
Temporal, de Tomás González: la profecía incumplida
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Una historia de personajes marcados por el odio y la tiranía de un patriarca que, así en la novela como en la realidad, sigue siendo una figura arquetípica en nuestro país. Reseña de la obra más reciente del destacado escritor colombiano.
Temporal(Editorial Alfaguara, 2013) trata sobre las relaciones familiares entre un padre paisa, dueño de un balneario para la clase media-baja en Tolú, una madre psicótica, hija de una familia de la alta sociedad de Cali, y un par de hijos mellizos, nacidos en Montería.
En esta obra, González se propone dar cuenta de los efectos de la idiosincrasia antioqueña, encarnada en el personaje del padre, sobre las relaciones familiares y, en menor medida, sobre la naturaleza y una comunidad local de pescadores.
Temporal es una novela sobre la violencia, la tiranía y el machismo del arquetípico padre antioqueño.
El padre es un hombre que para expresarse sobre sus hijos suele decir: “No se sabe cuál de los dos es más inútil”, y para hablar de la naturaleza del balneario dice: “Aquí se cansa uno a la larga de contemplar tanto hijueputa atardecer, creeme”. Tampoco es mejor su relación con los turistas, sobre los cuales dice: “el buen servicio es la clave, pero si uno se deja termina de esclavo del primer hijueputa que se consiguió tres pesos y se le subieron a la cabeza”. Y su relación con las mujeres se basa en las siguientes premisas: “No es bueno que el hombre esté solo (…) y a mi edad ya no se tiene paciencia para visitar mujeres de mala vida por ahí, y uno tiene que tener una permanente al lado, en la cama propia, para lo que se ocurra cuando se ocurra”.
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Temporal es una novela sobre la violencia, la tiranía y el machismo del arquetípico padre antioqueño. González, sin embargo, no deja de lado la violencia de las clases medias y altas del Valle, con su atávico racismo, a través del personaje de la madre, que cree ver enemigos en sus sirvientes negros (a uno de ellos lo llama “servil esclavo”).
Y, sin embargo, la narración parece insinuar que la violencia de la madre es sobre todo una “locura”, lo cual, hasta cierto punto impide que se hagan generalizaciones. La violencia del padre, en cambio, no deja lugar a dudas: es “cuerda” y su voz deliberadamente genérica también nos recuerda que es “típica”.
De la violencia del patriarca viene el rencor que sienten hacia él los mellizos. Un rencor que se expresa, a la mejor manera del modernismo latinoamericano -esta vez con visos hiperrealistas, deudores del cine- en la elaboración narrativa de la naturaleza, del mar y de una tormenta que se avecina en un día de pesca, en el cual sucede toda la acción de la novela:
“Un rayo rajó la negrura del cielo por el horizonte, como agrietando un pocillo. Mario agarraba el mango del Evindure con la mano izquierda. El mar era un espejo negro”.
En Temporal, en cambio, el gentío, aunque es coro, no logra ser pueblo
Mario, el más frágil de los mellizos, vive en un mundo de violencia contenida hacia su padre y hacia sí mismo; mientras Javier, su hermano, aunque no exento de rabia y frustración, se refugia en los libros, la mariguana y la contemplación de la naturaleza.
El personaje del padre administra un balneario |
La profecía
El conflicto en Temporal está atado a una promesa, más aún, a una “profecía”: el padre tirano “va a pagar” por su violencia, ya sea a manos de sus hijos o de la misma tormenta.
Esta profecía se sugiere, como hemos dicho, en la elaboración narrativa y estética del temporal, pero sobre todo con las voces proféticas del “gentío” que acompañan, como un coro griego, a la madre psicótica:
“–Fiebre de sol que calcina la playa, sol de derrumbe– profetizaron todos, aunque faltaban horas para que empezara en el mar el sol abrasador que tanto mal le haría la padre”.
La profecía también se percibe en el testimonio de los turistas, que entran en la narración en primera persona, a manera de un reportaje que recupera los hechos de lo que parece haber sido una tragedia:
“Soy el turista anciano de la cabaña cinco. Es la que tiene la mejor vista al mar, así los inodoros no suelten bien y el anjeo de las ventanas deje pasar los zancudos. (…). En la vejez uno despierta demasiado temprano y por eso alcancé a ver al papá cuando salía con la atarraya y al mellizo cuando prendía la Coleman y empezaba a alistar la lancha”.
