Trazabilidad de la Carne: ¿Solución para la Deforestación en el Caquetá?
Foto: Procuraduria General de la Nación

Trazabilidad de la Carne: ¿Solución para la Deforestación en el Caquetá?

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El proyecto de ley sobre la trazabilidad de la carne no pasó en esta legislatura, pero sus defensores planean volver a presentarla en la siguiente legislatura. Este proyecto busca crear un Sistema Nacional de Información, Identificación y Trazabilidad Animal para combatir la deforestación. Conozca su impacto potencial en el Caquetá.

Roberto Ramírez Montenegro*

El proyecto

En el reciente trasegar legislativo en el Congreso Nacional, un proyecto de ley que había recibido el apoyo de una celebridad mundial del séptimo arte también quedó descartado. Este proyecto, conocido como de «trazabilidad de la carne», pretende la conformación del Sistema Nacional de Información, Identificación y Trazabilidad Animal, que, según los ponentes, podría convertirse en una herramienta eficaz en la lucha contra la deforestación.

Con este propósito, se establece la interoperabilidad gradual de los sistemas de información que manejan varias entidades estatales con diversos fines, de los sectores ambiental (conservación y restauración de áreas naturales), económico (producción y comercialización de ganado y carne) y catastral (propiedad y uso de la tierra), en todo lo relacionado con la actividad pecuaria.

Vislumbrar la eficacia de la norma propuesta en el territorio del Caquetá, puesto que, según los impulsores del proyecto, se volverá a presentar en la próxima legislatura, requiere conocer la realidad de la deforestación asociada a la ganadería en el noroccidente amazónico colombiano. A continuación, se esbozan algunas de esas características.

La deforestación

La «puerta de oro de la Amazonia» descubrió la mal llamada vocación ganadera desde los inicios de la colonización, proveniente del interior andino y especialmente de parte de campesinos pobres y empresarios poderosos del Tolima grande, a principios del siglo pasado. Esta vocación se impulsó decisivamente a partir de los años 70, cuando el Estado colombiano, a través del INCORA, decidió que los programas de apoyo a la colonización espontánea se enfocarían en el sistema ganadero, para lo cual recibió el decidido apoyo político y financiero de la banca multilateral.

En la ejecución de esta política, la ganadería caqueteña se vio favorecida con la vinculación de la multinacional Nestlé, en 1974, al establecer el distrito lechero del Caquetá para recolectar el producto básico en su actividad lactoindustrial. En su momento, la empresa destacó la existencia de «grandes ventajas» en el territorio: más de un millón de hectáreas en praderas, una ganadería de cría ya consolidada, además de sólidas instituciones financieras y de fomento ganadero, entre otras razones.

Uno de los cambios sustanciales en la actividad productiva predominante en el Caquetá fue su transformación hacia el doble propósito: producción de carne y leche. El servicio de extensión rural que comenzó a ofrecer Nestlé ha sido decisivo para lograr resultados promisorios.

Por otra parte, una modalidad de trabajo ganadero que se fue imponiendo en el territorio, en buena parte propiciada por la relativa pobreza de muchos colonos-campesinos, fue la ganadería al partir, en la que inversionistas, hacendados y fondos ganaderos establecen «compañías» con los propietarios o poseedores de las tierras en las que se entregan un número de cabezas bovinas y después de cierto tiempo se reparten las utilidades. Cuando las compañías se hacen entre particulares, las ganancias se reparten a mitad, mientras que con los Fondos se dan mayores utilidades al receptor del ganado (hasta un 65 %).

La investigadora Robin Ruth Marsh destacaba, en los años 80, que en el Caquetá era más importante la concentración de la propiedad del ganado que la concentración de la propiedad de la tierra, situación que, al parecer, sigue vigente.

Las cifras estimadas de producción ganadera en el Caquetá, publicadas por la organización gremial regional, indican que en 2022 el hato superaba 2’175.000 cabezas, distribuidas en 20.512 predios. El 88 % de los productores lo hacían en doble propósito, mientras que el 68,2 % de los predios tenían menos de 100 cabezas/predio. En ese año se produjeron más de 1’750.000 litros diarios de leche y se comercializaron 477.000 reses en otros departamentos.

Foto: © Jimena Andrea Sterling Plazas Disponible en: https://www.adr.gov.co/wp-content/uploads/2022/03/Tomo-1-CAQUETA.pdf

Se puede afirmar con bastante certeza que en estos 50 años (1974-2024) se han deforestado algo más de 2 millones de hectáreas (lo que arroja un promedio por encima de 40.000 hectáreas/año).

