TikTok y la nueva forma de escuchar: cuando la música se vuelve fondo
Foto: Solen Feyissa

TikTok y la nueva forma de escuchar: cuando la música se vuelve fondo

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La música puede circular más que nunca y, al mismo tiempo, ser escuchada menos profundamente que nunca.

Durante buena parte del siglo XX, escuchar música implicaba un gesto simple pero profundo: detenerse. Se escuchaba una canción completa, se reconocía una voz, se seguía la trayectoria de un artista. Incluso cuando la música llegaba por la radio, existía una conciencia de que detrás de cada canción había una obra.

Hoy esa relación está cambiando rápidamente.

Entre muchos jóvenes, la música ya no circula principalmente como canciones o álbumes, sino como fragmentos sonoros integrados a videos. En plataformas como TikTok, millones de usuarios consumen diariamente pequeños cortes de canciones —de diez o quince segundos— asociados a bailes, memes o tendencias. La consecuencia cultural de este fenómeno es sutil, pero profunda: la música empieza a dejar de ser el centro de la experiencia para convertirse en una capa funcional dentro del flujo de contenido.

No es que la música desaparezca. De hecho, probablemente nunca había circulado tanto. Pero su función se transforma. Ya no siempre se escucha por sí misma, sino por su capacidad de acompañar imágenes, coreografías o bromas. En algunos casos, incluso, la lógica se invierte: no es el video el que busca una música, sino la música la que se convierte en trend, y el contenido se construye a partir de ella.

Del artista al fragmento

En el ecosistema digital actual, una canción puede volverse globalmente conocida si un fragmento se viraliza. Ese pequeño momento —un beat, una melodía, un cambio de ritmo— puede ser replicado millones de veces en videos.

Lo interesante es que, en muchos casos, quienes utilizan ese sonido no saben quién es el artista ni de qué trata la canción completa. Por ejemplo, canciones como “Makeba” de Jain, se han vuelto masivamente virales en TikTok. Probablemente muchas personas la han escuchado si usan la plataforma: el sonido ha sido utilizado en más de un millón de videos, en su mayoría asociados a bailes, transiciones o tendencias visuales. Sin embargo, lo que realmente circula no es la canción completa, sino un fragmento de ocho segundos que hace parte del coro y termina funcionando como identificación inmediata del trend

Video de la canción “Makeba” de Jain

La paradoja es interesante: millones de personas reconocen ese fragmento, pero muchas no saben quién interpreta la canción, cómo continúa o incluso de qué trata realmente. En algunos casos, ni siquiera quienes la usan en sus propios videos conocen el nombre del artista.

La lógica del descubrimiento musical se invierte. Antes, el público llegaba a la música a través de un artista o de un álbum. Hoy, cada vez más, se llega a ella a través de un clip.

El resultado es una nueva unidad cultural: el fragmento.

La música como contenido

La industria musical ha atravesado múltiples transformaciones tecnológicas: la radio, el vinilo, el casete, el CD, el MP3, el streaming. Cada una modificó la forma de escuchar.

Pero la lógica de las plataformas introduce algo distinto: la subordinación de la música al flujo del contenido. En ese entorno, la pregunta ya no es “¿Qué quiero escuchar?”, sino “¿Qué sonido funciona para este video?”.

Esto empieza a influir incluso en la manera como se produce música. Algunos artistas y productores piensan en momentos diseñados para viralizarse: hooks inmediatos, cambios de ritmo abruptos, frases que puedan convertirse en tendencia.

La canción empieza a componerse para el algoritmo, algo que me produce cierta preocupación.

Descubrimiento o superficialidad

Sería injusto leer este fenómeno únicamente en clave negativa. Las redes sociales también han democratizado el acceso y el descubrimiento musical. Muchos artistas emergentes han encontrado audiencias globales gracias a estas plataformas.

Para una parte importante del público joven, TikTok es hoy una de las principales puertas de entrada a la música. Pero esa misma dinámica contiene una paradoja: la música puede circular más que nunca y, al mismo tiempo, ser escuchada menos profundamente que nunca.

Se oye mucho.
Se escucha poco.

Escuchar en tiempos del algoritmo

Y hablando de escucha, en algún momento alguien se sentaba frente a un equipo de sonido y dejaba que un disco avanzara de principio a fin. Un álbum con un comienzo, un desarrollo y un cierre. Había una continuidad y una manera distinta de vivir la música: dejar que las canciones construyeran un recorrido, entrar en el universo sonoro de una obra e interpretar la historia que contara el álbum.

Hoy esa posibilidad sigue existiendo, pero convive con otra forma de escucha: fragmentada, interrumpida, atravesada por el desplazamiento constante del scroll. Esto no es necesariamente negativo. Pero sí abre una pregunta: ¿Qué ocurre cuando una canción se reduce a quince segundos reutilizables?

En ese punto, deja de ser una obra para convertirse en insumo.

Si la música termina funcionando únicamente como combustible para plataformas, no habremos ampliado nuestra relación con el arte, la habremos reducido a un sonido de fondo dentro del flujo contemporáneo.

Quizás, en medio de estas nuevas formas de consumo, valga la pena no perder de vista otra posibilidad de escucha: aquella en la que una canción —o incluso un álbum— puede desplegarse sin fragmentarse, sostener su propio tiempo y permitir que la música construya su recorrido completo sin interrupciones.

Las canciones no nacieron necesariamente como fragmentos, sino como pequeñas formas de habitar una emoción durante algo más que quince segundos.

Y en un mundo dominado por algoritmos, escuchar de verdad y prolongadamente puede convertirse en un pequeño acto de resistencia cultural.

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Acerca del autor

Leonardo Suárez Jiménez
lsuarez@razonpublica.org |  + posts

*Músico de la Universidad de Los Andes, compositor y productor musical. Magíster en Producción de Audio de University of Westminster (Reino Unido) y docente universitario. Su práctica articula creación e investigación con el sonido como punto de partida para explorar el cruce entre percepción, comunicación y cultura.

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Leonardo Suárez Jiménez

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Leonardo Suárez Jiménez

*Músico de la Universidad de Los Andes, compositor y productor musical. Magíster en Producción de Audio de University of Westminster (Reino Unido) y docente universitario. Su práctica articula creación e investigación con el sonido como punto de partida para explorar el cruce entre percepción, comunicación y cultura.

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