
Ucrania, el límite de una guerra sin final
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Estuve en Ucrania y en tres países bálticos. En Ucrania, la guerra está en las conversaciones, en los continuos apagones, en las alarmas antiaéreas. Las familias se reúnen para despedir a los soldados; hay altares para los muertos con fotos, nombres, flores, velas y banderas. Ante de la cumbre de la OTAN, Rusia bombardeó el hospital para niños más grande de toda Ucrania.
Ana María Ferreira*
Guerra de desgaste en el siglo XXI
Rusia pensó que la invasión de Ucrania sería fácil y rápida. Al comienzo de la guerra, las noticias se centraron en Ucrania, y abundó el apoyo militar y humanitario. La imagen de una enorme potencia nuclear atacando a un país vecino sirvió para que mensajes y donaciones fluyeran hacia Ucrania desde todas partes del mundo.
Hoy, cada vez se escucha menos sobre la guerra de Ucrania en los medios. Nuevos conflictos, problemas y elecciones en todo el mundo entran a las primeras páginas de las noticias.
Ucrania está defendiendo su país; pero lo que pase allí tendrá enormes consecuencias para países limítrofes, al igual que para toda Europa y el hemisferio occidental.
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En la frontera báltica de la OTAN
Pasé algo más de dos semanas en Ucrania; luego hice un recorrido por tres países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania; junto a Ucrania, fueron parte de la Unión de Repúblicas Soviética Socialistas (URSS) y, desde su independencia en 1990-1991, todavía miran con recelo a Rusia.
Estos tres países se independizaron y, además, se volvieron hacia Occidente: en 2004 se incorporaron a la Unión Europea y a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).
Allí es evidente la solidaridad con Ucrania: hay demostraciones en las plazas; se ven banderas ucranianas por todas partes, y, frente a las embajadas rusas, la gente ha ido dejando banderas, fotos de las víctimas de la guerra y —en general— mensajes de rechazo a Putin.
La antigua frontera nuclear de la URSS
Por su parte, Ucrania no es miembro de la Unión Europea o de la OTAN. Esto se debe en parte a que los gobiernos —algunos muy corruptos—, después de la disolución de la Unión Soviética, trataron de integrarse a la esfera de influencia rusa para beneficio personal de algunos políticos. Esta decisión, como demuestran los hechos actuales, no fue la más acertada.
Durante el periodo en el que Ucrania fue parte de la Unión Soviética, en su territorio se almacenaron cientos de ojivas nucleares junto a cientos de misiles y bombarderos; se quedaron allí cuando se disolvió la URSS.
Ucrania no tenía necesariamente control sobre estas armas; pero, en lugar de utilizarlas para mantener a Rusia a raya, en 1994 firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear. A cambio de entregarle a Rusia las armas, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido —tres de las cinco potencias nucleares reconocidas por el tratado— se comprometieron a “respetar la independencia, soberanía y las fronteras de Ucrania”. Por supuesto, el acuerdo no se sostuvo.
Frontera de la estepa euroasiática
Ucrania ha vivido un tumultuoso siglo XXI, siempre con la ominosa presencia de Rusia, que ya en el 2014 ocupó la península de Crimea y la anexó ilegalmente. Muchos ucranianos comentan que, en realidad, esta última invasión rusa no empezó en el 2022, sino en el 2014.
Al mismo tiempo, la economía del país había estado mejorando y, debido a su producción agrícola, muchas veces se la ha llamado “el granero de Europa”.
Para Rusia, dominar Ucrania o los países bálticos “cerraría” ese punto débil en su frontera, ya que allí la estepa se estrecha entre los Cárpatos y el mar báltico.
Pero la importancia de este país para el continente no radica exclusivamente en su producción agrícola, sino que su posición geográfica sirve como barrera ante Rusia.

Y viceversa, para Rusia es difícil defender las estepas que ocupan gran parte de su territorio: planas y sin obstáculos naturales, las han usado Napoleón y Hitler, desde occidente, o los mongoles, desde oriente. Para Rusia, dominar Ucrania o los países bálticos “cerraría” ese punto débil en su frontera, ya que allí la estepa se estrecha entre los Cárpatos y el mar báltico.
Ucrania, hacia la OTAN y la Unión Europea
Solo algunos días después de la invasión, Ucrania solicitó acelerar su incorporación a la Unión Europea. Este proceso ya había empezado hace años e inicialmente pretendía que Ucrania pasara a ser parte de la UE en el 2030.
