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Salva a Ralph y a los demás animales

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Santiago-Eslava

El cortometraje viral Salva a Ralph ha revivido el debate sobre la experimentación con animales. Esta es una oportunidad para repensar nuestras relaciones con los demás animales que habitan este planeta.

Laura Alvear Roa*
Juana Eslava-Bejarano**
Santiago Eslava-Bejarano***

Testeo en animales

El testeo en animales ha vuelto a ser objeto de debate a raíz del Día internacional del animal de laboratorio (24 de abril) y la viralización de Salva a Ralph.

En Colombia,  la ley 2047 de 2020 (que entrará en vigencia en 2024) prohibió la importación y producción de cosméticos testeados en animales. Pero la lucha no termina aquí, puesto que la experimentación en animales no se limita a los productos de belleza, sino que incluye el desarrollo de vacunas, drogas, tintes para la ropa, productos de limpieza, fragancias, cigarrillos y alimentos.

Animanaturalis señala que uno de los experimentos llevados a cabo por Nestlé consistía en inducir “a fallos renales a perros y otros animales para intentar curarles con una dieta baja en proteínas”. Otros productos que han sido testeados en animales son Nescafé, Ades, Maizena y Té Lipton.

La mayoría de los animales no comparten la fisiología humana y por eso el 95% de las drogas probadas en animales fallan en humanos. Sin embargo, los animales sufren como los humanos.

La experimentación en animales incluye experimentos psicológicos. Por ejemplo, en la década de 1960, Harry Harlow separó a macacos bebés de sus madres para estudiar la reacción de los bebés. Su “sorprendente” conclusión: la relación temprana de los bebés con sus madres es importante y la separación puede dejar traumas imborrables. Este experimento parece hablar de la relación entre madres e hijos, pero ignora a los mismos macacos y sus complejas relaciones parentales.

Salva a Ralph

Este 6 de abril, Humane Society y el Arch Film Studio lanzaron su cortometraje Salva a Ralph sobre testeo en animales dirigido por Spencer Susser.

El video se hizo viral después de que Cruelty Free International denunciara el sufrimiento de los animales dentro del laboratorio Vivotecnia en Madrid, España.

El cortometraje tiene el formato de un falso documental (mockumentary) donde un equipo de filmación sigue la rutina del protagonista. La escenografía, la ambientación y la paleta de colores sitúan la escena en la década de los setenta.

La mayoría de los animales no comparten la fisiología humana y por eso el 95% de las drogas probadas en animales fallan en humanos.

Ralph, el protagonista, se presenta como un conejo asalariado que vive en una casa grande y acogedora. En las primeras escenas se adivina la naturalidad con la que alguien relataría una vida sin contratiempos. ¿De qué podría hablar Ralph? ¿Qué podría contar que fuera interesante?

Estamos en el hogar de cualquiera de nosotras: los días transcurren en sepia, lejos del ruido y ajetreo de una vida en la ciudad. Mientras Ralph cuenta quién es y a qué se dedica, lo vemos alistarse para otro día de trabajo: se lava los dientes, desayuna y se desviste. Su trabajo no necesita ropa.

Ralph es un conejo usado en experimentos de productos de limpieza y cosméticos. Su cuerpo es su único medio de trabajo. La sensibilidad de sus órganos a químicos lesivos y tóxicos es la cualidad que le consiguió el empleo.

Mientras cuenta su rutina, Ralph debe hacer varias pausas. Le cuesta sostener el discurso que justifica lo que está viviendo, como a veces nos cuesta sostener el discurso que justifica nuestras propias rutinas.

La representación de Ralph es irónica, pues es un conejo retratado como humano que igual sufre la carga de ser un conejo. Nuestras acciones y creencias normalizadas se ven ridículas al ser justificadas por aquel que evidentemente es víctima de ellas.

Ralph repite “los conejos estamos felices de poder servir a los humanos porque ellos son superiores”, pero lo duda al final, se le quiebra la voz, y esa emoción es cortada de manera abrupta. Alguien toca, “hay que ir a trabajar” dice Ralph. Una mano enguantada y enorme atraviesa el techo del comedor y agarra a Ralph de la cabeza para llevarlo a su lugar de trabajo. ¿Cómo podría ser esto rutinario? ¿Qué casa podría resistir esa destrucción de cada día? ¿Quién la repararía?

La imposibilidad de esta rutina se anunciaba desde el comienzo del cortometraje. ¿Cuánto tiempo podría mantener su empleo Ralph si tiene solo dos orejas, dos ojos y cuatro patas en las que testear? Este ejercicio de antropomorfización en el que Ralph se viste de asalariado rápidamente se muestra como imposible: la relación entre él y sus patrones no es laboral, sino de consumo.

La vida de Ralph solo puede ser rutinaria desde otra perspectiva: la de quien testea sobre él. Para esa persona, el ojo en el que vierte el químico no puede ser uno de los dos ojos que le devuelven una mirada aterrorizada. No. Para que la violencia sea rutinaria, el ojo que recibe la sustancia tóxica debe ser visto como uno entre una infinidad de ojos a disposición. Ojos que solo de manera incidental hacen parte de seres que sienten, se mueven y se resisten.

