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Una operación perfecta: la asistencia del Fondo Monetario Internacional a Colombia

Escrito por Alvaro Moreno Hernando Matallana y Ivan Velazquez
alvaro moreno rivas
Ivan Velasquez

El gobierno recibirá casi tres mil millones de dólares sin emitir moneda, ni subir los impuestos, ni aumentar la deuda. ¿Pero será verdad tanta belleza?

Álvaro Martín Moreno Rivas* Hernando Matallana Laverde** Iván Velásquez***

La operación

Este 23 de agosto la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, anunció la operación financiera más cuantiosa en la historia de esa organización.

La asistencia financiera del FMI se ejecuta a través de los Derechos Especiales de Giro (DEG) es decir, de un activo especial que complementa las reservas internacionales del país receptor. Aunque los DEG no se consideran técnicamente como créditos ni como deuda externa del país, el FMI cobra una tasa de interés por asignarlos.

La nueva y gigantesca emisión fue del orden de 456 mil millones de DEG (equivalentes a 650 mil millones de dólares). Siguiendo los criterios de distribución del Fondo, a Colombia le correspondió el equivalente a 2,79 mil millones de dólares; con esta operación, las reservas del país en DEG aumentaron de 0,73 mil millones a 2,96 mil millones.

La tasa de interés que cobra el FMI depende de las cotizaciones de un conjunto de activos financieros de los países más ricos (Estados Unidos, Inglaterra, China, Japón y la Eurozona). La tasa vigente en agosto de 2021 era 0,05% anual. La gráfica 1 muestra su evolución entre 1990 y 2021.

Del optimismo a la euforia

Según el comunicado de prensa del FMI, estos DGR servirán para evitar que los países se endeuden en condiciones más onerosas, reducirán su dependencia del crédito externo y “ampliarán su margen de maniobra para respaldar sus economías e intensificar la lucha contra la crisis”.

Pero las autoridades colombianas fueron más lejos: “Antes de la asignación de DEG, el país contaba con liquidez internacional suficiente, representada por un nivel adecuado de reservas internacionales (USD 58,9 mil de millones) y la Línea de Crédito Flexible del FMI (USD 12,2 mil de millones aproximadamente)”.

En otras palabras, el gobierno colombiano y el Banco de la República consideran que los nuevos recursos no eran necesarios. El país contaba con suficiente liquidez para afrontar la pandemia y la posible crisis financiera global, que algunos analistas ya están anunciando.pero la aritmética simplista del gobierno no basta para inferir que Colombia no tenía riesgos objetivos de padecer una crisis de balanza de pagos, más aún si el panorama internacional no se despeja.

¿Qué haremos con esa plata?

Esta fue la manera como las autoridades colombianas comunicaron la buena nueva: “La asignación refuerza la liquidez internacional de los 190 países miembros del Fondo, al proveerles un activo fácilmente convertible en divisas. Con esta medida extraordinaria se busca generar confianza y promover la resiliencia y la estabilidad de la economía mundial, fuertemente afectada por los efectos de la pandemia del COVID 19”.

Pero como dicen, el diablo está en los detalles. El comunicado de las autoridades colombianas no menciona “el margen de maniobra para respaldar sus economías e intensificar la lucha contra la crisis”. Sin mayor análisis ni sustentación, esto les permite destinar los DEG al solo propósito de aliviar las finanzas del gobierno: “La Junta Directiva del Banco y el Ministerio de Hacienda y Crédito Público consideraron conveniente reforzar la liquidez del Gobierno Nacional en un período en el cual el país continúa enfrentando retos importantes por cuenta de la pandemia”.

Claramente, quien sufre los golpes de la pandemia –los ciudadanos– no se beneficiarán de la asistencia del FMI.

Operación perfecta

Para llevarle ese alivio financiero al gobierno se diseñó una operación sofisticada.

Según los expertos oficiales, fue posible proveer liquidez en moneda extranjera al Gobierno Nacional y mejorar el perfil de su deuda, sin que esto implique:

  • Un préstamo o una emisión directa del Banco de la República, que habría aumentado la base monetaria y presionado la inflación;
  • Ni un aumento en los impuestos o en el gasto público, que habría reducido (o aumentado) el déficit fiscal,
  • Ni un aumento de la deuda pública, porque los DEG no son deuda ni crédito.

