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Siria: un conflicto que se alarga

Escrito por Massimo Di Ricco
Massimo Di Ricco

Massimo Di RiccoEl plan de paz de Kofi Annan y la llegada de los observadores de Naciones Unidas no parecen ofrecer una salida al conflicto. En esta fase de estancamiento y de ajustes, siguen la represión y los enfrentamientos internos, mientras las potencias intentan buscar una solución que proteja sus propios intereses.

Massimo Di Ricco *

“El plan sigue en marcha”

Ahmad Fawzi, portavoz del enviado especial de Naciones Unidas, afirmó en una reciente rueda de prensa que el plan de Kofi Annan sigue en marcha y que un conflicto de más de un año no puede resolverse en unas pocas semanas.

Este intento legítimo del portavoz de Annan por convencer a la opinión pública mundial, oculta otra realidad en Siria: ha habido casi 400 muertos desde la llegada del primer grupo de observadores de las Naciones Unidas el pasado 16 de abril, y el alto al fuego ha sido roto por ambos bandos en repetidas ocasiones.

Sin duda, los observadores de Naciones Unidas han tenido un cierto impacto: los enfrentamientos más violentos se detuvieron en el momento en que visitaban esas zonas. Pero su noble misión no les dio el poder de la ubicuidad. Como si el régimen y la oposición jugaran a las escondidas, los enfrentamientos volvieron a aparecer justo cuando los observadores abandonaban la zona.

El “eje de la resistencia” levanta cabeza

El supuesto alto al fuego se presenta para el régimen de Assad como la mejor forma de retomar el control de la situación en los diferentes frentes internos y externos en un momento de estancamiento y de ajustes en el plano internacional: volver a consolidar sus alianzas regionales para poder continuar con mas discreción la represión militar en contra de la oposición.

Massimo Di ricco Siria
La asistencia humanitaria ha llegado solo a través de los canales del régimen, como en Homs donde Assad aprovechó para fotografiarse con el pueblo.
Foto: hondurastierralibre.com

El refuerzo del llamado “eje de la resistencia” —que forman Siria, Irán y Hezbollah— es quizás la primera consecuencia indirecta y paradójica del plan de paz propuesto por el enviado especial Kofi Annan. Eso quedó claro en la entrevista que el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, concedió a Julian Assange en Russia Today, a los pocos días de entrar en vigor el plan Annan.

El sayyed Nasrallah tomó distancia de los rumores que han circulado durante los últimos meses sobre el malestar de Hezbollah respecto de la violenta represión del régimen sobre su propia población. Nasrallah ha ofrecido al contrario un completo respaldo a Bashar al-Assad, a quien considera un defensor de la causa palestina. Alabó las reformas en marcha, acusó a la oposición siria de intransigencia y denunció la presencia de Al-Qaeda en el país aliado. El mensaje es claro: el “eje de la resistencia” en Medio Oriente sigue fuerte y compacto.

De hecho, en esta indecisa coyuntura internacional, Siria parece más inclinada a cerrar filas con sus aliados regionales que a estrechar los lazos con sus poderosos socios internacionales, Rusia y China, que cada vez observan la situación con mayor pragmatismo y no han excluido totalmente un acuerdo político con las otras potencias para un posible cambio de poder.

El plan de Annan resulta útil en este caso tanto para Siria como para las potencias internacionales, que no están interesados en una transición legítima de poder, sino más bien en una solución que se acomode a los intereses de todos los actores con intereses en el conflicto en Siria.

El Plan de Kofi Annan

El plan de Kofi Annan pone como primera condición el retiro de las tropas regulares de las áreas urbanas y el cese de las hostilidades militares, tanto por parte del ejército sirio como de las diferentes facciones armadas de la oposición.

En estos dos puntos fue donde se puso más énfasis, pues son prerrequisito de los otros cuatro. Tras casi un mes desde la aplicación del plan, ambas condiciones siguen incumplidas.

