El galeón San José y la epopeya de las pequeñas cosas
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El galeón San José y la epopeya de las pequeñas cosas

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Los objetos guardan una parte del pasado que no se halla en los registros escritos. Colombia debe pensar el patrimonio arqueológico del galeón San José sin caer en las narrativas extractivistas y comerciales.

Manuel Salge*

Un atisbo al gran relato

Las pequeñas cosas que poseemos, que nos rodean y acompañan capturan una parte de la esencia de nuestra existencia. La arqueología desanuda esas historias y redacta a partir ellas las hazañas cotidianas de la gente común.

En la tarde del 8 de junio de 1708 cerca de la Isla del Tesoro, un paso obligado para llegar a la Bahía de Cartagena de Indias, el viento cambió y el capitán Fernández de Santillán Conde de Casa Alegre tomó la decisión de dar media vuelta y apuntar sus 64 cañones al Expedition, capitaneado por el comodoro inglés Charles Wager. Una audacia que costaría más de seiscientas vidas y reescribiría la historia de las grandes potencias de la época enfrentadas todas en la Guerra de Sucesión Española.

Siete años antes de que el viento cambiara de rumbo esa tarde en el caribe, Carlos II de España, el hechizado, moría sin descendencia en una cama del Real Alcázar de Madrid. Su testamento contrariaba dos siglos de política internacional española cediendo el trono al joven Felipe de Borbón, duque de Anjou. El imperio español, hasta la fecha bajo el dominio de la Casa de los Habsburgo, abría sus palacios a los franceses de la Casa de Borbón. Un riesgo para el resto de Europa que temía la unión bajo el mando de un mismo monarca de Francia y España.

El Galeón, como yacimiento arqueológico, es un escenario rico en información y las pequeñas cosas que acompañaron la vida de oficiales, soldados, mosqueteros, artilleros, aprendices, pajes y pasajeros de esas enormes bestias de carga esperan para componer sus relatos y conjugar sus historias.

En otras palabras, el reino de Gran Bretaña aliado con Austria, Prusia y otras naciones intentaba frenar el poder borbónico y, de paso, sacar una tajada del desmembramiento del acéfalo Imperio Español. La reina Ana, última descendiente de la Casa Estuardo, acongojada en el amor y en la salud, lideraría esta alianza enfrentándose política y militarmente a los Borbones en Europa y América. En el mar caribe, esa lucha en buena medida se resume a la batalla de Barú en la que se hunde el San José a manos de los corsarios al servicio de la reina.

Con la Guerra de Sucesión Española, que terminaría oficialmente en la primavera de 1713 con la firma del Tratado de Utrecht, se reconoce a los Borbones como herederos al trono del Imperio español, pero se prohíbe la unión de Francia y España bajo un mismo soberano. La vuelta al tablero de ajedrez, en lo político y lo económico, impulsaría a la Gran Bretaña a constituirse en la potencia imperial de los siglos venideros.

Otra hubiera sido la suerte si la Flota de Tierra Firme hubiera llegado intacta a los puertos españoles para pagar las deudas y aceitar los engranajes de un sinfín de prestamistas y funcionarios que habían sostenido la guerra hasta ese momento.

Ahora bien, este es un atisbo del gran relato en el que navega el galeón. Un relato de la geopolítica del momento, de las relaciones de Europa y América, de las intrigas palaciegas, de cortesanos y prestamistas. Pero, al mismo tiempo, del transporte transatlántico, del comercio y el contrabando, de los avances en la ciencia y la tecnología para la guerra y la navegación. De la biografía de célebres reyes, virreyes, capitanes y comodoros. Todo esto consignado en montañas de documentos, consecuencia de la burocracia, y el papeleo que acompañó las esperanzas y los reclamos de monarcas, comerciantes, propietarios, marinos y viudas relacionados con el galeón San José.

Foto: Epa Cartagena - El respeto por las dinámicas socioculturales de las comunidades locales debería ser esencial en el plan de manejo arqueológico donde yace el Galeón San José, sin embargo, no se menciona.

