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Turquía: entre la tradición y Occidente

Escrito por Gabriel Clavijo

El actual Presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Gabriel ClavijoEste país, que ha estado en los últimos meses en las noticias tanto de Oriente como de Europa, se debate hoy entre la influencia musulmana y los valores laicos que impulsó su gobierno durante el siglo XX. 

Gabriel Clavijo*

Islam o laicismo

“¡Turquía es laica y seguirá siendo laica!” fue el mensaje de cientos de miles de manifestantes reunidos en Estambul en abril de 2007. En ese momento se agitaron banderas y las pancartas desplegadas mostraban textos como: “¡no queremos un imán en el palacio presidencial!”.

Esta expresión de solidaridad con los valores laicos impuestos desde la segunda década del siglo XX ha cambiado mucho hoy por la fractura que se ha visto en la política reciente del país. Para entender este fenómeno es necesario hacer una revisión de los orígenes de esta división.

Atatürk y el kemalismo

La Revolución turca (1919 a 1925) fue un auténtico movimiento de liberación nacional que dio paso a un proceso de reforma cultural y reconstrucción social sin precedentes en un país islámico. En ese momento se impuso un orden laico autoritario, que no llegó a ser completamente hegemónico.

En 1923, Mustafá Kemal, más conocido como Atatürk (“el padre de los turcos”), llegó al poder en medio de una profunda crisis social y económica, producto de la debacle del Imperio otomano, que había iniciado su decadencia después de la Primera Guerra Mundial.

Fue la introducción del Estado laico, lo que le dio a Turquía su carácter determinante.

Una vez terminada su revolución, Atatürk llevó a cabo una serie de reformas estructurales de modernización del Estado, bajo un sistema de corte democrático, y adoptó el modelo republicano francés como base de la estructura jurídica del país. Pero fue la introducción del Estado laico, totalmente separado de la religión del islam, lo que le dio a Turquía su carácter determinante.

La herencia de esta visión republicana del Estado recayó en el partido fundado por Atatürk, el CHP (Cumhuriyet Halk Partisi), que todavía defiende la secularización y el laicismo administrativo. Sin embargo, en el país siguieron quedando fuertes vínculos tradicionales e históricos con el islam, que por 600 años fue la base del Imperio otomano.

La división persiste

Ankara, ciudad capital de Turquía
Ankara, ciudad capital de Turquía
Foto: Jorge Franganillo

A diferencia de los militares, la burguesía y la burocracia, las masas rurales y la tradicional comunidad musulmana no fueron afectadas por la reingeniería social autoritaria que el kemalismo impulsó desde Ankara. Y al apelar a una sola Turquía, una sola cultura y una sola civilización, el kemalismo deliberadamente anuló la diversidad cultural, étnica y religiosa del país.

Esto resultaba especialmente espinoso en el caso de minorías étnicas como los kurdos (musulmanes sunnitas) o los armenios (cristianos), quienes han acusado al kemalismo de una “política de negación” de su existencia, y de una sistemática conversión a la fuerza.

El antagonismo con el islam siguió expresandose a lo largo de los últimos ochenta años y especialmente desde los años setenta, cuando emergió una cada vez más poderosa corriente política islamista, cuya más reciente expresión es el AKP (Adalet Kalkınma Partisi), partido del primer ministro Recep Tayyip Erdogan.

Aunque las distintas expresiones políticas del islam han moderado con los años su discurso político, la tensión con los grupos laicos persiste. El enfrentamiento más reciente ha sido el intento de ilegalizar al AKP, lo que provocó una grave crisis política y llegó a comprometer seriamente la identidad de Turquía como una democracia.

Turquía ha llegado a esta encrucijada con dos vertientes y corrientes políticas que luchan por obtener el control del Estado.

  1. Una rama kemalista, representada por el CHP, que en este momento es el partido de oposición, teme que la visión conservadora esté llevando, gradualmente, hacia una república teocrática, donde impere la sharia y la sunna. Por lo tanto aboga por llevar al país a una estabilidad democrática dirigida por una élite militar.
  2. La otra vertiente, representada por el AKP, es cada vez más proclive a la islamización del país, y la vuelta a los valores conservadores y tradicionales de la sociedad turca.

La entrada a la UE

La petición de adhesión turca a la Unión Europea ha producido preocupación en el Viejo Continente por los temores a la islamización de Europa, o a la entrada de 70 millones de turcos que “invadirían” los países de la Unión.  Por eso se necesita un liderazgo político en Europa que esté dispuesto a plantear el caso de la adhesión turca frente a una población escéptica, pues solamente una UE con una posición clara tendrá una influencia real en Turquía, de la cual ambos socios pueden beneficiarse.

La UE debería ganarse la confianza tanto de los partidarios de los modernos kemalistas del CHP como de los moderados del AKP, dejando claro que está comprometida tanto con el laicismo como con la libertad religiosa. Lo que no debería hacer es intentar imponer un determinado modelo en Turquía.

