Transición y polarización - Razón Pública

Transición y polarización

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Colombia habitualmente llega tarde a los fenómenos políticos. Cuando buena parte de las democracias del mundo tenían un sistema de partidos con una configuración izquierda vs derecha, en Colombia nuestro longevo bipartidismo liberal-conservador (que casi nunca fue izquierda vs derecha) retardó por mas de un siglo y medio esa situación. Así mismo, mientras que en buena parte de las democracias del mundo existían partidos de izquierda que llegaban frecuentemente al poder y alternaban con partidos de derecha, nosotros nos demoramos nuevamente casi un siglo y medio para que eso ocurriera. 

En lo que parece que no llegamos tan tarde fue a la ola de las nuevas derechas radicales que recorren el mundo desde hace aproximadamente dos décadas, con Bolsonaro en Brasil en su momento, el saliente Orbán en Hungría, la eterna Le Pen en Francia y los más recientes Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Trump en EE.UU entre otros. Ahora entramos al club con nuestro presidente electo Abelardo de la Espriella. 

En lo que tampoco llegamos tan tarde y tenemos bastante experiencia es en vivir momentos de profunda polarización en el país. En columnas anteriores¹ ya hemos descrito los distintos momentos de polarización que han existido en Colombia, y como estos se han relacionado con distintos momentos reformistas y situaciones golpistas. En el saliente gobierno de Petro vivimos una situación que definí en una de esas columnas como reformismo centrífugo, en el cual, un gobierno logra conformar una coalición para sacar adelante algunas de sus reformas (por ejemplo, tributaria, laboral, pensional), pero la radicalización de algunos sectores opositores es tan fuerte, que puede llevar al gobierno a tácticas constitucionales duras o pulsiones autoritarias, y, a la oposición a recurrir a tácticas obstruccionistas o insinuaciones golpistas. Ambas cosas se vieron durante estos cuatro años. 

Antes de continuar siempre estará bien recordar qué es polarización. La polarización es el proceso mediante el cual los principales actores con poder en una sociedad (gobierno, oposición, congreso, medios de comunicación, gremios económicos, etc) se distancian tanto desde el punto de vista ideológico y afectivo, que se les dificulta llegar a acuerdos básicos en la toma de decisiones de carácter colectivo. La polarización per se no es mala. Hay temas que por su naturaleza polarizan a las sociedades en algunos momentos y se les dificulta llegar a acuerdos sobre ellos: el aborto, la eutanasia, la legalización de las drogas, la justicia transicional, etc. 

En ese orden de ideas, lo malo no es la polarización, sino que esta se vuelva extrema, es decir, que los actores con poder no solo desechen los espacios para llegar a acuerdos básicos, sino que también empiecen a incumplir las reglas formales e informales de la democracia, le resten legitimidad al contradictor político, considerándolo ya no un adversario legítimo sino un enemigo existencial, y por último y más grave, cuando se pasa del lenguaje de odio y estigmatizante al ejercicio de la violencia.    

En lo que respecta a la actual transición de gobierno, es realmente lamentable como los medios de comunicación cargan casi toda la responsabilidad de la polarización al gobierno saliente, cuando el gobierno electo también ha contribuido a esta. Ambos, tanto el gobierno electo como el saliente tienen la obligación de bajarle a la polarización. Es riesgoso para la democracia que el presidente saliente Gustavo Petro y el congresista Iván Cepeda, insistan en la tesis de no reconocer a Abelardo de la Espriella como presidente electo. Si existen pruebas contundentes, que las pongan en consideración de las autoridades, y que sean esas autoridades las que determinen la validez y gravedad de estas. 

Lo curioso es que esos mismos medios omiten o les restan importancia a ciertos actos de Abelardo de la Espriella, que también contribuyen a la polarización. Por ejemplo, hace cuatro años, cuando quedó electo Gustavo Petro como presidente, a los pocos días de haber sido electo se reunió con el presidente saliente Iván Duque en el Palacio de Nariño. Independiente de sus profundas diferencias ideológicas, ambos demostraron estar a la altura y mostraron señales de una transición pacífica y democrática. Por el contrario, De la Espriella sacó un comunicado a los pocos días de ser electo, en el que afirmaba textualmente que no se reuniría con Petro ni iría a la Casa de Nariño hasta que estuviese posesionado como Presidente. Fue un comunicado público que los medios mostraron, pero ahí no hubo ni análisis en profundidad ni comentarios al respecto. Pregúntese estimade lector que hubiesen dicho esos mismos medios si hace cuatro años Petro hubiese tomado la decisión de no reunirse con Duque en el Palacio de Nariño. 

Otro ejemplo lo encontramos en el lugar donde desea posesionarse como presidente Abalardo de la Espriella, una guarnición militar. Hace cuatro años cuando Petro en su posesión presidencial mandó a buscar la espada de Bolívar, un desfile de analistas en medios de comunicación hizo reflexiones sobre la carga “simbólica” de ese acto, señalándolo de mandar un mensaje guerrerista, revanchista, violento y hasta de ser una insinuación directa al uso de las armas para alcanzar fines políticos. Pero en esta ocasión, cuando desde hace varios días se conoce la intención del presidente electo de posesionarse en una guarnición militar, el análisis en medios se ha limitado en gran parte a la legalidad o no del hecho (que es importante, claro está), pero muy pocos de esos analistas han hablado de la carga “simbólica” de ese acto, abiertamente militarista y guerreristas. Nuevamente estimade lector, pregúntese que hubiesen dicho esos mismos medios si hace cuatro años Petro (un exguerrillero) hubiese tomado la decisión de posesionarse en una guarnición militar ¡y con la espada de Bolivar en la mano! 

Para despolarizar se necesitan de los dos polos, no solo de uno. Tanto el gobierno entrante como el gobierno saliente deben hacer un esfuerzo por reconocer que la campaña política ya finalizó, y que los empalmes son un paso importante para realizar una transición ordenada y democrática, así como para mandar un mensaje de tranquilidad al país. Y esperemos que los medios sean igual de vigilantes, incisivos y críticos con el entrante gobierno como lo fueron con el saliente, puesto que, en ocasiones, por quedarse viendo el supuesto árbol de la polarización de un solo lado, no vieron el bosque completo en el que ellos también han sembrado algunas semillas.     

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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