Túnez y Egipto: El Ramadán, el juicio a Mubarak y la segunda ola revolucionaria - Razón Pública
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Túnez y Egipto: El Ramadán, el juicio a Mubarak y la segunda ola revolucionaria

Escrito por Massimo Di Ricco
Massimo Di Ricco

Massimo-Di-RiccoEl mes sagrado dedicado al ayuno, la oración y la reflexión puede ser un paréntesis en medio de una segunda oleada de protestas en ambos países, donde los líderes de transición solo han logrado enfurecer de nuevo a la ciudadanía, que ya sabe de qué es capaz.

Massimo Di Ricco*

Sinfonías inconclusas 

Ya han pasado más de seis meses desde las primeras sublevaciones. Túnez y Egipto tienen que enfrentarse ahora a fuerzas contra-revolucionarias y a retos internos que parecen descarrilar ambos procesos de transición democrática. Una coyuntura que surge justo al comienzo del sagrado mes del Ramadán y en el momento en que por primera vez el ex presidente Mubarak aparece sentado en el banquillo de los acusados.

Ya no se ven en la Plaza de la Kasbah de Túnez los grafitis anti-régimen, tan presentes en el proceso revolucionario que llevó el pasado enero a la caída del ex presidente Ben Alí. Sobre los blancos mármoles de los edificios de la plaza se entrevén aun las “subversivas” letras negras, pero las autoridades tunecinas que surgieron de las sublevaciones se movieron rápidamente para limpiar los recuerdos tangibles del poder de una población en plena revuelta. En toda la capital tunecina de hecho solo quedan unos pocos muros grafitiados, testigos mudos de las recientes sublevaciones.

La Plaza de la Kasbah, junto con la céntrica Avenida Habib Bourguiba y la ciudad de Sidi Bouzid, han sido los lugares emblemáticos de las sublevaciones, y en las últimas semanas, a más de seis meses desde la salida del país de Zine El Abidine Ben Alí (ZABA), una parte de la población ha vuelto a llenar estos lugares simbólicos para seguir empujando un proceso revolucionario que en esta fase de transición parece estar sumergido en la más total confusión.

La misma situación se ha repetido en Egipto, el otro país del Norte de África que logró sacarse de encima otro régimen autocrático, el de Hosni Mubarak. Durante las últimas semanas, los manifestantes han vuelto a ocupar la emblemática Plaza Tahrir del Cairo con un sit-in permanente. Y las razones son las mismas que en Túnez: un proceso de transición sin una clara dirección y la tan invocada justicia social, todavía muy lejana.

Segunda ola y fin de la luna de miel 

Ambos países, los primeros de la región en derrotar a sus regímenes autocráticos, se encuentran ahora en medio de una segunda ola revolucionaria. Los dos gobiernos de transición están intentando encauzarla como mejor pueden.

Tanto en Túnez como en Egipto las fuerzas de seguridad respondieron a esta nueva oleada de protestas con medidas que recordaron a los viejos regímenes: represión violenta, lanzamiento de gases lacrimógenos y arrestos indiscriminado de manifestantes. En Cairo, en el primer día de Ramadán, las autoridades desalojaron por la fuerza a los manifestantes acampados en la plaza central.

De hecho parece haberse acabado el idilio respectivo entre el gobierno de transición en Túnez, los militares que presiden el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) en Egipto, y aquella parte siempre creciente de la población que empieza a ver en estos dirigentes unos títeres que se hicieron cargo del proceso revolucionario solo en apariencia.

Organizaciones de derechos humanos locales e internacionales criticaron recientemente los continuos abusos de poder por parte de la policía en el caso de Túnez y la postura autocrática del SCAF en Egipto. Desde febrero más de 5.000 manifestantes egipcios han sido juzgados por tribunales militares, violación en toda regla de las convenciones internacionales.

Esta medida contrasta con los juicios esporádicos, frente a tribunales civiles en este caso, de los corruptos miembros del antiguo régimen. Única excepción de corte realmente revolucionario por estos días: el comienzo del juicio contra Hosni Mubarak, sus hijos y varios altos funcionarios de los servicios de seguridad nacional. La acusación: abuso de poder e implicación en la muerte de manifestantes.

Si bien los militares egipcios se esfuerzan por ofrecer al pueblo hambriento de justicia el espectacular juicio del ex Rais, la continuidad con el régimen de Mubarak se observa también en las técnicas de descrédito de los que piden reformas más radicales en este proceso de transición. Por ejemplo, en los últimos días el SCAF ha acusado al Movimiento del 6 Abril -uno de los principales inspiradores de la sublevación de enero pasado- de recibir dineros del exterior, intentando así desacreditar públicamente a este genuino movimiento nacional, tal como lo hacía Mubarak con sus opositores.