Expertos en la zona afirman que Rusia no se hubiera atrevido a invadir el país si este hubiera sido un miembro de la UE. Ser miembro también le ofrecería a Ucrania más apoyo armamentístico.
En parte, debido a esta compleja historia, Europa, Estados Unidos y la OTAN han sido esenciales en la defensa de Ucrania. Han enviado dinero, inteligencia, armas y tecnología, y Ucrania se ha defendido gracias a esta ayuda. Su presidente, Volodymyr Zelenskyy, es consciente de cuánto la necesita su país.
En este contexto, tanto Ucrania como Rusia estaban pendientes de la cumbre de la OTAN que tuvo lugar en Washington del 9 al 11 de julio. Gran parte de las conversaciones y acuerdos de este encuentro se centraron en la ayuda para Ucrania.
Rusia bombardeó un hospital de niños
El 8 de julio, un día antes de la cumbre, mientras los presidentes viajaban a los Estados Unidos para la reunión y la Casa Blanca se preparaba para recibir a los líderes de los países miembros y al mismo Zelensky, un anuncio ruso era de esperarse. La relación entre Rusia y la OTAN nunca ha sido la mejor. Con la invasión, la situación está en el peor de todos sus momentos.
Lo que no se esperaba es que la declaración fuera en la forma de ataques aéreos simultáneos a distintas ciudades ucranianas. Los misiles en diferentes partes del país terminaron con la vida de 41 civiles. El más brutal de los ataques se vivió en Kyiv, la capital del país, donde las bombas deliberadamente apuntaron al hospital para niños más grande de toda Ucrania.
Las escenas que han circulado en internet de las secuelas del ataque son difíciles de ver. Okhmatdyt, el hospital infantil, sufrió daños irreparables a su infraestructura y a sus reservas de medicamentos, registros. Más grave aun, varias personas —entre doctores, enfermeros y empleados— perdieron la vida.
Milagrosamente, ninguno de los niños murió; pero solo hasta hace pocos días el hospital pudo reabrirse parcialmente. Muchos de los niños enfermos tuvieron que ser evacuados a otras ciudades o a distintos países europeos porque allí no es posible continuar su tratamiento.
En Kyiv y en el resto de Ucrania, las personas tratan de seguir su vida. Se levantan en la mañana y van a sus trabajos, a la universidad, a trotar en el parque; también se reúnen a celebrar sus cumpleaños, bodas y nacimientos.

Divididos entre la cotidianidad y la guerra
En Kyiv y en el resto de Ucrania, las personas tratan de seguir su vida. Se levantan en la mañana y van a sus trabajos, a la universidad, a trotar en el parque; también se reúnen a celebrar sus cumpleaños, bodas y nacimientos. Yo misma estuve enseñando español en una universidad, riéndome con mis estudiantes y cantando canciones de Soda Estéreo.
Pero, al mismo tiempo, la cotidianidad de la vida está enrarecida por la presencia de la guerra. La guerra está presente en las conversaciones, en los continuos apagones, en las alarmas antiaéreas que suenan con frecuencia. Se ve en las estaciones de bus y tren, donde las familias se reúnen para despedir a los soldados, y en las esquinas y plazas donde se han formado altares a los muertos con fotos, nombres, flores, velas y banderas.
El ataque aéreo al hospital infantil, sin dejar de ser terrible, al final solo es un ejemplo de la nueva realidad en Ucrania. El final de esta guerra en este momento es bastante incierto: puede que Rusia continúe sus ataques y derrote al ejército ucraniano, o que la resistencia ucraniana continúe por un largo periodo.
Rusia también ha propuesto acabar la guerra si Ucrania concede ceder parte de su territorio y varios gobiernos han propuesto empezar conversaciones de paz. Mientras tanto, miles de familias han perdido a miembros de su familia, miles de jóvenes han sido heridos irreparablemente en el campo de batalla y miles de ucranianos han dejado su país y están empezando sus vidas en otros países.
Nosotros en Colombia sabemos lo que es vivir en un país en guerra; nosotros sabemos lo que cuesta. Es importante seguir prestando atención a lo que pasa en Ucrania.
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Acerca del autor
Ana María Ferreira
* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. anaferreira1810@gmail.com
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