Volver a leerla | Marta Juanita Villaveces Niño | Razón Pública

Volver a leerla

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Leer y releer a María Teresa Uribe de Hincapié es siempre descubrir una mirada profunda, premonitoria y compleja del país, del país político, de una economía en parches, de la ciudadanía buscando su voz, de las relaciones internacionales sumisas en algunos casos, de la construcción del país desde su historia y de las críticas y necesidades de cambio en las ciencias sociales.  Volver a leerla es un placer por su prosa amable, cercana y pedagógica.  Volver a leerla para quienes tuvimos la oportunidad de conocerla es recordar las conversaciones, las enseñanzas, las inquietudes y su capacidad de análisis.

En 1998 aterricé en la Universidad de Antioquia -UdeA- en el Instituto de Estudios Políticos a trabajar con la profesora María Teresa como parte de mi primer ejercicio de investigación.  Como economista, seguía buscando respuestas a lo que no encontré con claridad en mi disciplina, sobre todo acerca de las tensiones sociales y políticas detrás de los fenómenos económicos.  Llegar a trabajar con María Teresa me acercaba a dos inquietudes: la historia como método y enfoque necesario en la economía y la política como otra forma en que se expresa el poder y que afecta las decisiones económicas.  La tarea que me puso fue totalmente novedosa para un economista: leer fuentes primarias, prensa del siglo XIX para abordar no sólo los problemas económicos sino comprender la forma en que las ideas económicas llegaron al país y que se intentaron implementar en el incipiente mercado.

Está tarea fue metodológica y analítica. Las conversaciones con María Teresa sobre el siglo XIX y la configuración del Estado me llevaron a la pasión por ese siglo fundacional. Entender las tensiones de la naciente nación me permitió, con el tiempo comprender muchas de las razones y explicaciones de las decisiones que se han tomado en estos dos siglos y de las reconfiguraciones de intereses y la persistencia de exclusiones y desigualdades que se siguieron expresando en el país.

Pero María Teresa tenía otra faceta que pude conocer: la de la conversación alrededor del tinto antes de las 7 de la mañana donde se congregaban sus colegas, los profesores del Instituto de Estudios Políticos y algunos estudiantes y tutorados incluyéndome.  La Colombia de 1998 mostraba ya las garras de un fenómeno que se incubó en los años anteriores: el paramilitarismo que para el caso de Antioquia y de la UdeA fue visible y violento.  Ese café al inicio del día era una invitación a pensar asuntos que se hacían tan visibles y que reconfiguraron el mapa y la textura del país: el desplazamiento que ya tomaba dimensiones complejas, las tensiones en regiones como Urabá o el Cauca, la masacres, las dificultades de un gobierno en sostener la democracia que quedó en vilo, y así.  La escuchábamos, comentábamos, unos con mucha propiedad y otros más tímidos. Yo sentía que era la mejor forma de iniciar el día.  Esas conversaciones fueron quedando como capas en mi mente que también moldearon mis reflexiones futuras.

La visión crítica, analítica e incómoda de María Teresa sigue siendo una voz muy válida y poderosa para entender a Colombia.  Esa voz se encuentra en su libro “Un país por descifrar”, que recoge las columnas de opinión que ella escribió en diario El Colombiano entre 1985 y 1987, unos años convulsos para Colombia donde se atravesó un proceso de paz fallido, la expresión de la violencia contra integrantes de la UP, la toma del Palacio de Justicia, la crisis de la deuda, el resquebrajamiento del modelo bipartidista, la expresión de voces y demandas nuevas de grupos ciudadanos como las mujeres, los campesinos y los ecologistas y así, la tremenda historia de tres años ya lejanos pero que aún nos marcan el presente.

Pero no sólo aborda las tensiones del país. En esas columnas María Teresa también va sobre la sociología, y las ciencias sociales que señalaba de estar en un enclave desde las aulas pero que necesitaba moverse hacia el país y hacia las nuevas metodologías de análisis.  Esa visión se unió a muchas otras voces que dieron a las ciencias sociales un enfoque regional, desde América Latina, con preguntas propias e integrando metodologías sin catalogar una de dominante.  Sus reflexiones son geniales y con total vigencia.  Leer el libro recientemente lanzado en la FilBo es una invitación maravillosa para descubrir su amplia producción académica.  Rememorar a María Teresa es recordar una influencia importante en mi vida académica y profesional que no dimensioné en su momento y que he ido comprendiendo con el tiempo.

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Martha Ardila

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