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Valle del Cauca: la punta del iceberg

Escrito por Luis Arévalo
Luis Arevalo

Luis ArevaloUn departamento otrora rico y pujante, hoy en manos de fuerzas siniestras, en medio de una violencia por fuera de control y de una crisis de gobernabilidad, que el gobierno nacional atiza para favorecer a sus aliados regionales. Las próximas elecciones no resolverán nada, por lo visto.

Luis Alejandro Arévalo Rodríguez*

 

elecciones-localesAl calor del narcotráfico 

Durante los últimos diez años, el mapa de las fuerzas políticas del Valle del Cauca ha sufrido una reconfiguración profunda, acelerada y dramática, que parece tener sus orígenes en la época del auge de los carteles locales del narcotráfico y su guerra sangrienta contra el de Medellín, con las implicaciones para la clase política regional y nacional.

En este sentido, el legado de la compleja relación narcotráfico-clase política-conflicto armado-clases sociales emergentes ha hecho del Valle una muestra fehaciente de lo que significan las relaciones de poder en Colombia y en general en la región noroccidental de América del Sur.

No se puede entender la política de Colombia sin entender la narco-política, porque la condición geoestratégica del país lo articula como ningún otro de América Latina a las cadenas globales de valor y a las redes de poder institucionalizadas y, sobre todo, a las no institucionalizadas.

Lo propio ocurre con el Valle del Cauca. Sin duda es ésta una región de gran riqueza natural, donde a la agroindustria, la manufactura, el comercio y los servicios, se suma ahora la minería legal e ilegal. Pero sería ingenuo creer que el narcotráfico no ha penetrado la mayoría de los estamentos relacionados con el poder. En el Valle hay violencia, hay muertes y hay conflicto porque la región es de vital importancia económica para Colombia y América del Sur debido a su conexión con Centroamérica y con el resto del Pacífico.

Fuerzas nuevas y siniestras

La crisis de gobernabilidad del Valle se da hoy de la mano de nuevas fuerzas “políticas” que han buscado enmascarar sus intenciones bajo el manto institucional de los partidos políticos, en un contexto de constantes reformas legales que afectan las prácticas políticas.

En el caso del Valle, el surgimiento y consolidación de un proyecto de toma del poder por parte de dos nuevos “partidos políticos” -el Partido de Integración Nacional (PIN) y el Partido de la U- son apenas los síntomas de una relación tensa entre poderes internacionales, nacionales y regionales.

Las altas votaciones obtenidas por los representantes del Valle a nivel nacional – como fue el caso de los actuales senadores del PIN y el de la senadora Toro de La U- confirman la realidad de algunas fuerzas y poderes fácticos amparados en la pantomima de la institucionalidad democrática, para afianzar el control del poder y los negocios lícitos e ilícitos ya mencionados.

Crisis de la política

Esta consolidación de los nuevos poderes se produce al mismo tiempo que las lógicas tradicionales de poder en el Departamento se van desmantelando, e implica por lo menos dos graves consecuencias:

Primera. Se ha desnudado la realidad de unos partidos vacíos en su propuesta de región, de país, y en general, de objetivos comunes con respecto a lo público, pero eso sí que buscan promover determinados intereses particulares.

Esa pantomima ha sido azuzada desde el poder central y has sido orquestada por los medios de comunicación nacionales, pero ha victimizado a buena parte de la población del Valle, al mutilar su representación política y al sumergir las instituciones en una crisis de gobernabilidad, permitiendo que roten por el poder local figuras cuestionadas e incluso encarceladas.

Segunda. Inmersos en esta realidad, los vallecaucanos lo han probado casi todo, optando en últimas por un desprecio profundo de la participación democrática, como lo prueban las cifras del abstencionismo, sobre todo en la población más joven [1], y el auge de las candidaturas personales, sin aval de un partido, en un gran número de municipios durante los últimos diez años, pese a que las reformas políticas recientes buscaban impedirlo.

Puede decirse que en el Valle del Cauca primero aparecen los caciques y luego se les arma un “partido” para legitimar y legalizar las relaciones de fuerza previamente establecidas mediante una amplia gama de estrategias.

El drama se repitió en esta misma semana, cuando los vallecaucanos vieron, estupefactos, cómo convictos de delitos por parapolítica, con permisos otorgados legalmente y garantizados por el gobierno, volvían a sus regiones en plena época electoral: un líder preso en Barranquilla -eso sí con un acompañamiento mínimo del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC- “visitó” tranquilamente a Buenaventura; su paseo en medio de una ciudad parcialmente militarizada porque los grupos armados han vuelto a librar combates callejeros, fue casi una escena de ciencia ficción.

Pasan muchas cosas raras

Pensar en la crisis de gobernabilidad actual del Valle del Cauca obliga a ver estos hechos de frente y a considerar medidas de fondo:

  • Fue en este departamento donde el ex ministro Arias -hoy en prisión preventiva mientras se le juzga por el escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS)- buscó apoyos electorales, que hace menos de un año causaron la destitución del joven ex-Gobernador del Valle del Cauca, heredero del poder político de su padre (vinculado al proceso 8000).
  • Es aquí donde el gobierno nacional nombró un gobernador interino que ha seguido en funciones hasta hoy, como consecuencia de la destitución del ex gobernador Abadía, y además continúa en funciones por la voluntad del gobierno nacional quien ignoró el mandato constitucional de convocar elecciones atípicas el pasado mes de febrero aduciendo una emergencia causada por la oleada invernal.
  • Es aquí mismo donde el proceso electoral de 2010 fue seriamente cuestionado y es actualmente investigado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) por graves irregularidades de las cuales se sabe más bien poco.
  • Es aquí en donde el último proceso de inscripción de cédulas -que terminó en mayo- ha dado pie a la apertura de investigaciones por presunta trashumancia electoral en treinta y dos municipios, 76 por ciento de los cuarenta y dos del Departamento.
  • Es aquí donde a la fecha han sido asesinados ocho candidatos a corporaciones públicas, incluyendo a un diputado en ejercicio y donde decenas más han sido amenazados.
  • Es aquí donde el gobernador interino pidió al gobierno nacional suspender o aplazar las elecciones en el municipio industrial de Yumbo, que lleva 6 alcaldes en los últimos 13 años.
  • Es aquí donde las bandas criminales (BACRIM), los neoparamilitares y las FARC han reaparecido: en el norte del Valle del Cauca, en la Costa Pacífica y en los límites con el departamento del Cauca.
  • Es aquí donde el presidente de la República anunció otros importantes escándalos de corrupción y donde instó a los vallecaucanos a escoger alcaldes honestos, en presencia de sus actuales alcaldes…

¿Qué hacer al respecto?

Ante este panorama evocador, pensar en prospectiva significa imaginar soluciones audaces que transformen la realidad presente del Valle del Cauca, entendida en su violencia, como una guerra entre quienes han sido despojados del poder y quienes buscan afianzar otros poderes, relacionados esta vez con un proyecto de nación impulsado por el gobierno nacional y sus aliados regionales.

Al parecer, la democracia en el Valle del Cauca ya no está simplemente en peligro, sino que se ha demostrado la imposibilidad de consolidar una forma de gobierno donde el interés público prime sobre los intereses particulares.

Pero claro, este ya no es un problema del Valle del Cauca solamente…

*Politólogo. Director Carrera Ciencia Política de la Universidad Javeriana Cali. Coordinador Misión de Observación Electoral Valle del Cauca.

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