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¿Saldrá bien librado Donald Trump?

Escrito por Luis Javier Mejía
Donald Trump.

Donald Trump.

Luis MejiaDos años de investigaciones y un informe que absuelve al presidente, pero también y de otro modo condena al presidente. ¿Qué dice el reporte Mueller y a dónde irá a parar todo este escándalo?

Luis Javier Mejía*

“El fin de mi presidencia”

El gobierno de Donald Trump —y con él la política estadounidense— atraviesan un momento realmente complicado.

Ya está claro que los rusos tuvieron injerencia en las elecciones presidenciales de 2016, cuando Trump resultó electo. Además, miembros de su campaña habrían colaborado con los rusos, y su gobierno habría intentado interferir en las investigaciones sobre el caso.

Ya durante la campaña presidencial, los medios informaron sobre estas sospechas, y la reacción ciudadana forzó al Departamento Federal de Investigaciones (FBI) a iniciar las investigaciones respectivas.

En vista de esa decisión del FBI, Trump buscó la ayuda de Jeff Sessions, su Secretario de Justicia —en inglés Attorney General, que tiene funciones de fiscal general y supervisa al FBI— y de James Comey, director del FBI en su momento. El propósito era cerrar la investigación.

Comey ignoró las instrucciones y continuó la investigación, por lo que Trump lo destituyó en mayo del 2017. Sessions, por su parte, se declaró inhabilitado porque había sido parte de la campaña electoral de Trump. Debido a esta decisión —y después de numerosos reclamos humillantes— Trump finalmente destituyó a Sessions por su falta de lealtad.

Algunos congresistas demócratas exigieron entonces el nombramiento de un fiscal ad-hoc (special counsel). El Departamento de Justicia lo hizo el 17 de mayo de 2017, en la persona de Robert Mueller, respetado abogado republicano que había sido director del FBI del 2001 al 2013.

Recientemente se supo de la reacción que tuvo Trump ante esa decisión: “Por dios. No podría ser peor. Es el fin de mi presidencia. Me jodí.”, dijo en su lenguaje característico al enterarse.

Le recomendamos: Trump: un gobierno condenado a la crisis.

El esperado reporte Mueller

Hace algunas semanas, Mueller entregó el informe de su investigación al Secretario de Justicia William Barr, reemplazo de Sessions. Barr envió al Congreso un resumen oficial de cuatro páginas el 22 de marzo, y el 18 de abril (Jueves Santo) en la mañana convocó a una rueda de prensa para anunciar la publicación del reporte.

A medio día el Departamento de Justicia hizo pública una copia del informe revisada por censores oficiales. Del total del reporte original, el material censurado cubre el 7,25 por ciento y excluye:

  • La información presentada ante jurados de acusación (grand juries, en derecho estadounidense) convocados por el fiscal ad-hoc;
  • Materiales relacionados con los servicios de inteligencia, e
  • Información que pueda afectar investigaciones pendientes o los derechos de privacidad de “terceras partes periféricas” —personas interrogadas por el fiscal pero no acusadas—.

Robert Mueller presentó las pruebas contra Trump.

Foto: Wikimedia Commons
Robert Mueller presentó las pruebas contra Trump.

El informe final del fiscal pudo ser devastador para Trump y sus aliados, subalternos y seguidores. Aun habiendo comprobado intentos de obstrucción de justicia por parte del presidente, Mueller concluyó: “Los esfuerzos del presidente de ejercer influencia en la investigación fallaron en gran parte porque las personas que lo rodean en efecto rehusaron ejecutar sus órdenes o cumplir con sus instrucciones”.

¿Qué dice el informe?

La investigación de Mueller encontró pruebas de los siguientes hechos:

  1. Una entidad rusa llevó a cabo una campaña en redes sociales para favorecer la candidatura de Trump y desacreditar a la candidata demócrata Hilary Clinton, sembrando discordia entre el electorado;
  2. Un servicio de inteligencia ruso ejecutó operaciones de piratería cibernética contra entidades, empleados y voluntarios de la campaña Clinton y divulgó documentos robados;
  3. Agentes rusos y WikiLeaks coordinaron la publicación de correos pirateados del Partido Demócrata y de su candidata;
  4. Los rusos ofrecieron su ayuda a miembros de la campaña Trump, con quienes estuvieron en contacto frecuente. Algunos de ellos fueron receptivos en ocasiones;
  5. Personas vinculadas a la campaña Trump mintieron bajo juramento ante el fiscal o el Congreso de Estados Unidos sobre sus contactos con los rusos;
  6. Personas interrogadas o investigadas por el fiscal borraron comunicaciones relevantes para la investigación o retuvieron información, limitando las posibilidades de cruzar las declaraciones ante el fiscal con documentación contemporánea a los hechos.

Mueller formuló cargos criminales contra varios agentes rusos y algunos de los que mintieron bajo juramento, pero no contra miembros de la campaña Trump, pues consideró insuficientes las pruebas encontradas.

Aunque la ayuda de los rusos y de WikiLeaks hubiera podido considerarse contribución financiera ilegal a la campaña Trump, Mueller no encontró prueba de que su gente estuviera familiarizada con la prohibición de contribuciones extranjeras, como la ley lo requiere.

El informe también detalla diez eventos de interferencia en la investigación por parte de Trump, entre ellos intimidación de testigos y promesas de perdón presidencial y concluye: “Si después de una investigación exhaustiva de los hechos pudiéramos estar seguros de que claramente el presidente no hizo obstrucción de justicia así lo diríamos. Dados los hechos y los parámetros legales aplicables no podemos hacer esa declaración. En consecuencia, aunque este reporte no confirma que el presidente cometió un delito, tampoco lo exonera”.

