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Una música futura: el libro perfecto para leer en cuarentena

Escrito por Anthony J. Perry
Cuentos recomendados para cuarentena

Al mejor estilo de Black Mirror, la nueva colección de cuentos de María José Navia nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología a través de pequeñas distopías que podrían volverse realidad en el futuro cercano.

Anthony J. Perry*

El libro

Cuando al igual que mis correligionarios, yo sucumba ante la fragilidad de mi humanidad, cuando las tentaciones de la vanidad me arrollen, y cuando, por fin, no me conste más la luz sorda de mis ídolos falsos, me encomendaré a las manos de la cuentista chilena, María José Navia, para que me restaure con sus bellas palabras y oraciones dadas vueltas, para que me reconfigure con sus cáusticas observaciones y me reconstituya de materia prima ya trabajada tal y como Dios hizo con Eva.

El 9 de abril, abro mi correo electrónico por enésima vez. Remitente: María José Navia. Asunto: “Por si te quieres leer…” Lo abro con ilusión. En él, ella me apoda Leriano, el protagonista de Cárcel de amor, obra escrita por Diego de San Pedro en el siglo XV. Nerds para siempre. Había pasado casi un mes desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró pandemia a la COVID-19.

Como mi tocayo, llevo 27 días encerrado tratando de adaptarme a la “nueva normalidad” en la que la única forma de tener contacto humano es a través de la luz sorda de nuestros pequeños ídolos: celulares, computadores y televisores. El correo de mi querida Laureola representó para mí la oportunidad de escapar un rato a través de la literatura. Rápidamente, subí el PDF a mi iPad.

María José Navia es profesora asistente de Literatura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown y autora de dos novelas y tres libros de cuentos, incluyendo su colección más reciente Una música futura (editorial Kindberg), conformada por siete relatos que logran desorientar, trastornar y apabullar al lector.

La carcelera voyeur

Casi como si estuviese destinado a ser leído en estos momentos, “Cuidado”, el primer cuento del compendio, presenta una protagonista sin nombre que trabaja en un centro de rehabilitación para adictos a la tecnología. Se trata de una carcelera voyeur: “Soy yo quien los desconecta. Quien les quita teléfonos y dispositivos. Quien los lleva a sus cabañas, aún asustados”, cuenta en las primeras líneas. Denomina “animales enjaulados” a los adictos y les cuenta sobre la casa cercana en la que fabrican ataúdes. Busca incansablemente formas de congraciarse con ellos. Husmea sus aparatos confiscados y fisgonea sus sesiones de terapia. Como lectores, somos testigos de dos adicciones: la de los pacientes a la luz sorda de sus ídolos falsos y la de la protagonista al voyerismo.

Navia tiene el don de engendrar personajes complejos que nos obligan a encararnos a nosotros mismos.

De una manera nítida e incisiva, el cuento revela que la narradora es una mujer insegura y solitaria que, al igual que sus prisioneros, anhela la conexión humana. Poco a poco, nos comparte sus pensamientos y sus deseos más íntimos e indecentes. Se desnuda, se muestra vulnerable. Finalmente, vemos que ella también es un animal enjaulado.

Adictos a la tecnología

Foto: Pacient Safety Network
Apenas me envió su libro lo cargué a mi iPad.

“Cuidado,” demuestra que Navia tiene el don de engendrar personajes complejos que nos obligan a encararnos a nosotros mismos. La narradora anónima nos pone frente al espejo, y nos exige que reconozcamos nuestra fragilidad humana, y la suciedad de nuestros deseos. Aunque juzga a los pacientes, en el fondo los envidia, pues quiere tener la catarsis que casi todos experimentan durante el tratamiento. “A veces decidimos contar nuestras verdades más importantes a extraños” afirma mientras nos cuenta las suyas.

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Niños alquilados

Tengo 37 años y llevo 6 casado. A mi edad los hijos son capital cultural, una prueba del éxito personal. Los feeds de mis cuentas de Facebook e Instagram están llenos de fotos y vídeos de los hijos de mis amigos que retratan escenas que van desde lo mundano hasta lo extraordinario. A veces, cuando veo sus publicaciones, pienso que quieren recordarme lo que no tengo. Para defenderme de su ataque, posteo fotos de mi ahijado y de mis sobrinos y sobrinas. Al igual que Clara, la hermana de la protagonista anónima de “Cuidado”, me parece más que suficiente ser tío y padrino.

