En el último trago nos vamos, Chavela - Razón Pública
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En el último trago nos vamos, Chavela

Escrito por Ana María Ferreira
Ana María Ferreira

Un homenaje a un ícono latinoamericano que no tuvo miedo de cantarle al amor y al desamor de sus mujeres.

Ana María Ferreira*

La artista

Chavela Vargas fue una de las mujeres más importante de la música en América Latina, junto a otras cantantes como Celia Cruz, Mercedes Sosa y Toto la Momposina, su voz y sus canciones hacen parte de nuestra cultura.

Chavela nació en 1919 en Costa Rica en una familia de profundas convicciones religiosas que nunca aceptó a esta niña extraña, tan fuerte, tan rebelde y tan masculina. El rechazo de sus padres, y en especial la falta de amor de su madre, le dejaron una tristeza que nunca la abandonó.

Netflix esta promocionando el documental del 2017 “Chavela” dirigido por Catherine Gund y Daresha Kyi. Las directoras hacen un detallado recorrido por su tormentosa vida, su carrera musical, sus amores y desamores, siendo el documental en sí mismo una especie de carta de amor a la cantante.

A pesar de haber nacido en Costa Rica, Chavela vivió en México desde los 17 años cuando llegó al D.F. buscando lanzar su carrera musical. Inicialmente su extraordinaria voz no fue suficiente para conseguir muchos trabajos, pero ya en los años cincuenta era una cantante muy reconocida. Sin embargo, su fama no se debía sólo a su poderosa voz, la precedían su personalidad y una fama de rompecorazones.

Durante muchos años Chavela fue gran amiga de José Alfredo Jiménez y muchas de las canciones que la hicieron famosa fueron compuestas por él. Títulos como “En el último trago”, “Un mundo raro”, “Amanecí en tus brazos” o “Cuando vivas conmigo” son interpretadas por muchos artistas de distintos países y géneros musicales, pero las versiones de Chavela tienen algo que las hace realmente extraordinarias.

La amistad con Jiménez, quien murió por complicaciones ocasionados por la cirrosis, no era solo la de dos colegas artistas y colaboradores. Esta pareja de amigos se iba de parranda durante varios días, cantando, bebiendo y enamorando a cuanta mujer se le pasaba por enfrente. Ambos artistas lucharon contra un alcoholismo que al final llevó a Jiménez a la tumba y casi acaba con la vida y la carrera de Chavela.

La artista contó en varias ocasiones que empezó a beber como una forma de enfrentarse al escenario. Le daba pánico el público y un ‘tequilita’ antes de las presentaciones le calmaba los nervios. Pero la bebida se volvió un gran problema y en los años setenta ya nadie la contrataba porque aparecía borracha en el escenario y a veces ni siquiera podía mantenerse en pie.

Chavela desapareció en el olvido por casi quince años. Mucha gente pensó incluso que había muerto. Esta mujer pasó todo este tiempo sin cantar, aislada y profundamente hundida en el alcoholismo. Este dolor y soledad marcaron para siempre sus interpretaciones, a tal punto que muchos críticos y amigos de la artista hablan de la fuerza devastadora que emana de su música, más cerca al dolor y al sufrimiento que a cualquier otra cosa.

En el documental Pedro Almodóvar, uno de sus grandes amigos, cuenta como oír a Chavela en un concierto era una experiencia con tintes religiosos, una purificación a través del dolor, una catarsis que te dejaba limpio y devastado al mismo tiempo. Chavela apareció en un par de películas de Almodóvar y sus canciones son parte del soundtrack de varias de sus películas.

Afortunadamente tuvo amigas y parejas que la ayudaron a dejar el alcohol y a volver a los escenarios. Su regreso fue vigoroso y si en los años cincuenta cantó en los hoteles y bares más famosos de México, después de 1991 cuando volvió a cantar, llenó escenarios en todo el mundo y obtuvo el reconocimiento que su voz y su arte merecían.

