
El viaje de Trump por Asia: ¿triunfalismo o regreso al punto cero?
Compartir:
Estados como China, Japón y Corea no acceden a todas las exigencias de Estados Unidos, y sí mantienen sus propios equilibrios proyectando una mayor estabilidad, donde el análisis estratégico y las opciones múltiples se combinan con pragmatismo y proyección en el tiempo.
La disputa arancelaria iniciada por el gobierno de Donald Trump tiene como telón de fondo una confrontación estratégica más amplia que abarca la seguridad y la defensa nacionales, la supremacía tecnológica y el control de las cadenas de suministro globales.
En el centro de esta competencia se encuentra la batalla por el control de las tierras raras, minerales indispensables para la fabricación de tecnología de alto impacto, los sistemas de defensa y las energías limpias. China domina actualmente todas las etapas de la producción, desde la extracción hasta el procesamiento de tierras raras, con el 48% del total mundial en reservas; tiene el 69% de la producción y el 87% de la refinación frente al resto del planeta, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Su papel es a todas luces protagónico en toda la cadena productiva. En días pasados, el presidente Trump realizó una visita de Estado a países de Asia que debe interpretarse a la luz de dicha competencia.
Los logros de la gira de Trump
Los funcionarios estadounidenses consideraron que fortalecer las asociaciones con los países de Asia del Este es crucial para reforzar el papel de Estados Unidos en las cadenas de valor mundiales. Así, el objetivo central de la gira de Trump por la región para reunirse con líderes de China, Japón, Corea del Sur, Malasia, Australia y Vietnam era firmar varios acuerdos económicos sobre minerales críticos para asegurar cadenas de suministro confiables, atraer inversión global de regreso a Estados Unidos e incrementar la presión estratégica sobre Beijing.
La visita del presidente Trump a Japón se inició con un traspié diplomático en un país que es especialmente observador del comportamiento ceremonial: Trump no se detuvo, como la nueva primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, sí lo hizo, ante la bandera japonesa, él pasó de largo, mientras ella por un momento lo esperó y sola hizo la tradicional inclinación japonesa de respeto ante la bandera. En la reunión, Trump buscó afianzar los lazos para generar más dividendos económicos, hoy cuando Japón ha aumentado su capacidad militar de forma sustancial y Estados Unidos recibe sus pedidos de nuevos equipos militares. La potencia norteamericana esperaba que Japón, el país que alberga la mayor concentración de poder estadounidense en el extranjero, firmara acuerdos por US$550 billones de parte de veinte empresas niponas en proyectos relacionados con minerales críticos e inteligencia artificial, pero finalmente alcanzó un compromiso menor: 490 billones.
El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, quien asumió el cargo en junio tras un momento político tumultuoso para su país después de que su predecesor declaró la ley marcial, recibió a Trump tras las tensiones provocadas por la redada de control inmigratorio de 475 personas, en su mayoría ciudadanos surcoreanos, detenidos y deportados en septiembre pasado en una planta de Hyundai en el estado de Georgia, lo que provocó indignación en su país.
Trump buscaba que Corea del Sur invirtiera US$350 billones en Estados Unidos, pero dicha inversión directa podía desestabilizar la economía coreana; en cambio, Lee ofreció un préstamo, finalmente, si bien llegaron a un acuerdo por ese monto, aún debe ser ratificado por la Asamblea Nacional surcoreana. Además, Corea del Sur, que estaba atrapada en aranceles del 25% sobre los automóviles, lo que ponía a Hyundai y Kia en desventaja frente a los competidores japoneses y europeos, que enfrentan aranceles del 15%, logró la rebaja de los aranceles al 15%.
En respuesta a la política arancelaria de Trump, Beijing en los últimos meses venía intensificando drásticamente su postura al responder arancel por arancel, y reforzando su posición al anunciar nuevas restricciones a la venta de tierras raras, minerales necesarios para casi toda la tecnología moderna. Interrumpir su suministro podría paralizar las industrias estadounidenses. Sin embargo, Trump amenazó con imponer aranceles del 130% a las exportaciones chinas para el primero de noviembre, de no realizarse el encuentro.
En medio de tales tensiones se llevó a cabo el encuentro Trump – Xi, en el que ambas partes acordaron una tregua para limitar los aranceles y prorrogarla por un año. China, que había suspendido la compra de soya estadounidense, lo que había causado tensión entre los agricultores estadounidenses, accedió a retomar dicha venta, a lo que se sumó lograr la suspensión de las tasas portuarias recíprocas para los buques chinos y estadounidense, y el aplazamiento de los controles a las exportaciones estadounidenses que habrían impedido que más empresas chinas accedieran a la tecnología estadounidense. Antes que un triunfo, lo que en realidad sucedió fue el regreso al estado de las relaciones de principios de año en el sentido de que China restableció en gran medida el statu quo al aceptar comprar 180.000 toneladas de soya y abstenerse de restringir aún más la exportación de tierras raras.
