores populares y el gobierno distrital, entre grupos de concejales, e incluso entre las directivas del Polo.

  • Una primera constatación se refiere al hecho de que ni el gobierno  de Garzón ni el de  Moreno han modificado la democracia de elites en la ciudad,  ni han disminuido el gran poder de la tecnocracia en las políticas públicas locales[3]. Tampoco han intentado diseñar  un esquema institucional que le de protagonismo a la ciudadanía en las decisiones del Distrito, y durante  los cinco años de gobierno del Polo la democracia participativa no se ha fortalecido. Las administraciones de  Garzón y de Moreno – al igual que las de Mockus y Peñalosa-  han reproducido el "presidencialismo distrital",  donde el alcalde y su equipo siguen concentrando el poder, y han mostrado muy poco interés por fortalecer los contrapesos institucionales y sociales. 

Aunque la desigualdad política no se redujo, hay que reconocer que el programa Bogotá Sin Indiferencia le dio prioridad a la inversión social, particularmente a reducir la desnutrición y la pobreza. Esto no implica, sin embargo, que en la ciudad hayan disminuido la segregación social  ni las distancias entre el norte acomodado y el sur excluido o con menos oportunidades.

  • Una segunda evidencia es el desinterés de las dos administraciones del PDA en  establecer una nueva relación entre la Alcaldía y el Concejo Distrital, basada en coaliciones programáticas representativas y deliberativas que rindan cuentas por las políticas públicas.  Por el contrario, durante estos cinco años volvió a ganar terreno el viejo estilo de relación entre el alcalde y los concejales: la de los favores e intercambios clientelistas – lo cual implica un  retroceso  respecto de los gobiernos anteriores, que aunque elitistas no fueron clientelistas ni excesivamente patrimonialistas.

En varias de las Secretarías del Distrito y en entidades públicas descentralizadas han  avanzado  grupos  o "maquinarias" que capturan las instituciones y las emplean para hacer política. Y en cuanto a los aportes del PDA al Concejo Distrital, salvo contadas excepciones,  hay que señalar que esta corporación aún no transita hacia un sistema de bancadas. 

En estos días la revista Cambio denunció un caso elocuente de clientelismo, favoritismo, y amiguismo presentes en el Distrito: "más de 400 empleados públicos y contratistas distritales participaron en la elección de delegados al Congreso del Polo que se realizo el 26 de Febrero". De acuerdo con la revista, las Secretarías que aportaron mayor número de funcionarios fueron: la de Educación, con 224; la de Integración Social con 43, la de Cultura con 30, la de Gobierno con 28, la de Movilidad con 27 y la de Hábitat con 25.  Por su parte, las listas para el Congreso del Polo que reclutaron el mayor número de funcionarios,  según esa misma fuente,  fueron la de Iván Moreno – hermano del Acalde- donde figuraron 28 funcionarios y contratistas del distrito, de entre los cuales 7 salieron elegidos; la de Antonio Sanguino y Celio Nieves  (el binomio con mas alta votación en la consulta) donde aparecían los nombres de 46 funcionarios y contratistas del Distrito, de los cuales 8 salieron elegidos y,  finalmente, la lista de Wilson Borja donde aparecieron 22 funcionarios, varios de ellos directivos de colegios distritales[4]. 

Si bien esta no fue una práctica de todas las listas, ella muestra que varios sectores del PDA funcionan como grupos dedicados a alcanzar los cargos públicos y a sacar réditos electorales de los mismos.  A pesar de las quejas que vienen presentando líderes sociales, concejales del Polo (de Roux) y líderes nacionales  (Gustavo Petro)  frente a  estas prácticas en el Distrito, el partido no ha mostrado sensibilidad ni interés en corregir el rumbo. 

La tensión entre sectores que impulsan el clientelismo y otros que se oponen a él  se extiende a otras regiones del país. Hay gobiernos locales del PDA, como en los casos de Pasto y Nariño, que han innovado en materia de democracia participativa y han fortalecido la capacidad del movimiento social para incidir sobre las decisiones públicas. 

d. Desazón y ambigüedades

Otra tensión en el seno del Polo se refiere a la posición que se asume ante las guerrillas o, más en general,  ante las visiones de la política como un conflicto entre amigos y enemigos.  Aunque la posición explicita y reiterada del PDA  ha sido rechazar y condenar las acciones de la guerrilla, sus adversarios – y en especial los voceros del gobierno- le critican lo que llaman su "tibieza", y el tema sigue siendo objeto de cierta desazón al interior del partido. Pero, más que rencillas heredadas de la vieja teoría de "la combinación de las formas de lucha" o de recriminaciones por "errores" del pasado de algunos dirigentes, la tensión proviene de la persistencia de una visión maniquea de la política: el esquema de amigo-enemigo sigue siendo un eje central en la definición de la identidad del Polo.

