​¿Por qué es necesario un Estatuto del Actor en Colombia? - Razón Pública
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​¿Por qué es necesario un Estatuto del Actor en Colombia?

Escrito por Julio Hernán Correal

Julio CorrealCon una historia que cuenta la cotidianidad de un personaje que podría ser cualquier actor colombiano, un representante de la Asociación Colombiana de Actores explica por qué es importante proteger la carrera de los actores en nuestro país.  

Julio Hernán Correal*

La historia de un X

X se levanta, prende la televisión y la escucha mientras camina al baño: cuarto lugar para la Selección en ranquin FIFA, los taxistas protestan por asesinatos en Bogotá, los diálogos en La Habana siguen su curso pese a los enfrentamientos.

Reflejada en el espejo ve a una presentadora que entrevista a otra bella mujer a quien anuncia como actriz. La mira y reconoce a la nueva figura. Se trata de una estudiante paisa famosa porque sus senos quedaron expuestos tras un enfrentamiento con la Policía después de un comparendo por ir conduciendo ebria. Todo quedó grabado en un video que se volvió viral.

“Se tetió esta vaina”, piensa X. Figuras como ella cada vez inundan más los medios, ejerciendo como actrices y teniendo como denominador común la teta de silicona y la ausencia de preparación. Mientras oye a la mujer hablar sobre su nueva experiencia, X sale del baño y se dirige a la cocina en busca de una jarra.

La Asociación Colombiana de Actores (ACA) y un grupo de congresistas radicará un proyecto de ley para crear el Estatuto del actor en Colombia

Al salir del apartamento recuerda que la noche anterior, en un recorrido por los canales, vio a unos competidores de reality esforzándose por ser malas personas, convencidos de que esa es la manera de volverse notorios; vio copias de producciones gringas, colombianizadas a la fuerza; vio rostros poco familiares, interpretando personajes colombianos con acentos que develan un país de origen distinto; y en la novela numero uno, junto a actores conocidos y de alto nivel, vio un grupo de señoras, señoritas, hombres jóvenes y no tan jóvenes, que evidentemente no son actores, interpretando roles de importancia.

Sabe que la decisión de poner estos no actores allí obedece a las disposiciones de algún productor, director o ejecutivo, en busca tal vez abaratar los costos o darle un color local a la serie, o lo que sea, pero en la práctica, lo que consiguen es rebajar la calidad de lo que sale al aire.

Al llegar a la calle, va hasta la esquina donde se ubica “la costeña” que vende jugos. –Ajá, ¿y ese jarro? -Es porque hoy quiero más ñapa. -Ándale, ¿más? -Sí, y lo quiero fiado. -No friegue, ve a sacar la plata del banco que debes tener bastante pues por ahí te he visto en la tele estos días.

-Eso lo hice el año pasado. Ahora es más fácil que te llamen a ti que a mí. -Qué embustero eres ¡ah! Si a ti nunca te falta trabajo. -¿No me crees? ¿No has visto la novela de la noche? –¿Cuál?, ¿la de la costa? -Sí. –Ñerda, sí, tienes razón. Por ahí he visto a un poco de señoras y otro poco de peladitos y de tipos viejos que no conocía, pero que no saben actuar.

-Los que producen no lo piensan así. Mientras haya rating a ellos les funciona. -No joda, ¿y acaso no tienen que haber estudiado o tener experiencia para trabajar ahí? -Aquí en Colombia no, esto no es una profesión, basta con que alguien los escoja y ya, son actores. –Qué vaina, tienen que hace´ algo pa´ eso. – Ajá. Te debo. Mañana temprano vengo y te pago.- No madrugues tanto que yo abro tarde.

X sonríe y se dirige a su casa. Se da cuenta de que ella ya conoce la situación por la que él está pasando y no lo va a llamar a cobrarle como sí lo están haciendo los de las tarjetas de crédito y los del equipo médico que tiene por cuenta de la EPS.

Al pasar por la recepción, el portero le entrega el recibo de la administración: cinco meses y advertencia de cobro prejurídico. X enumera las llamadas que debe hacer. Al llegar al apartamento pone a hacer café y atiende la voz de su mujer que le pide hielo para ponerse en la rodilla.

Mientras sube la escalera, piensa que ella no ha vuelto a la fisioterapia por culpa suya, pues en el consultorio donde ella va no han podido cobrar unas sesiones que a él le hicieron a causa de su retraso en los pagos de la medicina prepagada.

Actor en escena.
Actores de Acore. 

-Buenos días mí amor. Me trajiste jugo, tan lindo. ¿Qué tienes que hacer hoy? –No mucho. -Es a ver si me ayudas con unos paquetes de prensa que tengo que repartir. -Claro mi amor.

X regresa a la cocina, se sirve su café y prende el computador. Abre el correo, Facebook y un periódico de circulación nacional: invitaciones a tertulias, obras de teatro, mensajes de la Asociación de Actores y de las oficinas de cobranzas en su email; solicitudes de amistad, invitaciones a dar me gusta y a jugar en su perfil.

Unas notificaciones en su página de Facebook llaman su atención: “Grosso Otálvaro”, escriben desde Buenos Aires refiriéndose al personaje que X hizo en una serie que exhibieron allá. Otro mensaje dice: “soy Naty de República Dominicana, sería un honor trabajar contigo”, y otro: “soy Valeria de Montevideo, sos fenómeno”. Recorre con rapidez la página y lee mensajes provenientes de San José, Ecuador, New Jersey, Nueva York, Chicago, Panamá, México.