Es evidente que lograr ese nivel de producción pecuaria requiere una extensión de praderas muy amplia, teniendo en cuenta la coloquial ecuación: como mínimo, “una vaca por hectárea”.

A partir de la información sobre cobertura boscosa en el Caquetá para el año 2022, registrada en el Sistema de Información Ambiental Territorial de la Amazonia Colombiana (SIAT-AC), se puede colegir que el avance de la deforestación en el Caquetá llegó a una cifra de 3’255.000 hectáreas aproximadamente. Si retomamos lo dicho por Nestlé en 1974, sobre la existencia de un poco más de un millón de hectáreas en praderas, se puede afirmar con bastante certeza que en estos 50 años (1974-2024) se han deforestado algo más de 2 millones de hectáreas (lo que arroja un promedio por encima de 40.000 hectáreas/año).

Es importante señalar que, en este lapso, en el territorio han coexistido guerrillas y cultivos ilícitos. Fue sintomático el título del texto de la Universidad Nacional en 1986, al analizar los procesos sociales en el medio y bajo Caguán: “Colonización, coca y guerrilla”. Aunque algunos estudiosos atribuyen a las FARC un propósito conservacionista de los recursos naturales, la tasa anual de deforestación podría insinuar lo contrario.

Considerando datos recopilados por Global Forest Watch sobre deforestación en el Caquetá, correspondientes al periodo 2017-2023, con posterioridad a la firma del acuerdo de paz con la organización insurgente, arrojan un total de 323.200 hectáreas en las que se perdió la cobertura boscosa; es decir, 46.171 hectáreas promedio anual. No muy lejos de la cifra estimada anteriormente. La deforestación se ha hecho fundamentalmente para la producción ganadera.

Como suceso referente, en 1987, el Gobierno Nacional sustrajo 300.000 hectáreas de la zona de reserva forestal amazónica para adelantar un plan de colonización especial en el medio y bajo Caguán, territorio adscrito al municipio de Cartagena del Chaira, que a fines del siglo pasado aún mantenía la mayor superficie cocalera en el departamento. Con diversos tropiezos institucionales y por el conflicto armado, la titulación de predios en esa zona se ha ido adelantando paulatinamente; dicho municipio, en la actualidad, es el segundo productor ganadero en el Caquetá. Esta actividad ha resultado ser la “mejor” alternativa a la producción cocalera.

Dificultades

Una de las posibilidades para colonos y campesinos que ya están asentados en estos núcleos es la de recibir ganado “en compañía” para garantizar algún nivel de subsistencia inmediata, ya sea por la venta de leche o por su conversión en queso.

Considerando los aspectos contextuales que se han presentado, es válido señalar que establecer la trazabilidad de la carne en el Caquetá presentaría varias dificultades. Aparte de las conocidas insuficiencias institucionales, habría que pensar en que hacerle seguimiento al ganado trabajado bajo la modalidad al partir no garantiza conocer con suficiencia y confiabilidad si ha sido criado en los núcleos activos de la deforestación. Precisamente una de las posibilidades para colonos y campesinos que ya están asentados en estos núcleos es la de recibir ganado “en compañía” para garantizar algún nivel de subsistencia inmediata, ya sea por la venta de leche o por su conversión en queso.

Además, en el proyecto legislativo no se consideran los predios que habiendo sido deforestados con anterioridad y que por diversas razones conservaron algunas áreas boscosas, en la medida que consolidan su producción ganadera y en vista de las limitaciones físico-químicas de los suelos del piedemonte andino-amazónico, proceden a seguir talando para ampliar los potreros. No son núcleos activos de deforestación, pero de vez en cuando deforestan. Por qué no pensar en la preservación de relictos de bosque, en los nacimientos de los afluentes amazónicos, que a la vez son reservorios de biodiversidad. Son predios que fácilmente se pueden georreferenciar.

Por último, la reciente discusión mediática, institucional y académica sobre los avances de la deforestación en el Caquetá y el noroccidente de la Amazonia colombiana, se refiere principalmente a grandes áreas deforestadas en la planicie amazónica. Sin embargo, en las laderas cordilleranas andino-amazónicas también van sucediendo actividades de deforestación, en pequeña escala, que tienen efectos directos sobre la erosión de los suelos y el flujo de los caudales fluviales.

Acerca del autor

Roberto Ramirez Montenegro

*Sociólogo y Ms. en Estudios sociales amazónicos, profesor universitario.

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*Sociólogo y Ms. en Estudios sociales amazónicos, profesor universitario.

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