Ulises de James Joyce: cómo leerlo después de cien años.
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‘Ulises’ de James Joyce: cómo leerlo después de cien años

Escrito por Julián Guerrero
Ulises de Joyce en este 2022

Se cumplieron cien años de la publicación del Ulises de James Joyce. Después de décadas de comentarios, importa preguntarnos cómo seguir leyendo una de las novelas más importantes de la literatura del siglo XX.

Julián Guerrero*

Una obra mitológica

Desde su primera publicación el 2 de febrero de 1922, Ulises de James Joyce ha sido objeto de numerosos lectores y lecturas.

De ser un poderoso desestabilizador de la novela victoriana y la tradición literaria inglesa, Ulises pasó a ser objeto de censura y “promotor de malas conductas”, y, más tarde, una lectura obligatoria en la comunidad intelectual global. En la actualidad, además de estar consagrada como una de las novelas más importantes de la historia, es percibida como una caja de hermetismo simbólico a la que apenas unos pocos pueden acceder.

Sin duda, su reputación está bien ganada. Por un lado, en su novela Joyce reconstruyó la tradición literaria inglesa para después desarrollar nuevas técnicas que trastocaron el panorama de la literatura europea. A partir de su publicación Joyce se convirtió en uno de los representantes de la modernización de la literatura en inglés, y, junto a Virginia Woolf o T.S. Eliot, determinó el desarrollo literario contemporáneo de todo el mundo.

Por otro lado, la novela ridiculizó los cánones morales y sociales de su época. Su humor exagerado, en el que las experiencias sexuales y el cuerpo de la vida privada se hacen públicos, se junta con el comentario político sobre Irlanda y el recato inglés. Esto hizo de ésta una novela ácida para muchos en su tiempo.

Por esta razón fue censurada en diversos países, e, incluso, enfrentó juicios legales; muy famoso es el caso de 1933 “Estados Unidos vs Un libro llamado Ulises”, donde se debatió si la novela de Joyce era o no obscena, y si debía impedirse su circulación.

Al cabo de décadas de lecturas, de reflexiones sobre su importancia y de tensiones con la moral de algunas sociedades, la obra es mitológica. La publicación de Ulises en París —de la mano de Sylvia Beach y la famosa librería Shakespeare & Company—, hacen parte del repertorio de la literatura europea de entreguerras, cuando la época convulsa produjo nuevas perspectivas sobre la creación literaria.

¿Es tan difícil como dicen?

Hoy Ulises es una obra de culto y un sinónimo de estatus. Su desplazamiento al mundo académico redujo el número de lectores, y la idea de dificultad ha hecho de ella una novela exclusiva para quienes tengan los conocimientos y el tiempo para dominarla.

Aun cuando se han publicado numerosas versiones ilustradas de la obra u aproximaciones a partir de disciplinas como el teatro, dichas producciones siguen circulando entre los grupos especializados. La razón: aunque parecen ser un objetivo editorial robusto, no deja de estar compuesto para un número de lectores reducido.

Cien años después de su publicación todo comentario sobre Ulises pasa irremediablemente por una mención sobre su dificultad; sobre la paciencia que hay que tener para leerlo de principio a fin, y sobre lo imposible de comprender cada palabra y frase de forma definitiva. Por esto se dice que la misma novela nos quitó la oportunidad de sorprendernos con ella, y, debido a ello, los lectores nos hemos conformado con la idea de que la obra es por completo impenetrable.

Sin embargo, olvidamos que los textos literarios no son cofres con tesoros a los que accedemos a través de complejas operaciones de erudición. Muchas veces, cuando decimos que una obra es difícil de entender, aludimos a la influencia de las opiniones de otros sobre nuestras lecturas, y no a nuestra propia experiencia.

La novela ridiculizó los cánones morales y sociales de su época. Su humor exagerado, en el que las experiencias sexuales y el cuerpo de la vida privada se hacen públicos, se junta con el comentario político sobre Irlanda y el recato inglés.

La idea de la dificultad nos hace perder de vista lo mucho que una obra literaria esta ligada a su contexto, y lo mucho que sus intrincados usos del lenguaje y manipulación de la realidad puede servir para enfrentarnos a nuestra propia vida. Este es sin duda el caso de Ulises. La responsabilidad de esto no la tiene, únicamente, el hecho de que el texto provenga de una tradición literaria erudita.

Si una obra nos parece compleja es porque sus lectores académicos, y el complicado sistema editorial que la reproduce a diario, se han encargado de promoverla como una composición laberíntica cuya dificultad es perdición de muchos y atributo de unos pocos.

Cómo leer ‘Ulises’

Poco se comenta sobre cómo podemos valernos de nuestras tradiciones narrativas para repensar el presente, o cómo podemos aprovechar la complejidad o la sencillez de nuestra propia realidad para conversar con el pasado, como hace Joyce en Ulises.

La literatura no está hecha, igual que la historia, de procesos determinados por una sola fecha o publicación, sino por las lecturas que le siguen y los contextos en los que se lee.

Por insistir en la dificultad de la novela se han perdido perspectivas más allá del laberinto de dudas que plantea, pero también se ha dejado de lado la oportunidad de pensar nuestro día a día desde el prisma de lo novedoso, lo exagerado y lo extraño.

Tal vez por esta razón, en las clases de escritura creativa las obras de Joyce son reducidas a sus desarrollos técnicos y no a pensar cómo sus complejas operaciones literarias reconstruyen la realidad que representan. Por este motivo, en un escenario literario como el contemporáneo en el que se escribe mucho, pero se arriesga poco, hoy celebramos la publicación de Ulises como la aparición de un gran monstruo, de una estructura monolítica e inigualable cuyo nacimiento marca el principio y el fin.

No obstante, la literatura no está hecha, igual que la historia, de procesos determinados por una sola fecha o publicación, sino por las lecturas que le siguen y los contextos en los que se lee.

Por supuesto no hay manual ni autoridad que realmente pueda responder a cómo podemos o debemos leer una novela a lo largo del tiempo. Sin embargo, si un siglo de lecturas nos llevó a relegar la obra a la lectura de unos cuantos, debemos preguntarnos cómo queremos seguir leyéndolo de aquí en adelante.

Por un lado, podemos decidir que sean otros los que determinen los usos de su dificultad narrativa y los límites de su lectura. Por el otro, podemos asumir su complejidad narrativa y dejarla de lado para que lectores y escritores nos esforcemos en seguir el ejemplo de Joyce en la representación de una realidad sin límites, consciente de su pasado y ambiciosa por el futuro.

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