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Violencia en democracia: el caso de las organizaciones criminales

Escrito por Armando José Mercado

Adiestramiento de Fuerzas Armadas Mexicanas

Armando_Mercado¿Cómo perciben y cómo reaccionan los ciudadanos del común ante las espirales de violencia asociada con el narcotráfico? Este estudio riguroso sobre México puede  arrojar luz también sobre Colombia.

Armando José Mercado Vega*

En la niebla de la guerra: los ciudadanos ante la violencia criminal organizada
Andreas Schedler
Centro de Investigación y Docencia Económicas
2015

Democracias violentas

Imaginemos una dictadura en algún país de América Latina donde durante los últimos quince años se hayan producido 95 mil muertes y 25 mil desapariciones por la violencia del régimen. Seguramente sería un escándalo internacional por la crisis humanitaria y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos que estarían ocurriendo.

Ahora vamos a la realidad. Existe un país con las mismas cifras de muertos y desaparecidos, pero con la diferencia de ser una democracia. Ese país es México. Como resultado del enfrentamiento entre la fuerza pública y el narcotráfico, en México durante los últimos 15 años se han registrado casi 100 mil muertes y 25 mil desaparecidos.

En este contexto de violencia criminal generalizada, ¿cuál es la percepción de los ciudadanos? ¿Qué tanto saben sobre sus causas, sobre las víctimas y sobre el papel del Estado y su fuerza pública? En últimas, ¿la ven como una situación cercana, distante o indiferente para ellos?

En una dictadura las opiniones de los ciudadanos importan muy poco, en gran parte porque los derechos civiles, como la libertad de expresión, de seguro estarán severamente  restringidos. Pero en una democracia como la mexicana, pese a todos sus defectos, la opinión ciudadana sí debería contar.

Este es el tema que aborda el politólogo Andreas Schedler en el libro En la niebla de la guerra: los ciudadanos ante la violencia criminal organizada. En esta obra Schedler analiza los resultados de la Encuesta Nacional de Violencia Organizada (ENVO), coordinada por él y aplicada aproximadamente a 2.400 personas entre el 26 de octubre y el 30 de noviembre de 2013 en México.

El objetivo de la ENVO era conocer y comprender las percepciones que los mexicanos tienen frente a los grupos armados ilegales (narcotraficantes), las víctimas de la narcoviolencia, los agentes del Estado y frente a ellos mismos como sociedad civil.

Una guerra civil criminal y económica

Presidente de México, Enrique Peña Nieto.
Presidente de México, Enrique Peña Nieto.  
Foto: Wikimedia Commons

Para analizar los resultados de la encuesta, Schedler desarrolla un marco teórico que pretende explicas:

  1. El papel que puede jugar la ciudadanía ante situaciones de violencia generalizada, y
  2. Por qué la situación que vive México actualmente puede ser catalogada como una guerra civil, idea que para algunos analistas y académicos es algo extraña.

Con respeto a lo primero, el autor señala tres condiciones que deben concurrir para que un ciudadano común reaccione ante una situación de violencia o injusticia de la cual es testigo:

En México durante los últimos 15 años se han registrado casi 100 mil muertes y 25 mil desaparecidos.
  1. Que tenga acceso a la información;
  2. Que la injusticia sea evidente en términos morales; y
  3. Que tenga la posibilidad real de intervenir sin que su vida corra mucho peligro.

Teniendo claras estas condiciones, el autor propone tres tipos de situaciones de violencia e injusticia a las cuales se puede enfrentar un ciudadano:

  • Injusticias violentas cotidianas. Ante estas situaciones, el ciudadano-testigo normalmente cuenta con la información suficiente para juzgar la injusticia de la acción: quién es el victimario, quién es la víctima y, si su vida no corre riesgo, se esperaría que tratara de auxiliar a la víctima.
  • Dictaduras represivas. En estos casos de victimización vertical, a pesar de la opacidad de la información que resulta del control del régimen, para el ciudadano usualmente es claro que el régimen es el victimario. No obstante el ciudadano, independientemente de que esté informado de las injusticias, puede ser objeto de represión por parte del régimen si decide actuar y de esta manera se inhibe su solidaridad hacia las víctimas.
  • Guerras civiles. En este tipo de situaciones de victimización horizontal las categorías de víctimas y victimarios pueden hacerse borrosas, pues el terreno de la información se convierte en un campo de batalla. Esto hace que el ciudadano no tenga claro quién es la víctima o que pueda considerar que la víctima se merecía su destino. Estas circunstancias también acaban por inhibir la solidaridad hacia las víctimas.