Por otra parte hay que señalar que el PDA defiende una visión de la política que por momentos muestra desprecio por los principios propios de la tradición liberal y de la tradición republicana – los cuales son esenciales para la consolidación de una democracia moderna.

  • También sorprende el silencio del Polo frente a la corrupción y/o  el clientelismo ejercido por funcionarios suyos en gobiernos locales, y la denuncia del clientelismo ejercido por los partidos tradicionales.  El PDA no incorpora con convicción el ideario republicano, en particular la idea de que el desempeño de las funciones públicas exige una rigurosa sujeción a la ley y la entrega devota al servicio público. 

En otras palabras, el Polo no proyecta la imagen de un partido moderno que defienda con convicción un modelo de democracia que garantice un equilibrio entre las tres tradiciones (la liberal, la republicana y la "social") que han convergido en la formación de las democracias modernas.

Por todo lo anterior resulta preocupante que el tema de las formas de concebir y practicar la política ni siquiera figurara en la agenda del Congreso del Polo Democrático.

2. ¿Tiene futuro el Polo?

Otro hecho que sorprende en los pronunciamientos de dirigentes nacionales y del Congreso del Polo es el excesivo optimismo sobre la posibilidad de avanzar en las elecciones del 2010 más allá de lo logrado en el 2006, y de convertirse en la fuerza política que lidere una eventual coalición antiuribista.

Aquí es preciso recordar los peligros que implica pensar con el deseo.  Las creencias y expectativas deben estar fundadas en hechos reales para escoger con atino los caminos a seguir. Y la pregunta central en la actual coyuntura es si el Polo debe dedicar todas sus energías a ganar terreno en las elecciones presidenciales o si debe pensar en "crecer paulatinamente"[5] y en llevar a cabo una "perestroika"  que responda a las muchas quejas o dudas que desde las bases, desde sectores de la dirección, y desde grupos de la opinión pública se le están formulando.  En las siguientes líneas, señalo algunos factores que  justifican la necesidad de optar por el segundo camino.

Los líderes del PDA y la mayoría de los delegados al Congreso parecen desconocer tres grandes restricciones para que este Partido llegue a ser una opción real de poder:

  • Los signos negativos en la trayectoria del Polo como opción de verdad  "alternativa" a los partidos tradicionales, o su capacidad real para encarnar un proyecto democrático, pluralista, incluyente y renovador de las prácticas políticas y de las estructuras económicas en el país;
  • La evolución del electorado y la percepción que tiene acerca del Polo, y
  • La falta de consolidación del Estado colombiano. 

a. Señales negativas desde el Polo

 En el Congreso del Polo hubo tres silencios elocuentes:

  • Silencio  frente al creciente descontento de la ciudadanía con el desempeño del Polo en el Gobierno Distrital, pues muchos bogotanos sienten que la ciudad está retrocediendo en múltiples ámbitos.  Las encuestas de opinión muestran una caída vertical en el nivel de satisfacción con la alcaldía de Samuel Moreno (pasó de 60% a 30%) – y la tendencia decreciente también se vio al final de la administración Garzón. De poco vale alegar que esta mala imagen es obra de la oposición o de los medios, puesto que en la política las percepciones del elector son siempre decisivas.   
  • Silencio frente al revés del PDA en las elecciones del 2007.  En un acto de miopía o de purismo el Partido optó por no apoyar las candidaturas de "líderes independientes, con un pasado limpio, que enarbolaban banderas sociales y estaban dando una gran batalla contra la politiquería local[6]" en Medellín, Cali y Cartagena.    

  • Silencio, en fin, sobre temas tan medulares como  las formas de hacer política, la incidencia del clientelismo entre los propios directivos o cuadros del Partido y la distancia entre las bases y las elites en el Polo – en especial ignorando la voz de los jóvenes.

b.La evolución del electorado.

