
Venezuela ¿Estará lista para gobernar la oposición?
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La votación de febrero que definió al rival de Chávez para las elecciones presidenciales de octubre próximo constituye una fuente valiosa para entender qué pasa en Venezuela. Ni la oposición está creciendo, ni Chávez o el chavismo están seguros. ¿Se estará repartiendo de nuevo la baraja?
Manuel Gaitán *
Segundo round
El electorado opositor se movilizó masivamente en Venezuela durante la jornada del pasado domingo 12 de febrero: los resultados sumaron algo más de tres millones de votos, obtenidos por el conjunto de candidatos propuestos por la oposición, lo que parece favorecer a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Un segundo capítulo victorioso.
Cabe recordar el primer capítulo: los resultados obtenidos por la lista de candidatos opositores en 2010, cuando la oposición se presentó con listas unificadas frente a la opción electoral oficialista, liderada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido del presidente Chávez. La oposición logró 61 escaños, en claro contraste con la decisión opositora radical de 2005: no concurrir a las elecciones para conformar la Asamblea Nacional.
De manera que la elección de Henrique Capriles Radonsky — ya hoy el candidato presidencial de todos los partidos de oposición en Venezuela — constituye una segunda victoria electoral de las fuerzas políticas antichavistas en los últimos dos años.
En este análisis se intenta describir la naturaleza y la complejidad del reto electoral opositor frente a la fortaleza que el chavismo mantiene a pesar de los años en el poder y de la evolución reciente de la salud del presidente Chávez.
Las reglas de juego
Una primera consideración pasa por reconocer la alta capacidad tecnológica que ha desarrollado el Consejo Nacional Electoral (CNE), demostrada en la eficiente organización simultánea de frecuentes elecciones para diversos cargos de elección popular, mediante un sistema de votación automatizado y auditable en todas sus fases. Hoy es posible detallar los datos electorales del acumulado histórico hasta las elecciones de la Asamblea Nacional del año 2010 y desagregarlos hasta la última mesa del municipio más apartado del país.
El carácter de democracia plebiscitaria del régimen chavista se refleja en la práctica en que se ha organizado en promedio una elección nacional por año desde 1998, cuando Hugo Chávez fue electo presidente por primera vez.
El poder electoral venezolano tiene las atribuciones que en Colombia se reparten el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría Nacional del Estado Civil. Su curiosa configuración es producto de decisiones del Tribunal Supremo de Justicia: un cuerpo colegiado autónomo de cinco rectores (cuatro chavistas y uno de la oposición).
Este statu quo – por demás desequilibrado – refuerza un clima permanente de sospecha de buena parte de los voceros de las fuerzas antichavistas, quienes sin embargo reconocen la autoridad del CNE y su capacidad técnica, pero resienten sus decisiones y su estilo comunicativo elusivo y poco conciliador.
Oposición activa, pero desconfiada
La participación de María Corina Machado como candidata a la elección para escoger el candidato opositor para las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre es un ejemplo de la compleja relación que se teje entre el mundo opositor y el poder electoral venezolano.
Machado fue una de las personalidades que impulsaron la creación de Súmate, ONG que impulsó el referéndum revocatorio al mandato de Chávez en 2004. Súmate desconoció los resultados que favorecieron al presidente Chávez en esa coyuntura. También organizó el voluntariado civil de la oposición, que promovió activamente la abstención a las elecciones de la Asamblea Nacional en 2005.
La ONG también tuvo una participación destacada en la victoria opositora en el referéndum reformatorio de la Constitucional, que buscaba sancionar la reelección indefinida del presidente Chávez.
María Corina Machado obtuvo en 2010 la mayor votación a la Asamblea Nacional, con 235.259 votos. Pero su reciente participación electoral como precandidata presidencial concluyó con un magro apoyo de poco menos de 110.000 votos.
Los resultados de la oposición en los dos últimos procesos electorales revelan un mayoría consolidada y disputada en los estados (equivalentes a departamentos) más poblados y con mayor poder político y económico.
Cabe resaltar, por ejemplo, el comportamiento sistemático del electorado en el estado Zulia, claramente a favor de la oposición en todas las elecciones efectuadas durante el ciclo de la Quinta República chavista. Esta entidad fronteriza con Colombia — la más poblada de Venezuela — es la base histórica de la industria petrolera.
La difícil relación del universo opositor con la institucionalidad electoral tuvo su último episodio en la reciente multa impuesta por el Tribunal Supremo de Justicia a la presidenta de la comisión electoral de la Mesa de la Unidad Democrática, Teresa Albanez, por haber permitido la quema de los cuadernos electorales a pesar del dictamen de una medida cautelar de ese tribunal que ordenaba su conservación.
Este hecho, por demás insólito, se explica por la desconfianza que se tiene en el campo opositor hacia el manejo por parte del CNE de las bases de datos de los votantes. Esta reacción de la MUD se explica por el nefasto precedente de la denominada Lista Tascón — que facilitó un estado de apartheid político y económico contra los ciudadanos opositores que firmaron a favor de la revocación del presidente Chávez—.
El poder electoral ha aumentado la cobertura y estimulado la participación de los electores. La ampliación de los centros electorales durante los últimos años ha sido significativa. María Corina Machado reconoce que “el Registro Electoral se ha incrementado 52 por ciento en los últimos 10 años, sin auditoría externa alguna”. Incluso, el registro electoral completo y actualizado se puede descargar directamente y sin mayores dificultades del website del CNE.
Pero, por otra parte, Machado también ha denunciado, entre otras irregularidades, el nombramiento de testigos electorales de manera no aleatoria y la creación de distritos electorales no proporcionales, pues — en comparación con los distritos electorales de mayoría opositora — eligen más diputados a la Asamblea Nacional, mayor número de alcaldes locales y de diputados y concejales estadales.
Unas de cal y otras de arena para la oposición
Los recientes resultados ponen en evidencia varias tendencias, cuya explicación bien vale la pena intentar. Por ejemplo, es claro que tras 13 años de gobiernos chavistas, se han decantado dos fuertes agrupaciones políticas cuyas dinámicas varían ampliamente a lo ancho del territorio nacional:
- Las fuerza electoral opositora se concentra en el Distrito Capital (cerca del 60 por ciento de la población de Caracas), el estado Miranda (entidad federal cuyo gobernador es Henrique Capriles Radonsky), los estados Zulia, Táchira, (fronterizos con Colombia) y en los estados Yaracuy y Nueva Esparta.
Importantes estados como Aragua (donde se concentra la mayor población militar y sede del poder simbólico del chavismo), Anzoátegui y Lara, si bien se mantienen afectos al chavismo, han visto incrementar significativamente la votación opositora, en los dos últimos procesos electorales.
Pero también se observa una disminución relativa de la votación frente a 2010 en los estados favorables a la oposición: 1.306.941 votos, que representan una caída de 40,75 por ciento. Esta disminución opositora es significativa, incluso en los estados donde gobiernan Capriles (Miranda con -34,19 por ciento) y Pablo Pérez (Zulia con – 54,57 por ciento). La única excepción se dio en el estado Lara, donde la disminución fue apenas del 9,71 por ciento.

