La televisión colombiana: ese extraño objeto del deseo - Razón Pública
ricardo_coral

La televisión colombiana: ese extraño objeto del deseo

Compartir:

ricardo_coralUna voz autorizada nos describe los logros y los riesgos de la industria que conoce desde adentro, con sus copias serviles de lo extranjero y sus intentos de proyectarse a lo universal.

Ricardo Coral *

Espejo de la cultura popular

Pese a la férrea oposición del pensamiento feudal predominante en Colombia, se han logrado filtrar algunos aspectos de la modernidad – y entre ellos una visión amplia de lo que significa “cultura”. Por eso puedo afirmar que la televisión es el único medio de entretenimiento, por tanto de acceso a la cultura, a disposición de la mayoría de los habitantes.

Ricardo_Coral_tv_costumbrismo
El costumbrismo en la TV: "Yo y tú", "Don Chinche", "Dejémonos de vainas" y "Romeo y buseta".
Foto: 123people.es

Para quienes se expresan de manera políticamente correcta, decir que buena parte de la población colombiana es ignorante, zafia y ajena a la civilidad es una falta de respeto. Paradójicamente son esos mismos personajes correctísimos, que se expresan en términos elogiosos sobre sus compatriotas, quienes manipulan para beneficio propio esa ignorancia, fuente inagotable de la violencia social. Y la televisión tiene la doble condición de ser reflejo y a la vez propiciador de ese estado de cosas.

Está probado que la clase dirigente se ha avergonzado siempre de las manifestaciones culturales mestizas que nos son realmente propias: existen múltiples ejemplos de ello en la música, la literatura, las artes plásticas… La construcción de nuestra identidad se ha ido haciendo en contra de las convicciones de la élite. Unos pocos ejemplos que confirman tal aseveración:

  • la primera edición de Cien años de Soledad se publicó en Buenos Aires;
  • ritmos típicos colombianos como la cumbia y el porro tuvieron que ser adaptados al formato de la big band norteamericana para ingresar a los salones de baile de la "aristocracia" criolla;
  • a Marta Traba, una argentina, se le debe el descubrimiento del valor universal de los pintores colombianos.

Desde su nacimiento, la televisión se apropió de las expresiones populares y trató de ser digno reflejo de la idiosincrasia de toda una nación en busca de identidad. El costumbrismo fue el género mediante el cual se fue desarrollando un cierto imaginario colombiano en la TV. Programas clásicos como "Yo y tú", "Don Chinche", "Dejémonos de vainas", "Romeo y buseta" exploraron desde diferentes ópticas la identidad urbana nacional. Hitos más recientes como "Café…" o "Escalona" recreaban universos definitivamente cercanos a la colombianidad, vale decir que el entretenimiento nacía de temas típicamente nacionales.

Y ya en esta época, los canales privados han impulsado deliberadamente el auge de las narcoseries de los últimos años: un reflejo del irresistible ascenso social y de la institucionalización del poder mafioso.

Sin embargo, bajo la égida de la globalización, se aproximan nuevos vientos.

Exportando talento sin identidad

Debido a la gran calidad técnica de la televisión nacional, algunos productos colombianos han logrado un auténtico reconocimiento global. Casas productoras extranjeras, sobre todo de Estados Unidos, han venido estableciendo alianzas estratégicas con canales y compañías productoras locales.

Ricardo_Coral_tv_narcoserie
El auge de las narcoseries de los últimos años: un reflejo del irresistible ascenso social y de la institucionalización del poder mafioso.
Foto: maximavision.tv

Frente a otras industrias televisivas del continente, la colombiana tiene la ventaja de carecer de gremios profesionales bien organizados, lo que nos convierte en una fértil maquila audiovisual. No resulta casual que el huevito de la confianza inversionista haya sido anidado en una tierra donde ejercer el sindicalismo es un crimen castigado con pena de muerte.

Paradójicamente, violando olímpicamente la ley una y mil veces probada según la cual para ser universal hay que ser muy local, la producción para audiencias extranjeras exige que los contenidos abandonen su color colombiano y se conviertan en productos "internacionales", neutros, destinados a entretener al mundo entero si fuera el caso.

Durante los próximos años veremos crecer, de manera exponencial, narraciones que nada tienen que ver con nuestra realidad, un fenómeno que ya empieza a vislumbrarse en nuestra pantalla.

Alguien puede tratar de rebatir este argumento mencionando la serie sobre Pablo Escobar, por poner un ejemplo actual de gran resonancia. Pero no nos llamemos a engaño: esta serie tiene como protagonista al colombiano más reconocido en el mundo, y en todo caso tampoco aporta muchos elementos a la reflexión sobre nuestra realidad, porque lejos de contextualizar el fenómeno del narcotráfico y de sus causas o sus consecuencias sociales, se reduce a ofrecer la historia en su versión más oficial, emocionalmente más efectista y definitivamente más inofensiva para las "prestigiosas" instituciones del país.

