Publicidad engañosa: mercado eres y de mentiras vivirás - Razón Pública
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Publicidad engañosa: mercado eres y de mentiras vivirás

Escrito por Omar Rincón

Reduce Fat-Fast fue uno de los productos sancionados por publicidad engañosa.

Omar RincónEl gobierno ha comenzado a ponerle el “tatequieto” a las empresas que utilizan publicidad engañosa. Pero un análisis más cercano muestra que el gobierno, el mercado, los políticos y los medios de comunicación nos mienten todo el tiempo.

Omar Rincón*

La historieta

Recientemente, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) multó por publicidad engañosa a muchos productos que prometían el cuerpo perfecto o la felicidad que no existe.

Esta decisión afectó a los peluqueros convertidos en expertos en estética (¡y pensar que antes la Estética era un asunto de los filósofos!), a los charlatanes devenidos filósofos de vida (¡y saber que antes la felicidad era un asunto de encuentro con la Madre Tierra!) y a los mercaderes de emociones de todas las pelambres.

La noticia, según El Colombiano, es que la SIC que regula “la ética” de los comerciantes decidió, por asuntos de higiene mercantil, sancionar a los que venden sueños falsos con engaños pseudocientíficos. Ahí cayeron:  

  • Las pastillas para adelgazar Zero Xtreme, “porque al parecer causan problemas para la salud”;
  • “La Cruz de Gólgota, que prometía milagros que no realizaba”, aunque le hizo milagros al futbolista Leonel Álvarez;
  • El revertrex, “que prometía la eterna juventud” pero solo le dio dinero a Amparo Grisales;
  • Cicatricure, que “no tiene sustento científico”;
  • Despegar.com, por engañar con “el precio total de los productos ofrecidos”;
  • Cristianos Unidos por una Sonrisa, que decían no cobrar por su servicios;
  • Maxiboletos, que mentía al decir que vendía boletas para el Mundial autorizados por la FIFA;
  • Siluet 40, que “prometía reducir medidas corporales”;
  • Megavacaciones, que engañaba con sus paquetes turísticos;
  • Natuchips, por vender “menos contenido del que anunciaban en los paquete”;
  • El Reduce Fat Fast de ese espantoso señor Jorge Hané Redu, que prometía bajar de peso con el apoyo del Pibe Valderrama.

En esta historieta queda claro que de engaños vive el mercado. Y por eso deberían ser sancionados también:

  • Coca Cola, por decir que vende felicidad;
  • McDonalds, por decirnos que es saludable;
  • Claro, por vendernos planes de datos que no sirven;
  • ETB, por tener el peor servicio del mundo;
  • Uribe, por mentir en público;
  • Santos, por mentir en privado;
  • Petro, por parecer Uribe;
  • Peñalosa, por gobernar como “gomelo” su render-city, cuando Bogotá no es un juego de lego.

Es decir, debería sancionarse a toda esta sociedad liberal del capitalismo que premia el engaño como virtud. Vivimos en el mundo de la farsa, y toda la sociedad, la televisión y la publicidad deberían ser multadas por engañosas.

Debería sancionarse a toda esta sociedad liberal del capitalismo que premia el engaño como virtud.

Utilería barata

Superintendencia de Industria y Comercio
El “Gel Térmico Siluet 40” otro de los productos sancionados por la Superintendencia
de Industria y Comercio.
Foto: Superintendencia de Industria y Comercio

“Dime qué cuerpo tienes y te diré quién eres” parece ser el imperativo de la sociedad del mercado y el espectáculo. Y con esto se ha creado el negocio más grande del mundo: cremas, bebidas, alimentos, medicinas, aparatos, sexos, siliconas y fórmulas mágicas para tener el cuerpo establecido.

Todos queremos ser felices. La felicidad es la droga del siglo XXI, y el mercado está lleno de productos para lograrla. La felicidad es prometida por políticos, empresarios, mercaderes, académicos, pero sobre todo por gurús “nueva era” y “esteticistas”. Para ser feliz debemos tener alma y cuerpo sanos y tonificados. Y a eso lo llamamos belleza.

Lo bueno de esta masiva campaña por la felicidad y el cuerpo sano es que nos recuerda que somos cuerpo y emoción. Lo perverso es que ese cuerpo y esa emoción pueden comprarse en las peluquerías y gimnasios.

Lo inhumano de esta forma de vida es que nos impone un modo único de habitar el cuerpo: la delgadez y la buena onda. Sin embargo en la época medieval triunfaban las redondeces,  hasta los años cincuenta del siglo XX triunfaban las carnes, y en los sectores populares es mejor tener un cuerpo con carnes de donde agarrar que esos esqueletos que se venden como sinónimo de belleza, salud, bienestar y éxito.

Somos la sociedad del engaño porque mentir es la moneda del mercado. Somos cuerpos, felicidades y sueños formulados por el mercado. Somos humanoides igualitos: cuerpos y mentes mercadeados por estéticas de peluquería, creativos de publicidad, gerentes de mercadeo y modelitos de tele.

Soñamos con ser seductores, admirables, comunicativos; pero en realidad nos hemos convertido en aburridos, homogéneos, incontrolables, inexpresivos: somos clones del mercado.