Tomando como referencia las definiciones y los datos del sociólogo Peter Waldmann, del politólogo Stathis Kalyvas y de programas como Correlates of War (COW) y Uppsala Conflict Data Program (UCDP), el autor define una guerra civil como la confrontación entre grupos armados –en este caso grupos de narcotraficantes– dentro de un Estado o entre grupos armados con el Estado mismo que causa por lo menos mil muertos al año. Pese a las críticas, esta definición es ampliamente aceptada por las ciencias sociales en general y por la ciencia política en particular para efectos de análisis comparados.

El número de muertos causado por los enfrentamientos entre carteles de la droga y fuerza pública en México ha sobrepasado los 1.000 anuales desde el año 2000. Por ese motivo, Schedler considera que la situación de México es un tipo de guerra civil que puede definirse como guerra civil criminal o guerra civil económica.

Ahora bien, Schedler combina con precisión dos paradigmas que para muchos son opuestos: el de las nuevas guerras, propuesto por la académica Mary Kaldor y el ensayista Hans Magnus Enzensbeger, entre otros, y el de sus críticos, como Kalyvas.

Schedler afirma que el caso mexicano es un ejemplo claro de las nuevas guerras civiles: enfrentamientos armados organizados que no tienen necesariamente motivaciones ideológicas clásicas, sino motivaciones económicas. Pero así mismo, de los planteamientos de Kalyvas retoma la idea de que en las guerras civiles (ya sean viejas o nuevas) es muy difícil distinguir entre motivaciones puramente políticas y puramente privadas. Por ende, no es extraño encontrar guerras civiles motivadas por intereses económicos o extractivos.

La situación de México es un tipo de guerra civil que puede definirse como guerra civil criminal o guerra civil económica. 

Aunque no es un experto en el tema de los conflictos armados, Schedler sí es un experto en política comparada y en la construcción de definiciones empíricamente fundamentadas, como lo ha demostrado en sus trabajos sobre el autoritarismo electoral. La definición que da de guerra civil económica o criminal la construye de manera adecuada, sobre la base de argumentos empíricos y teóricos. No obstante, es necesario hacer dos críticas:

  1. En algunas partes del texto se refiere a la situación mexicana como “guerra incivil” sin especificar si es un sinónimo de los conceptos anteriores o si se trata de un nuevo concepto; y
  2. Aunque no es el objetivo de su trabajo, pasa por alto el hecho de que en ocasiones los grupos narcotraficantes, pese a no tener reivindicaciones políticas expresas, empiezan a proveer bienes públicos, a administrar justicia y a monopolizar la violencia en algunas comunidades, de modo que se convierten poco a poco en Estados de facto. Esto implica que empiecen a adquirir un carácter político, aunque sea implícito, como bien lo describe Gustavo Duncan en su último libro sobre las organizaciones narcotraficantes en México y Colombia.  

¿Un espejo del pasado o del futuro?

Historia de la Violencia en México.
Historia de la Violencia en México. 
Foto: Museo del Estanquillo

México ha tenido 100 mil muertos en 15 años de guerra civil criminal, mientras que Colombia tuvo 220 mil muertos en casi 60 años de guerra civil política. Esto quiere decir que México ha llegado a tener casi la mitad de las víctimas que hemos tenido nosotros en solo una cuarta parte del tiempo que ha durado la guerra civil en Colombia.

Pero es relevante preguntarse qué pasará en Colombia cuando se logre terminar definitivamente el conflicto con las FARC y el ELN. ¿Nuestra situación podría degenerar en una guerra civil criminal como la mexicana? La existencia de bandas criminales, carteles de la droga, disidencias guerrilleras y mafias urbanas combinadas con mercados ilegales como la minería del oro, el narcotráfico y el contrabando no augura un panorama alentador. Aunque se desarrolle muy bien el posconflicto, si no se toman decisiones políticas que resuelvan los problemas estructurales del país vamos a seguir creando incentivos para que nazcan los ejércitos privados responsables de las próximas 220 mil víctimas.

 

* Politólogo con estudios de maestría en Conflicto Social y Construcción de Paz,  Investigador del Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

 

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