La mutilación genital femenina: un debate urgente por la dignidad humana
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La mutilación genital femenina: un debate urgente por la dignidad humana

Escrito por Tatiana Gelvez - Cindy Rozo

En Colombia y en otros países, muchas mujeres y niñas son sometidas a mutilaciones genitales que ponen en riesgo su integridad y su vida. ¿Cómo avanzar hacia estrategias para cambios culturales frente a esta práctica?

Tatiana Gélvez Rubio* y Cindy Rozo Romero**

Una discusión no tan obvia

El próximo 6 de febrero se conmemorará el «Día Internacional de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina», un suceso que abre el debate sobre el origen e implicaciones de esta práctica para las mujeres alrededor del mundo. Hablar sobre este tema y entender sus diversas posturas es fundamental para proteger la dignidad y la vida de niñas y mujeres que viven esta realidad.

La Mutilación Genital Femenina (MGF), también conocida como ablación, ha sido reconocida por Naciones Unidas como una transgresión a los derechos humanos de mujeres y niñas. En Occidente la MGF ha sido considerada una muestra de la desigualdad de género y una forma de discriminación contra la mujer.

Según la ONU, las niñas menores de 18 años son las principales afectadas por esta práctica, lo cual constituye una violación de los derechos de las niñas en etapas tempranas de sus vidas.

El decimoséptimo objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 se centra en «alcanzar la igualdad de género y empoderar a mujeres y niñas». Uno de sus indicadores específicos es “eliminar las prácticas nocivas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina”.

Sin embargo, en algunos países del Sur, como Sri Lanka, Gambia e inclusive Colombia, donde se practica la MGF, se afirma que existen elementos culturales subyacentes y, más allá de la visión prohibicionista, se proponen esfuerzos para garantizar condiciones médicas y sanitarias. Una alternativa que podría tener efectos reales sobre el bienestar de las mujeres y evitaría la estigmatización que la convierte en una práctica secreta o tabú.

diversas investigaciones empíricas señalan que la educación es un factor relevante para erradicar esta práctica nociva.

El debate debe tener como eje central las garantías de libertad individual y que las mujeres puedan decidir realizarse esta práctica pero durante su vida adulta. Además, que aquellas quienes decidan hacerlo cuenten con las condiciones sanitarias y médicas pertinentes para que no se ponga en riesgo la salud, la seguridad y la integridad física, evitando intensos dolores, hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte (Mahtani, 2021).

La discusión no es menor: se estima que en el mundo, en países donde es usual esta práctica, más de 200 millones de niñas y mujeres vivas han sido mutiladas. Además, la Organización Mundial de la Salud concluyó que cada año 3 millones de niñas corren el riesgo de ablación, la mayoría de ellas antes de cumplir los 15 años (OMS, s.f).

Foto: Gobernación de Risaralda - En Colombia las estrategias para abordar la MGF se han basado en el fortalecimiento institucional y el diálogo intercultural.

El panorama de ablación en el mundo

En informes de organismos multilaterales como la OMS, UNICEF y ONU se ha concluido que:

  • La mutilación genital femenina se practica por diversos motivos que cambian de una región a otra y de una época a otra, pero siempre responden a una mezcla de factores socioculturales vividos en las familias o comunidades.
  • La edad en la que se practica es diferente en cada país, incluso en cada territorio. Se estima que del total de víctimas (200 millones), 44 millones son niñas menores de 15 años. En algunos países se lleva a cabo antes de que la niña cumpla 5 años; en otros, cuando se encuentra entre los 5 y los 14 años.
  • Esta práctica es común en 30 países de África y algunos de Asia y Medio Oriente. No obstante, también se han descrito algunas formas en países de Latinoamérica y Europa Oriental.
  • En Suramérica la práctica se ha identificado específicamente en Colombia, concretamente en comunidades internas o fronterizas de Perú, Venezuela y Brasil.

Según datos de la UNICEF (2023), en África y Medio Oriente la recurrencia es mayor en mujeres entre los 15 y los 45 años. África (ver gráfica 1) encabeza la lista con un reporte mayor al 99 %: Guinea (95 %), Djibouti (90 %), Mali (89 %), Egipto (87 %), entre otros.

