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Sí, pero con verraquera

Escrito por Daniel García

No es tragarse unos sapos: es el mejor acuerdo de paz que se ha logrado en la historia de Colombia. La alternativa no es que los guerrilleros vayan a la cárcel: es la guerra. El acuerdo que vamos a votar es el comienzo de un futuro mejor para las mayorías.

Daniel García-Peña Jaramillo*

Campaña a favor de los procesos de paz.

Apoyo vergonzante, rechazo descarado

A pocas semanas de la votación histórica del plebiscito, las campañas del Sí y del No están en plena acción, bombardeando a la opinión con slogans, videos, jingles, memes y de vez en cuando argumentos.

Comienzo por advertir que yo confío en que a medida en que la gente se informe y sopese las consecuencias de lo que significa su voto, el Sí resultará triunfante -y ojalá por una mayoría muy amplia-. Pero no deja de preocuparme que mientras muchos de quienes están con el Sí lo hacen de modo un tanto vergonzante, la campaña del No ha logrado confundir a muchos diciendo que ya no es un voto por la guerra sino por una “paz sin impunidad”.

Basar la campaña del Sí en la imagen de la tragada de un sapo me parece un error no solo desde el punto de vista publicitario, sino sobre todo porque choca contra la realidad. He escrito y repetido en varios escenarios que el Acuerdo Final entre el Gobierno y las FARC es el mejor acuerdo de paz en toda la historia de Colombia. Quienes defendemos el Sí debemos hacerlo con convicción, ahínco y entusiasmo y no con la noción fofa de que una paz imperfecta es mejor que nada.

Acuerdo excelentes

Sergio Jaramillo, actual Alto Comisionado Para la Paz del gobierno Santos.
Sergio Jaramillo, actual Alto Comisionado Para la Paz del gobierno Santos. 
Foto: Presidencia de la República 

-En materia agraria, lejos de la expropiación y colectivización de corte castro-chavista, el Acuerdo Final permite saldar la deuda histórica con el campo para modernizarlo y alcanzar los niveles, no ya de los países del primer mundo, sino apenas del resto de América Latina. Incluso he oído decir a algunos expertos que lo acordado en materia agraria parece escrito por el Banco Mundial: son reformas que estábamos en mora de realizar desde hace mucho tiempo y que debemos impulsar para no seguir importando alimentos que podemos cultivar en Colombia.

-En materia de participación política, el asunto que más roña produce son los cupos mínimos que se le otorgan a las FARC en el Congreso. Pero si uno compara los 5 senadores y 5 representantes a la Cámara que prevé el Acuerdo Final con los 5 senadores y 9 representantes que la Unión Patriótica se ganó a voto limpio en 1986 y que fueron sistemáticamente eliminados a sangre y fuego, tendría que concluir que como medida de reparación y resarcimiento es apenas lo mínimamente justo.

Es clave insistir que el Acuerdo Final no es de Santos ni las FARC, sino del país.

Por otra parte, además de la transformación de las FARC en partido político, el Acuerdo  incluye pasos importantes para ampliar la participación política y modernizar la democracia colombiana, como la reforma de la organización electoral y el Estatuto de la Oposición, ordenada por la Constitución de 1991 pero aún inexistente. Agrega un elemento muy interesante al empoderar a los movimientos sociales y a los pobladores de los territorios más afectados por la guerra para que puedan tener voz directa en la Cámara de Representantes mediante las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz. 

-El Acuerdo Final es histórico en muchos sentidos. Por primera vez en los muchos procesos de paz en Colombia, las víctimas están en el centro y se habla de reparación integral y garantías de no repetición. A diferencia de todos los procesos anteriores que se basaron en el perdón y olvido, con la Jurisdicción Especial para la Paz se exige aportar a la verdad y reparar y resarcir a las víctimas como condición para acceder a los beneficiosos jurídicos; el que no lo haga tendrá 20 años de cárcel. Es la primera vez que un acuerdo de paz incluye una Comisión de la Verdad y el esclarecimiento histórico. A los que están pensando en votar por el No, que por lo general les gusta la impunidad para los agentes del Estado, pero no para la guerrilla, habrá que decirles que si realmente quieren una paz sin impunidad, deben votar por el Sí.

Avances en la forma y en el fondo

-Los militares -en retiro y en servicio activo- nunca antes habían participado directamente en las negociaciones. Y su contribución fue fundamental. La precisión técnica y el profesionalismo que se reflejan en los protocolos y cronogramas de los procesos complejos de cese al fuego y hostilidades y dejación de armas son el resultado de varios meses de trabajo en conjunto con los guerrilleros contra quienes combatieron durante años.

-Jamás se habían incorporado en los acuerdos tareas concretas conjuntas, como el desminado, que permiten no solo cumplir lo acordado sino generar confianza entre soldados y ahora ex guerrilleros, clave para el postconflicto. La unidad de búsqueda de los desaparecidos y todo lo relacionado con la desvinculación de los niños y niñas son otros ejemplos de trabajo conjunto de las FARC con autoridades estatales.