El Polo tiene una interpretación errada de las tendencias que vienen mostrando las encuestas de opinión y que confirman los resultados de las elecciones desde el 2002: la mayoría del electorado en Colombia es de derecha y no "de centro", como suele creerse:  

  • En la última encuesta Gallup, el 64% de los consultados manifiesta que votaría por Uribe en el 2010, y el 69% sigue expresando  una opinión favorable acerca del Presidente.   En caso de que Uribe no se presente, el posible candidato uribista (Andrés Felipe Arias, Juan Manuel Santos o Germán Vargas) alcanzaría el 57%,  y el candidato del Polo Carlos Gaviria obtendría 8%.  
  • En las elecciones presidenciales de 2006, Carlos Gaviria obtuvo 2.613.157 votos (22.02% del total) y Horacio Serpa obtuvo 1.404.135 de votos (11.83%); hoy por hoy, según las encuetas,  ni el PDA ni el Partido Liberal alcanzarían esos porcentajes, de manera   que la oposición no llegaría a tener ni el 30% de los votos en Colombia.
  • Los dirigentes del Polo no deben olvidar que la votación que obtuvo Carlos Gaviria no fue de "izquierda". Más acertado es creer que otros factores explican el muy buen desempeño de su candidato, y entre ellos: a) el desbarajuste del Partido Liberal y el poco entusiasmo que generó su candidato Serpa; b) los errores de candidatos independientes como Mockus,  cuya ambigüedad frente a Uribe lo dejó sin respaldos, y c) la buena acogida y reputación que en su momento tuvo el Doctor Gaviria, y que hoy ha perdido por distintas  razones.  En este escenario, Gaviria logro captar el electorado de centro izquierda, pero las condiciones han cambiado sustancialmente, y hoy son varios los líderes que le disputarían a Gaviria la representación de estos sectores.

Ignorar estas tendencias de opinión podría incluso hacer que el Polo regresara a los niveles tradiciones de la izquierda, cuya votación no pasaba de un 6 o 8% – que es el nivel de apoyo a Carlos Gaviria que hoy registran las encuestas. Y semejante resultado catastrófico se vuele más probable ante la división del Partido que se hizo manifiesta en el Congreso.

c. La debilidad del Estado Colombiano y la consolidación de mafias políticas en las regiones.

Si bien durante la última década se han dado avances importantes en la consolidación del Estado como aparato militar en todo el territorio, también se han dado dos procesos que rompen el equilibrio de poderes y amenazan la democracia pluralista: la transgresiones del poder ejecutivo sobre los otros poderes del Estado, y la creciente corrupción en el manejo de la función pública.

  • Bajo el proyecto uribista y bajo influencia de fuerzas irregulares, el poder ejecutivo ha venido eliminando o cooptando a sus contrapesos;  instituciones como la Procuraduría, la Contraloría y la Defensoría han perdido su capacidad de control sobre el Ejecutivo, lo cual tiende dificulta la tarea de la oposición. 
  • Si a esto se le suman las  alianzas entre políticos, narcotraficantes y fuerzas irregulares en diferentes regiones del país, se consolida un escenario donde es difícil la expansión y crecimiento de la oposición.

En el contexto anterior resulta urgente iniciar una "perestroika" que corrija el rumbo y renueve la credibilidad del PDA como el proyecto democrático, pluralista y renovador que el país necesita. O viviremos una nueva frustración.

* Profesor asociado del CIDER de la Universidad de los Andes.

 

Notas de pie de página


[1]  Esta por ejemplo es la opinión de Camilo González Posso, "El Polo Positivo",  El Liberal Febrero 24, 2009.

[2]  Por ejemplo Semana, "Carlos Gaviria cree que estoy haciendo una pataleta para que el no sea candidato"- dice Petro;  http://www.semana.com/wf_ImprimirArticulo.aspx?IdArt=120724

[3]  Este modelo de democracia se consolida a  partir de la elección popular de alcaldes, del Estatuto Orgánico de Bogotá y de la Constitución de 1991.

[4] http://www.cambio.com.co/paiscambio/817/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-4841040.html

[5]  Luis Fernando Medina,  Reflexiones en torno a la crisis  interna del Polo Democrático, Bogotá, 2009 (manuscrito).

[6] León Valencia, El Polo, o rectifica o se hunde El Tiempo Febrero 21, 2009

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