En “Los tíos,” el segundo cuento de la colección, Tomás, el protagonista y narrador, nos invita a acompañarlo. Él y Gloria, su pareja, busca una forma de encajar en el mundo de sus amigos que ya tienen capital cultural. Su decisión de no tener hijos los ha dejado solitarios. En las primeras líneas Tomás nos cuenta: “Ya nadie nos invita. El teléfono no suena, no llegan mensajes ni llamadas”. El peso de las normas sociales empieza a volverse insoportable para Gloria.

Un día, la hija de unos amigos le pregunta: “¿De quién eres mamá?” Y cuando Gloria le contesta “De nadie”, la niña la interroga nuevamente: “Entonces, ¿qué eres?”. Tomás se da cuenta de que Gloria no puede evitar quebrarse en ese momento. Y entonces, una tarde, Tomás le muestra la app que les cambiará la vida: Mommy Time, el nuevo boom de la ‘gig economy’. Al mejor estilo de Uber, Amazon y Rappi, este aplicativo permite que los usuarios alquilen un niño por un par de horas y cumplan con las normas sociales. Una vez que Tomás y Gloria les cuentan a sus amigos que han contratado el servicio, se ponen felices y los invitan a la plaza.

Sin embargo, la primera prueba no sale acorde a lo esperado: a los nuevos padres les llega Gaspar, un niño robótico, pero humano que al conocerlos les pregunta: “¿Cómo debo dirigirme a ustedes? ¿Por sus nombres? ¿O como mamá y papá?” El niño alquilado no come ni juega. Al verlo con los demás niños, Tomás comenta que es como si él “hubiese reprobado la prueba introductoria de experiencias infantiles.” Es un producto defectuoso que, para su fortuna, y a diferencia de los hijos reales, puede ser devuelto. Pese al evidente fracaso, Gloria le pide a Tomás que intenten nuevamente, pero con una niña. Seguramente, con los datos del primer intento, el algoritmo de la app ya habrá mejorado el servicio.

Lea en Razón Pública: COVID-19: la distopía del siglo XXI

Lo desconocido

Cuando terminé “Todo incluido”, el último cuento de la colección, llevaba dos meses en cuarentena. El epígrafe en inglés que lo acompaña parece una premonición: “But isn’t it nice / When we’re all afraid at the same time.” Sí, en estos momentos todos tenemos miedo. Cada día aumenta el número de muertos y de contagios. En medio de la incertidumbre, es un consuelo saber que se trata de una tragedia colectiva, y no individual.

Adictos a la tecnología

Foto: Pixabay
Una carcelera que cuida un centro de reclusión para adictos a la tecnología

En medio de la incertidumbre, es un consuelo saber que se trata de una tragedia colectiva, y no individual.

El cuento sigue a Marie, una protagonista escogida para viajar en un crucero, que no volverá a la tierra probablemente como consecuencia de una pandemia. La protagonista nos cuenta que el proceso empezó hace años. La presentadora de noticias anunció el plan con una sonrisa, mientras que sus padres lloraron al enterarse.

Antes los cruceros salían en más ocasiones, ahora solo cuatro veces al año, todo incluido. Hay un sistema, “raro, pero no perverso.” Algunas veces, Marie se preocupa por su situación y por el futuro, otras veces se rinde ante lo desconocido, y se sumerge en los libros, con quienes sostiene la “relación más estable”.

Yo no diría que la relación más estable que tengo es con mis libros, pero sí que ellos han sido buenos amigos y excelentes consejeros a lo largo de mi vida. Sin duda, Una música futura puede ser un gran amigo en cuarentena. Les recomiendo que lo dejan entrar a su confinamiento. Dejen que la narradora sin nombre les cuente sobre sus animales, que Gloria y Tomás los ilustren con la historia de su nueva hija y que Marie les recomiende un libro para su próximo viaje.

*Doctor en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown, profesor en The Branson School en Ross, California.

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