Tercer ciclo de la guerra en Colombia - Razón Pública
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Tercer ciclo de la guerra en Colombia

Escrito por Victor Barrera-Andres F Aponte-Charles Larratt
Víctor-Barrera
Andrés-F-Aponte
Charles Larratt Smith

La violencia organizada sigue golpeando a Colombia, pero cambiaron sus causas y sus características. Estos son los elementos necesarios para entender las guerras que han proseguido en distintas regiones del país.

Víctor Barrera*, Andrés F Aponte** y Charles Larratt-Smith***

Cuatro tipos de guerras

Colombia pasa por su tercer ciclo de guerra, pero este nuevo ciclo aún no ha sido analizado íntegramente.

No es fácil precisar cómo cambia o se perpetúa la violencia en Colombia, pero importa notar que las causas que originan una guerra difieren de las que explican su resurgimiento. En este caso, las causas se hallan en los territorios.

La tesis del vacío de poder dejado por las FARC es insuficiente para explicar la violencia, pues los conflictos responden a disputas y motivaciones particulares. Por eso no se pueden meter en el mismo saco al norte del Caquetá, el Catatumbo, el Sur de Córdoba y el Pacífico nariñense.

Las situaciones locales pueden ser clasificadas según la presencia previa de las FARC en los territorios y el tipo de orden social que logró construir durante la guerra contrainsurgente.

Aunque esta tipología implica simplificaciones, las guerras locales que alimentan el tercer ciclo pueden ser agrupadas en dos categorías: guerras estables y guerras por disputas. Adicionalmente, si se considera el tipo de presencia previa de las FARC, es posible distinguir cuatro grandes escenarios:

Desenlaces Presencia de las FARC Mecanismos Territorio
Guerra estable Monopolio político y militar Relevo organizacional sur del Meta y norte del Caquetá
Presencia Marginal Continuidad organizacional sur de Córdoba, Urabá antioqueño, sur de Bolívar y Arauca
Guerra por disputa Presencia compartida Competencia abierta Catatumbo y Cauca
Monopolio militar Implosión violenta Pacífico Nariñense

Guerras estables

En algunos territorios la guerra es permanente, aunque los niveles de violencia cambian cuando un grupo armado toma o reafirma el control de las regiones. Así se configuran dos tipos de guerras estables: los de relevo organizacional y los de continuidad organizacional.

La tesis del vacío de poder dejado por las FARC es insuficiente para explicar la violencia, pues los conflictos responden a disputas y motivaciones particulares.

Las FARC ejercieron un control económico, poblacional y territorial sobre algunos territorios. Después de su desmovilización, dicho control pasó a manos de grupos endógenos que conocían los territorios, mantenían las redes de apoyo y protegían a la población de los abusos del Estado: operaciones de erradicación forzada, detenciones arbitrarias y bombardeos indiscriminados.

Estos son los escenarios de relevo organizacional, ilustrados por la región del sur del Meta y el norte del Caquetá. Allí se anunció rápidamente la disidencia del frente primero de las FARC, que rechazó el proceso de negociación por considerar que no existían las garantías suficientes.

Este grupo conservó tropas en la región, adquirió una notable capacidad de reclutamiento y mantuvo las antiguas estrategias de control social y territorial. Aún hoy se encarga de:

  • arreglar los problemas de la vida cotidiana,
  • definir linderos,
  • dar orden a las puntas de colonización,
  • establecer o clarificar las reglas de juego de las actividades económicas (coca, ganadería, agricultura), y
  • mantener los trabajos colectivos (mingas) para sostener la infraestructura comunitaria (vías, acueductos, etc.).

Por otro lado, el escenario de continuidad organizacional se configuró en los territorios con presencia marginal de las FARC. Allí su desmovilización no alteró el equilibrio de poder. Otras organizaciones conservaron el control que ya tenían y evitaron el aumento de la violencia; en ocasiones hubo incluso reacomodos en los dominios territoriales.

Un ejemplo de esto es la situación del sur de Córdoba, donde el Clan del Golfo consolidó su control y arrinconó a las FARC hacia las partes más altas del Nudo de Paramillo. Y con la firma del Acuerdo de Paz, el Clan amplió su control sobre la zona.

Como legado de los antiguos combatientes del EPL, este grupo adoptó una cara “guerrillera” en sus relaciones con los civiles: en ocasiones delega el trámite de los problemas comunitarios a las organizaciones de base y sus líderes, define linderos, convoca a los habitantes para trabajos comunitarios, controla el hurto, el consumo de estupefacientes e incluso durante la pandemia fue la autoridad sanitaria.