Las imágenes del encuentro hablan por sí solas: un líder estadounidense espontáneo y triunfalista al lado de un líder chino que leyó un texto cargado de directrices futuras cuya materialización desborda el período presidencial de cualquier líder occidental. La mirada puesta en lo inmediato frente a la mirada de larga duración.
Antes y después del encuentro, Trump hizo alarde de una relación cordial con su homólogo, a quien ha descrito tanto como un “amigo” como alguien con quien es “extremadamente difícil de cerrar un trato”. En efecto, lo que se había previsto como posibilidad de llegar a un acuerdo comercial terminó en un acuerdo de principios sobre desescaladas. “Creo que es una tregua incómoda”, declaró el exembajador de Estados Unidos en China, Nicholas Burns.
En el trasfondo de esas tensiones se encuentran un desequilibrio comercial y los esfuerzos de Estados Unidos por garantizar su seguridad nacional frente a una China muy distinta a la que Trump había tratado en su primer mandato: cada vez más asertiva, haciendo uso del poder o Quánlì (权力), al dar pasos estratégicos sobre la cadena de suministro global de tierras raras, al diversificar su comercio para disminuir la dependencia de Estados Unidos y al avanzar a pasos agigantados para alcanzar la autonomía tecnológica y desprenderse de productos estadounidenses como los semiconductores de alta gama. El último plan quinquenal anunciado en octubre pasado por China apunta a profundizar el impulso desde arriba hacia abajo para lograr la autosuficiencia tecnológica e industrial.
El acuerdo alcanzado en días pasados no representa un gran triunfo; es más bien un intento de resolver una crisis que el propio Trump desencadenó. La administración estadounidense buscó la cooperación china para un mayor control de los insumos de fentanilo y para aumentar las compras de soya y aviones estadounidenses, pero Pekín se ha tomado su tiempo, incluso negándose a finalizar el tan publicitado acuerdo de Tiktok. China está mostrando sus capacidades mientras hace uso del tiempo como recurso de poder para potenciar su posición, maximizar sus oportunidades y reducir los riesgos, y esa estrategia está funcionando.

La respuesta del sudeste asiático
Esta región no solo es fundamental para las cadenas de suministro globales, sino también un centro emergente para el procesamiento de tierras raras y sus industrias derivadas. A lo que se suma el hecho de ser considerada, en el plano político, socio económico clave en el Indo-Pacífico, es decir, en el marco de la política exterior estadounidense para contrarrestar el poder chino. En ese contexto, la visita de Trump en el marco del encuentro de ASEAN tuvo dos propósitos: comprometer a Malasia para ampliar el acceso al mercado de productos estadounidenses y facilitar la cooperación en inversión en energía, minerales críticos y telecomunicaciones; y presidir la tregua entre Tailandia y Camboya para anotarse otro triunfo en su lista que ya suma el haber acabado con ocho guerras en el mundo, aunque los tailandeses se mostraron reacios a llamarlo un “acuerdo de paz” y el primer ministro malasio Anwar Ibrahim fuera el negociador del alto el fuego inicial entre los dos países. Pero al final, claramente fue la presión de Estados Unidos la que cerró el trato, y Tailandia y Camboya cesaron las hostilidades rápidamente tras las amenazas económicas de Trump.
A cambio, Estados Unidos acordó mantener un techo arancelario del 19% sobre las exportaciones malayas —por debajo del potencial 25%— y otorgar exenciones arancelarias a 1.711 productos malayos. Sin embargo, la crítica local fue feroz al advertir que el lenguaje del acuerdo —repleto de cláusulas del tipo “Malasia deberá” y “Estados Unidos podrá”— revela un desequilibrio de obligaciones.
Además de Malasia, Tailandia y Camboya, Vietnam también firmó acuerdos con Estados Unidos. Y aunque no pudieron modificar las tasas arancelarias, sí lograron negociar algunas exenciones para ciertos productos. El primer ministro malayo, quien preside ASEAN, se mostró triunfante luego de la visita de Trump, porque los Estados miembros de este foro son, en su mayoría, economías dependientes de las exportaciones, siendo Estados Unidos un mercado prioritario.
Mientras Malasia representa el epítome de los países de ingresos medios que negocian con Estados Unidos y que consideran que es más barato firmar que ser sancionado para sobrevivir alcanzando apenas un riesgoso equilibrio temporal en un orden internacional turbulento; otros Estados como China, Japón y Corea no acceden a la totalidad de las exigencias de la potencia estadounidense, y sí mantienen sus propios equilibrios proyectando una mayor estabilidad, donde el análisis estratégico y las opciones múltiples se combinan con pragmatismo y proyección en el tiempo.
Le recomendamos: ¿Guerra en el Caribe? Estados Unidos y la amenaza regional
Acerca del autor

Diana Andrea Gómez
*Directora Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales Universidad Nacional de Colombia.
0 comentarios


