¿Tenemos carrera diplomática o apenas nombramientos “a la carrera”? - Razón Pública
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¿Tenemos carrera diplomática o apenas nombramientos “a la carrera”?

Escrito por Walter Arévalo

Carlos Calero comunicador social colombiano, nuevo cónsul de San Francisco.

Walter ArévaloColombia busca prestigio en el ámbito internacional, pero al mismo tiempo usa su carrera diplomática para pagar favores políticos o para premiar personas que no son idóneas. El caso de Carlos Calero revivió esta polémica.

Walter Arévalo R.*

Diplomacia bipolar

La designación del reconocido presentador de televisión Carlos Calero como cónsul en San Francisco mediante Decreto 1617 de 2016 invita a propios y extraños de las lides diplomáticas a preguntarse sobre la seriedad del Estado colombiano en este tipo de nombramientos. El episodio demuestra la triste realidad de nuestra carrera diplomática que, por más que busque profesionalizar sus funciones, se enfrenta a la vieja costumbre de usar a la Cancillería para pagar favores políticos.

Por eso hay que exigirle explicaciones al Estado sobre esta bipolaridad tan propia del país en materia internacional: mientras por un lado busca presentarse como un líder regional, un país serio que quiere sumarse a los procesos de internacionalización y que busca el apoyo  internacional para sus políticas, desde la paz hasta el desarrollo, por el otro lado deja la escogencia de los funcionarios que lo representan a la suerte de las urgencias políticas internas del momento.  

Cuando me enteré de la designación de Carlos Calero como cónsul reaccioné con rechazo  pero con la intención de indagar las razones por las cuales el Estado considera este tipo de prácticas como presentables. Quise conocer cómo pretende defenderlas ante la opinión pública y los profesionales que esperan ocupar esos cargos, como los diplomáticos de carrera (que también presentaron quejas formales) o profesionales y estudiantes que están formándose para tales cargos.

Estos profesionales ven cómo el Estado fomenta los atajos y usa los cargos para las más diversas movidas políticas, desde pagar favores electorales hasta deshacerse de uno que otro general, coronel o expresidente incomodo enviándolo al exterior a “representarnos”. 

Para tal efecto, en días pasados presenté a título individual un derecho de petición en los siguientes términos: “solicito que se expongan los motivos de conveniencia pública, necesidad del servicio, facultad del nominador, razón de la selección y condiciones de idoneidad que llevaron al nombramiento del ciudadano Carlos Alberto Calero Salcedo (C.C. 73.137.725) en el cargo mencionado en el Decreto 1617 del 11 de Octubre de 2016, a desempeñarse en el Consulado General de Colombia en San Francisco. Como también se informe de los títulos, experiencias, actividades y aptitudes del mencionado ciudadano que hubiesen motivado el nombramiento o que indiquen su conveniencia para el mismo”

“Motiva esta solicitud que: Las relaciones exteriores del Estado y la carrera diplomática y consular merecen en todas sus manifestaciones del mayor rigor en la designación, bien sea en los cargos provistos por carrera, concurso, como también para aquellos provistos por facultades presidenciales. Igualmente, la función consular, al prestarle servicios de toda índole a los compatriotas en el exterior, muchos de ellos relativos a derechos fundamentales, demanda de los funcionarios más calificados”.

Un asunto serio

Más allá de las calidades personales y profesionales del señor Calero, a quien no se busca afectar ni criticar directamente y quien es una persona reconocida por su comportamiento ejemplar en lo legal y moral, esta coyuntura merece una serie de reflexiones profundas.

Vale la pena preguntarse cuál es el mensaje exterior que el gobierno quiere dar con este tipo de nombramientos. 

En primer lugar, aunque las facultades presidenciales en materia del nombramiento son amplias, vale la pena preguntarse cuál es el mensaje exterior que el gobierno quiere dar con este tipo de nombramientos. Puede que estos solucionen sus urgencias políticas, “de favores” o incluso personales, pero difícilmente responden a una intención estratégica. Usualmente, los gobiernos, ante la amplitud de sus facultades discrecionales, suelen olvidar las consecuencias relativas a la opinión pública interna y externa sobre las mismas.

Es difícil defender la intención de presentarse como un país serio en materia de relaciones exteriores y cumplimiento del derecho internacional cuando la representación política y soberana del país en el exterior (función diplomática) y la asistencia de los ciudadanos por fuera del mismo se deja a la suerte de personas que no son profesionales en la materia.  

