
Las necesarias verdades de Perogrullo
Compartir:
Dado el limbo donde los colombianos hemos vivido por tanto tiempo no sobra repasar algunas verdades elementales acerca de la paz y de la guerra.
Esperanza Hernández Delgado*
Se enfría el optimismo
A comienzos de septiembre, cuando se dio a conocer el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera entre el gobierno y las FARC, la opinión pública se enteró de varias noticias trascendentales:
|
- la realización en Cuba de la fase exploratoria de un nuevo proceso de paz que había durado seis meses en medio de una discreción sorprendente;
- la conclusión de esta fase en un acuerdo firmado por las partes, con un preámbulo, una agenda limitada a cinco temas, y los procedimientos para evacuarla;
- la manifestación expresa de la voluntad de ambas partes para dar pronto inicio a una segunda fase: un proceso de negociaciones con miras a la solución definitiva del conflicto armado, “como requisito esencial para la construcción de una paz estable y duradera”.
Es importante notar que esos logros se dieron en un contexto poco favorable: desde la ruptura del “proceso de paz” de El Caguán, la solución negociada se tornó cada vez más esquiva. Durante diez años el gobierno le dio la prioridad a la solución militar y a la desmovilización de los armados, se generalizó el escepticismo sobre la probabilidad de una salida negociada, se estigmatizó el trabajo por la paz, y se radicalizaron las posturas de los actores armados.
El acuerdo para iniciar las negociaciones — anunciado casi simultáneamente por el gobierno y por las FARC — suscitó una enorme simpatía entre diversos sectores de opinión, nacionales e internacionales, gubernamentales y no gubernamentales. Se despertó un optimismo generalizado a la luz de las condiciones favorables o las “ventanas de oportunidad” que muchos observadores encontraron de inmediato.
No obstante la instalación de la fase de negociaciones en Oslo pareció enfriar el optimismo inicial. Ahora se oye más el eco de las voces escépticas y las que han manifestado desacuerdo con el naciente proceso de paz.
El poder de Perogrullo
|
Colombia debe salir del limbo donde venía flotando hasta el anuncio del Acuerdo: es el limbo de ni paz ni guerra del todo, ni derrota del adversario ni negociaciones de paz [1]. Pero justamente desde ese limbo resulta oportuno insistir las veces que sea necesario en algunas verdades de Perogrullo:
- La solución militar, si fuera viable, implicaría costos exorbitantes de toda naturaleza. Es más: en la compleja realidad de Colombia, la derrota militar de la guerrilla no evitaría que continúe o resurja la violencia, porque los grupos o las bandas armadas han demostrado gran capacidad para adaptarse a los cambios y para reconstituirse;
- Por lo tanto es urgente avanzar hacia la solución negociada del conflicto, para acabar con este desperdicio inútil de las vidas y los bienes de tantos colombianos;
- Es necesario no desviar la mirada ni la acción de las escasas “ventanas de oportunidad” que se han abierto;
- Es conveniente aprovechar el cúmulo de experiencias adquirido mediante dolorosos procesos anteriores de paz, valorar los hallazgos de la investigación para la paz, y aprender de los procesos en distintos países;
- Las posturas ideológicas de las partes — tal como se hizo evidente durante la instalación de las negociaciones — no se van a fecundar mutuamente, pero constituyen la materia prima y el reto de estas negociaciones.
- Más allá de las posturas en disputa, percibidos en algún momento como incompatibles, lo decisivo será la voluntad de las partes para buscar la salida mediante la negociación.
- La evidencia empírica señala que cada vez más se recurre a las negociaciones como mecanismo de resolución o transformación de conflictos armados. En efecto: durante las últimas tres décadas, el 80,9 por ciento de ellos encontró solución en procesos de negociación de paz. Solo el 19,1 por ciento restante finalizó por la vía militar. En 2011, el cuarenta por ciento de los conflictos armados vigentes avanzaba en diálogos, bien en su fase exploratoria o de negociaciones de paz [2].
- Conflictos armados de larga duración han encontrado la salida mediante negociaciones de paz: Guatemala, Sudáfrica e Irlanda, entre otros.
- Aunque se ha avanzado significativamente con el Acuerdo, es evidente que habrá dificultades, embotellamientos y contratiempos.
- Algunos de los siguientes factores conducentes al éxito de las negociaciones de paz parecen estar presentes en este caso: la construcción de confianza entre las partes, la flexibilidad para superar los estancamientos y el respeto de los acuerdos preliminares.
Es urgente avanzar hacia la solución negociada del conflicto, para acabar con este desperdicio inútil de las vidas y los bienes de tantos colombianos.La facilitación y el acompañamiento de países amigos, de organizaciones inter-gubernamentales, de las iglesias, de las distintas expresiones de la sociedad civil están moldeando poco a poco condiciones favorables.
- Probablemente no será este un proceso de corta duración, teniendo en cuenta las condiciones propias del conflicto armado, pero es posible que ya se haya entrado en una lógica de inflexión y que el umbral de no retorno esté a punto de cruzarse.
- Tal como dijo Clausewitz: “la guerra es el reino de la incertidumbre [3]
En fin, será aún más necesario abordar las negociaciones con humildad y con paciencia, dado que no existen fórmulas generalizadas para la resolución de los conflictos armados; porque sabemos poco sobre cómo resolverlos o transformarlos, por su complejidad inherente y por la incertidumbre que rodea estas negociaciones.
* Candidata al doctorado de la Universidad de Granada, España, Magister en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana, profesora de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y de la Universidad Javeriana en Bogotá
Acerca del autor
Esperanza Hernández
0 comentarios
Ahora se oye más el eco de las voces escépticas y las que han manifestado desacuerdo con el naciente proceso de paz.
Desde la ruptura del “proceso de paz” de El Caguán, la solución negociada se tornó cada vez más esquiva. Durante diez años el gobierno le dio la prioridad a la solución militar.
Es urgente avanzar hacia la solución negociada del conflicto, para acabar con este desperdicio inútil de las vidas y los bienes de tantos colombianos.