De los otros puntos del plan de paz de Annan no hay rastro desde la aceptación del plan por las partes:

  • No parece que haya libertad de movimiento para los periodistas en Siria, donde solo parecen acceder “delegaciones”, que el régimen lleva de paseo por donde prefiere.
  • En cuanto al derecho a manifestar pacíficamente, la población aprovechó el alto al fuego para volver a la calle: fueron recibidos por policías camuflados, con disparos al aire y gases lacrimógenos.
  • Tampoco parece que se registre la liberación de algún detenido de cierta importancia, mientras los desaparecidos en las cárceles del régimen siguen contándose por centenares.
  • La asistencia humanitaria ha llegado solo a través de los canales del régimen, como bien expresan las recientes fotos promocionales de Assad y su mujer en un centro de ayuda humanitaria en Homs.

El cumplimiento del proceso de paz debería ser verificado por un total de 250 a 300 observadores de Naciones Unidas. Tras el fracaso rotundo de los monitores de la Liga Árabe en enero pasado, ahora 25 personas de Naciones Unidas tienen que lidiar con lo que ya parece un juego diplomático entre las diferentes potencias en conflicto.

En un intento por ganar tiempo, Siria ha rechazado la entrada de observadores miembros de países “enemigos”, lo cual complica enormemente la tarea del jefe de la misión: encontrar observadores idóneos en un plazo muy breve.

Massimo Di ricco Kofi Annan
El plan de Kofi Annan pone como primera condición el retiro de las tropas regulares de las áreas urbanas y el cese de las hostilidades militares.
Foto: Agencias.

Es difícil mirar con optimismo el plan de Kofi Annan por la falta de una hoja de ruta clara sobre lo que debería ser el futuro proceso político de diálogo interno y las concesiones recíprocas. El pesimismo aumenta al constatar que la principal fuerza del régimen de Assad siempre ha sido su intransigencia.

Otro factor de pesimismo es la dificultad para lograr sentar en la misma mesa de negociaciones a los componentes tan diferentes de la oposición siria: políticos, religiosos y étnicos.

Un ejercicio de sano optimismo plantearía varias condiciones para que el proceso tenga bases sólidas y produzca cierta estabilidad en el país:

  • la creación de una comisión investigadora,
  • la caída de varias cabezas de los actuales miembros del régimen, con lo cual se abriría la posibilidad de ejercer una oposición política legítima e institucional, hoy prácticamente inexistente.
  • La memoria de los más de 1.000 muertos del último año y de muchos más torturados o desaparecidos durante más de 40 años de régimen debería borrarse, apaciguando los ánimos de venganza de buena parte de la población.
  • Por último, pero no de menor importancia, también serían necesarias reformas más contundentes que las ya iniciadas por Assad. Ni el pasado referéndum constitucional ni las elecciones parlamentarias previstas para la primera semana de mayo son producto de un proceso político creíble.

Peligroso juego diplomático

El proceso de paz de Annan probablemente representa de todas formas la última posibilidad de llegar a una solución de la crisis que cuente con una cierta base de diálogo entre los actores internos.

Las diferentes potencias regionales e internacionales están involucradas por completo en un juego diplomático que tiene como único objetivo el de concertar una repartición del poder en la nueva Siria, tratando de no involucrarse directamente en un conflicto armado.

Francia y Estados Unidos ya han hecho la tan esperada comparación entre Benghazi y Homs, sinónimo de intervención “humanitaria”. Ambos países se encuentren en medio de cruciales campañas presidenciales y no parecen muy convencidos de la opción de una intervención únicamente militar, que casi seguramente sería un fracaso.

Mas convencidos de una salida armada son los países árabes más intervencionistas — Qatar y Arabia Saudí— que ya llevan meses declarando públicamente sus intenciones de armar a los opositores y de derrocar el régimen.

Tras los intentos “pacíficos” de neutralizar y bloquear nuevas resoluciones que llevarían a una intervención militar occidental, Rusia tiene intereses militares que defender en Siria: la presencia de su única base militar en el Mediterráneo, en el puerto de Tartus.

En el plano interno, la oposición armada y los que siguen protestando pacíficamente ya no ven posible una vuelta atrás y solo apuestan por la caída de Assad o por su propio martirio.

El conflicto está a punto de entrar en una nueva fase y es probable que lleve a una situación aun más intensa, que no necesariamente implique una intervención armada externa, sino más bien un acuerdo a escala internacional sobre el futuro de Siria. Este acuerdo deberá tomar en consideración la capacidad de Assad para resistir a las presiones extranjeras y los intereses de sus aliados regionales en no perder un aliado fundamental.

* Profesor de historia de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad del Rosario.

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