En otras palabras, los DEG aumenta la liquidez del Gobierno para que todo siga igual. Una operación perfecta.

Un teatro de tres actos

Para entender mejor la operación, presentemos a los tres protagonistas de esta “operación perfecta”. El personaje benevolente es el FMI, cuya magia se transmite a través de los DEG; el Banco de la República es el gendarme de orden monetario y el control de la inflación; y el último personaje es el gobierno, una especie de pastorcito mentiroso.

Primer Acto

Todo comienza en la cuenta T del FMI. Una vez se aprueba la iniciativa de crear nuevos DEG y repartirlos a los 190 países, utiliza su esfero digital y registra en sus cuentas, tanto del lado del crédito como del débito, la suma que le corresponde a cada miembro. A Colombia le suma en su cuenta en el FMI, 1,96 mil millones (equivalentes a US$2,79 mil millones). Simultáneamente, dichos recursos se registran en el activo del Banco de la República, por ser el gendarme del orden monetario y el agente autorizado para administrar las reservas del país. Esto quiere decir que a los US$58,9 mil millones que custodia el Banco, se le suman los US$2,79 mil millones de los DEG, aumentando el saldo a US$61,69 mil millones de divisas clave. Fin del primer acto.

Segundo Acto

Los funcionarios del Banco de la República y del Ministerio de Hacienda se reúnen en una sala amplia y con vista a la carrera séptima. Acuerdan que el mejor uso para esos recursos es aumentar la liquidez del gobierno y mejorar el perfil de su deuda. Como por ley los DEG no se pueden usar para pre-pagar deuda pública -no pueden ser de propiedad de agentes privados-, se propone transferir los recursos de los DEG al gobierno para adquirir bonos TES de clase B. Sencillo. El Banco vende reservas internacionales por el monto de los DEG al gobierno, y a cambio recibe bonos de deuda pública. De esta manera, las reservas internacionales se reducen de US$58,9 mil millones a US$56,11 mil millones, más los US$2,79 mil millones de los DEG: las reservas internacionales se mantienen constantes. Nada ha pasado en este rubro del activo del Banco Central. Los bonos que entrega la Tesorería al Banco Central por valor de US$2,79 mil millones, entran en el activo, y las reservas vendidas al gobierno se registran en el pasivo del Banco Central por el mismo valor. Todas las transacciones se convierten a moneda nacional con la tasa representativa de mercado.

Esos recursos se mantienen como un asiento contable del pasivo del Banco Central, pero no hacen parte de la base monetaria mientras no se moneticen. La base monetaria no cambia. En el Balance del Gobierno Nacional, se registra un activo por valor de 2,79 mil millones de dólares valorados a la tasa de cambio representativa del mercado. En su pasivo se registran los bonos que entregó al Banco de la República como pago por las reservas. Los recursos de los DEG no hacen parte de los ingresos ni son una deuda externa, tampoco se gastan, por tanto, el déficit fiscal y la deuda pública no cambian. Es una operación perfecta.

Tercer Acto

Es el 2022, las elecciones las ha ganado uno de los candidatos. Es el 31 de diciembre. Medio día. Se vencen los títulos en poder del Banco de la República. La Junta Directiva decide por unanimidad no hacer el rollover de los bonos. El gobierno Nacional recibe los Bonos por valor de US$2,79 mil millones y entrega al Banco Central, US$2,79 mil millones en dólares. Las reservas internacionales del país aumentan a US$61,69 mil millones. Todo lo demás constante, dice el gerente y se retiran con una gran sonrisa.

Un pequeño detalle se le olvidó enunciar al autor de la pieza de teatro.  ¿Qué fue lo que permaneció constante después de la operación perfecta? Es fácil adivinarlo: la tasa de desempleo (14%), la pobreza monetaria (42%) y la desigualdad (Gini 0,54). Este resultado nos recuerda una ciencia inventada por Alfred Jarry, la Patafisíca, disciplina encargada de ofrecer soluciones imaginarias a los problemas reales.

Foto: Radio Nacional de Colombia - ¿Cómo se aprovecharán los recursos adquiridos?

La moraleja: no existen operaciones perfectas, ni males que duren cien años.

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