Verdad y justicia: al rescate de la memoria histórica - Razón Pública

Verdad y justicia: al rescate de la memoria histórica

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juan manuel charryPara que exista paz se necesita que los colombianos y en especial los vencidos y las víctimas comprendan sus derrotas y las formas como se integran a las culturas dominantes.

Juan Manuel Charry Urueña*

Falta de memoria

Con frecuencia se reclama la falta de memoria de la sociedad colombiana, las debilidades y carencias de la formación educativa en cuanto a nuestra propia historia, y el riesgo permanente de incurrir en errores cometidos con anterioridad.

Parecería que en Colombia se vive un intenso presente, imbuido en el sensacionalismo inmediato del mundo noticioso, sin ninguna razón que explique por qué un pueblo entero se abandona al más rápido olvido.

¿Será que una historia de gestas y héroes permite adivinar sus distancias de la realidad? ¿Será que una historia épica no es suficiente sustento para un país que apenas conoce sus tragedias? ¿Será que la realidad es tan dramática que es preferible el olvido?

Reescribir la historia

Recientemente se ha propuesto rescribir la historia de Colombia con un enfoque que haga énfasis en los hechos positivos y en los avances, en lugar de relacionar las guerras civiles y los sucesos de esta larga violencia política y económica. Se trata de un enfoque simplista, de un optimismo superficial, que poco o nada contribuiría a solucionar las fuertes tensiones de nuestra sociedad.

Para la conmemoración de los doscientos años de independencia del reino de España, la generación contemporánea debería escribir una nueva historia, que describa los distintos procesos de choque de civilizaciones, de imposición de una fe religiosa, de diferenciación racial y social, de establecimiento de las más radicales instituciones medioevales, de posterior implantación de una modernidad apenas naciente y más tarde de una precaria industrialización con las inequidades en el reparto de riqueza, de monopolios de poder y privilegios.

Una nueva historia con sus violencias, miserias y traiciones, que haga justicia en cuanto al exterminio de los pueblos indígenas desde la conquista, a las negritudes esclavizadas, a las víctimas de la inquisición, a la sumisión de la mujer, a los excluidos del régimen republicano, a los derrotados en las batallas ideológicas, a los pobres y analfabetas que el sistema no les ha dado oportunidad.

Una nueva historia que analice las posibilidades pérdidas con el rechazo al federalismo, la desintegración de la Gran Colombia,  la derrota del Liberalismo Radical, la pérdida de Panamá, las muertes de Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Luís Carlos Galán y tantos otros sacrificados hasta ahora inútilmente; además, que explique hechos recientes como el genocidio político de la Unión Patriótica, el desplazamiento y la usurpación de tierras, la guerrilla, el paramilitarismo y el narcotráfico; y que haga justicia, no sólo desde el punto de vista jurídico, sino desde el histórico, a partir de la revelación de una nueva verdad.

De otro lado, esa nueva historia debe rescatar los héroes olvidados y los sacrificios anónimos de épocas próximas, tantos esfuerzos en el campo cultural, técnico, científico, de la ingeniería y de la empresa, que supere la versión épica de los generales de la independencia.

Porque finalmente, la historia no es más que la transformación material del entorno, lo que dejan las tecnologías, los saberes y la forma como una generación comprende su presente a partir de los aciertos y las injusticias pasadas, los explica y los concilia.

Verdad y justicia

Más allá de las debilidades y altos índices de impunidad, la administración de justicia ha empezado a dar un giro, si bien es cierto que su principal atención recae en el castigo del delincuente, se empieza a ocupar de las víctimas y sus derechos.

La Corte Constitucional en sentencia T-025 de 2004 declaró la existencia de un estado de cosas inconstitucional en relación con la población desplazada víctima de la violencia armada, ordenó la protección de los derechos constitucionales, aunque poco o nada consideró sobre el establecimiento de la verdad de los hechos.

Sin embargo, algo está ocurriendo para que en la normatividad jurídica se establezca el derecho a la verdad y se regule la situación de las víctimas. La Ley 975 de 2005, de Justicia y Paz, establece como derechos de las víctimas la verdad, la justicia y la reparación; en el artículo 7º se dispone que la sociedad, en especial las víctimas, tiene el derecho inalienable, pleno y efectivo a conocer la verdad sobre los delitos cometidos por los grupos armados organizados al margen de la ley y sobre el paradero de las víctimas de secuestro y desaparición forzada; así mismo el artículo 32 pretende preservar del olvido la memoria colectiva sobre estos hechos. La Corte Constitucional al pronunciarse sobre la constitucionalidad de expresiones de estos artículos, en sentencia C-575 de 2006, consideró que se trataba del reconocimiento de derechos universales, conforme a estándares internacionales.

En el año 2009, como consecuencia del la sentencia T-025 de 2004, se tramitó sin éxito en el Congreso un proyecto de ley para reparar a las víctimas de las distintas violencias, con mayor énfasis en la indemnización y en la restitución de tierras que en el conocimiento de la verdad.