-Otra innovación de gran alcance es el concepto de “paz territorial”, que acuñó el  comisionado Sergio Jaramillo. Para no repetir los errores de las desmovilizaciones pasadas que intentaron convertir a los ex guerrilleros del campo en taxistas en las ciudades, el foco de los acuerdos está en los territorios donde se desarrolló la guerra, en los cuales las FARC tienen presencia histórica.

-Tampoco se había visto que se hablara del enfoque diferencial de género como lo hace el Acuerdo a lo largo del texto.

-Nunca antes habían participado directamente en los diálogos representantes de las comunidades indígenas y afros para que sus exigencias de reconocimiento a sus derechos y autoridades sean incorporadas.

-En ningún proceso anterior se había diseñado y logrado una participación internacional tan efectiva. Acudiendo a ella con tareas precisas, el papel de Noruega y Cuba como garantes y Venezuela y Chile como acompañantes fue fundamental. La presencia de los enviados especiales de Estados Unidos y la Unión Europea le dieron al proceso una gran solidez internacional sin constituirse en mecanismos de intervencionismo. La fórmula creativa mediante la cual se le solicita a la ONU, junto con la CEPAL, la verificación de los temas espinosos del cese al fuego y dejación de armas es un gran ejercicio de soberanía nacional, al poner la mayor experticia de la comunidad internacional al servicio de lo que ordena la mesa de negociación.

Un acuerdo de muchos

Mesa de conversación para los acuerdos sobre las Víctimas del Conflicto.
Mesa de conversación para los acuerdos sobre las Víctimas del Conflicto. 
Foto: Presidencia de la República

Es un acuerdo excelente además porque no se trata de un pacto exclusivamente de las FARC. Si bien, el Acuerdo Final obviamente tiene el sello y la firma de las FARC y recoge sus banderas históricas como el desarrollo agrario y la aspiración frustrada desde los acuerdos de la Uribe de transformarse en partido político, el grueso del texto recoge las luchas de mucha gente durante mucho tiempo.

El hecho de que las víctimas estén en el centro del acuerdo no se debe a la generosidad del gobierno ni a la benevolencia de las FARC, sino el reconocimiento del trabajo duro y serio que han realizado las organizaciones de víctimas durante estos últimos años. El enfoque de género no apareció gracias a que los del gobierno y las FARC se volvieron feministas de un día para otro sino porque las mujeres colombianas se han ganado su lugar en la agenda nacional. Las voces de los indígenas, los afros, la comunidad LGBTI y muchos otros se escucharon y contribuyeron.

Son numerosos quienes se pueden considerar coautores de lo pactado en La Habana. Por tanto, es clave insistir que el Acuerdo Final no es de Santos ni las FARC, sino del país.

Desaciertos y esperanza

De todas maneras, el papel del gobierno en el manejo de la campaña del Sí no ha sido la mejor:

  • Los mensajes dubitativos no ayudan para nada, como las declaraciones del Vicepresidente acerca de su preocupación por los efectos de la Jurisdicción Especial para la Paz, seguramente motivada por el alto número de integrantes de Cambio Radical condenados y acusados de nexos con paramilitares.
  • César Gaviria puede ser el propio para cascarle a Uribe y liderar y aceitar las maquinarias tradicionales, pero no despierta mayor entusiasmo entre los sectores sociales y populares quienes serán los más beneficiados por el triunfo del Sí y por tanto, los que más deberían votar.

El próximo 2 de octubre no sólo está en juego el Acuerdo Final, sino el rumbo futuro del país, como antesala del 2018 y el más allá. La implementación de lo acordado es un terreno de disputa social y política, sin las armas. La paz va atraer muchos intereses. Las multinacionales se deben estar frotando las manos mirando hacia Colombia con tanta riqueza y recursos y ahora sin guerra. El acuerdo traerá la terminación del conflicto armado con las FARC, pero no el fin de los conflictos. Por lo contrario, es de esperarse una mayor conflictividad social que durante muchos años fue represada y acallada por la guerra. Todo esto requiere movimientos sociales populares fuertes y activos que deben ver el plebiscito como una primera prueba.

El triunfo del No tiene nombre propio: la guerra.

Mienten los señores del No cuando dicen que es posible renegociar para que los miembros de las FARC vayan a la cárcel y renuncien a la elegibilidad política. El triunfo del No tiene nombre propio: la guerra. Por ello, el Sí no solo debe ganar sino que requerimos que lo haga con una mayoría holgada, lo cual le daría una inmensa legitimidad a la implementación. Además enterraría para siempre el proyecto de guerra del cual nació y bebió el uribismo durante años.

Por eso y para eso debemos explicar, defender y vender el Sí con convencimiento y verraquera, sin titubeos ni ambigüedades en la que ciertamente será la votación más importante de nuestras vidas.

 

*Profesor de la Universidad Nacional y ex Comisionado para la Paz.
@danigarciapena

 

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