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¿Venezuela se convertirá en otra Colombia?

Escrito por Frédéric Massé
Frontera Venezuela y Colombia

Frontera Venezuela y Colombia

Frederic MasseEl análisis realista de las salidas pensables no deja mucha esperanza. Estos son los escenarios – que irremediablemente afectarán a Colombia-.

Frédéric Massé*

Como mirarse en un espejo

A finales de los años noventa, el riesgo de “colombianización” o de contagio del conflicto colombiano a los países vecinos fue muy exagerado y además fue utilizado para movilizar a la comunidad internacional en favor de la paz de Colombia.

Veinte años después, las repúblicas hermanas de Colombia y Venezuela parecen volver a compartir un destino —aunque esta vez sea al contrario—, como si existiera un sistema de vasos comunicantes que ocasiona el traslado de los problemas de uno a otro país, convirtiendo a cada uno en la imagen del otro.

El cerco diplomático de las últimas semanas al régimen de Maduro ha revivido las especulaciones sobre el futuro del país vecino. Desde diferentes perspectivas e ideologías se están elaborando varias propuestas para evitar que la crisis empeore.

Pero cualesquiera sean los escenarios que se contemplen, resulta cada día más difícil imaginar que Venezuela pueda escapar de un destino similar al que Colombia padeció durante cincuenta años: un conflicto armado interno asimétrico y prolongado.

La opción militar

Militares venezolanos

Militares venezolanos en Colombia.
Foto: Ministerio del poder popular para la mujer y la equidad de género

Mucho se ha especulado sobre una posible intervención militar en Venezuela. Mas allá de su legalidad y legitimidad, los expertos divergen sobre la capacidad militar del régimen de Maduro para frenar a los asaltantes:

  • “Venezuela no es Panamá” escribía un director de contrainteligencia norteamericano en la revista Military Affairs de enero-febrero de 2019 (lo hacía en referencia a la operación Just Cause contra Noriega en diciembre de 1989).
  • Por el contrario, para el exdirigente guerrillero salvadoreño Joaquim Villalobos, “una intervención sería contundente, rápida, exitosa y ampliamente celebrada por millones de venezolanos y latinoamericanos”. Pero uno podría pensar que, si una operación militar contra el régimen chavista fuera tan sencilla y tan segura como dice Villalobos, Estados Unidos ya la hubiera hecho.

Quizá también Washington está tratando de repetir lo que hicieron en Iraq, es decir, primero comprar o corromper a algunos altos militares para que no se resistan en el momento de la invasión a su país. Por el momento, las deserciones de militares venezolanos han sido pocas, aunque tampoco hubo muchas deserciones antes de la invasión norteamericana a Iraq (aunque sabemos que Estados Unidos entró fácilmente a Bagdad gracias a esta estrategia).  

Los militares saben que el problema no sería tanto obtener una victoria contra el régimen de Maduro, sino más bien aniquilar la voluntad de resistencia de los colectivos chavistas, de las milicias bolivarianas, de una fracción de los militares fieles a la Revolución y de otros grupos insurgentes colombianos (disidencias de las FARC, ELN…) que entrarían probablemente en una guerra de guerrillas contra el invasor. Como en Iraq o en Afganistán.

Puede leer: Venezuela: ¿los militares tienen la última palabra?

La opción electoral

Elecciones Nicolas Madura

Nicolás Maduro podría convocar a elecciones, ¿qué pasaría si pierde?

De allí surge la segunda opción planteada en los círculos diplomáticos e intelectuales de la región: convocar elecciones libres y transparentes bajo vigilancia de la comunidad internacional. Obviamente lo mejor sería resolver la crisis por la vía pacífica. Y cualquier solución pacífica —o por lo menos parte de la solución— pasa por la organización de elecciones libres.

Sin embargo, ¿qué tan factible es que Maduro y sus aliados acepten ese escenario? En Siria, la comunidad internacional no logró promover una solución pacífica con elecciones libres y transparentes y la salida negociada del presidente Bashar al Asad. Al final, las potencias intervinieron militarmente, no se pudo evitar una de las peores crisis humanitarias de la última década, no hubo elecciones y Bashar al Asad sigue en el poder.

En Venezuela no sería fácil organizar elecciones libres a corto o mediano plazo.

En Venezuela no sería fácil organizar elecciones libres a corto o mediano plazo, sabiendo que el poder actual controla todo el censo y aparato electoral y que más del 10 por ciento de la población ha huido del país.