No deberíamos olvidar que el proyecto político que el gran capo ideó para la toma del poder alcanzó su culminación definitiva tan sólo ocho años, ocho meses y cinco días después de su muerte, para ser exactos.

De la imitación a la idiosincrasia popular

Otro fenómeno tan o más nocivo – producto de esta globalización consiste en la importación mecánica- es decir, la copia sin aclimatación de formatos televisivos exitosos que se adaptan para consumo puramente doméstico.

Ricardo_Coral_tv_realities
Lo de real tv es sólo una ilusión, una apariencia: el hecho de que los protagonistas sean gente del común no impide que estén sujetos a la manipulación narrativa.
Foto: Tomado de Youtube.com. Canal de Protagonistas de Nuestra Tele

Por ejemplo, los mal llamados realities. Digo mal llamados, pues lo de real tv es sólo una ilusión, una apariencia: el hecho de que los protagonistas sean gente del común no impide que estén sujetos a la manipulación narrativa, mediante los libretos y la carga ideológica que impone cualquier producto de ficción televisiva. Me refiero a los más exitosos hasta ahora: "Yo me llamo" y "Protagonistas…"

Aristóteles dijo que el arte es imitación, pero esta "civilización del espectáculo" lo entendió al revés: que la imitación es un arte. A partir de la posmodernidad, todo se hizo subjetivo y todas las verdades sobre el arte son posibles.

En un país empeñado en negar sus orígenes mezclados, donde indio es un insulto en vez de una identidad; donde un poeta gracioso resumió los referentes culturales así: "la clase alta aspira a ser inglesa, la media norteamericana y la popular mexicana"; donde se rinde pleitesía al acento extranjero; donde entre más alejado de lo mestizo se esté o se parezca estar es mayor la distinción y el estatus es más alto; donde mujeres caleñas de clase alta consideran de buen gusto posar para una revista española con sus criadas negras al fondo, imitando a las grandes señoras blancas del sur esclavista estadounidense de antes de la guerra de Secesión; en fin, en un país empeñado en no ser él mismo sino otro y en imitar patrones ajenos, era pues previsible que fuera altísima la audiencia de semejante show. En esencia, se trata de no ser sino de parecer.

Por el otro canal, un grupo de jóvenes analfabetas funcionales — escogidos por sus perfiles sicológicos para que una vez encerrados en una ratonera de laboratorio llamada casa estudio, se comporten de acuerdo con los deseos de los libretistas, demostrando que definitivamente Pavlov tenía razón: se enfrascan en discusiones donde sale a relucir lo más auténtico de la idiosincrasia colombiana, o sea: machismo, homofobia, intolerancia, misoginia, superstición, estulticia, violencia, cómo no, y un largo etcétera de taras.

Estos programas reflejan una cierta realidad del país, donde se amplifican y se exacerban comportamientos primarios, donde se da espacio a la pornomiseria, donde personajes carentes de identidad propia se elevan a rango de ídolos con pies de barro.

Respeto por la audiencia

¿Por qué no ofrecer una parrilla donde el espectador sea respetado, estimulado, enaltecido? Siendo un duopolio, ¿por qué son incapaces de ponerse de acuerdo para tratar a sus fieles audiencias con algo de dignidad?

Soy testigo de primera fila del gran talento de todos los que trabajan en este medio, sé de su profesionalismo, de su dedicación y hasta su sacrificio, tanto en lo técnico como en lo artístico. Me consta además que en las juntas directivas de ambas corporaciones toman asiento personas de inmejorables condiciones creativas, intelectuales y éticas.

Ojalá al tomar grandes decisiones colectivas pensaran en proporcionar un entretenimiento respetuoso y estimulante, donde podamos vernos reflejados sin vergüenza, asumiendo lo que somos, sin olvidar lo que fuimos y para que nos ayude a proyectarnos en un futuro incluyente, tolerante, digno y en paz.
 

* Guionista, productor y director de cine de la Escuela Superior de Artes de Praga, máster de la Universidad de Madrid con estudios de doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha sido profesor de las universidades Javeriana y de los Andes y ha dirigido 7 largometrajes, el último de los cuales, Postales colombianas, porque Colombia no es sólo pasión se estrenó en las salas de Procinal.

 

Acerca del autor

Ricardo Coral
ricardocoral@razonpublica.org.co | + posts

0 comentarios

Ricardo Coral

Escrito por:

Ricardo Coral

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

Game of thrones
Arte y Cultura

¿Qué tiene de especial ‘Juego de Tronos’?

Edson_David_Rodrguez
Arte y Cultura

Crónica de una mirada: la belleza particular del barrio Santafé

Navidad
Arte y Cultura

La navidad: una fiesta para la publicidad y la crítica

Arte y Cultura

José Alejandro García: el arquitecto que imaginó una modernidad tropical para Barranquilla*

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!