Turismo sexual en Medellín: desentrañando un fenómeno en ascenso
Foto: Alcaldía de Medellín

Turismo sexual en Medellín: desentrañando un fenómeno en ascenso

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Aunque en los últimos años Medellín ha recibido una mayor cantidad de turistas, muchos de ellos se aprovechan de la vulnerabilidad de ciertas poblaciones y agravan el flagelo del turismo sexual.

Carolina Perlaza*

Una ciudad encantadora 

La mezcla de elementos culturales, sociales, económicos y demás aspectos que conforman la identidad y la vida de Medellín, hacen de ella una urbe de diversos colores y patrones que invitan a propios y extraños a experimentar su vitalidad, energía y dinamismo pese a que otrora sufriera el flagelo de épocas violentas a las que tuvo que mostrarse fuerte y resiliente. 

Medellín es una ciudad cuyos habitantes siempre tienen una sonrisa en la cara pese a las adversidades que puedan enfrentar cada día.  Y es precisamente esta actitud la que enamora y contagia a todo el que viene de visita, haciendo que no quiera retornar a su lugar de origen. Y no es apenas la actitud de la gente: son sus calles, sus árboles, su clima primaveral, su cultura, su orden, su gastronomía y, sobre todo, su fiesta. 

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Un problema en aumento

La fiesta es una de las principales causas del fenómeno que hoy azota a Medellín;   detrás de ella vienen las rumbas desenfrenadas por doquier, drogas, mujeres y alcohol, actividades que para un turista extranjero son bastante económicas si comparamos con las monedas internacionales, especialmente el dólar y el euro. 

Así lo demuestra el Sistema de Inteligencia Turística (SIT), según el cual en 2023 ingresaron a la ciudad, por punto migratorio, más de 1.400.000 visitantes extranjeros, sobre todo estadounidenses (un 37,5%.) 

¿Quién es el turista que nos visita? Una pregunta que deberíamos hacernos con más frecuencia y cuya respuesta apenas necesita salir una tarde o una noche por las calles de la 70, la 10, parque del Poblado, Lleras o Provenza —por mencionar algunos sitios—. 

Precisamente estas brechas han decantado en el fenómeno del turismo sexual; muchas jóvenes que desean adquirir productos o servicios que no podrían hacerlo de otro modo y deciden salir a las calles en búsqueda del “sueño americano”.

Foto: Alcaldía de Medellín - El aumento de la conectividad mundial ha exacerbado las desigualdades económicas y ha causado que algunas comunidades sean más vulnerables a la explotación.
Estos visitantes no son los turistas de negocios que solían visitarnos por eventos, negociaciones o inversiones, sino que la mayoría son jóvenes, muchos de ellos nómadas digitales que encuentran todas las facilidades para vivir y hacer lo que esté a la orden del día porque como son extranjeros y Medellín los recibe tan bien, nadie les reprochará nada.

Medellín, ciudad de turismo de negocios, dio un salto hacia un turismo masificado que trajo consigo un fenómeno tan nocivo como la gentrificación. Fenómeno que se da en un territorio cuyos habitantes son desplazados pero no por actos de violencia, sino por el alto costo de vida que sigue a la llegada de personas con alto poder adquisitivo.  El territorio se hace invivible para una persona o grupos de personas que lo habitaron por años o décadas; en consecuencia, se producen cambios culturales, sociales y económicos. 

Pero el problema no es el turismo de masas propiamente dicho, más bien aquello que hacen los turistas, que vienen con el imaginario descrito, mientras están en nuestra ciudad.

Aunque Medellín ha sido certificada como destino turístico inteligente y tiene un premio como la ciudad más innovadora del mundo, no se puede negar su desigualdad social y económica. Precisamente estas brechas han decantado en el fenómeno del turismo sexual; muchas jóvenes que desean adquirir productos o servicios que no podrían hacerlo de otro modo y deciden salir a las calles en búsqueda del “sueño americano”. 

El caso puede ser peor cuando las propias madres de estas jóvenes fungen como proxenetas por una comisión que les ayudará a “salir del atolladero”.  Al ser niñas hermosas, delicadas y enérgicas, los extranjeros pagan lo que tengan que pagar por un servicio de “dama de compañía”.

Durante los últimos años el turismo sexual en Medellín se ha hecho más palpable. La ciudad, conocida por su resiliencia y transformación, se enfrenta a desafíos inherentes a la globalización. Aunque el aumento de la conectividad ha traído oportunidades, también ha exacerbado las desigualdades económicas y ha dejado a ciertas comunidades más vulnerables a la explotación.

La confluencia de la pobreza y la falta de regulación efectiva han contribuido a la explotación de individuos en situaciones precarias. La ciudad, vista como un conjunto de experiencias, atrae a turistas con expectativas complacientes, creando una demanda de servicios sexuales. La percepción de Medellín como un destino accesible y exótico ha llevado a un aumento en la demanda de servicios sexuales. Un flagelo que debe abordarse desde sus raíces.

Acciones en contra

Sin embargo, las autoridades locales en Medellín de manera conjunta con los gremios turísticos han respondido a este desafío con una serie de medidas integrales. Se han fortalecido las leyes y políticas para combatir la trata de personas, con un enfoque especial en la protección de poblaciones vulnerables. Se ha intensificado la vigilancia en áreas propensas a la explotación, acción fundamental para disuadir a aquellos que buscan aprovecharse de la situación. Además, se han lanzado campañas de concientización para educar a la población local y a los visitantes sobre las consecuencias negativas del turismo sexual. 

la mayoría son jóvenes, muchos de ellos nómadas digitales que encuentran todas las facilidades para vivir y hacer lo que esté a la orden del día porque como son extranjeros y Medellín los recibe tan bien, nadie les reprochará nada.

En síntesis, enfrentar el aumento del turismo sexual en la ciudad necesita de un enfoque sistémico y colaborativo. Al abordar las raíces del problema y fomentar la conciencia, es posible construir una ciudad que celebre su diversidad cultural sin comprometer la dignidad y los derechos fundamentales de sus habitantes. Solo a través de esfuerzos conjuntos podemos garantizar que el turismo en nuestra ciudad sea un motor de desarrollo sostenible y respetuoso con la integridad de nuestra comunidad.

Lea en Razón Pública: Colombia, el país de la belleza: turismo al alcance de pocos

Acerca del autor

Carolina Perlaza

*Administradora de Empresas Turísticas, especialista en Formulación y Evaluación de Proyectos, magíster en Desarrollo Sustentable y profesora de la Universidad de Medellín.

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Carolina Perlaza

*Administradora de Empresas Turísticas, especialista en Formulación y Evaluación de Proyectos, magíster en Desarrollo Sustentable y profesora de la Universidad de Medellín.

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