Se alegra. Se pregunta en cuántos países más estarán presentando series en las que él ha trabajado y de las que, aparte de los mensajes, tan solo recibe los pagos de comunicación pública que su sociedad de gestión (Actores SCG) recauda, pero ni un peso más.

Abre el periódico y allí, entre protestas de los sectores clericales por el matrimonio igualitario, de noticias en primera plana sobre la insustancial Kim Kardashian, de los pedidos para ponerle fin al proceso de paz que hacen los amigos de la guerra, de las masacres ecológicas ocasionadas por la inconsecuencia de la guerrilla y por la minería en los páramos, un titular capta su atención.

La Asociación Colombiana de Actores (ACA) y un grupo de congresistas radicará un proyecto de ley para crear el Estatuto del actor en Colombia, informes en la página actoresaca.com.

Entra a la página, allí encuentra fotos, mensajes e informes sobre encuentros con sindicatos de actores de otros países. Lee: la legislación brasilera tiene reglamentados y reconocidas como profesiones los trabajos de actor, director, acróbata, fotógrafo… etc.

 

Julio Correal

Suena su celular y encuentra gran cantidad de mensajes en whatsapp convocándolo a distintos encuentros. Mira su correo y ve el enlace de un video en el que un grupo de actores y actrices dicen a coro: “porque además de artistas somos trabajadores, porque queremos profesionales que honren la condición de actor, porque ya es hora de que la voz de los actores profesionales incida más que la de los actores del conflicto, impulsemos el Estatuto del Actor en Colombia”.

Su gato pasa y tumba un tarro. Su mujer le pregunta: “¿qué pasó?”. Él le responde que nada, mientras un vocero de ACA dice: “queremos establecer mecanismos que regulen el ejercicio de la actuación profesional en Colombia, que se protejan nuestros derechos laborales y de autor, que se estimule y exalte la excelencia y que se nos reconozca como creadores de patrimonio cultural”.

Entonces X piensa que él no es una persona X, sino que tiene un nombre que se ha labrado y con el que ha ganado respeto, así como lo han hecho otros a los que él en ese momento recuerda: Jorge Emilio Salazar, Fernando Peñuela, Consuelo Luzardo, Héctor Bayona, Frank Ramirez, Helios Fernández, Santiago García, Fanny Mikey, Miguel Torres, Teresa Gutierrez, Yolanda García, Carlos Benjumea, María Eugenia Dávila, Lucy Martínez, Carlos Muñoz, Patricia Ariza, Alberto Valdiri, Cristóbal Peláez, Enrique Buenaventura, Ricardo Camacho, Vicky Hernández.

Se convence de que todos ellos han forjado nuestra memoria colectiva y nuestro patrimonio, así como lo han hecho otros que ejercen la actuación en pequeñas salas, en provincia, en circos, en el cine, en la televisión, tras años preparándose, y que se han ganado el derecho a llamarse profesionales.

Piensa que se deben poner cuotas que privilegien el trabajo para ellos, los profesionales, por encima de personas sin formación ni trayectoria o de actores provenientes de otros países, con los que no hay acuerdos de reciprocidad.

Las obras de teatro, las películas y las series no son permanentes y los actores merecen pensionarse y participar de las ganancias de los productos que venden.

De pronto, la pantalla se llenó de mensajes que pedían derechos laborales, jornadas no excesivas, respeto a los días de descanso y cobertura en seguridad social con un modelo especial para personas con trabajo intermitente, pues las obras de teatro, las películas y las series no son permanentes y los actores merecen pensionarse y participar de las ganancias de los productos que venden gracias a su trabajo.

X pensó entonces que las becas del Ministerio de Cultura deben servir para que los trabajadores reciban un pago justo, para que los productores extranjeros respeten los derechos laborales y paguen salarios dignos, para que los nuevos realizadores opten por profesionales para elevar el nivel de sus películas.

Pensó que tienen que haber subvenciones para el ejercicio del teatro, que el gobierno debe promover contenidos en la televisión que indaguen en la memoria, la verdad, y busquen la excelencia y construir identidad, pues en las actuales circunstancias, los actores pueden contribuir a crear contextos propicios para la reconciliación.

Cuando su esposa volvió a preguntarle qué tenía que hacer, X respondió: “mucho” y salió hacia la calle. Llamó al sindicato, habló con su amiga la tesorera y, sin olvidar sus deudas ni su situación actual, le dijo: “estoy sin trabajo, pero quiero pagar mi cuota de desempleado, pues sé que hay mucho por hacer y ustedes lo han estado haciendo”.

Cuando ella le dijo “te espero”, X recordó uno de los momentos más felices de su vida, la ocasión en que su mamá, tras años de negarse a aceptar su decisión de dedicarse a la actuación, en un encuentro casual con una moja, llena de orgullo, le dijo: -Hermana, le presento a mi hijo, él es actor, actor profesional.

 

*Actor profesional. Ha participado en 15 largometrajes e innumerables producciones de televisión, así como una veintena de proyectos teatrales. Autor de cuentos y obras de teatro; dirige, escribe y actúa en los espectáculos de comedia musical "El cartel del desparche", "Toda una vida sin éxitos", y la serie web "Harold y el patrón". Integrante de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Actores (ACA).

 

 

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