Riqueza sin escrúpulos: empresarios, ilegalidad y corrupción - Razón Pública
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Riqueza sin escrúpulos: empresarios, ilegalidad y corrupción

Escrito por Julio César Zuluaga

En medio de los escándalos de corrupción, no se ha mirado bastante al papel del sector privado.   ¿Por qué tantos empresarios colombianos escogen ese camino en vez de hacer innovaciones, elevar la productividad o producir valor agregado para obtener sus ganancias?

Julio César Zuluaga*

 

Nuestro propios “lobos”

Después de ver la película El lobo de Wall Street es imposible no pensar en casos similares de empresas y empresarios colombianos: el cartel de la contratación en Bogotá, el programa Agroingreso Seguro, Interbolsa, las EPS, las organizaciones empresariales criminales, la adquisición de terrenos baldíos, o los presuntos socios de la “red de corrupción” en las fuerzas armadas  que ha sido descubierta en estos días.   

Estos casos nos muestran cómo algunos empresarios emplean sus talentos para acumular riqueza sin producir ningún valor agregado, mediante prácticas de corrupción, clientelismo, captura de rentas e ilegalidad – actividades destructivas de la riqueza y de los recursos ya existentes-.  

La actividad empresarial puede tener efectos diferentes  sobre la economía y el bienestar social de los países.

Se trata entonces de riqueza privada a costa de la sociedad colombiana, o de empresarios que en efecto actúan como lobos.

Varios tipos de empresarios

Sin duda alguna, los empresarios juegan un papel muy importante –aunque no exclusivo- en las  economías contemporáneas, por ser los agentes encargados de enfrentar la incertidumbre, de introducir innovaciones y de coordinar los factores de producción de manera eficiente.

Dotados de habilidades y motivados por la búsqueda legítima de beneficios privados, los empresarios pueden lograr mejoras en la  productividad o aumentos en el ingreso per cápita, dos dimensiones reconocidas como indicadores del desarrollo económico. Por esta razón, la visión convencional sostiene que entre más emprendedores haya en una sociedad, mayor será su nivel de actividad empresarial y por ende mayores sus niveles de desarrollo.

Sin embargo, algunos estudios recientes han encontrado evidencia contraria a ese argumento: no siempre existe una relación significativa (e incluso se dan casos de relación negativa) entre tasas de actividad emprendedora y desarrollo económico.  Dicho de otra manera: la actividad empresarial puede tener efectos diferentes  sobre la economía y el bienestar social de los países.


El economista Estadounidense William Baumol.
Foto: Ville Oksanen

“Emprendedores colombianos”

Para mejor entender la situación colombiana habría que admitir que nuestro atraso relativo no se debe a la falta de emprendimiento ni de empresarios –como implícitamente se cree desde hace unas décadas-, sino al exceso de comportamientos empresariales de tipo rentístico, improductivo y destructivo, que generan altos beneficios privados pero pocos beneficios sociales.

Esta hipótesis sería confirmada por los muchos escándalos que relacionan empresarios y corrupción, captura del Estado y clientelismo, ilegalidad y nexos con el crimen organizado. Aunque lo anterior sucede en mayor o menor medida en cualquier país, la pregunta es por qué en Colombia han predominado estos comportamientos.

Los empresarios colombianos tienen, en principio,  las mismas cualidades de un empresario moderno: son creativos, innovadores, capaces de asumir riesgos y de lidiar con la alta incertidumbre del entorno, además de habilidades para coordinar los factores de producción. Pero es igualmente cierto que buen número de empresarios utiliza estas habilidades para acrecentar su riqueza, prestigio y poder en desmedro de los recursos y el bienestar de la sociedad colombiana.

Así, aunque se diga que el empresariado colombiano es innovador, hay que precisar que mucha de esa innovación consiste en formas novedosas de captura del Estado, corrupción y formas de organización para apropiarse de las rentas sin crear valor agregado.

Así, aunque se diga que el empresariado colombiano es innovador, hay que precisar que mucha de esa innovación consiste en formas novedosas de captura del Estado, corrupción y formas de organización para apropiarse de las rentas sin crear valor agregado. Los ejemplos y escándalos son abundantes y bien conocidos.

Por supuesto, no se trata de volver a los debates estériles del pasado que veían al empresariado como un villano, sino de comprender las razones que llevan a que en algunos sectores predominen ese tipo de comportamientos que impiden el progreso económico y social.

Dos preguntas

Sin tocar el tema de la moralidad del comportamiento de los empresarios, a partir de la  historia reciente cabe plantear dos preguntas importantes para Colombia:

1- ¿Cómo se explica que tantos empresarios dediquen sus habilidades a la obtención de ganancias sin producir ningún valor agregado?  