No obstante lo anterior, dos aspectos llaman la atención, el primero, que se consigne en la ley el derecho a la verdad, así como preservar tales hechos delictivos del olvido de la memoria colectiva, y segundo, que se entienda como la adopción en el orden interno de los estándares internacionales a favor de las víctimas y de derechos universales.

Media noche en la historia

Reyes Mate, en un trabajo titulado "Media Noche en la Historia"[1], donde comenta de manera sobrecogedora las tesis de Walter Benjamín "Sobre el concepto de historia"[2], las cuales rescatan a las víctimas y ofrecen una nueva visión de la historia, señala que todos los progresos se hacen sobre las espaldas de una parte de la humanidad, y si no hay derecho para unos, la justicia queda en entredicho y el progreso no es para todos. Concluye que el mal del progreso es el olvido.

Para un tiempo como el nuestro, que nos ofrece una existencia desprovista de sustancia, -dice Reyes Mate-, las tesis de Benjamín resultan provocadoras porque argumentan que todos los intentos de  desustancialización del presente no pueden eliminar la dura realidad de un mundo desquiciado.

De otra parte, dice, los sueños de un mundo mejor gracias a la técnica laten dormidos en su fracaso, o dicho de otra forma, hay que desentrañar la naturaleza de esta técnica que ha acabado con todos los sueños.

En fin, se trata de un trabajo de interpretación de unas tesis filosóficas acerca de la historia que pretenden dejar al descubierto los horrores y profundas contradicciones del siglo XX europeo, que muy bien pueden servir para explicar los aconteceres de nuestro propio pasado.

Walter Benjamín

Benjamín dedicó sus últimos días al estudio de la memoria y del olvido, puso como sujeto de la historia al fracasado, indicó que la memoria permite mantener viva la injusticia pasada y abrir expedientes que el derecho da por archivados, sentenció que no hay futuro para las víctimas, recibió la técnica moderna como causante de fantasmagorías, de mercancías desligadas del proceso de producción y dadoras de sueños, reveló que la mirada mesiánica pone en evidencia las miserias del presente como un atentado insoportable al derecho a la felicidad, un presente que lleva latente todos los pasados frustrados.

Benjamín propone una alianza entre dos formas de conocimiento: el marxismo y la religión. Es la teología la que mueve los hilos del materialismo histórico y debería ser a la inversa. La religión es la esencia del Estado laico, pues un Estado que no da nada real al individuo, consigue que todos se sientan parte integrante de él. El individuo se representa al Estado como un ser superior. Persigue una visión materialista de lo espiritual. Sostiene que la lucha de clases ya no es contra la explotación económica sino contra lo que deshumaniza al hombre. La historia no es un continuum en que el pasado causa el presente, más bien es un pasado desmenuzado en imágenes, en ideas fragmentadas y en conocimientos perecederos.

La promesa mesiánica del mundo mejor le permite a Benjamín repensar el concepto de bienestar desde la redención, es decir, el derecho a la felicidad de los vencidos.

En síntesis, Walter Benjamín revela un omnipresente presente en donde el pasado se actualiza, atormenta y exige redención mediante su reconocimiento y reconciliación.

Un camino hacia la paz

La amnesia y el olvido son los mecanismos inconscientes de los pueblos para gozar de los logros, sin reconocer los crímenes, atropellos e injusticias dejadas a su paso. Por lo mismo, la historia no sería más que el relato de los vencedores que se legitiman en el triunfo y que redunda en provecho de quienes están en el mando. Sin embargo los vencidos y las víctimas, así como los pueblos, necesitan comprender sus derrotas y las formas como se integran a las culturas dominantes. La paz no se alcanza sin reconocer en el pasado de los vencidos una injusticia presente y sin romper la convicción de que la política se hace con los muertos.

Muchos son los caminos que se han transitado en busca de la paz. La amnistía, el indulto, el diálogo, la reinserción, la intermediación internacional, la derrota militar, la colaboración con la justicia, y hasta la penalización internacional.

Sin embargo, la esperanza no puede estar cifrada en la aniquilación del adversario.

Una opción que poco se ha explorado y que apenas se ha intentado, es el rescate de la memoria histórica, que permita revelar los vergonzosos hechos del pasado, enfrentar sus injusticias e intentar la reconciliación, que los descendientes de vencedores y vencidos entiendan que el progreso actual tiene implícitas las empresas fallidas.

Un pueblo sin memoria, no sólo estaría condenado a repetirla, sino que vive en la mentira.

* Abogado constitucionalista, exdecano de la Facultad de Derecho de la Universidad del Rosario. Fue Procurador Auxiliar, Asesor de la Asamblea Nacional Constituyente, Conjuez de la Corte Constitucional, el Consejo de Estado y el Consejo Superior de la Judicatura. Es autor de numerosas publicaciones.

 Agradeceré comentarios: jcharry@charrymosquera.com

Notas de pie de página


[1] Madrid, Editorial Trotta, 2006.

[2] Tesis de filosofía de la historia o Sobre el concepto de historia: publicado originalmente por Editorial Contrahistorias de México y publicado electrónicamente por el traductor, Bolívar Echeverría, en http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/benjaminw/esc_frank_benjam0021.pdfcia.

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