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¿Cómo teletrabaja un colombiano de estrato uno?

Escrito por Carlos Salazar
Empleo, teletrabajo e informalidad

En una economía tan informal como la nuestra, muchos deben salir para sobrevivir -y muchos otros no pueden estudiar por internet-. Necesitamos, de veras, cambiar de rumbo*.

Carlos Salazar**

Los trabajos que teníamos

Colombia sufre de muchas brechas, pero las de educación son particularmente graves. Apenas el 51 % de los colombianos termina el bachillerato, que es condición mínima para acceder a los empleos formales: la evidencia estadística demuestra que la falta de educación es una causa principal de la informalidad.

Por eso el panorama laboral en Colombia ya era precario; abundaba la informalidad y el teletrabajo era poco común. La venta ambulante no necesita de un posgrado ni de experiencia en marketing digital, comercio electrónico o WhatsApp Business. Por las redes sociales es difícil vender frutas, verduras, dulces, empanadas o arepas.

Sencillamente por eso, muchas personas no pueden permanecer en casa. Ni siquiera se sabe con exactitud cuántos desempleados dejará la emergencia en cada estrato: el DANE solo registra como ‘desempleados’ a las personas que buscan trabajo activamente, cosa que la pandemia no permite. Los demás son ‘desocupados’ -la categoría que incluye a estudiantes y profesionales en periodos sabáticos-.

Aun así, en tiempos normales no había estrategias para estimular el teletrabajo. Con una buena tasa de empleo, el crecimiento económico podría avanzar según los objetivos de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible. Y por supuesto la pandemia obligará a corregir hacia abajo las proyecciones de este documento.

No todos pueden cuidarse

Todos sufrimos las consecuencias: las grandes empresas, las mipymes, y los trabajadores informales que buscan su sustento diario. Es fácil señalar a quienes deambulan en la calle en improvisadas carretas de madera, con una sombrilla como techo y algunas frutas y verduras como mercancía; también es sencillo juzgar a los motociclistas sin experiencia que se sumaron al nutrido ejército de domiciliarios.

El DANE solo registra como ‘desempleados’ a las personas que buscan trabajo activamente

La acusación a quienes incumplan el aislamiento debería convertirse en una crítica de los patrones e instituciones sociales que en realidad producen ese incumplimiento. La violación de las normas de “aislamiento preventivo” y de “distancia social” no es el problema; es consecuencia de una crisis social que existe desde mucho antes en Colombia.

Innovación y tecnologia

Foto: UMB virtual
Los países que no se apoyen en la innovación y la tecnología como base para su educación no podrán adaptarse.

Ni todos pueden educarse

Mientras la educación no sea la base del desarrollo, el sistema económico no funcionará bien ni siquiera en condiciones normales, ¿cómo podría ser sostenible en una crisis sanitaria?

La educación debe ser para todos sin discriminación alguna, pero ahora es aún más difícil acceder a ella: algunos estudiantes deben esperar a que sus padres lleguen del ‘rebusque’ (trabajo informal y altamente inestable) y les presten el celular para ver videos, tomar clases por videoconferencia y adelantar sus tareas.

La educación virtual no está al alcance de todos. El cambio acelerado a esta modalidad manifestó los problemas de infraestructura y conectividad de distintas partes del país. Fue obvia la falta de metodología y experiencia para adaptarse a las exigencias de la virtualidad.

Puede leer: Virtualizar la educación: una oportunidad dorada

Empleos duraderos y empleos de emergencia

El reto es grande: los planes de reactivación socioeconómica tienen que incluir – también- a los más pobres. Urge crear empleo en todos los niveles, no solo a corto plazo o mientras dure la pandemia. Y para completar, la incertidumbre es grande: solo el paso del tiempo nos dirá si las acciones y planes del Estado respondieron al tamaño de la crisis.

Es el momento para diseñar programas de empleo formal ajustados a los de reactivación económica. Si se acentúa de veras el componente social, la crisis podría ser el punto de partida hacia un país más incluyente.

Es un error pensar que la reactivación es económica y dejar a un lado las variables sociales y ambientales que soportan la sostenibilidad para las próximas generaciones. Tampoco pueden ignorarse los protocolos de bioseguridad para la apertura gradual, y es igual de importante ver la oportunidad de transformar el crecimiento económico en desarrollo integral.

Hay que dar prioridad a los sectores en función de la pandemia, cosa que obliga a una asignación presupuestal sin precedentes al sector de la salud. Esta coyuntura debería llevarnos a repensar el sistema y a entender que los servicios sanitarios deben ser una fuente importante de empleo -no un problema que trate de aliviarse con inversiones apresuradas-.

Es lamentable —pero no sorprendente— que en la distribución de alimentos y en las instituciones de salud se hayan presentado prácticas de corrupción. Estos escándalos agravan la desconfianza en las iniciativas gubernamentales y disminuyen por supuesto los recursos que podrían destinarse a contratar el personal de monitoreo de contagios, reparto de alimentos y demás trabajadores de emergencia.

Panaderías de barrio

Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá
No todos pueden quedarse en casa

Le recomendamos: Los primeros efectos de la cuarentena sobre el mercado laboral

Mejor educación, mejor empleo

Es muy difícil imaginar la realidad desde un escritorio y entender las verdades del hambre, la enfermedad, las vidas en las calles, la ignorancia y la falta de empleo.

Por eso –si faltara otro argumento- hay que tomar en serio la participación ciudadana y el diálogo social permanente, con presencia especial de los más pobres y los más vulnerables. Comenzando por la educación y adoptando estrategias de crecimiento intensivas en empleo (como lo han hecho países desde Estados Unidos hasta Singapur, desde China hasta Mauricio), esta sería el camino para ir cerrando las brechas de capital humano y asegurar que esos muchos colombianos dejen de trabajar en condiciones de informalidad.

Estamos ante la doble y simultánea exigencia de una nueva educación para un nuevo mercado laboral. Los países que no se apoyen en la tecnología y en la innovación para educarse y para trabajar no saldrán adelante. El teletrabajo —del que tanto dependemos en este momento— necesite de infraestructura y entrenamiento.

¿cómo podría ser sostenible en una crisis sanitaria?

Estos tiempos no son fáciles —resiliencia es la palabra de moda—, pero la capacidad de recuperarse debe ser colectiva, incluyente y colaborativa. Debemos ponernos en el lugar de quienes no pueden comer durante todo un día, ¿cómo puede desarrollarse un país con desigualdades tan marcadas, en un entorno donde la ignorancia y la necesidad sostienen al poder?

Muchos no pueden trabajar desde su casa y contribuir al “aplanamiento de la curva de contagios”: ¿cómo hace teletrabajo un colombiano de estrato uno en tiempos de la COVID-19?

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*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

**Magister en Innovación para el Desarrollo Empresarial del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, doctor en Administración Gerencial de la Universidad Benito Juárez, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Ibagué. Director Programa Ibagué Cómo Vamos. Director Observatorio Regional de Mercado de Trabajo del Tolima. Gerente Fondo de Empleados de la Universidad de Ibagué.

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