Líneas divisorias

El choque entre manifestantes pro-revolucionarios y las instituciones de la transición no es el único que se desarrolla en el escenario de estos países. Tanto en Túnez como en Egipto empiezan a hacerse más claras las divisiones ideológicas entre los manifestantes mismos.

La principal línea divisoria separa a los grupos laicos y liberales de un lado y a los partidos de tendencia política islámica del otro. En Túnez esta división se ha puesto en evidencia con la película de la directora tunecina Nadia el Fani “Ni Allah, ni Maître”. La reciente proyección pública de la película, sobre la laicité del Estado tunecino y el peligro islamista, provocó la protesta violenta de grupos de tendencia islámica que asaltaron la sala y obligaron a la directora a cambiar el titulo provocador.

De la misma forma, la manifestación programada en Egipto el último viernes antes del comienzo del mes sagrado del Ramadán, fracasó completamente en el intento de mantener unidas a todas las fuerzas revolucionarias: la distancia entre grupos islámicos y salafitas, por un lado, y las fuerzas liberales y seculares, por el otro, resultó insalvable. Ante la perspectiva de las elecciones que se desarrollarán en ambos países durante el otoño próximo, cabe destacar la puesta en marcha de algunas medidas “revolucionarias”, especialmente en Túnez:

  • A principio de abril el gobierno de transición tunecino promulgó una ley de equidad de género, que prevé igual número de hombres y mujeres en las candidaturas para las elecciones de la Asamblea Constituyente.
  • Al mismo tiempo ha lanzado una campaña masiva en todo el país para la inscripción de los ciudadanos en las listas electorales. El efervescente clima político ha llevado a la creación de más de 90 partidos, que empiezan a formar bloques más o menos coherentes por estos días.

Los problemas siguen ahí

Pero los problemas de fondo que llevaron a las sublevaciones siguen pesando sobre la gran mayoría de la población: desempleo, inequidad económica y falta de justicia social. Las políticas de empleo de los nuevos gobiernos de transición no parecen todavía haber obtenido resultados concretos, situación que se ha agravado también por la constatación de un verano sin turismo.

En ambos países, el sector turístico constituye la principal fuente de empleo para gran parte de la población y al mismo tiempo garantiza entradas consistentes en las arcas del Estado.

Mientras en el caso de Egipto, las pirámides de Guiza ya no ven llegar las caravanas de extranjeros como era costumbre, en Túnez, la única consolación frente a tantas pérdidas para el sector del turismo ha sido la llegada de libios ricos que escapan de la guerra y se instalan en los hoteles normalmente reservados por turistas internacionales. La guerra de Libia con sus miles de refugiados, principalmente subsaharianos, ha servido también de chivo expiatorio para la opinión pública nacional que encuentra en ellos y en el conflicto la causa de la subida de los precios de los alimentos y su escasez.

Oración, telenovelas y amenazas

La palabra tharwa –revolución– se sigue escuchando en las calles del Norte de África, lo que podría confirmar que el proceso de transición será aun muy largo y lleno de dificultades. Uno de los escenarios posibles antes de las elecciones de otoño es un endurecimiento de la división entre las diferentes fuerzas políticas y los gobiernos de transición. El otro escenario es la radicalización de las protestas, como consecuencia de la continua represión de las fuerzas de seguridad.

El mes de Ramadán debe ser tradicionalmente un período de reflexión, de intimidad familiar, de mucha comida y de tardes dedicadas a mirar las musalsalat (telenovelas): un coctel que siempre ha conseguido mantener a la población alejada de las cuestiones políticas por un mes entero.

Si esto parece tranquilizar a los respectivos gobiernos de transición, por el otro lado el mes sagrado se destaca también por la asistencia masiva de la población a orar en las mezquitas.

Las activas fuerzas contra-revolucionarias que desafían el proceso de transición deberían recordar que la mayoría de las manifestaciones convocadas hasta ahora, se programaron los viernes, justo después de la oración más importante de la semana.

El primer Ramadán post-revolucionario puede esconder muchas sorpresas y se espera que el juicio a Mubarak no constituya solamente la telenovela más entretenida de este sagrado mes.

*Profesor visitante en el Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Doctorado en Estudios Culturales Mediterráneos por la Universidad de Tarragona, ha sido investigador en la Universidad Americana de Beirut (Líbano) y en la organización Egyptian Initiative for Personal Rights (EIPR). Corresponsal de varios medios italianos y españoles desde Beirut y El Cairo. 

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