#YoTambién: una protesta viral que parece no tener fin - Razón Pública
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#YoTambién: una protesta viral que parece no tener fin

Escrito por María Mercedes Andrade
Harvey Weinstein, productor de cine.

Harvey Weinstein, productor de cine.

Maria MercedesEl escándalo de abusos sexuales que sacude a Hollywood ha suscitado una ola global de indignación y denuncia. Este caso reafirma la necesidad de reflexión en torno a una cultura de la desigualdad que sigue lesionando a las mujeres.

María Mercedes Andrade*

Irrupción de un escándalo silenciado

El 5 de octubre el periódico New York Times publicó un reportaje de las periodistas Jodi Kantor y Megan Twohey sobre Harvey Weinstein, uno de los ejecutivos más poderosos de Hollywood.

Weinstein es el cofundador de Miramax y de The Weinstein Company, y ha producido y dirigido numerosas películas de gran reputación, tanto en el cine independiente como en Hollywood, muchas de ellas nominadas a los premios Oscar.

El artículo en cuestión se titulaba “Harvey Weinstein sobornó durante décadas a sus acusadoras de acoso sexual”, y  sus autoras detallaban los casos de mujeres que lo señalaban de acoso y abuso sexual a lo largo de casi treinta años (los mismos que lleva casado, dato curioso).

En los casos descritos por Kantor y Twohey había patrones difíciles de explicar si se tratara de acusaciones falsas, especialmente porque muchas de las mujeres entrevistadas no se conocían entre sí: se habla de situaciones en las que las mujeres asistían a supuestas reuniones de trabajo en restaurantes de determinados hoteles, donde les informaban que la reunión se llevaría a cabo, a solas, en la habitación de Weinstein, quien, según algunas, se les habría insinuado sexualmente, habría solicitado favores sexuales o, en otros casos, habría abusado de ellas.

En los días inmediatamente posteriores a la publicación del reportaje salieron a la luz acusaciones contra Weinstein de actrices como Ashley Judd, Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, y hasta el momento, según la revista Slate, han salido a la luz más de cincuenta acusaciones de distintos grados de acoso y abuso sexual.

Muchas de las mujeres contactadas por Kantor y Twohey se negaron a dar su testimonio, pues alegaron que habían firmado un contrato de confidencialidad con Weinstein, lo que reveló que este productor, al parecer, llevaba años comprando el silencio de sus víctimas.

En un artículo publicado por Ronan Farrow cinco días después en la revista The New Yorker, las acusaciones se agravaron, pues quedó claro que los abusos de Weinstein eran un secreto a voces en su compañía y que muchos de sus empleados habían sido coaccionados para que fueran cómplices de sus actos, mientras que otros se habrían desentendido e incluso habrían ayudado a humillar y a callar a aquellas mujeres que se quejaron de sus acciones de manera oficial.

Otro tema que las víctimas expresaban de manera recurrente en el artículo de Farrow era el miedo que sentían hacia Weinstein, quien tenía la posibilidad de destruir sus carreras si se atrevían a denunciarlo, por lo cual muchas o no reportaron los incidentes o no se atrevieron a mantener una confrontación con Weinstein, sino que siguieron sosteniendo relaciones cordiales con él.

Un lacónico hashtag

Wikimedia Commons
El acoso es un problema cultural 
Foto: Wikimedia Commons

En el contexto de las múltiples acusaciones contra Weinstein, la actriz Alyssa Milano publicó en su cuenta de Twitter un lacónico hashtag: #MeToo (#YoTambién), seguido de esta explicación: “Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente escribieran ‘Yo también’ como su status, podríamos darle a la gente una idea sobre la magnitud del problema”.

Las víctimas expresaban de manera recurrente el miedo que sentían hacia Weinstein, quien tenía la posibilidad de destruir sus carreras si se atrevían a denunciarlo.

La actriz pretendía mostrar que el caso Weinstein no es un evento aislado o una simple anomalía, sino que, por el contrario, se trata de un fenómeno generalizado en todo el mundo. Aunque la campaña “YoTambién” no fue inventada por Milano, sino por la activista Tarana Burke en el 2007, como un proyecto para despertar la conciencia y la solidaridad en los casos de abuso y acoso sexual hacia niñas en comunidades negras del sur de Estados Unidos, el “trino” de Milano llegó en el momento justo y ocasionó una verdadera avalancha.