2- ¿Cómo lograr que el talento emprendedor se oriente hacia actividades que generan altos beneficios privados al tiempo que aseguran grandes beneficios sociales?

Aunque estas preguntas ameritan toda una investigación, para empezar me atrevo a señalar algunos puntos y reflexiones basadas en episodios recientes de empresarios improductivos, corrupción e ilegalidad en Colombia.


Empresarios en la Cuarta Ronda de Buenas
Prácticas de Transparencia Empresarial.
​Foto: Transparencia por Colombia

Una posible respuesta

Una manera de entender el comportamiento rentístico de algunos empresarios colombianos se basa en los trabajos del economista William Baumol, quien analiza la influencia de las instituciones —entendidas como “reglas de juego” formales e informales, estructura de incenti­vos y estructura de derechos de propiedad— sobre el desarrollo económico, a través de sus efectos sobre el comportamiento empresarial.

Según Baumol, las instituciones de cada sociedad pueden hacer que las actividades de los empresarios sean productivas, improductivas o destructivas, así:  

  • Productivas: el empresario genera ganancias privadas y altos beneficios sociales, expresados en el crecimiento de la productividad y la renta per cápita;
  • Improductivas: beneficios privados para el empresario a costa de la sociedad, vía la captura de rentas o el crimen organizado;
  • Destructivas: empeora la situación de ambos y destruye recursos.

En la primera situación gana el empresario y gana la sociedad, en la segunda gana el empresario a costa de la sociedad, y en la tercera acaban por perder ambos. Pues en los escándalos recientes de Colombia cabría hablar de experiencias improductivas e incluso de situaciones destructivas o donde el empresario    corrupto también acaba por perder su riqueza.

Las maneras de actuar del empresario en cada sociedad o en cada época dependen fundamentalmente de las “reglas de juego” es decir, de la estructura de incentivos. Son estos incentivos, y no la oferta de empresarios, lo que subyace a los procesos de desarrollo de un país, a través de la asignación de los esfuerzos y capacidades de los emprendedores.

El talento empresarial se ha asignado de manera ineficiente porque las instituciones colombianas han estimulado las actividades propias de la industria extractiva, la acumulación de tierras y la captura de rentas como vías principales para obtener grandes beneficios privados. ​

Dos conclusiones importantes de Baumol:

– Primera: los emprendedores siempre han jugado un papel en la sociedad o, más precisamente,  una variedad de papeles según sea el uso de su creatividad y sus esfuerzos. Por eso la disponibilidad de emprendedores puede ser necesaria pero no es suficiente para lograr el desarrollo económico.

– Segunda: el que los empresarios sean “aquellas personas con ingenio y creatividad para encontrar los cauces que acrecientan su propia riqueza, poder y prestigio", no necesariamente significa que su riqueza privada contribuya a la riqueza social; esto depende de las instituciones propias de cada sociedad.

Propuestas provisionales

En el empeño de combatir la corrupción, sería preciso entender que las actividades empresariales improductivas o destructivas se relacionan con el tipo de incentivos y castigos, formales e informales, que existen en Colombia. Es decir, con la gobernanza pública de la actividad empresarial.

Por supuesto, no se trata de las instituciones solamente. Pero hace falta introducir los contrapesos necesarios para asegurar la prevalencia de comportamientos productivos y desestimular los improductivos y destructivos.

El talento empresarial se ha asignado de manera ineficiente porque las instituciones colombianas han estimulado las actividades propias de la industria extractiva, la acumulación de tierras y la captura de rentas como vías principales para obtener grandes beneficios privados. 

Para corregir esta situación sería preciso reformar los mecanismos, regulaciones, incentivos y castigos que operan como marco para el desarrollo de las actividades  empresariales. Reformas que desestimulen las actividades improductivas o destructivas, mientras se estimulan las actividades productivas.

La política de emprendimiento debería enfocarse menos en la creación de empresas y más en lograr que las ya constituidas –y las que están por crearse- abandonen comportamientos de captura de rentas, ilegalidad y destrucción de los recursos como estrategia de crecimiento y expansión de sus negocios.

Y hay que abandonar la idea que la empresa privada tiene un sesgo automático hacia la innovación. Esto no es cierto: tiene un sesgo solo hacia la acumulación de capital y el aumento de los beneficios privados.    

 

* Historiador de la Universidad del Valle, estudiante de doctorado en Administración de la Universidad de los Andes e investigador visitante en el Jackstädt Center for Entrepreneurship and Innovation Research, University of Wuppertal (Alemania).

juliocesarzuluaga83@yahoo.com

twitter1-1@JulioZuluaga83

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