Debido a la crisis política actual en la eurozona, se podría abrir la puerta a modelos diferenciados de pertenencia a la UE, con base en el grado de integración política. En lo referente a Turquía, la propia Comisión Europea concluyó que, por su economía, su situación estratégica y su importante papel regional, este es un país clave para la Unión Europea.

Sin embargo, Turquía lleva más de 50 años llamando a la puerta de Europa sin progresos aparentes. Por este motivo, las autoridades turcas sostienen que no parece que la UE sea capaz de asumir un compromiso claro con respecto a la adhesión de Turquía.

Turquía, el eterno candidato a la Unión Europea, parece estar condenada a la dilación de las negociaciones y al estudio de asuntos que resultan inconvenientes para los intereses de la Unión, como la situación de derechos humanos o la cuestión chipriota (Turquía invadió Chipre en 1974 –que hoy es miembro de la UE-, y todavía tiene bases militares allí).

Turquía ha manifestado reiteradamente su deseo de convertirse en miembro de la UE en igualdad de condiciones que el resto de países europeos. Sin embargo, no se muestra entusiasmada por unirse al euro o a la zona Schengen. Por lo tanto, la pertenencia de Turquía a las instituciones y a la política de seguridad europea, pero no a esta zonas, podría ser un modelo plausible de integración para este país.

Es necesario discutir qué tipo de adhesión sería posible y recomendable para Turquía en los próximos años. No se debe excluir a Turquía de dichos debates y la UE debe garantizar que cualquier modelo de cooperación futura trate al país en igualdad de condiciones, entendiendo la importancia estratégica que tiene como puente natural entre Oriente y Occidente y como un país que debe ser aceptado y entendido para ayudar a estabilizar una región cada vez más convulsionada.

La nueva política turca

El primer Presidente turco Mustafa Kemal Atatürk.
El primer Presidente turco Mustafa Kemal Atatürk.
Foto: Wikimedia Commons

Hoy Turquía está más integrada con el resto del mundo que en cualquier momento de su historia desde la fundación de la República en 1923. El país se ve a sí mismo como una potencia regional emergente, y sus líderes, seguros y optimistas, expresan sus intereses de manera firme.

El carácter multidimensional de la política exterior de Turquía se ve reflejado en su membrecía en una multitud de organizaciones regionales e internacionales. El país es miembro de:

  • El Consejo de Europa,
  • La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN),
  • La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE),
  • La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE),
  • La Organización Mundial de Comercio (OMC),
  • La Organización de la Conferencia Islámica,
  • La Organización para la Cooperación Económica del mar Negro,
  • El G-20

Además, fue miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas entre 2009 y 2010, y ha presidido la Organización de la Conferencia Islámica dos veces.

En contraste con la actitud de Turquía hacia sus vecinos en los años noventa, la nueva política exterior turca busca un enfoque de “poder blando”. Si en los años noventa la política exterior de Turquía se centraba en temas de seguridad, hoy el país se apoya en instrumentos como el comercio para acercarse a sus vecinos.

Turquía lleva más de 50 años llamando a la puerta de Europa.

La política exterior turca utiliza hoy un amplio abanico de medios pacíficos que incluyen, entre otros, la ayuda y asistencia humanitaria, la participación en operaciones de mantenimiento de la paz y la contribución a la resolución de los conflictos, así como a los esfuerzos de reconciliación y reconstrucción de los posconflictos.

La política exterior turca hace hincapié en el hecho de que Turquía está situada en el centro de muchas órbitas geoculturales: de Occidente, Oriente Medio, los Balcanes, el Cáucaso, el Caspio, el Golfo, el mar Negro y Asia Central.

Dada esta situación geográfica Turquía tendría que dejar a un lado su pretensión de ser “el puente entre el islam y Occidente” y desarrollar una estrategia activa que subraye la importancia de los lazos históricos y culturales, el poder blando, la resolución de conflictos y unos fuertes vínculos económicos en dichas órbitas.

Turquía ya no puede ser considerada como un “país flanco” como lo fue durante la Guerra Fría, sino como un “país central”. Por eso debe promoverse como un actor cuya fuerza no proviene de su poderío militar, sino de su sistema democrático y de su fortaleza económica.

Turquía se encuentra en la encrucijada: por un lado está su pasado conservador y musulmán y, por el otro, busca mostrarse al mundo como un Estado moderno, conciliador y respetuoso de derechos y libertades, mientras lucha con corrientes que amenazan al delicado equilibrio en el que ha vivido durante las últimas décadas.

 

*Docente del Politécnico Grancolombiano y experto en Medio Oriente.* Magister en estudios políticos y relaciones internacionales, DELA Estudios Latinoamericanos en IHEAL (Institut de Hautes Etudes de l'Amérique Latine) – Université Paris 3, docente del Politécnico Grancolombiano.

 

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