Sobre la escogencia de ‘El Cartel de los Sapos’ - Razón Pública

Sobre la escogencia de ‘El Cartel de los Sapos’

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Sobre la escogencia de ‘El Cartel de los Sapos’

Los abajo firmantes, miembros de la Junta Directiva de la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas, nos dirigimos a ustedes acudiendo a nuestro derecho a réplica, para responder a una columna de la autoría de Pedro Adrián Zuluaga titulada El cartel de los sapos o el narcotráfico como parque temático, y en la que al expresar su desacuerdo con la decisión tomada por nosotros, por el hecho de haber seleccionado a El cartel de los sapos como representante de Colombia para los premios Oscar, de manera flagrante e infundamentada atenta contra el buen nombre de nuestra entidad y en especial de nuestra Presidenta Laura García, a quien escogió torpemente como chivo expiatorio. (Para ver la carta completa, link)

Dice el columnista de marras que “la Academia no se ruborizó al tomar una decisión que huele a camarilla, a imposición de un sector ‘poderoso’”. Y paradójicamente, en algo tiene razón, pues esta decisión se hizo acorde a como lo mandan nuestros ‘poderosos’ estatutos y por lo tanto está lejos de ser una imposición de camarillas. Más adelante afirma que esta fuerza oscura dentro de la precaria industria del cine nacional, como la llama él, “al parecer ha cooptado un órgano que debería ser el vocero del cine nacional en su conjunto.” Quisiéramos que el señor Zuluaga nos explicara cómo, si según la RAE cooptar es “llenar las vacantes que se producen en el seno de una corporación, mediante el voto de los integrantes de ella”, de qué manera podríamos haber sido cooptados por los hermanos Cardona, el sector ‘poderoso’ del que él habla.

No es competencia de la Junta Directiva nombrar a sus integrantes, sino de la Asamblea, quien en el momento de hacerlo, contempla a quienes se hayan desempeñado con un crédito o más en alguna de las especialidades contempladas en los estatutos (ver recuadro). Y cada miembro de la Academia, al momento de hacer la solicitud de inclusión a nuestra organización, debe tener, como está dicho anteriormente, por lo menos un crédito en alguna película nacional que ya hay sido exhibida. Ello hace de nuestra entidad una organización de trabajadores del cine, no de gente que va a cine o que habla de cine. Y para ya terminar con el subtema, quisiéramos saber, por qué entidad, manejada por este “sector poderoso”, podríamos haber sido cooptados los 390 miembros de  la Academia, porque no entendemos la figura; o que se nos explique si cooptar es el eufemismo en el que se escuda una acusación que deja entre líneas, para no ser señalado de calumniador.

En otro aparte de la columna Zuluaga se pregunta: ¿Cuántas personas de las poco más de trescientas que integran la Academia votaron a conciencia, o al menos tras haber visto la película dirigida por Carlos Moreno, director de la película? Interrogante con el que demuestra su absoluto desconocimiento sobre los mecanismos de esta elección, ya que esta no es competencia de la Asamblea, máxima autoridad de nuestra organización, sino de la Junta Directiva, elegida de forma democrática, para desempeñar esta, entre muchas funciones. Sobre la “poca presentación que tiene haber elegido una película “que, en el momento de la decisión, era aún invisible para la mayoría de los colombianos”, permítanos aclararle que las reglas de juego y las fechas para la escogencia de la película por parte de todos los países las impone la Academia Norteamericana, y nosotros como Academia, respetando estas condiciones, escogemos entre las películas que llenen estos requisitos, sin necesidad de adelantar una encuesta, ni consultar a los colombianos, como si esto fuera un reality, pues esta es nuestra función, y para ella se nos escogió por ser lo que somos: profesionales del cine. Además, en este año, no fueron una sino dos las ocasiones en las que elegimos una película sin estrenar, pues para los Goya se escogió La Playa, que para el momento de su elección, “era aún invisible para la mayoría de los colombianos.” Esta película, al igual que El cartel, la vimos en una proyección privada.