- Por otra parte, la fuerza electoral del chavismo se concentra en los estados Amazonas, Apure, Aragua, Barinas, Bolívar, Cojedes, Falcón, Guárico, Mérida, Monagas, Portuguesa, Sucre, Trujillo y Vargas.
Estas entidades federales se caracterizan por un menor desarrollo económico e institucional. Los niveles de participación e intermediación de la sociedad civil son muy reducidos, por lo que el poder del Estado asistencialista, benefactor y dirigido ideológicamente es muy fuerte y por tanto muy influyente en el comportamiento electoral. La clara mayoría chavista en estos estados hace que resulte muy difícil penetrar a las fuerzas opositoras: es el verdadero bastión político del chavismo.

La disminución de la votación en los estados desfavorables a la oposición fue de 1.089.270 votos, lo que representa una caída del 46,41 por ciento. Es un resultado preocupante para el antichavismo, porque le resulta imprescindible que crezca su caudal electoral en estos estados para asegurar la victoria en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre.
El bravo pueblo tendrá que elegir
El electorado chavista es un conglomerado muy organizado y generosamente financiado. Ha desarrollado un fuerte vínculo emocional con el presidente Chávez. Los datos presentados demuestran que el chavismo tiene una base de apoyo electoral bien real y que se ha acostumbrado a vencer. Depende del apoyo económico que se distribuye mediante las misiones sociales de carácter asistencialista y clientelista que el gobierno de Chávez ha ido consolidando a lo largo de sus mandatos.
La recaída en la salud del presidente puede ser un factor que erosione o disperse este apoyo. Es preferible no aventurar escenarios especulativos de salidas previsibles. Lo cierto es que el apoyo al presidente y al chavismo es muy sólido en los estratos populares y en los estados más pobres y apartados del país.
La oposición tiene a su favor la presencia electoral mayoritaria en las ciudades y estados más poblados y más desarrollados económicamente. También le favorece la percepción de la opinión pública que le concede, por primera vez, una opción real de obtener el próximo 7 de octubre la victoria electoral frente al presidente Chávez.
Sin embargo, Henrique Capriles y su equipo deben desarrollar estrategias de comunicación orientadas a tranquilizar a las mayorías chavistas, para quienes el fin del régimen es sinónimo de un salto al vacío que puede dejarlos sin prebendas, sin apoyos y sin el reconocimiento simbólico y afectivo.
Su mensaje oblicuo no confrontacional ni polarizador ataca los graves problemas nacionales tales como la inseguridad, la corrupción y la pésima gestión chavista, pero al mismo tiempo evade el estilo pendenciero y las agresiones de Hugo Chávez.
El autoritarismo atávico en la sociedad venezolana se ha nutrido en un imaginario colectivo donde la barbarie del tirano Aguirre se encuentra con el irredento asturiano Boves, con la astucia llanera del catire Páez, con las montoneras bochincheras de Ezequiel Zamora, con el benémerito patriarca Juan Vicente Gómez hasta alcanzar ahora la reivindicación resentida de Hugo Chávez.
La propuesta civilizatoria y democrática de Henrique Capriles Radonsky constituye un reto no solo político, sino sobre todo en el plano de lo simbólico. El dilema de esta elección se insinúa en la sentencia de Rómulo Gallegos, el gran escritor nacional:
“¡Se trata de una raza buena que ama, sufre y espera!”
*Ciudadano venezolano residenciado en Colombia hace 7 años. Licenciado en Ciencias Políticas, Especialista en Análisis de Coyunturas y Magister en Análisis del Discurso Universidad Central de Venezuela, editor información regional El Nacional, ExAsesor PDVSA, Profesor Escuela de Comunicación Social y Periodismo Universidad Sergio Arboleda, editor Colombiaylosvenezolanos.com
ANEXO 1: RESULTADOS DEFINITIVOS CONSOLIDADOS

(5) Divulgación Palamentarias 2010 (Consultado el 23-2-2012)
(6) Resultados Elecciones Venezuela (Consultado el 23-2-2012)
*Profesor universitario.
Acerca del autor
Manuel Gaitán
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