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Desentrañando la historia

En buena medida, los historiadores contemporáneos han desentrañado esas historias explorando cuidadosamente actas y folios, pero aún resuena el silencio de cientos de voces que merecen ser contadas.

El Galeón, como yacimiento arqueológico, es un escenario rico en información y las pequeñas cosas que acompañaron la vida de oficiales, soldados, mosqueteros, artilleros, aprendices, pajes y pasajeros de esas enormes bestias de carga esperan para componer sus relatos y conjugar sus historias.

Y sí, buena parte de la carga del Galeón es el resultado de la Feria de Portobelo, el punto de encuentro de las expediciones comerciales de ambos extremos de los territorios de la corona. Mercancías europeas de todo tipo se compraban con la plata, el oro, las perlas y las esmeraldas del enorme virreinato del Perú, que para la época abarcaba casi toda Suramérica.

Un contingente de comerciantes partía del puerto del Callao, protegido por la armada del Mar del Sur con rumbo a Panamá. Luego de atravesar por tierra el istmo negociaban con los comerciantes provenientes de Europa, dejando una cuantiosa suma en impuestos y un precioso cargamento de metales y materias primas que debía ser escoltado hasta España para pagar lo convenido, haciendo escala en los puertos de Cartagena y la Habana, donde habitualmente se reunía con la flota de la Nueva España, procedente de Veracruz.

el documento, que debe servir como un instrumento de gestión y planeación para definir acciones de protección, conservación y sostenibilidad de los bienes de interés cultural, declarados como patrimonio, tiene errores y vacíos que lo hacen insostenible.

El galeón San José y su nave almiranta, el San Joaquín, transportaban los recaudos de una feria que llevaba años sin celebrarse y que solo fue posible por las astucias del marqués de Castelldosrius, primer virrey al servicio de los Borbones en el Perú del momento.

Más allá de lo comercial

El 20 de mayo de 1708 el capitán del San José, José Fernández de Santillán Conde de Casa Alegre, inventarió la carga recaudada en la feria en una detallada contabilidad que logró llegar a España junto con los bienes embarcados en las otras naves de la flota que hacían la ruta con el San José y que pudieron escapar de los corsarios.

Esto para decir que, en buena medida, la gran historia del cargamento de metales y materias primas ya fue contada, se ha repetido una y otra vez en cientos de folios, y precisamente es ese relato el que ha alimentado el imaginario de que la carga del galeón solo tiene valor comercial.

Nos ha faltado contar esa historia desde las pequeñas cosas que relatan la epopeya de la vida de cientos de personas al interior de la embarcación. Y esa historia sólo se puede componer desde el rigor de la ciencia, que supone la práctica arqueológica y las disciplinas que junto a ella les dan otro valor a los objetos.

Ahora bien, ese rancio relato, que se ha incubado por más de tres siglos, atraviesa el enfoque del gobierno actual sobre el tema. A finales del diciembre pasado, luego de una reunión con la presidencia, la Armada nacional, el Ministerio de las Culturas, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia y la Dirección General de la Marina, informaron que en 2024 se llevaría a cabo una extracción de piezas del Galeón.

La anterior, fue una idea muy problemática que se ha repetido con leves matices según el funcionario que las expone. Y frente a la cuál la comunidad científica nacional, en cabeza de la Red Universitaria de Patrimonio Cultural Sumergido, se ha manifestado en profundo desacuerdo.

El anuncio de la extracción vino acompañado por una publicación hecha por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia de una “versión preliminar” del Plan de Manejo Arqueológico del área donde yace el Galeón, abierta a recibir observaciones y sugerencias hasta el pasado 31 de enero.

Sin embargo, el documento, que debe servir como un instrumento de gestión y planeación para definir acciones de protección, conservación y sostenibilidad de los bienes de interés cultural, declarados como patrimonio, tiene errores y vacíos que lo hacen insostenible.

Desde lo más elemental como no estar paginado, no incluir en la tabla de contenido todos los apartados o no indicar quiénes trabajaron en su elaboración; hasta temas hondos como obviar la legislación actualizada en la materia, carecer de una adecuada  caracterización arqueológica, presentar un mapa de actores limitado, fallar al identificar las áreas de influencia del sitio, carecer de un cronograma y un presupuesto básicos, proponer un escuálido plan de divulgación y puesta en valor y, sobre todo, proponer una irresponsable extracción de materiales carente de toda justificación y sentido. Son vicios que saltan a la vista luego de una primera lectura del documento.

