
Transformación productiva en Colombia: ¿cuál es el camino?
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El reto no es la desindustrialización aparente, sino poner en marcha una estrategia selectiva que nos conduzca a exportaciones más sofisticadas y a pensar en clústers y cadenas de valor en vez de empresas o sectores aislados.
Debate desenfocado El debate sobre desindustrialización en Colombia está probablemente mal enfocado y no identifica, en mi opinión, los verdaderos retos de la transformación productiva. Desde el punto de vista empírico, la desindustrialización no puede comprobarse solamente a través de la participación del sector en el PIB. Hacerlo así es desconocer la dinámica cambiante de los procesos industriales que resulta de la desintegración vertical o de la tercerización de muchos servicios empresariales . Como muestra Carranza (2013), al incluir este fenómeno (si bien de modo imperfecto) no hay evidencia de que la actividad industrial haya disminuido durante las últimas dos décadas, y en cambio sí hay evidencia de un crecimiento persistente en los últimos diez años. La primera tarea es por lo tanto, mejorar la medición de las actividades industriales para tomar en cuenta el valor agregado que generan las distintas cadenas productivas – incluyendo el valor de los servicios conexos. Un trabajo del DANE en este sentido ayudaría a entender la evolución de la estructura productiva, y la importancia relativa, dentro de ella, de actividades con diferentes niveles de sofisticación. Intervención cuidadosa Pero más allá de lo que haya ocurrido con la industria — entendida en sentido amplio — en los últimos diez o veinte años, lo cierto es que Colombia necesita una transformación productiva que le permita:
Esto será decisivo para enfrentar la “trampa de ingresos medios” (Eichengreen y colaboradores2013) y alcanzar un PIB per cápita por encima de 20 mil dólares en menos de dos décadas. Para lograr estos objetivos se necesita una mayor internacionalización de la economía colombiana, y los tratados de libre comercio son un medio para ello. Pero no son suficientes: si se quiere que la internacionalización contribuya a la transformación productiva, es preciso contar con bienes públicos (por ejemplo, carreteras) que aumenten la competitividad, y es preciso intervenir sobre clústers específicos (en lugar de a sectores específicos).
Exportaciones no muy sofisticadas Hay maneras distintas de medir el grado de sofisticación de las exportaciones. Hausmann y sus colaboradores (2006) lo hacen mediante el PIB per cápita promedio de los países que exportan dichos bienes. Una medición alternativa es la “complejidad” (Hausmann y colaboradores2012) que tiene en cuenta la “ubicuidad” del producto (si lo hacen muchos o pocos países) y la diversidad productiva de los países que lo hacen. Sobre la base de estas dos medidas, resulta claro que la sofisticación de los doce productos más exportados por Colombia (que dan cuenta de más del 60 por ciento del total exportado) es relativamente baja (Cuadro 1). Los productos de mayor sofisticación representan menos del 4 por ciento de nuestras exportaciones.
Sin embargo, las exportaciones industriales colombianas son relativamente más sofisticadas que las de otros países de la región. Usando la primera medida de Hausmann, nuestras exportaciones equivalen a lo que produciría un país de 14.100 dólares per cápita. Es decir: son más sofisticadas que las de Chile o Perú, y son similares a las argentinas (Gráfico 1).
Efectos de un TLC Con respecto al efecto de la inserción en los mercados internacionales sobre la transformación productiva del país, hay dos evidencias bien importantes:
Política industrial: sí. ¿Pero cuál? ¿Son suficientes los TLC para inducir una transformación productiva? Definitivamente no. Se necesitan políticas activas que preparen a la economía para su inserción exitosa en los mercados internacionales y contribuyan a generar la oferta para aprovechar los TLC. Un primer tipo de intervención son las medidas “transversales” para aumentar la competitividad de la economía colombiana, sobre las cuáles hay un amplio consenso, y que han sido señaladas reiteradamente por el Consejo Privado de Competitividad y hacen parte de la Agenda de 109 acciones adoptadas por la Comisión Nacional de Competitividad. Esas medidas se refieren a asuntos como reducir los costos de la energía, agilizar los procedimientos aduaneros, mejorar la infraestructura y la logística y reducir los costos laborales (sobre lo cual hubo avances en la reforma tributaria, que necesitan de reglamentación). Sin embargo, la transformación productiva para avanzar de veras en la innovación requiere de intervenciones más específicas. Las razones que aconsejan estas intervenciones están bien expresadas en trabajos latinoamericanos recientes, como son el de Rodríguez-Clare (2007) o el de Sabel y colaboradores(2012). El diseño de políticas activas debe basarse en tres principios claves:
Más coordinación local El último hecho tiene una implicación muy importante: se trata del papel de los gobiernos locales en la provisión de bienes públicos y la necesidad de coordinar acciones en el territorio. Desde esta perspectiva, la política de competitividad, productividad e innovación no puede ser apenas una política nacional. Por eso mismo se imponen la coordinación entre niveles de gobierno y la descentralización de las políticas industriales. El Programa de Transformación Productiva (PTP), bajo administración de Bancoldex, contiene varios de los elementos necesarios para el diseño de políticas activas eficaces, como son la participación del sector privado para identificar barreras al desarrollo productivo, y precisar los bienes públicos requeridos. Sin embargo, al PTP le falta una expresión territorial. Dicho en otras palabras, en el PTP sigue predominando una visión sectorial y no una visión de clúster. De otro lado, INNpulsa está adelantando una labor importante al promover el emprendimiento de alto impacto, pero su visión sigue siendo la de empresa y no de clúster. La política de promoción de clústers en Colombia no encuentra aún su sitio dentro del Gobierno Nacional, y los pocos avances son todavía esfuerzos aislados de algunos entes territoriales, como el de Medellín Ciudad Clúster. El camino es por ahí, pero no nos hemos decidido a recorrelo. Notas [1] A manera indicativa, un cálculo del Consejo Privado de Competitividad (2008) mostraba que el empleo en el sector de servicios empresariales (que no incluye servicios de distribución, ni servicios de transporte y logística), representaba el 28 por ciento del empleo total de personas jurídicas registrado en la Planilla Única de Liquidación de Aportes (PILA). En las cifras de empleo del DANE, mientras que el empleo total aumentó 30 por ciento entre 2002 y 2012, el empleo en servicios empresariales (incluyendo actividades inmobiliarias) aumentó 103 por ciento. [2] Corresponde al promedio ponderado del nivel de sofisticación de los bienes industriales (Clasificación HS92 a cuatro dígitos) que exporta el país, siendo el nivel de sofisticación de estos productos el PIB por habitante promedio (año 2005) de los países que lo exportan (Fuente: Hausmann R., J. Hwang y D. Rodrick, 2006, “What you export matters”).
* Subdirector de Fedesarrollo, economista de la Universidad de Los Andes, con Magister en Economía de la misma Universidad. Con estudios en la Universidad de Stanford donde obtuvo un M.A. en economía y adelantó estudios de doctorado. |
| Juan Mauricio Ramírez*
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Juan Mauricio Ramírez
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