Por el contrario, los otros países que conforman los cuerpos diplomáticos acreditados en los países donde ocurren esas designaciones encargan para tales tareas a sus mejores y más entrenados funcionarios. Hace poco, por ejemplo, realicé con algunos estudiantes el ejercicio de revisar los perfiles de los cónsules de otros países en San Francisco (que no es la más importante de las plazas en materias consulares) y encontramos que:

  • El cónsul general de Alemania en San Francisco desde 2014, Stefan Schlueter, tiene un grado de Ciencia Política y Relaciones Exteriores de la Universidad de Hamburgo, un máster en la misma materia y es parte del servicio exterior alemán desde 1979. Además ha desempeñado tareas consulares en Buenos Aires y Argel, ha sido cónsul encargado en Los Ángeles y en Nueva York. También fue director del programa mundial de gestión de paz alemán en 2007 y fue embajador en Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Granada, Guyana, St. Kitts and Nevis, St. Lucia y  Suriname.
  • Por su parte el cónsul francés desde mayo de 2016 en San Francisco, Emmanuel Lebrun-Damiens, es graduado del Institut d’Études Politiques de Strasburgo y de la Ecole Nationale d’Administration. Ingresó a la carrera diplomática francesa en 2003, fue primer secretario en la embajada de Nueva Zelanda y funcionario adjunto en la Organización Mundial de la Salud antes de poder acreditar la experiencia para recibir el cargo consular.
Canciller de Colombia, María Ángela Holguín Cuellar
Canciller de Colombia, María Ángela Holguín Cuellar
Foto: Cancillería de Colombia

Estos perfiles, tan distantes de los que muchas veces prefiere nuestro gobierno, demuestran que es indefendible mantener la bipolaridad tan colombiana de querer ser líderes internacionales y a la vez desestimular a nuestros propios diplomáticos de carrera con la pesadilla de que un amigo de alguien siempre puede estar por encima de ellos.

Con esta actitud se llega a desmotivar a los miles de profesionales y estudiantes de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales con ejemplos que socavan su confianza en el esfuerzo, el estudio, el trabajo, la preparación y la especialización como el camino para llegar a las posiciones profesionales que desean.

La “posibilidad jurídica” del nombramiento y la “idoneidad y conveniencia” del mismo son cosas totalmente distintas. Aunque el presidente pueda nombrar a quien desee en estos puestos, esto no significa que deba hacerlo, por respeto a sus mandatos constitucionales, a los objetivos de los mismos y a las necesidades de los colombianos en el exterior.

Un cargo exigente

En algunas ocasiones los embajadores pueden tener funciones políticas, pero la función consular es totalmente distinta: de ella dependen los derechos fundamentales de los colombianos en el exterior, y estas plazas deberían entregarse al personal especializado y calificado para ello. En efecto, la Convención de Viena Sobre Relaciones Consulares señala como responsabilidades de estos funcionarios las de:  

No es admisible el desmedido uso de la carrera diplomática como botín político y burocrático.  
  • Proteger en el exterior los intereses de sus nacionales, sean personas naturales o jurídicas, así como sus derechos y garantías procesales y penales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional y el derecho del respectivo país extranjero.
  • Extender pasaportes, documentos de viaje, visados o documentos públicos y prestar ayuda y asistencia jurídica a los nacionales ante varios tipos de situaciones.
  • Actuar en calidad de notario, de funcionario de registro civil o administrativo, y encargarse de los casos de sucesión por causa de muerte que se produzcan en el territorio del Estado receptor.
  • Velar por los intereses de los menores y de otras personas que carezcan de capacidad plena y que sean nacionales de su Estado.
  • Representar a los nacionales de su país ante los tribunales y otras autoridades del Estado receptor para que se adopten las medidas provisionales de preservación de sus derechos e intereses cuando, por estar ausentes o por cualquier otra causa, no puedan defenderlos oportunamente. También debe comunicar decisiones judiciales y extrajudiciales y diligenciar comisiones rogatorias de conformidad con los acuerdos internacionales.
  • Incluso debe ejercer los derechos de control o inspección de los buques que tengan la nacionalidad de dicho Estado y de las aeronaves matriculadas en el mismo, así como de sus tripulaciones.

Ante estas funciones profesionales que exigen un alto grado de habilidad técnica, es necesario exigir a nuestros gobiernos el derecho de los colombianos a la profesionalización plena de la función consular.

Si no tenemos cónsules profesionales pueden verse afectados los derechos fundamentales de nuestros connacionales. Por este motivo no es admisible, bajo nuestro ordenamiento jurídico, el desmedido uso de la carrera diplomática como botín político y burocrático.  En caso de emergencia, calamidad o necesidad, usted como colombiano tiene el derecho a ser atendido por el más calificado de los cónsules posibles, y no tropezar con un nombramiento político.

 

*Abogado, politólogo, especialista en Derecho Constitucional, LLM (Master of Laws) in International Law (Summa Cum Laude) y research assistant en Stetson College of Law. Profesor de las Universidades del Rosario, El Bosque y Javeriana. Director de la Red Latinoamericana de Revistas de Derecho Internacional. 

twitter1-1@walterarevalo

 

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