La promesa de nuestra sociedad de mercado es que si “logramos” el cuerpo y alma de fórmula, pasaremos de pobres a ricos, de ninguneados a poderosos. Basta con entregar nuestro pobre cuerpo a la sociedad de cirujanos-farándula o publicistas-filósofos para construir el cuerpo y alma soñados.

Si es cierto, como afirman los psicoanalistas, que las imágenes sociales del cuerpo son el espejo de una determinada época en una sociedad específica, hay que reconocer que hoy nos vemos muy mal. Llegamos al colmo de reducir al humano a utilería barata para set de televisión y publicidad.

Un mundo de mentiras

El Superintendente de Industria y Comercio, Pablo Felipe Robledo del Castillo.
El Superintendente de Industria y Comercio, Pablo Felipe Robledo del Castillo.
Foto: Superintendencia de Industria y Comercio

En un reciente artículo de  Semana se decía: “Para el superintendente de Industria y Comercio, Pablo Felipe Robledo, la publicidad engañosa es una conducta lamentable en la que incurren muchas empresas. Por un lado se aprovecha de la ignorancia de la gente, juega con sus ilusiones y necesidades y, por otro, atenta contra el bolsillo de los ciudadanos, especialmente los más pobres. Por eso, dentro del plan estratégico de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) para el próximo año, el objetivo principal será combatirla”.

Aquí se ve otra vez la farsa. Es muy loable que la SIC se ponga a sancionar el engaño y a defender al consumidor. Pero lo hace por reglas de mercado y de la libre competencia, no por ética pública o por hacer una mejor sociedad.

Si llevamos a la práctica el concepto de la SIC según el cual el mal está en que “se aprovecha de la ignorancia de la gente, se juega con sus ilusiones y necesidades”, el engaño está en la mayor parte de la sociedad de mercado: bancos, cadenas de comidas y bebidas, autos, el gobierno.

La norma que rige al mercado y a la publicidad es hablarle al deseo.

La norma que rige al mercado y a la publicidad es hablarle al deseo, prometer esperanzas, jugar a felicidades. Si dijeran la verdad, dejarían de existir. En un mundo de verdades los gobiernos deberían decir: “prometimos una carretera y no pudimos, prometimos educación de calidad y fracasamos, prometimos inclusión social y no sabemos qué es eso”. Los bancos deberían anunciar: “prometemos quitarle hasta su último peso”; las cadenas de comida rápida deberían anunciar: “los engordamos y matamos pero los haremos felices por instantes”; y las gaseosas tendrían que cantar: “beber gaseosa es una manera de engordar y morir más rápido”.

Este sería un mundo más verdadero y decente. Pero sería un mundo muy aburrido: sin deseos, esperanzas ni promesas. Los consumidores somos sujetos de deseo y nuestra máxima es “no me cuentes la realidad, véndeme ilusiones”.

El engaño impuesto

Por cierto, a todas estas, ¿dónde están el señor Ariel Armel y su Confederación de Consumidores? ¿Por qué en lugar de hablar de la papa y la habichuela no defiende a los consumidores de tantos engaños?

Además, ¿los medios de comunicación que pasan esos mensajes no tienen responsabilidad? Anuncian mentiras y engaños que roban a sus audiencias, llenan sus arcas y no les importa.

Estas prácticas masivas de engaño público demuestran que de billete viven las celebrities. Si no fuera así, ¿cómo se explica que bellas como Carolina Cruz y Amparo Grisales presten “sus cuerpos” para el engaño público y que feos como Leonel Álvarez y el Pibe Valderrama vendan su prestigio para timar a los ciudadanos? Esos ciudadanos también deberían ser sancionados por mentir y lucrarse de esos engaños.

Este cinismo mediático es más aberrante en los programas televisivos de las mañanas, en los que “Jotica”, “Laurita”, “Cata” y “Moni” prestan sus cuerpos y prestigio para vender engaños con tintes científicos. Estos programas se llenaron de comerciales con empaque de información.

Por responsabilidad social se debería anunciar que estos segmentos son infomerciales y que no se puede comprobar la veracidad y legitimidad de sus consejos saludables. Ya que la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV) no hace nada, ¿podrá la SIC intervenir estos engaños?

La SIC está haciendo una buena labor y ojalá siga sancionando con multas estos engaños, pues el billete es nuestra única ética. Pero también debemos pensar en la hipocresía y farsa del gobierno, los defensores del consumidor, los medios de comunicación y la publicidad, que nos engañan por billete y no se hacen responsables de la sociedad que producen.

Para terminar, un caso peor: cuando RCN se enteró de que el gobierno, por razones de salud pública, iba a elevar los impuestos a las gaseosas (¡algo que ya hicieron Nueva York y México!) y de que los ingenios azucareros iban a ser sancionados por malas prácticas de competencia, se fue lanza en ristre contra el proceso de paz.

Precisamente por esta mentalidad de “primero mi negocio, luego el país” es que nuestra sociedad se ha vuelto cínica, incompetente y corrupta. Ojalá la SIC pudiera sancionar también el engaño de los medios, de los políticos y de tanto vendedor de humo en Colombia.

 

* Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. orincon61@hotmail.com

 

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