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Violencia en las comunas: Colombia al borde del abismo

Escrito por Bernardo Congote

Bernardo CongotePodría ser que en la Comuna 13 de Medellín y en lugares semejantes de Bogotá y Cali se esté tejiendo mucho más que un enfrentamiento entre sicarios. El autor propone no desechar el inmenso poder humano que en ellas hierve.

Bernardo Congote*

"Como sucede en los océanos, la esencia de la sociedad está en el fondo."

Ortega y Gasset

Lo que no tienen los "altos"

La clasificación poblacional según estratos ha recibido toda clase de críticas. El hecho de que desde el punto de vista metodológico el parámetro universalmente aceptado para estratificar poblaciones haya sido el del tipo de vivienda donde vive el grupo humano de que se trate, elimina otro tipo de mediciones que podrían explicar mejor el concepto.

Ello invita a plantear una discusión sobre su pertinencia socio-política. La clasificación social por estratos habría contribuido a profundizar una división de clases que, privilegiando el status de los mal llamados "altos" demeritaría inapropiadamente a los mal llamados "bajos".

Aparte de eso, como la denominación "alto" y "bajo" podría quedarse en una clasificación simplista y precaria cuando se entra a fondo en la realidad socio económica de una nación, convendría analizar el asunto en todas sus vertientes para probar la hipótesis de que, en contra de lo que ha sido la creencia común, la sociedad posee en sus llamados estratos "bajos" poderes inusitados que no se encuentran en los "altos". Esta hipótesis busca aportar otra visión a la lectura tradicional del problema socio económico basada en la desigual distribución del ingreso que, expresada mediante el Coeficiente de Ginni, muestra a Colombia como el tercer país más desigual sólo por debajo de Guatemala y Brasil, herramienta que hasta ahora no ha servido para mucho en relación con las soluciones que debemos emprender.

Los "bajos" son mayoría

En la estructura económica capitalista la distribución de la población por estratos se traduce en una gran masa repartida entre los estratos bajos y una muy baja que forma los estratos altos. Al observar la composición demográfica de tres de sus grandes ciudades, en Colombia se puede observar la paradoja de que, demográficamente hablando, los estratos verdaderamente "altos" son los "bajos". No otra cosa podría inferir cualquier estudiante de estadística al observar que, en promedio, los estratos bajos de estas tres ciudades constituyen el 92,8 por ciento de la población total, mientras los altos son sólo el 7,2 por ciento, como se puede observar en el siguiente cuadro:

En consecuencia, aunque simple, la afirmación según la cual "los bajos son mayoría" no deja de ser fundamental.

Los bajos consumen más

Una de las ecuaciones más importantes de la macroeconomía, estima el Ingreso como la suma de lo que se Consume más lo que se Ahorra (I = C+A). Si se tiene en cuenta que en este plano los estratos "altos" lo son porque ahorran más, mientras que los "bajos" lo son porque consumen más, surge otra paradoja casi tautológica según la cual en la suma del Ingreso Nacional el peso del consumo es significativamente mayor que el del ahorro y, por ende, la suma de los esfuerzos consumidores es mucho mayor que la de los esfuerzos ahorradores en la generación del ingreso.

Al observar la proporción entre Consumo y Ahorro de las cuentas nacionales entre 2000 y 2007, se puede construir un indicador del consumo de los hogares originado en  estratos bajos de 2,66 contra otro originado en estratos altos de 0,77, significando que, en este ítem, la dinámica de los bajos es 3,45 veces mayor que la de los altos (2,66/0,77). Téngase en cuenta que el indicador de consumo de los hogares suele ser herramienta básica para estimar, como ocurre por estos días, el grado de recuperación o recesión económica[1].

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A manera de ejemplo, el fenómeno de la fortaleza del consumo se aprecia claramente  en la estructura de uso de servicios públicos domiciliarios; tomemos el caso del gas natural:

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La educación, otro argumento

La paradoja se enriquece observando la demanda por servicios en la educación básica media[2]. Suponiendo, para efectos de la discusión, que el 100 por ciento de los estudiantes que demandan la educación que ofrece el sector oficial pertenecen a los estratos "bajos", mientras que el 100 por ciento de los que demandan educación ofrecida por el sector no oficial pertenecen a los "altos", también en lo educacional se confirma la fuerza de la demanda de los estratos bajos, como puede verse en el siguiente cuadro:

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¿Hacia los "estratos fuertes"?

