Corrupcción Política - Usos y abusos de la religión en estas elecciones.
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Usos y abusos de la religión en estas elecciones

Escrito por Bibiana Ortega
la Corrupcción Política en Colombia

¿Cómo están apelando los candidatos a la religión, y cómo se están movimiento los partidos o dirigentes evangélicos?

Bibiana Ortega*

Un escenario movido

La relación entre la política y la religión en Colombia adquirió nuevos matices a propósito de las elecciones de este año.

Los rumores sobre la visita de Gustavo Petro al papa Francisco, las denuncias del candidato John Milton Rodríguez ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y la unión del MIRA a la coalición Equipo por Colombia ponen de presente la diversidad del campo religioso, los cálculos electorales, y las disputas de poder en el terreno secular y el espiritual.

Petro y el Papa

La audiencia privada del Gustavo Petro con el papa Francisco el 2 de febrero produjo gran revuelo en el gobierno nacional y en algunas campañas de los precandidatos que adelantan trámites ante la Nunciatura Apostólica para concretar encuentros similares.

La visita de Petro puede leerse como una estrategia electoral que no pretende inclinar el voto católico a su favor, sino legitimar su agenda mediante una campaña internacional y blindarse en términos de seguridad e integridad personal. No en vano dice el comunicado de la campaña que los temas tratados en la audiencia fueron: “el cambio climático, los derechos de las minorías, la inclusión y la vida”. Este mensaje resuena entre los sectores progresistas católicos y evangélicos, pero Petro tiene asegurados estos votos desde la campaña de 2018. En todo caso, llama la atención que discursiva y simbólicamente les hable a sectores minoritarios cuya relación viene cultivando desde entonces.

No obstante, su efecto en los sectores cristianos conservadores es negativo, pues su visita se lee como una injerencia en la política por parte del Vaticano. No hay que olvidar la diversidad dentro del cristianismo, tanto en términos doctrinales como electorales.

Aunque la visita no tenga mayores repercusiones en el voto cristiano, sí permite ver la importancia del Estado Vaticano en la política local y los temas que priman en su agenda diplomática con Colombia: la ejecución de los Acuerdos, la política migratoria y el cuidado de la Amazonía.

Un santo pacto

La participación en política electoral de algunos sectores evangélicos va más allá de la creación de partidos religiosos (MIRA o Colombia Justa Libres) o la adhesión a partidos seculares de lideres evangélicos (el caso de Sara Castellanos en el Partido Liberal).

En esta ocasión aparecieron las coaliciones entre partidos religiosos. La coalición Nos Une Colombia es un pacto entre los dos partidos religiosos del país.

Esta coalición era impensable hace una década, cuando los líderes de las iglesias evangélicas no consideraban pertinente crear un partido evangélico y pensaban que la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional (IDMJI) era una secta.

La visita de Petro puede leerse como una estrategia electoral que no pretende inclinar el voto católico a su favor, sino legitimar su agenda mediante una campaña internacional y blindarse en términos de seguridad e integridad personal.

El sistema electoral colombiano exige superar el umbral del 3 % de los votos válidos para la asignación de curules. Se estima que este umbral estará sobre los 500.000 votos en las próximas elecciones, pero ambas colectividades lo superaron en las legislativas de 2018.

Los cálculos al respecto y la cercanía que comenzó a tejerse desde que el MIRA asesoró a Colombia Justa Libre (CJL) de cara a los escrutinios de 2018 fueron alimentando esta coalición. La cercanía también se reflejó en una afinidad programática centrada en temas transversales a la comunidad evangélica, superando las discrepancias doctrinales: “la defensa de la familia, la vida, la sociedad”. Pero esta afinidad puede esconder también una disputa sobre qué grupo es el encargado de defender la libertad, un tema importante para ambos.

Si la afinidad programática se mantiene, puede impulsarse una bancada evangélica y consolidarse los liderazgos propios de este sector religioso, sin la necesidad de alianzas con partidos o políticos seculares que no necesariamente cumplen o acompañan sus proyectos legislativos.

Corrupcción Política en las elecciones
Foto: Facebook: Partido Mira - La participación en política electoral de algunos sectores evangélicos transita no sólo por la participación a través de partidos religiosos.

Las fuerzas en movimiento

La consolidación de los partidos evangélicos avanza en Colombia, pero aún hay algunos elementos que analizar durante las elecciones de 2022 para entender este fenómeno junto al del voto religioso.

Primero: estos partidos harían más fácil medir el verdadero potencial electoral de los grupos evangélicos.

Después del plebiscito por la paz se especuló sobre la importancia del voto evangélico para el triunfo del No. Algunos líderes religiosos como Edgar Castaño, presidente de la Confederación Evangélica de Colombia, afirmaron que el voto evangélico había sido decisivo. Pero los votos en las legislativas de 2018 no alcanzaron las estimaciones ofrecidas por estos líderes sobre el potencial electoral de los evangélicos.

Además los candidatos evangélicos no superan el 3 % de la intención de voto en las encuestas más favorables, pero el nivel de pertenencia religiosa en las encuestas de opinión es del 15 %. Esto muestra que la pertenencia religiosa no se relaciona directamente con la intención de voto: ser evangélico no significa votar por los partidos o políticos evangélicos, debe crearse una identidad política previamente.

Segundo: la creación de estos partidos haría visibles las tensiones existentes dentro del mundo evangélico y, por ende, la fragilidad de una identidad política evangélica.

Si bien los partidos religiosos actuales no representan la diversidad de iglesias y comunidades evangélicas en el país, sí representan dos de sus expresiones en la política electoral. Por un lado, el MIRA representa a las principales megaiglesias y es el único partido viable con este origen en la actualidad.

Por otro lado, Colombia Justa Libres surgió de una confederación de iglesias y comunidades diversas. Esta variedad causó discrepancias en temas como la elección del candidato presidencial del partido. Por esto podrían presentarse nuevas divisiones e incluso la liquidación del partido, tal como sucedió con el Movimiento Unión Cristiana en los noventa, movimiento formado por algunos de los pastores de CJL.

Estas tensiones ponen en entredicho la capacidad de crear un proyecto común por encima de las diferencias doctrinales, el origen diverso de sus miembros y la consolidación de una identidad política evangélica.

Tercero: la creación de estos partidos implicaría acuerdos y consolidaría imaginarios sobre la relación entre los políticos seculares, los partidos políticos evangélicos y los grupos cristianos en general.

Este es el caso de la mención de demandas o expresiones religiosas en el marco de las campañas electorales, los acercamientos a las autoridades religiosas, o las recientes invitaciones a las consultas interpartidistas para elegir candidatos presidenciales.

Estas situaciones ponen de presente los cálculos electorales de todos los interesados y la fragilidad de las alianzas después de las elecciones, dada su composición y los intereses seculares y espirituales que se enfrentan en el terreno político poselectoral.

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