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Uribe y Juan Carlos I: la caída del poder

Escrito por Manuel Alcántara Sáez
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En Colombia y en España, la justicia y la opinión pública han puesto contra las cuerdas a dos hombres poderosos. ¿Cómo entender su declive?

Manuel Alcántara Sáez*

Dos países y dos hombres

En un clima social dominado por el dolor, el miedo y la incertidumbre, el panorama político de Colombia comparte algunas similitudes con el de España.

En las últimas semanas, la atención de la opinión pública de ambos países se ha centrado en el destino de dos hombres: el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el rey emérito de España, Juan Carlos I de Borbón.

Tanto el expresidente como el rey quisieron unir a sus países y no lo lograron. Hoy, sus figuras son objeto de constante discusión y son una referencia para evaluar el pasado inmediato de dos naciones.

La pandemia

El ruido reciente alrededor de ambos ex jefes de Estado surgió en medio de la crisis social y económica más importante de las últimas décadas.

En la primera semana de agosto, Colombia y España —que tienen una población similar— coincidieron en el número de infectados por COVID-19, aunque la cifra de fallecidos era mucho menor en el primero que en el segundo.

En todo caso, esto no significa que el impacto de la pandemia en ambos países haya sido igual. En Colombia, la desigualdad, el peso de la economía informal, la ausencia del Estado y la violencia han hecho que los efectos del virus sean más graves.

Los hechos

En ese contexto, a principios de este mes, dos noticias sacudieron el mundo político:

• En Colombia, la Corte Suprema de Justicia ordenó la detención preventiva del expresidente Uribe, por su presunta participación en delitos relacionados con la manipulación de testigos;

• En España, el rey Juan Carlos salió del país envuelto en un escándalo por posible lavado de capitales y evasión de impuestos.

Tanto Uribe como Juan Carlos son figuras míticas en sus países y encarnan sucesos históricos cuya comprensión aún está en disputa: el primero es tal vez el político más popular en la historia de Colombia, dos veces presidente y elegido en cuerpo ajeno otras dos veces; el segundo fue institucionalmente ungido como rey en un pacto constitucional que se aprobó por una abrumadora mayoría en 1978, y que significó la transición del franquismo a la democracia.

Después de ser presidente, Uribe siguió en la política y fue elegido senador en 2018. Y aunque su detención nada tiene que ver con su ejercicio como primer mandatario, él y su partido han tratado de reducir todo a una discusión sobre su legado. Por eso, la primera reacción del expresidente fue afirmar que su detención le causó profunda tristeza por su familia y “por los colombianos que todavía creen que algo bueno he hecho por la patria”.

Juan Carlos, por su parte, no ha dado mayores detalles sobre su salida del país. En una carta dirigida a su hijo, Felipe VI, el rey emérito afirmó que tomó la decisión para “facilitarle el ejercicio de sus funciones”. Y aunque al principio se desconocía su paradero, recientemente se confirmó que el rey se encuentra en Emiratos Árabes Unidos.

En ambos casos, los presidentes se han referido a la situación de los ex jefes de Estado. En Colombia, el presidente Iván Duque expresó su apoyo a Uribe, su jefe político, y afirmó que “cree en su inocencia y en su honorabilidad”. En España, el presidente Pedro Sánchez –quien públicamente ha apoyado a la monarquía– afirmó que el rey deberá rendir cuentas sobre su conducta, pero que eso no puede comprometer a la institución, pues “no se juzga a las instituciones, se juzga a las personas”.

Foto: Facebook Álvaro Uribe Vélez -La detención de Uribe llegó en medio de la pandemia a la que Colombia ha hecho frente con muchas dificultades.

Polarización e inestabilidad

Estos dos hechos son relevantes, entre otras cosas, porque desestabilizan aún más el panorama político y polarizan la opinión pública.

En Colombia, el presidente concentra amplios poderes que, al menos en principio, le permiten mantener un mayor control del gobierno. En España, en cambio, la mayoría de las actuaciones del presidente dependen de la Cámara de Diputados: de hecho, el mandato del presidente está constantemente amenazado por la posibilidad de una moción de censura en su contra.

Y aunque en Colombia no es indispensable que el presidente tenga mayorías en el Congreso, en ambos países hay un sinnúmero de medidas que requieren acuerdos interpartidistas y coaliciones. Esto es particularmente importante cuando no existe un partido político mayoritario.

En el contexto de la pandemia, además, es necesario coordinar el gobierno central con los gobiernos regionales, y que los partidos sean sólidos e internamente disciplinados.

Pero los hechos que enlodan al expresidente Uribe y al rey Juan Carlos seguirán dividiendo a la sociedad colombiana y española y politizarán hasta las decisiones más técnicas. En Colombia, Uribe es el centro de la discusión sobre la violencia que existe en el país y que ha aumentado en las últimas décadas. En España, algunos ven en Juan Carlos el héroe de la transición a la democracia y otros ven en la monarquía una continuación del franquismo.

Como resultado de estas confrontaciones, es previsible que, en el futuro próximo, el debate político tanto en España como en Colombia esté dirigido por las emociones y la exaltación.

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1 Comentario

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Betty agosto 24, 2020 - 3:30 pm

La ley tiene que ser para que la cumpla todo el mundo, eso es lo que nos hace realmente iguales, lo que no se puede permitir en Colombia como está pasando es que el uribismo recalcitrante se empeñe en crear una realidad paralela a través de una narrativa mediática perversa,que trata de inducirnos a pensar que la Corte Suprema de Justicia es castrochavista, es proFarc y que lo que se está montando es un proyecto político que va a acabar con la democracia en Colombia.
El país no se va a acabar porque metan a un expresidente a la cárcel, como no se acabó Brasil, ni Perú, ni Ecuador, ni Chile, lo demás es pura impunidad y eso es lo que no puede permitir la CSJ.

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