Sujetándonos a su definición literal, al preguntarnos qué tan fuertes son los estratos "bajos" y "altos" los datos anteriores nos permitirían demostrar de manera preliminar la hipótesis de que existe una fortaleza relativa en los estratos bajos y, paralelamente, una debilidad relativa en los estratos altos. Ambas permiten entender en qué franjas sociales reside la fuerza social colombiana.

Si tomáramos los indicadores aquí construidos en el montaje de un modelo simple (parsimonioso) a manera de Indicador de Fortaleza Socioeconómica (IFS), partiríamos de una ecuación de este tipo[3]:

IFSn = IFDn*IFCn*IFEn

Que equivalen a:

IFSn = Índice de Fortaleza Social del grupo estratificado "n",

"n" = Estratos Bajos (EB) ó Estratos Altos (EA),

IFDn= Índice de Fortaleza Demográfica del grupo "n",

IFCn=Índice de Fortaleza Dinamizadora del Consumo del grupo "n",

IFEn= Índice de Fortaleza Dinamizadora Educativa del grupo "n", e

Corrido el modelo sin mayores restricciones, arrojaría resultados de este tipo:

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De acuerdo con lo anterior, entre otros asuntos el modelo permitiría inferir:

  1. Que el indicador de fortaleza socioeconómica de los estratos bajos combinaría una resultante de 9,35
  2. Que el indicador de fortaleza socioeconómica de los estratos altos combinaría una resultante de 0,99; y
  3. Que el indicador de fortaleza socioeconómica de los estratos bajos combinaría una resultante 9.44 veces mayor que la de los estratos altos.

Hacia otra mirada

De probarse la consistencia de este diagnóstico, podríamos disponer de algunas herramientas para una crítica del ordenamiento socio político vigente en Colombia. Sus consecuencias permitirían preguntarse, por ejemplo, sobre:

  • La forma en que se enfocan las campañas electorales;
  • La forma en que se diseñan y ejecutan las políticas públicas que ejecutan dichos programas electorales;
  • La forma en que se desarrollan las políticas de subsidios, incentivos y sanciones;
  • Los efectos que produce afirmar el manejo del Estado básicamente sobre "políticas de seguridad"; y,
  • Los efectos que puede tener destinar herramientas de contra-ataque básicamente policivo-carcelario para enfrentar las crisis de los fuertes enclaves poblacionales que hoy en la Comuna 13, ayer en Siloé, o cualquier día en Ciudad Bolívar o Suba, se revuelven contra el estado de cosas y el aparato de poder vigente.

En suma, el diagnóstico aportaría elementos para entender otra racionalidad del movimiento comunero que hierve en las ciudades colombianas, además alimentado por millares de campesinos desarraigados expulsados del campo por una guerra que a pesar de que nadie la gana las mayorías quieren seguir "ganándola".

Lo que se cuece por debajo

De ser válido este enfoque, podríamos criticar no sólo los diagnósticos sino también las terapias con que intentamos resolver las múltiples tensiones activas dentro de las franjas de las comunas urbanas en Colombia[4], y estaríamos en capacidad de zafarnos del deporte nacional que consiste en acudir a simplificaciones para calificar lo que está sucediendo como "pérdida de valores", "explosiones sicariales", "manifestaciones delictivas" o "degradaciones juveniles".

El enfoque podría contribuir, además, a develar  la existencia de señales mucho más profundas que se cuecen entre las capas densas de la población, llevándonos a entender que en ellas hierve un inmenso poder humano que, por ahora, se desfoga ocasionalmente en enfrentamientos locales entre pandillas de perfil mafioso, pero que tarde o temprano podrá encontrar salida por la vía de una revuelta que reedite paradigmas vigentes desde los comuneros del siglo XVIII, las sociedades democráticas de mediados del siglo XIX, la revuelta de los obreros de las bananeras o las diversas reacciones violentas del campesinado cafetero desde comienzos del siglo XX, y la fortificación de una clase emergente narcotraficante cuya materia prima también ha salido del fondo de esos estratos fuertes.

