Una nueva historia de Colombia
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No solo la secuencia consabida de presidentes y eventos, sino la trama compleja de nuestros grandes procesos. Esta historia del siglo comprendido entre 1910 y 2010 está llena de lecciones importantes para el momento que vive Colombia.
Álvaro Alfonso Patiño*
Historia de Colombia contemporánea (1920-2010)
Ricardo Arias Trujillo
Universidad de Los Andes
2011
Una historia mal contada
![]() Implementación de la Constitución de 1991. Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil |
No hay frase célebre más desgastada que aquella de George Santayana según la cual “el pueblo que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo”. Tampoco hay frase menos aplicada que esta. Y no porque no se conozca la historia, sino porque nuestra visión retrospectiva es bastante limitada: siempre estamos pensando en el hoy, en el ahora.
En Colombia, las narrativas históricas se han dedicado a glorificar la historia de hombres que con sus hazañas han construido una nación de la cual debemos sentirnos orgullosos. Pero esta historia ha dejado a un lado otras lecturas, otros narradores y otros contextos, así como las conexiones existentes entre diversos eventos.
Lo anterior, aunado a la amnesia histórica de la sociedad civil colombiana, ha hecho que fenómenos tan complejos como el conflicto armado, el narcotráfico, la corrupción, la inclusión política, el modelo democrático y el papel de las confesiones religiosas, por mencionar solo algunos, se estudien desde una mirada inmediatista, sesgada y unilateral. El resultado ha sido seguir explicando estos fenómenos como si ocurrieran por generación espontánea, como si se pudiera responsabilizar de ellos tan solo a algunos personajes, de paso haciendo que la responsabilidad de todos se diluya y permitiéndonos seguir como si nada con nuestra vida cotidiana.
Esta situación se mantiene en la actualidad y es incluso más evidente gracias al auge de las redes sociales que le han dado un duro golpe a la historia al volverla todavía más manipulable por cuanto la presentan de una manera fragmentada, breve y descontextualizada, pero a la vez creíble, masiva y popular.
Recuperar la complejidad
Por estos motivos, resulta de sumo interés la divulgación de obras como Historia de Colombia contemporánea (1920-2010). Este libro, escrito por el doctor en historia Ricardo Arias Trujillo, nos permite comprender y, tal vez, reconocer esos ochenta años de la historia reciente de Colombia.
Con respecto al propósito de la obra, su autor afirma lo siguiente: “La historia que proponemos al lector intenta señalar no sólo los principales procesos que ha conocido el país durante el periodo seleccionado. También pretende insistir en la complejidad de un desarrollo histórico que, como cualquier otro, no se deja reducir a las simplificaciones y estereotipos, frecuentes en las versiones que tan sólo buscan destacar una faceta de la historia, ya sea para elogiar al pasado, ya sea para condenarlo”.
De prosa sencilla y ágil, y sin que ello le reste profundidad, la obra abarca la historia de Colombia desde los años veinte del siglo pasado hasta la primera década del siglo XXI. Su narración no se centra en grandes personajes –salvo que por su importancia sea imprescindible hacerlo–, sino en el análisis de la relación entre diversos contextos –políticos, sociales, culturales y económicos– que le permiten al lector no experto una mejor apreciación de la historia colombiana.
El libro está dividido en cinco capítulos:
- “Los años de cambio”;
- “La revolución en marcha y la polarización de la sociedad”;
- “La Violencia”;
- “Del frente nacional a la Constitución de 1991”; y
- “La Constitución de1991 y su legado”.
El recorrido histórico que se hace a través de ellos permite reconocer la importancia de nuestro pasado para comprender nuestro presente. De hecho, es sorprendente cómo varios de los debates y problemas que enfrentamos actualmente tienen sus equivalencias en el período que el libro estudia.
La historia se repite
![]() Implementación de la Constitución de 1991. Foto: Alcaldía de Santiago de Cali |
Así, por ejemplo, actualmente debatimos el concepto de “familia tradicional” y vemos cómo romper la tradición implica para algunos ampliar la democracia y para otros acabar con la sociedad. Este mismo tema fue objeto de debate durante los años veinte y treinta, cuando se discutió el papel de la mujer en la sociedad y su exclusión de todos los ámbitos de la vida con excepción del hogar. “Esa era la tradición, así lo imponía la Iglesia católica y así lo determinaban las leyes”. La Revolución en Marcha y su ruptura con la hegemonía conservadora dio pie para esta confrontación ideológica que aún permea nuestra sociedad.
Otra observación que Ricardo Arias formula en su libro, y que a veces pasa desapercibida, es la ambigüedad de la expresión utilizada para nombrar el conflicto bipartidista de los años treinta y cuarenta –la Violencia–, en vez de llamarla como lo que fue realmente: una guerra civil. Con ello se niega la responsabilidad de las élites en el inicio del conflicto y en su desarrollo, y además se permite la posibilidad de presentar dicho período como algo pasajero, separado de una continuidad histórica.
Es importante notar cómo, en esa misma línea de negación, gobiernos recientes insistieron en desconocer la existencia de un conflicto armado interno y prefirieron calificarlo como una lucha contra el narcoterrorismo, es decir, como una lucha por la supervivencia de la “democracia más antigua del continente” que estaba siendo atacada por simples criminales.
Otro paralelismo interesante puede verse en la respuesta institucional que se ha dado a la crisis política y social provocada por la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico. Esta respuesta ha oscilado entre el uso de la fuerza, que pasa por el fortalecimiento de los aparatos militares, y la búsqueda de salidas negociadas. Ejemplo de lo primero fueron los gobiernos de Turbay con el Estatuto de Seguridad y de Uribe con la Seguridad Democrática; ejemplo de las salidas negociadas fueron Betancur y Santos con sus respectivos procesos de paz.
Ahora bien, dentro del contexto actual de post-acuerdo también es pertinente uno de los comentarios de Arias Trujillo: “El paramilitarismo se consolidó en el mismo momento en que el gobierno de Betancur puso en marcha el proceso de paz, una iniciativa que (…) intentó privilegiar reformas políticas y sociales, lo cual directa o indirectamente, le dio un gran protagonismo a los movimientos guerrilleros. Todo ello preocupó a buena parte de las élites, que temieron por sus privilegios y consideraron un horror la perspectiva que ex guerrilleros pudieran, en un futuro próximo, ejercer su influencia desde las instituciones del Estado”.
Como se puede apreciar, ese es el mismo discurso que los opositores al Acuerdo Final con las FARC han usado recientemente. Más aún, quienes lo usaron entonces y lo usan ahora pertenecen a los mismos segmentos políticos, sociales y económicos que han visto con reserva la ampliación democrática, que en su concepto llevaría a la ruptura de la sociedad colombiana.
Los anteriores ejemplos muestran la necesidad de estudiar el pasado a la luz del presente. No como un ejercicio académico estéril, sino como uno que permita comprender que los problemas y debates actuales no son el resultado de las acciones de unos cuantos hombres, sino de una sociedad que no ha podido reconocer aún sus errores y, en cambio, glorifica en exceso sus logros y aciertos. Este libro es una buena manera de comenzar.
* Abogado y docente-investigador de programa de Derecho de la Universidad Mariana. apatino@umariana.edu.co, alvaroalfonsop@hotmail.com
Acerca del autor
Álvaro Alfonso Patiño
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No solo la secuencia consabida de presidentes y eventos, sino la trama compleja de nuestros grandes procesos. Esta historia del siglo comprendido entre 1910 y 2010 está llena de lecciones importantes para el momento que vive Colombia.