Sin embargo, la profecía en Temporal no se cumple. Los mellizos, en el fondo, son seres pacíficos -por su carácter costeño, parece sugerir la narración- y el padre es más fuerte que la tormenta y el mar.
En otras palabras, la historia de Temporal, que, gracias a su coro de voces, está en diálogo y tensión con la tragedia griega, no logra dar el salto que no solo es narrativo, sino también político: el derrocamiento del tirano.
Cuando en vez del pueblo, el coro es un “gentío”
El “gentío” aparece por primera vez acompañando a Nora, la madre, y bloqueándole la vista de la playa -esa playa de Córdoba que ha sido testigo de tanto horror en la reciente historia de Colombia. Confieso que cuando este “gentío” se hizo presente, pensé que se trataba de una figuración de los muertos del conflicto armado bajo esta forma espectral y profética (y hubo algo en esa idea que me recordó a Pedro Páramo, donde este es también “un rencor vivo”).
Sin embargo, los personajes que inundan el delirio de la madre, no solo no tienen nada que ver con el conflicto, sino que aparentemente son funcionarios de la Cancillería, que se refugian y se divierten en fiestas y orgías.
Este personaje colectivo entonces, que habría podido tener una fuerza política, se convierte, en cambio, en un personaje frívolo que, en el delirio de Nora, se entrega a deseos e intereses privados, mientras suponemos que sirve al “bien común”.
Por otro lado, están los turistas, que irrumpen en la narración con sus voces en primera persona, y que se llaman a sí mismos con nombres genéricos como: “el turista anciano de la cabaña cinco”, “el señor de cuarenta años” o “la niña de siete años muy rubia de Medellín”.
Estos no solo parecen responder a la mirada de un otro que no se interesa por su singularidad ni potencial colectivo, sino que su discurso no supera la anécdota y la relación de puro usufructo instrumental con la playa, la naturaleza y ese tiempo cronológico que gobierna la narración, del que no sabemos claramente para qué o para quién lleva la cuenta de las horas.
“Fugaces en su eternidad” como los temporales
Desde mi punto de vista, si la tiranía del padre antioqueño no es derrotada en la novela, no es solo por una decisión estética o narrativa. En realidad, la novela no logra concretar -aunque sí permite vislumbrar- que la tensión y el drama familiar es también, en este caso, un drama colectivo y político, como lo sugiere la acción colonizadora y comerciante del padre en esta región, y como, de algún modo, lo confirman las voces del “gentío”, ya no solo del deliro de la madre, sino también de los turistas.
Sabemos que en la tragedia griega, el coro nunca ejecuta una acción ni a favor ni en contra de la tiranía; pero históricamente es el verdadero protagonista de un momento de transición entre la tiranía y la democracia en Grecia, que se produce gracias a la observación de los excesos de una clase política -la aristocracia- y de su castigo por parte de los dioses.
Por eso, el coro es el embrión de lo que en la democracia será el pueblo. Es, de alguna forma, el pueblo del futuro.
En Temporal, en cambio, el gentío, aunque es coro, no logra ser pueblo; los mellizos son incapaces de huir o de enfrentar verdaderamente al padre, y el temporal, aunque recuerde la mano de Apolo, no hace -no puede hacer- lo que los seres humanos deben: dar el salto entre el orden puramente filial de la realeza, a un orden colectivo, eminentemente político y democrático.
Tal vez para Tomás González la sociedad -del país, del balneario de Tolú, o ambas- no esté en condiciones de dar ese salto político. Lo cierto es que mientras tanto, en la realidad como en la novela, seguirán gobernando los patriarcas. Los veremos nacer y morir “fugaces en su eternidad” como los temporales. Reviviremos una y otra vez la profecía incumplida de su derrocamiento.
*Candidata a Ph.D en Lenguas y Literaturas en Español y Portugués por New York University -NYU.
Acerca del autor
Catalina Arango Correa
Candidata a Ph.D en Lenguas y Literaturas en Español y Portugués por New York University -NYU.
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Una historia de personajes marcados por el odio y la tiranía de un patriarca que, así en la novela como en la realidad, sigue siendo una figura arquetípica en nuestro país. Reseña de la obra más reciente del destacado escritor colombiano.