Desde ese día, decenas de miles de mujeres le respondieron con un “#YoTambién” y el fenómeno se esparció en otras redes sociales como Facebook e Instagram, donde miles de mujeres en todo el mundo llevan (llevamos) días escribiendo “Yo También”, de manera al parecer interminable.

La legislación en Colombia

Quizá convenga aclarar los términos de la discusión y en particular en lo que se refiere a las leyes de nuestro país.

La agresión sexual se refiere a aquellos casos donde una acción de carácter sexual sucede sin el consentimiento expreso de una de las partes. La Ley 1236 del 2008 señala como “Delito contra la libertad y formación sexuales” en particular la violación, es decir, el acceso carnal violento, el acceso sexual violento y el acceso carnal o acto sexual con una persona en incapacidad de resistir.

Por su parte el delito de acoso sexual aparece contemplado en el artículo 210 A de la Ley 1257 del 2008 y se define al delincuente así: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona”. Es decir, constituye un acoso sexual toda situación donde alguien utiliza una diferencia de poder para crear una situación de carácter sexual donde la otra persona, debido a su condición de desigualdad, no está en condiciones de expresar su rechazo.

Las situaciones que denuncian aquellas que han decidido escribir “Yo También” son múltiples, incluyen desde la vida profesional a la familiar y van desde los casos patentes de violaciones o de haber sido tocadas en contra de su voluntad a otros casos que, por lo general, quedan por debajo del radar y que debemos aprender a reconocer.

Las formas del acoso sexual

Activismo en Twitter.
Activismo en Twitter.
Foto: Twitter 

Estos casos de acoso sexual incluirían el del jefe que invita a salir a una subalterna, incluso si esta dice que sí, o el del profesor que le coquetea a una estudiante, incluso cuando esta sea mayor de edad, y esto se debe a que en ambos casos, dada la diferencia de poder, el consentimiento otorgado puede no ser tal, sino más bien el resultado del temor a una posible retaliación o a otros efectos negativos para la persona que podrían surgir del rechazo. En ambos casos hay un abuso de poder de un superior, pues quien tiene el poder tiene la responsabilidad.

Las situaciones que denuncian aquellas que han decidido escribir “Yo También” incluyen desde la vida profesional a la familiar.

No me canso de subrayar que no basta con argumentar que la víctima nunca dijo nada en contra de la agresión o el acoso, pues la naturaleza de la desigualdad y la manera insidiosa y con frecuencia disimulada con la que se ejerce este tipo de poder muchas veces hace imposible señalar un momento específico. Con frecuencia las víctimas de acoso sexual se quejan de un clima hostil donde los comentarios indeseados, las miradas, los chistes o el contacto físico no buscado crean un ambiente donde la persona, en lugar de sentirse libre y en igualdad de condiciones, se siente intimidada.

La cantidad apabullante de mujeres que está diciendo “Yo También” debe llevarnos a reflexionar sobre la manera como nuestra cultura acepta y permite el acoso y la agresión sexual contra las mujeres. Queda claro que dentro de la familia, en el trabajo y en los ambientes académicos las mujeres vivimos una realidad muy distinta de los hombres que están a nuestro lado.

Más allá de una pugna entre hombres y mujeres – y aunque por supuesto el problema se manifiesta en casos concretos- el asunto de fondo es el tipo de sociedad y de cultura en la que vivimos y que contribuimos a prolongar. Cada vez que alguien, sin importar su sexo, descalifica a una mujer diciendo que una situación sexual indeseada ocurre “porque se lo buscó”, está contribuyendo a la propagación de una cultura excluyente y violenta. Si bien la responsabilidad inmediata ante la ley la tiene quien abusó de su poder, es tarea de todos contribuir a cambiar una cultura que promueve la desigualdad.

*Profesora de la Universidad de los Andes, escritora. https://cerosetenta.uniandes.edu.co/tema/blog/repalabras/

 

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