Foto: Flickr John McGarvey - El testeo en animales para asuntos cosméticos se asocia a productos únicamente para mujeres.

Un conejo asalariado

No son gratuitas algunas de las críticas sobre la representación de los conejos en el corto de Humane Society. Nos encontramos de nuevo frente a un animal antropomorfizado.

Esa forma de representar a los animales ha sido recurrente en la literatura y el cine a lo largo de la historia. Imaginamos a los animales hablando en nuestros idiomas, los vestimos, los organizamos en familias heterosexuales y con una vida laboral. Nos representan en otra piel, sirven para contar nuestras historias.

La representación de Ralph es irónica, pues es un conejo retratado como humano que igual sufre la carga de ser un conejo.

Cuando queremos representar sus características, elegimos aquellas que representan nuestros propios valores o vicios que queremos celebrar o criticar. Los usamos entonces como metáforas o símbolos. Otra vez, se trata de nosotras y nos olvidamos de los animales de los que nos apropiamos. Son cuerpos que creemos vacíos y llenamos de significados arbitrarios. Esta tradición es rica y compleja y no siempre es reprochable; sin embargo, ha olvidado a los animales y, en palabras de Marta Tafalla, los ha instrumentalizado estéticamente.

Dentro de un contexto en el que explotamos a los animales de todas las maneras posibles —material, psicológica y simbólicamente— podría parecer injusto con los conejos no representarlos de una manera cercana a su propia naturaleza y a sus formas de vida, al menos para denunciar la manera en que son explotados. Podría parecer una forma más de instrumentalización estética. Pero aquí creemos que existe una vuelta de tuerca.

El testeo en animales es posible por una jerarquía arbitraria y artificial en la que nos hemos ubicado en la cúspide. Nos creemos soberanos de todo aquello que está “debajo” de nosotros. Las emociones, el sufrimiento y las vidas colectivas e individuales de otros animales están por fuera de nuestro mapa mental. Son inferiores, por lo tanto, no son importantes.

¿Cuánto tiempo podría mantener su empleo Ralph si tiene solo dos orejas, dos ojos y cuatro patas en las que testear?

El reto no radica en determinar si los animales sienten o no, si son conscientes o no. Los animales sienten y son conscientes de sí mismos de maneras particulares y distintas de las nuestras. El reto es cambiar nuestra manera de mirar y entender el mundo. ¿De qué sirve mostrar conejos de verdad siendo explotados si al final del día encontramos alguna justificación para esa explotación?

Salva a Ralph apela a una sensibilidad antropocéntrica al humanizar al conejo; sin embargo, como ya lo hemos dicho, esta antropomorfización es aparente y, en últimas, resulta imposible. El cortometraje lo demuestra de manera elocuente y nos confronta con la historia de instrumentalización material y estética de los demás animales.

Nuevamente, todo se trata de nosotras. Debemos cambiar y cuestionar nuestra cultura antropocéntrica para ser capaces de valorar la vida y los deseos de los otros seres con los que compartimos el mundo.

El sexismo en la denuncia

Salva a Ralph termina con la consigna “Ningún animal debería sufrir ni morir en nombre de la belleza”. Este llamado es claro. Sin embargo, dada la historia de campañas similares en contra de la explotación animal, enfocar la crítica solo en productos de belleza podría mantener de manera indirecta el prejuicio de que solo el testeo para productos usados por mujeres es innecesario.

Distintas organizaciones animalistas han denunciado el seximo en campañas previas como Más allá del cuero, Sin Piel, Abre tus ojos y Animales tontos, que están abiertamente dirigidas a mujeres, pues critican únicamente el uso de pieles animales para carteras, bolsos y abrigos. ¿Acaso los hombres no llevan puestas correas, billeteras y chaquetas de cuero? ¿O es que las prendas que usan las mujeres son innecesarias, mientras que las de los hombres no lo son?

Dada la historia feminista de la lucha en contra de la experimentación con animales, resulta paradójico que la discusión suela enfocarse en los productos usados por mujeres, puesto que el testeo animal se emplea para probar productos que todas y todos usamos.

Aunque el cortometraje no incurre en esta selección arbitraria de productos de belleza sobre la base del género, sí acaba por precisar que los animales no deberían sufrir en nombre de la belleza, que implícitamente habla de la “belleza femenina”.

Un entramado de violencias

La violencia del testeo en animales no es aislada. Hace parte de un entramado de violencias que permea nuestras relaciones con ellos. La legitimidad de estas prácticas parece basarse en el argumento de que hay unas violencias necesarias y otras que no lo son.

Si tomamos estos argumentos en serio, como parece ser el caso dada la viralización del corto, deberíamos pensar en el veganismo como un camino coherente para desmantelar toda explotación animal.

Los seres humanos no dependemos de ningún producto de origen animal para suplir nuestras necesidades. De la misma manera, todo aquello que alguna vez fue creado con partes de animales, tiene un reemplazo hecho a partir de materia vegetal o sintética.

El llamado a salvar a Ralph es también la oportunidad para pensar en todos los demás animales que sufren y mueren.

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