De seguir el modelo militarista en el ejercicio del poder, todo quedará reducido a tapar el sol con las manos descuartizando a un nuevo Galán, persiguiendo a alguna María Cano, asesinando a un nuevo Jaime Garzón o, como ya lo estamos haciendo, asesinando, desplazando o llevando al exilio a decenas de líderes sindicales, periodistas, educadores y pacificadores. ¡Y todo bien! ¡Todos tan campantes!

El desempleo, la tapa de la olla

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Como lo muestran estos datos, la variación del empleo efectivo de mano de obra en la industria manufacturera fue constantemente negativa durante la vigencia de la "seguridad democrática".

Ese hecho puede permitirnos entender qué tipo de habas se están cociendo en la fuerte base social de la nación, lo cual puede agravarse si se toma en cuenta de qué manera las mal llamadas "políticas de empleo" se han traducido a incentivar por omisión el empleo informal (técnicamente un subempleo) y a cohonestar el modelo expoliatorio de la fuerza de trabajo oculto tras el eufemismo de las "cooperativas de trabajo asociado". El problema de la informalidad exhibiría, además, varios agravantes que se pueden inferir de un reciente estudio del CEDE: 1. Que el nivel de informalidad económica de América Latina, en 2003 ya había alcanzado (negativamente) al de África; 2. Que la informalidad resulta un sobre costo para toda la estructura económica; 3. Que, en Colombia hay informalidad inclusive en la mediana y gran empresa; 4. Que el nivel de empleo que absorbe la empresa informal colombiana, nunca es tan alto ni del mismo nivel como el que absorbería si fuera formalizada. 5. Que por tanto, contra lo probadoo en Colombia, una verdadera política de empleo de factores estimularía la formalidad y no la informalidad empresarial[5]/[6].

Estos resultados evidencian el abandono de toda posibilidad de que la mano de obra sea un factor para seguir impulsando el desarrollo, mientras se incentivan: a. una manufactura intensiva en capital; b. una posesión elusiva y evasora de tierra agropecuaria y urbana; c. un sector exportador sobre protegido por una tasa de cambio artificial y múltiples subsidios ocultos, y d. un sector financiero explotador que se limita a ser rentista del capital[7]/[8]. Todas ellas, decisiones políticas que alimentan la perversa fantasía de la fortaleza de los estratos altos que, paradójicamente, termina explicada en que tienen al Estado de su parte utilizando destructivamente los impuestos que aporta la gran masa laboral que sobrevive en la formalidad, de modo que, aquí también, el elevado esfuerzo de los <estratos fuertes> es el que termina subsidiando el prestigio que ostentan los altos.

Una cosa piensa el burro…

Ocho años después de haber sido "tomada" la Comuna 13 de Medellín mediante la ostentosa "Operación Orión", que todavía despierta aplausos, en ese enclave salen una y otra vez señales de que lo que se cuece entre los hornos de la sociedad urbana colombiana supera el acomodado diagnóstico policivo-carcelario.

Diagnóstico y terapia pretenden ignorar que el desempleo está disparado, precisamente porque los menores de edad de los estratos fuertes no tienen perspectiva alguna dado que lo único que tienen para jugar es su propia vida. No se puede soslayar, por tanto, que en la década 2001-2010, mientras el desempleo total fue del 13 por ciento, entre los menores de 26 años casi se duplicó hasta llegar al 23 por ciento. ¿Queda alguna duda sobre el motor que mueve el horno de esta revuelta?

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Fuente: DANE. Diario El Tiempo, 2010-09-06 Pg. 1-2. Cálculos del autor

Tres explicaciones y una excusa

A manera de balance se destacan varias explicaciones:

  • La socio económica, que urge por alarmar a Colombia acerca de la degradación constante de las posibilidades de la mano de obra, sobre todo juvenil, que afecta los planos urbano (y rural) de la población.
  • La política, reducida a que mientras el aumento de empleo de mano de obra se concentra en formulismos leguleyos, el aparato de Estado insiste en "inventar" una perversa solución policivo-carcelaria como salida de esta persistente revuelta urbana[9].
  • Y la facilista, hija de la anterior, de corte narco paramilitar, según la cual todo se explica porque existe en las comunas una perversa alianza entre "mafiosos, políticos y empresarios" que pesca en río revuelto, alimentado por un ejército de reinsertados con dios y sin ley que hacen de las suyas[10].