A esto se le suma una extensa regulación sobre las economías territoriales. El Clan define las zonas de cultivo de coca y establece las reglas de juego sobre la compra de la hoja y el funcionamiento de los laboratorios. Su capacidad de ordenamiento lo legitima y le permite un gran volumen de reclutamientos que refuerza la remuneración económica.

Algo similar sucede con el frente Domingo Laín Sáenz en Arauca, donde el ELN ordena la vida de las personas e incide sobre la vida  política, económica y social de la región.

Foto: PxFuel - Al control social se le suman un importante componente militar y amplia y extensa regulación sobre las economías territoriales.

Guerras por disputas

Después de 2016, la guerra y la violencia aumentaron notablemente en algunas regiones como resultado de la confrontación entre organizaciones armadas. Estas disputas varían de acuerdo con el mecanismo específico que motiva la competencia armada, el cual puede ser de implosión violenta o de competencia abierta.

La diferencia entre estos mecanismos es la dirección de la disputa: adentro de las FARC, en el primer caso, o afuera y con la participación de otras organizaciones, en el segundo caso.

El escenario de implosión se configuró allí donde las FARC tenían el monopolio militar, pero no político ni social. Estos territorios presenciaron una disputa intensificada por el enfrentamiento entre los distintos frentes de las FARC que impedían el ingreso de organizaciones externas.

Una porción del andén pacífico encaja en esta caracterización. Si bien las FARC se impusieron a otros grupos armados ilegales, como Los Rastrojos, en el marco de su Plan Renacer, no lograron insertarse en las comunidades afrodescendientes y mantuvieron una organización débil.

Después de la desmovilización de las FARC, se desató un nuevo ciclo violento por el rechazo de las otras organizaciones que deseaban entrar en el proceso de paz y por el surgimiento de grupos armados que pretendían controlar las poblaciones, los espacios y las actividades vinculadas con la economía cocalera.

Las FARC incidían sobre la vida local, pero grupos como el Frente Oliver Sinisterra (FOS) o las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP) pretendían tan solo controlar la economía cocalera:

  • limitar la movilidad en los corredores y las zonas de laboratorios,
  • establecer las reglas de juego en torno al negocio,
  • asegurar que sus actividades no fueran visibles, y
  • evitar el flujo de la información hacia sus oponentes y la fuerza pública.

Los dominios territoriales de estos grupos son inestables y difusos, pues se concentran en las disputas armadas, las alianzas y los pactos de repartición territorial para controlar y regular la economía cocalera. Como resultado, se crean anclajes sociales débiles, coaccionados y reglas de juego borrosas que exigen altos grados de letalidad para cumplirse.

Por otro lado, el escenario de competencia abierta sucedió en las regiones que las FARC compartían con otras organizaciones ilegales mediante arreglos seguros. Con la salida de las FARC, los grupos armados establecidos se disputaron el territorio y limitaron la entrada de organizaciones externas.

Este escenario puede identificarse en el Cauca o el Catatumbo, donde los acuerdos de repartición territorial preexistentes perdieron vigencia con la desmovilización y desataron una nueva ola de violencia.

En el caso concreto del Catatumbo, el ELN y el EPL intentaron expandirse por las zonas de dominio de las FARC para influir y regular las actividades económicas que dejaron. El resultado fue un enfrentamiento armado entre estas dos guerrillas que dejó como ganador al primer grupo.

Sin embargo, su dominio está en entredicho debido a las incursiones de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AUG) y su unión con Los Rastrojos (2018-2021), a quien el ELN mantiene a raya en medio de la consolidación del Frente 33 de las FARC en las zonas de Tibú, El Tarra y San Calixto.

Hacia un nuevo enfoque

La clasificación anterior permite identificar las causas históricas, los cambios y las prolongaciones de este nuevo ciclo de violencia y evita caer en un particularismo extremo donde cada guerra local tiene una lógica y unos factores idiosincráticos que deben atenderse individualmente.

Esta es una forma de acabar con la idea de que la ausencia de las FARC y la presencia del narcotráfico explican este tercer ciclo de guerras. Aún queda mucho que decir sobre los partícipes del nuevo ciclo, su control territorial, su caracterización organizacional y las interacciones entre ellos, esto se hará en otra ocasión.

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