Siguiendo con la columna, en el siguiente párrafo nos señala por “rendirle tributo al lugar común” por haber bautizado Macondo a nuestros premios, con lo que nos reafirma el acierto en esta escogencia, pues hasta las voces más críticas encuentran en Macondo un lugar en común y entrañable para los colombianos (¿también hay que irse lanza en ristre contra la Academia española porque sus premios se llaman los Goya?). En este mismo párrafo personaliza la discusión y la emprende contra nuestra Presidenta Laura García –actriz y promotora de muchos proyectos culturales y de intachable recorrido artístico y ético– a quien señala de expresar opiniones personales al momento de anunciar el fallo, equivocándose de nuevo, pues el más simple entendedor comprende que las palabras de la Presidenta de nuestra Academia no la comprometen a ella en particular, sino a la entidad, en especial a la Junta Directiva, de la cual emanan los conceptos como cuerpo colegiado que es, sin que esto signifique, nunca, que haya un requisito sine qua non de unanimidad en la toma de cualquier decisión, pues dicha situación, ahí sí, levantaría suspicacias, máxime si se trata de un ente pluralista, incluyente y democrático.

En su afán de desvirtuar nuestra decisión ante los argumentos expresados por Laura García sobre la película, “historia sólida, factura diáfana, dirección y actuaciones impecables”, responde: Nada de eso es cierto en El cartel de los sapos”. Como si esa opinión fuera una verdad absoluta; y remata con una afrenta mayor cuando afirma, que “esto acentúa la sospecha de que quienes votaron no habían visto la película que eligieron”, en una clara falta a la verdad, pues quienes participamos de esta decisión, a favor o en contra, lo hicimos con conocimiento de causa, y no a partir de presunciones nacidas de ideas prefabricadas, o de amiguismos, como se publicó en la redes sociales tan pronto se conoció el fallo; en ellas, los “intachables” adalides de la ética y la estética cuestionaron la decisión y desbarataron la película, sin haberla visto aún.

Para cerrar el artículo, el señor Zuluaga centra su discusión en consideraciones estéticas sobra la película –las que no vamos a entrar a controvertir, pues corresponden a su opinión y a su libre pensar–. Pero queremos hacer énfasis en dos aspectos que él presenta como los centrales de su sesgada diatriba: la doble moral y la ética. Y en esto nos queremos detener, pues llama la atención que un columnista que habla de doble moral y de ética, no haya sido consecuente con el juramento “hipocrático” de los periodistas y hubiera revisado los estatutos o los reglamentos de la entidad cuestionada; o al menos hubiera intentado comunicarse con los responsables de la determinación. No, se acogió a rumores de pasillo, para lanzar juicios a priori y hacer aseveraciones sin fundamento. Debería recordar el columnista que, por una circunstancia similar, un ex-consejero de Estado, perteneciente a un importante periódico, tuvo que retirar su columna. Las opiniones personales, sobre todo cuando comprometen la honra y el buen nombre de alguien, deben tener como fundamento la verdad y no lo que deliberadamente pregonamos que es la verdad y la convertimos en tal.

Por las razones esgrimidas, e invocando el derecho a réplica, esperamos de ustedes que se nos conceda un espacio similar al que tuvo su columnista para lanzar sus infundios.

Junta Directiva de la ACACC

  1. Laura García, Presidenta
  2. Diego Ramírez, primer vicepresidente
  3. Lisandro Duque, segundo vicepresidente
  4. Alejandro Ramírez, música original
  5. Alexandra Cardona, guión
  6. Ana María Acosta, diseño de vestuario
  7. Ana María Velasco, dirección de producción
  8. Camila Loboguerrero, guión
  9. Camila Olarte, diseño de vestuario
  10. Cristina Gallego, producción
  11. César Salazar, sonido
  12. Germán León, diseño sonoro
  13. Hernán García, dirección de arte
  14. Isabel Torres, diseño sonoro
  15. Jorge Valencia, dirección
  16. Juan Carlos Acevedo, dirección de arte
  17. Julio Correal, interpretación
  18. María Fernanda Céspedes, dirección de producción
  19. Mauricio Vidal, dirección de fotografía
  20. Paulo Pérez, dirección de fotografía
  21. Ricardo Coral, montaje
  22. Richard Córdoba, música original
  23. Rodrigo Guerrero, producción
  24. Sebastián Hernández, montaje
  25. Vladimir Díaz, sonido
  26. Waldo Urrego, interpretación

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