Pero, para sumar un nuevo elemento a la discusión, es importante traer a colación la resolución 1664 de diciembre de 2021 del ya mencionado Instituto Colombiano de Antropología e Historia, en la que se adoptan los lineamientos para la declaratoria de áreas arqueológicas protegidas en Colombia, el documento define y delimita qué es un área arqueológica y cuáles son las características que debe cumplir para tener medidas especiales de protección a través de la investigación, divulgación y conservación del patrimonio arqueológico.

Lo anterior va en contravía con el plan del gobierno al contradecir por lo menos cinco de sus seis principios fundamentales: mínima intervención, coherencia, coordinación, corresponsabilidad, acceso y transparencia y respeto.

La investigación científica y la indagación sobre la epopeya de las pequeñas cosas, hecha por la arqueología, debe partir, como se indica precisamente en los lineamientos para la declaratoria, del postulado fundamental que la protección del patrimonio es una obligación moral de todos los seres humanos y que constituye una responsabilidad pública colectiva. A partir de allí los siguiente:

  • No se debe intervenir el patrimonio más de lo estrictamente necesario, solo a razón de un análisis profundo y una evaluación científica sobre la significación y valores del lugar, privilegiando siempre el uso de técnicas no intrusivas. En contravía clara de la despreocupada idea de extraer materiales para ver cómo se comportan en superficie;
  • La coherencia en la formulación y ejecución de los proyectos de investigación con la legislación vigente, que no se cumple al desatender la idea de que el pecio, en su totalidad, es un bien de interés cultural sobre el que debe primar la conservación de su unidad como señala la Resolución 0085 de 2020;
  • Atendiendo al principio de corresponsabilidad, los proyectos de investigación dentro de las áreas arqueológicas deben hacerse de común acuerdo, como lo señala la ley, con las autoridades y los entes territoriales de competencia en el área. Y en general con los actores públicos y privados interesados. Todos los anteriores grandes ausentes en el Plan de Manejo Arqueológico presentado;
  • El acceso y la trasparencia sobre la información generada acerca del patrimonio, que indica que la información será de acceso público, y que riñe con el secreto en torno a los contratos, los contratistas, los recursos y las obligaciones de quienes adelantan los procesos;
  • Finalmente, la desatención al respeto de las dinámicas socioculturales de las comunidades locales, absolutamente invisibles en el referido plan.

Se habla de una inversión del Estado para lo que resta del año de 18.000 millones pesos, unos cuatro millones y medio de dólares. Una cifra que resulta abismal si se justifica en la precaria serie de documentos y declaraciones que el Estado ha producido en solitario.

Esto hace evidente que para el gobierno actual es imposible dejar de ponerle precio al Galeón y salir de la lógica extractivista y comercial que tanto daño le ha hecho. Se necesita con urgencia responder desde la ciencia a la misma codicia que lo llevó a pique.

Lea en Razón Pública: Justicia para los afrodescendientes: el derecho a la reparación

2 comentarios

Manuel Salge

Escrito por:

Manuel Salge

*Doctor en Antropología y miembro del Observatorio de Patrimonio Cultural y Arqueológico (OPCA) de la Universidad de los Andes.

2 comentarios de “El galeón San José y la epopeya de las pequeñas cosas

  1. Saben que puede suceder en este país del Sagrado Corazón de Jesús, donde hay más leyes que habitantes, que nos ensimismamos en la mediterraneidad de nuestro ombligo creyéndonos la última Pepsicola del desierto mientras el país cae en el juego del guión de un plan perverso planeado de mucho tiempo atrás… pues que el mal no duerme mientras… pues que el mal se arma de tecnología y nos puede ganar de mano y extraer lo que puede rompiendo el resto sin pudor alguno‼️
    Del angelismo nada quedará‼️
    Muy uniandino como el autor.

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