Mueller advierte que es política del Departamento de Justicia no formular cargos criminales contra un presidente en ejercicio; por eso se ha abstenido de hacerlo. Pero advierte que corresponde al Congreso decidir sobre la obstrucción de justicia, y que una vez fuera del cargo Trump puede ser investigado por la justicia ordinaria por los abusos de poder que haya podido cometer.

Puede leer: Lo que pasó y lo que viene para Donald Trump.

La reacción de Trump y los republicanos

La investigación Mueller tuvo resultados agridulces para Trump. Al presentar el informe, el secretario Barr intentó calificarlo como positivo al declarar que:

1. El reporte exonera a Trump y su campaña de toda acusación de colusión con los rusos;

2. Como jefe del Departamento de Justicia tiene la facultad discrecional de formular cargos criminales, lo que no hará porque considera que las pruebas recolectadas por Mueller no fundamentan el cargo de obstrucción de justicia, y

3. La colaboración del gobierno con los investigadores fue amplia e incondicional.

Con la misma intención y el día de la publicación del informe, Trump escribió en Twitter que quedaba exonerado de toda acusación de haber conspirado —en inglés collusion— con los rusos, aunque Mueller dejó claro que collusion no era un término legal y no era parte de su investigación.

Lo cierto es que la investigación de Mueller no deja tan bien parado a Trump. Al presentar los testimonios, Mueller describió una Casa Blanca caótica, bajo la dirección de una persona ignorante de la ley y la Constitución, mentirosa, errática, voluble, egocéntrica, rencorosa, malgeniada y caprichosa, donde los empleados temen tanto la ira del jefe como la traición de los colegas.

Cuando Trump percibió que el reporte no le era favorable se deshizo en insultos y ataques personales contra Mueller, sus testigos y los demócratas, y ha prometido entorpecer las investigaciones que estos quieren adelantar en seguimiento del informe.

Protesta contra Trump y por la protección de Mueller.

Foto: Flickr
Protesta contra Trump y por la protección de Mueller.

Los líderes republicanos que han rodeado a Trump, denuncian la investigación como una persecución política criminal desatada por los demócratas, y exigen que el Departamento de Justicia investigue a los investigadores del FBI que abrieron el caso ruso.

Trump y los republicanos tienen a su favor que, ante todo esto, la opinión pública apenas si ha reaccionado. De acuerdo con las encuestas promediadas de FiveThirtyEight, las tasas de aprobación y desaprobación de Trump han permanecido estables alrededor de 40 o 50 por ciento desde mayo del 2017.

¿Cuál será la estrategia de los demócratas?

Mientras tanto se acercan las elecciones presidenciales del 2020 y los cálculos políticos no se hacen esperar.

Contando con la aprobación del cuarenta por ciento de la población y con la manipulación de las leyes electorales por parte de las mayorías republicanas en las legislaturas estatales, es posible —aunque no deseable— que Trump pierda el voto popular, pero triunfe en el Colegio Electoral, tal como pasó en las elecciones de 2016.

Los líderes demócratas, por su parte, están indecisos y divididos en sus reacciones al informe Mueller porque saben que está en juego la presidencia en las elecciones del próximo año. Para tener el chance de triunfar, los demócratas deben calcular el impacto de sus decisiones en los estados claves para la conformación del Colegio Electoral y en la minoría de votantes sin afiliación partidista.

Algunos demócratas se inclinan por hacerle un juicio político —que en derecho estadounidense se llama impeachment— a Trump en el Congreso. En opinión de expertos legales, Mueller creó un acervo probatorio sólido para acusar a Trump de obstrucción de justicia.

De llevarse a cabo, es probable que la Cámara de Representantes apruebe la acusación formal. Pero también es casi seguro que la mayoría republicana en el Senado la rechace, independientemente de la culpa o inocencia de Trump. Así, los demócratas tendrían la razón legal y la justificación moral, pero los republicanos presentarían el juicio como un ataque partidista que les impide gobernar.

Por eso mismo —y en vez del desgaste del juicio Trump—, otros demócratas prefieren prepararse con un discurso de problemas y soluciones que gane las elecciones generales del 2020, incluyendo presidencia y congreso.

Mientras tanto los congresistas demócratas siguen investigando a Trump y a su equipo. Durante las últimas semanas han ordenado al gobierno entregar documentación sobre:

  • Impuestos federales del presidente;
  • Trámites para aprobar el personal de la Casa Blanca que tiene acceso a secretos de Estado, y
  • La destitución de altos funcionarios del Departamento de Seguridad Patriótica (Homeland Security) ordenada por Trump.

Trump, por supuesto, ha ordenado a las agencias federales ignorar los pedidos del Congreso.

La polarización social y política en Estados Unidos data del anterior gobierno de Obama, cuando los republicanos ejercieron una férrea y sistemática oposición. Pero no ha hecho sino agudizarse bajo el discurso racista e irrespetuoso del Estado de derecho que sostiene Trump.

Lea en Razón Pública: Estados Unidos y Turquía, una alianza que agoniza.

Pero el trasfondo de todo esto es que el país enfrenta un dilema entre el ejemplo de vida y gobierno de Trump y el respeto a los principios de la Constitución y a los valores de la civilización occidental.

*Abogado, economista e investigador social residente en Nueva York.

 

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