En los países del Medio Oriente, la prevalencia es mayor en Yemen con un 19 %, seguido de Maldivas con un 13% e Iraq con un 7%.

Como se muestra en la gráfica 2, en África en promedio el 49,12% de las mujeres se concentra en las zonas rurales, mientras que el 42,3% en las zonas urbanas. En Asía en promedio el 13,26 % se concentra en zonas rurales y el 12,62% en zonas urbanas. Datos que indican que estas prácticas son más frecuentes en los sectores rurales de estos países.

El nivel de ingreso de las mujeres (ver gráfica 3) no permite sacar una conclusión para todos los países del mundo. En África esta práctica recae principalmente en el quintil más pobre (49,1%), seguido del quintil segundo (47%). La menor participación está en el quintil quinto, que representa una mayor riqueza de la población (38%). En los países de Medio Oriente, la tendencia muestra un resultado opuesto: la mayor prevalencia se da en el quintil más rico (16%) y la menor en el quintil medio (9,4%).

Según UNFPA, diversas investigaciones empíricas señalan que la educación es un factor relevante para erradicar esta práctica nociva. Las hijas de mujeres que han recibido educación primaria tienen un 40 % menos de probabilidad de ser sometidas a la mutilación genital femenina que las hijas de mujeres sin educación.

Un desafío que toca a Colombia

América Latina y el Caribe no están exentos de esta realidad. En Colombia aunque existen indicios sobre la existencia de esta práctica, no hay registros precisos sobre el número de niñas y mujeres a las que se les ha realizado la MGF.

El debate debe tener como eje central las garantías de libertad individual y que las mujeres puedan decidir realizarse esta práctica pero durante su vida adulta. Además, que aquellas quienes decidan hacerlo cuenten con las condiciones sanitarias y médicas pertinentes

Según el Ministerio de Salud y Protección Social, los casos descritos se han presentado en comunidades indígenas, particularmente en el Pueblo Embera. En el marco de un UNFPA Proyecto Embera Wera se conoció que en el municipio de Pueblo Rico entre 2013 y 2014 se reportaron 46 casos.

Las comunidades Embera de los municipios de Pueblo Rico y Mistrató en Risaralda y Trujillo en el Valle del Cauca se comprometieron públicamente a abandonar esta práctica, argumentando que la “cultura debe generar vida y no muerte”. Por lo cual, se han coordinado procesos e iniciativas de carácter interinstitucional con las autoridades indígenas para la sensibilización y reflexión sobre las consecuencias en la salud y vida de las niñas y mujeres indígenas (MinSalud, 2020).

Sin embargo, el proyecto UNFPA Proyecto Embera Wera también muestra que la ablación ha sido aceptada y valorada entre los Embera e incluso se ha asumido como parte del orgullo integral como mujeres, transmitido de generación en generación.

Esto demuestra que en Colombia el tema se ha manejado mediante el fortalecimiento institucional y el diálogo intercultural. Se ha promovido el diálogo comunitario y de mujeres en diferentes escenarios, como mesas y espacios comunitarios, donde se desarrolla una comunicación educativa e intercultural, una investigación, monitoreo y evaluación. De esta manera, el proceso no es coercitivo, sino de sensibilización cultural y consolidación de un ambiente que propicie cambios culturales.

En suma, la práctica tradicional de la mutilación genital femenina merece atención, pero debe hacerse desde un punto de vista que privilegie la protección de la vida de las mujeres y la garantía de sus libertades, más allá de la erradicación y de juzgar estas culturas.

El diagnóstico presentado brinda algunas pistas de aquellos segmentos poblacionales que necesitan mayor protección, tales como mujeres en entornos rurales, de menores ingresos y con menos niveles de educación, pues inciden en la garantía de los derechos fundamentales como la salud, seguridad, integridad física y emocional.

*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado. Las opiniones son responsabilidad de los autores.

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1 Comentario

helena febrero 6, 2024 - 4:42 pm

Qué absurdo que la pretensión sea que la mujer adulta sea libre de decidir mutilarse. Lo que debe pretenderse es la prohibición absoluta, punto.

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