Este panorama explica por qué las mayorías resultan distraídas en soluciones faranduleras como el endurecimiento de las penas, la disminución de la responsabilidad penal o el aumento en la vigilancia personal de los niños escolares.

¡Envueltos en la bandera!

"Cuatro puertas tiene abiertas el que no tiene dinero: el hospital y la cárcel, la iglesia y el cementerio"[11].

No queremos reconocer que la violencia urbana sea la única válvula de escape de las nuevas generaciones de los estratos poblacionales fuertes, que reaccionan ante el fracaso del modelo produccionista-exportador-intensivo en capital impuesto por élites que se encuentran satisfechas porque el Parque Lleras, el Parque de la 93 o la Avenida 6ª se llenan todos los días de notables miembros de la improductiva clase alta.

Se entiende entonces que aquella fuerza humana reaccione justamente porque, a pesar de propulsar la producción, no prospera; porque a pesar de servirle al sector servicios, ella es la menos servida; porque, concentrada en consumir, no ahorra; porque demandando educación escolar, no llega jamás a la escala tecnológica ni a la superior; y porque, buscando soluciones, sólo encuentra la guerra o la cárcel como salidas.

La tan manida explicación narco paramilitar de esta revuelta, es sólo un disfraz para esconder la profunda lógica social que posee ante la perspectiva de que el otro camino de los jóvenes de estratos fuertes consista en ceder a la tentación perversa que les ofrece la solución represiva del Estado: ¡enrolarse para hacer la guerra cobijados por la bandera tricolor!

El múltiple modelo guerrerista colombiano que arranca aplausos en todas las pasarelas de estrato alto, ignora las verdaderas aristas de la revuelta comunera que, si por ahora se reduce a controlar sus propias barriadas ejerciendo el poder a la misma manera en que las élites les han enseñado a hacerlo (¡a bala!), más temprano que tarde ha de lanzarse a desarmar los escenarios de icopor de la Colombia enajenada entre el culto a las tetas paradisíacas, al alcohol y al Divino Niño[12]. Bastaría echarle un ojo a lo que está pasando en El Salvador con las "maras" que no hace mucho bloquearon todo el transporte urbano durante dos días[13]/[14].

¿¡Solución de fuerza que ignora la fuerza!?

La Comuna del XVIII: José Antonio Galán, descuartizado. Caballero  y Góngora, elegido Arzobispo-Virrey

Seguimos consolidando en Colombia un culto enajenado y febril por victorias militares que no lo son, reducidas a escaramuzas del tipo operaciones orión o a los golpes mediáticos estilo "Operación Jaque" o "Raúl Reyes". Victorias pírricas que ignoran que la fuerza social hierve por dentro de los estratos fuertes cuyos miembros, desarraigados, desempleados y sin presente en su propio país, se aferran a una guerrilla urbana de auto exterminio y degradación.

Son seres humanos a quienes la prosperidad de icopor de los estratos altos, enajenados por la moda y las empresas proclives a la narco cultura rentista, nunca les ofreció a cambio de sus changones, ni violines ni lápices ni balones de fútbol. ¡Sólo AK 47!

Permítanme reducir mi conclusión a unas cuantas preguntas:

  • ¿Tendrá presente o futuro la doctrina de la seguridad democrática que se consolida a espaldas de esta fuerza desesperada de los estratos fuertes?
  • ¿Alcanzarán siquiera a rozar los síntomas de la revuelta las discusiones superfluas del Legislativo?
  • Las "unidades nacionales" engarzadas, hoy como ayer, en la repartija burocrática, ¿tendrán siquiera alguna sospecha sobre qué tan peligrosa está siendo su demora para tomar decisiones de avanzada que resuelvan en el fondo social lo que las élites enajenadas piensan que es una endemia superficial?
  • ¿Las disputas degradantes entre los PINES y sus pares, le abrirá espacio a esta discusión?
  • ¿Tendrá presente y futuro una victoria militar que se sueña a cambio de sacrificar las vidas de los jóvenes de los estratos fuertes que visten el uniforme de paramilitares o militares?
  • O, en el peor de los casos, ¿se tratará de inundar las cárceles con toda esa fuerza juvenil desperdiciada?
  • ¿Qué tan sólida puede ser la perspectiva de utilizar la fuerza en contra de los fuertes?
  • ¿Comenzando el siglo XXI pretendemos seguir coronando al rubicundo negociador oficial mientras descuartizamos a quien sea el José Antonio Galán de la actual revolución comunera?