Pero es aún más difícil pensar que Nicolás Maduro acepte la organización de elecciones libres y transparentes, si sabe que no puede salir victorioso. Suponiendo que Maduro acepte la convocatoria de elecciones “libres” porque no tiene otra opción o porque busca ganar tiempo, ¿qué pasaría si pierde? No muchos creen que los elementos más radicales del chavismo aceptarían ese resultado sin hacer nada.

No se trata de ser fatalista. Pero, aunque la convocatoria de elecciones parece ser la salida más sensata, dudo que unas elecciones libres y transparentes permitan por sí solas evitar una reacción violenta de los defensores del régimen chavista. Las elecciones en sí no garantizan una salida pacífica a la crisis.

Puede leer: Imaginando lo inimaginable: ¿una intervención militar en Venezuela?

Otras posibilidades

Para que unas elecciones supervisadas por la comunidad internacional puedan estabilizar y pacificar a Venezuela se requerirían por lo menos dos condiciones adicionales.

Primero, que Maduro acepte rendirse y negociar su salida del país y que las futuras elecciones no sean de tipo “winner takes all” es decir, que se contemple algún tipo de repartición o cogestión del poder para que los vencidos se beneficien de una amnistía y el próximo gobierno no busque la venganza.

¿Imposible? Cuesta bastante imaginar que tanto los antichavistas más radicales como los defensores fundamentalistas de la Revolución bolivariana acepten una solución tipo Frente Nacional a la venezolana.

Segundo, una vez elegido el próximo presidente, se necesitaría una especie de fuerza de estabilización internacional para separar las partes y evitar desbordamientos violentos de los vencidos. Sin embargo, el riesgo de que la situación se deteriore rápidamente convertiría a esa fuerza de interposición en una fuerza de mantenimiento de la paz, sin paz, de la cual nadie estaría dispuesto a asumir los costos.

Por otra parte, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas estaría paralizado por los vetos de Rusia y Estados Unidos, a menos que hagan un trueque similar al que hicieron a finales de los años ochenta, cuando decidieron buscar conjuntamente una solución negociada a los conflictos de Centroamérica y Afganistán. En este caso, Rusia no se metería más en Venezuela a cambio de que Estados Unidos se comprometa a no ayudar a Ucrania y no criticar a Rusia por su intervención en Crimea.

Le recomendamos: Tensión con Venezuela: entre el temor y la incertidumbre.

¿Viene la guerra?

Pero los escenarios anteriores tampoco excluirían una resistencia larga y dura por parte de unas guerrillas y grupos armados organizados que, después de atrincherarse, se reforzarían y buscarían expandirse gracias a los recursos del narcotráfico y la minería ilegal.

Los cultivos de coca se desplazarían probablemente de Colombia a Venezuela, de la misma manera que se movieron desde Perú y Bolivia hasta Colombia, en los ochenta. Las insurgencias bolivarianas atacarían la infraestructura del país, multiplicando los atentados contra los oleoductos y otros blancos urbanos. Al final, el conflicto se empantanaría y duraría muchos años. ¿Les recuerda a algo?

Según la tesis de la madurez de los conflictos, estos no se resuelven si no existe cierto nivel de desgaste que dé lugar a un empate doloroso para ambas partes. Irónicamente, la crisis en la cual Nicolás Maduro ha dejado el país podría no estar suficientemente madura para ser resuelta.

Give war a chance” (“Démosle una oportunidad a la guerra”), escribía el politólogo Edward Lutwak en 1999. Sin duda, una terrible afirmación. Por su cinismo y al mismo tiempo por su realismo.

Los cultivos de coca se desplazarían probablemente de Colombia a Venezuela.

No obstante, primero deberíamos explorar todas las posibilidades de la diplomacia para evitar que la crisis actual degenere en un conflicto armado abierto. Hay que agotar todas las posibilidades para resolver la crisis y no solamente humanizarla. Es una difícil tarea porque muchos de esos escenarios pacíficos suelen aplazar el conflicto, sin evitarlo.

Unos quisieran recurrir a la fuerza de manera limitada y preventiva para evitar un conflicto mayor. Pero sabemos también que muchos de esos “ataques quirúrgicos” suelen encender la mecha en lugar de apagarla.

Otra opción sería no hacer nada y dejar que el país siga hundiéndose y que más y más venezolanos huyan (en ese caso, la responsabilidad de proteger—la figura del nuevo DIH que ampararía la intervención en Venezuela— sería difícil de aplicar porque en 2005 la comunidad internacional limitó la idea original a cuatro escenarios). Bajo esta opción, el régimen chavista tal vez no caería. Pero el país probablemente pasaría de Maduro a podrido. 

* PhD. Analista internacional. 

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