Foto: Cortesía Ana María Ferreira - Adiós a la dama del tequila, Chavela Vargas.

Más allá de la música

Además de ser un ícono de la música latinoamericana, la figura de Chavela es también un ícono para el feminismo y la población LGBTQ+. Como dice una de sus amigas en el documental, hablando en nombre de la comunidad de mujeres lesbianas, Chavela “era la mujer más importante de la historia de México, la mujer que nos había abierto la puerta”.

Dijo incluso que no puede encontrarse ninguna lesbiana en México que no sepa quién es Chavela y no la admire y la ame. Y es que imaginarse a esta valiente mujer en los años cincuenta, siendo la primera que usa pantalones por la calle y cantando canciones de amor a las mujeres en el público es suficiente para entender su importancia:

“Amanecí otra vez entre tus brazos, / Y desperté llorando de alegría; / Me cobijé la cara con tus manos, / Para seguirte amando todavía. / Te despertaste tú, casi dormida, / Y me querías decir no sé qué cosas; / Pero callé tu boca con mis besos, / Y así pasaron muchas, muchas horas”.

Una de las historias que más me gustan de Chavela es la que hay detrás de una de sus canciones más conocidas: “Macorina”. La canción originalmente es un poema que un poeta español escribió sobre una hermosa mujer cubana, quien fue una trabajadora sexual y la primera mujer en obtener una licencia para manejar en la isla.

El poema es explícitamente una oda a la belleza y sensualidad de esta mujer: “Después el amanecer / que de mis brazos te lleva / y yo sin saber qué hacer / de aquel olor a mujer / a mango y a caña nueva / con que me llevaste al son / caliente de aquel danzón”, seguido del sugestivo coro: “Ponme la mano aquí Macorina, ponme la mano aquí”.

Chavela siempre les cantó a las mujeres desde el escenario y nunca lo ocultó, ni disimuló estar cantándole a un amante masculino. Ella revolucionó la historia de la música con esta canción y de paso abrió camino a la luchas de la comunidad LGBTQ+.

Por supuesto esta valentía le costó caro a la artista, pues en su juventud, pese a ser una cantante reconocida y de ser amiga de todos los grandes artistas de su época, nunca pudo cantar en los grandes escenarios de México. Chavela fue también víctima de insultos y humillaciones por su identidad sexual y no fue nada fácil identificarse como lesbiana en un país tan machista como lo es México.

Su lucha por vivir su vida y por amar a quien quisiera le dejaron muchas heridas, pero fueron su fuerza e incluso su terquedad, las que abrieron el camino para la igualdad y la aceptación de las personas de sexualidades diversas en toda América Latina.

El 5 de agosto del 2012, el día que murió Chavela, por casualidades del destino yo acababa de llegar a Ciudad de México, estaba viajando sola y no conocía a nadie en la ciudad, pero decidí ir al Palacio de Bellas Artes donde la estaban velando.

La fila para despedir el féretro era enorme, la gente cantaba, lloraba y se abrazaba. Cuando finalmente pude entrar al Palacio me salí de la fila y cautelosamente me escondí detrás de un pilar donde los guardias, que no permitían que la gente se quedara mucho tiempo, no me podían ver. Al rato de llegar un enorme mariachi empezó una serenata y esa tarde vi a Eugenia León, Tania Libertad y Lila Downs cantándole una sentida despedida a la gran Chavela.

Cuando finalmente me animé a salir, tratando de procesar tantas emociones, llegué caminando a la Plaza de los Mariachis. Allá me senté y me tomé un tequila en honor a la gran Chavela, no con tristeza de haberla perdido, sino con gratitud por todo lo que nos dio. ¡Ay Chavela! ¡Cuántas luces dejaste encendidas!

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1 Comentario

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Betty agosto 17, 2020 - 5:50 pm

magnífica crónica Doctora Ferreira, sinceras felicitaciones.

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