* Magister en Ciencia Política y Economía. Investigador independiente.

Notas de pie de página


[1] La digresión resultaría fortalecida trayendo a colación la fuerte hipótesis keynesiana según la cual no todo lo que constituye ahorro es inversión, debido a que para dar ese salto la economía necesita contar con incentivos suficientes pudiendo suceder entonces que una alta tasa de ahorro no convertida en inversión termine siendo una variable pasiva que llega a veces a coaccionar el funcionamiento económico.

[2] Glosando que a pesar de ser un dato socio políticamente muy recurrido, el concepto "estrato" suele ser difícil de encontrar en las fuentes por lo que el investigador suele verse forzado a elaborar inferencias para aproximarse a esa variable. En el caso de la educación existen en los datos del Ministerio de Educación estadísticas por sector, por zonas, por modelo, por género, etc., pero no hay datos educacionales por estrato.

[3] El modelo se construye sobre la base de un atributo metodológico básico: su parsimonia. Precisando que la simplicidad implícita en él, en absoluto le invalida, sino que puede constituirse en acicate para que otros modeladores más avezados emprendan la tarea de complejizarlo induciendo en el futuro a mejores planteamientos e inferencias.

[4] El modelo se fortalecería añadiéndole datos similares sobre la población de más de 30 ciudades colombianas.

[5] YDROBO, Carolina,  INFORMALIDAD EMPRESARIAL EN COLOMBIA: UN OBSTÁCULO A LA DESTRUCCIÓN CREATIVA", CEDE, Uniandes, Documentos 2010-17, Bogotá.

[6] "Thus, the hypothesis to be proven is that informal firms absorb on average less labor than they could, given their productivity, and that this harms the creative destruction aggregate productivity. (Ídem., Cit.:3). (La autora utiliza el concepto schumpeteriano de la "destrucción creativa" según el cual nuevas eficientes formas productivas, absorben y sustituyen las antiguas ineficientes).

[7] Garay, L.J., 2003, "Ciudadanía, lo público, democracia. Textos y notas", Ed. LJG, Bogotá. 1999; "Construcción de una nueva sociedad", Ed. TMundo, Bogotá, 1ª Edición. 1999; "Globalización y crisis. ¿Hegemonía o corresponsabilidad?, Ed. TMundo, Bogotá, 1ª reimpresión.

[8] THOUMI, Francisco, 2010, "Paradoja de Uribe, desafíos de Santos", Artículo Razón Pública, 2010-08-09, www.razonpublica.com. 2007, "Colombia: Ventaja comparativa de la coca", en Le Monde Diplomatique, Ed. Colombia, Junio 2007, Pp 11-13. 1996, en "Economía política y narcotráfico, Ed. Tercer Mundo, 1ª reimpresión, Bogotá.

[9] Santos visitó la ‘zona caliente' de Medellín", Diario El Tiempo, Bogotá, 2010-09-09, Pg. 2-3.

[10] VALENCIA, León, 2010, "La Comuna 13, lecciones que nadie quiere aprender", Diario El Tiempo, 2010-09-01, Pg. 1-19.

[11] Versos de una canción de arrabal.

[12] La versión europea del empobrecimiento de ciertos enclaves urbanos europeos, puede consultarse en varios artículos publicados en la edición correspondiente a Septiembre 2010 de Le Monde Diplomatique (www.eldiplo.info) uno de los cuales ("Bogotá, sólo 130 mil 51 habitantes en el estrato 6") (Pg. 16) impulsó al autor de este artículo a desarrollar estas hipótesis.

[13] "Maras paralizan el transporte en El Salvador", Diario El Tiempo, 2010-09-09, Pg. 1-8.

[14] "Es cierto que, para bien o para mal, Medellín a veces es el inicio de muchas cosas premonitorias (sic)"SALAZAR, Alonso, 2010, "¿Para enfrentar la violencia…?", Reportaje del Diario El Tiempo, 2010-09-06, Pg. 1-6.

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