Colectivos y corporalidades de los carnavales en Barranquilla
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Revelar la disidencia: colectivos y corporalidades de los carnavales en Barranquilla

Escrito por Danny Gonzalez Cueto

Foto: Ade Chiriví

El carnaval de Barranquilla es más diverso de lo que parece, y así lo muestran las disidencias de género, su historia y sus aportes a una de las fiestas más importantes de Colombia.

Danny González Cueto*

“La vida de nosotrxs es arte, el saber cómo defenderse y cómo tratar de buscar las formas de explicar nuestra existencia ya es arte.”

Magdalena Morenales, La morena del Chicamocha, 2024.

Otros cuerpos, otros carnavales

En 2019 cuando regresé a Colombia, mientras disfrutaba de la programación alternativa que el Carnaval ofrecía aún en Barranquilla con la Noche del Río en el Parque Cultural del Caribe, el artista y gestor cultural Francisco González me invitó a apoyar una propuesta que daría un giro radical a la visión que se estaba manteniendo de las carnestolendas. 

Francisco nos convidaba al Carnaval del bordillo, que mantiene aún su manera de vivirlo y gozarlo en el Sur de esta esquina del Caribe. Ese impulso de compartir una causa común, me hizo aceptar y fue así que empecé a hacer parte del Colectivo La Nave de Lxs Locxs. Al año siguiente, inspirados por La Nave, nació el Colectivo de estudios LGBTIQ+ Transmallo, al término de la segunda experiencia en la calle 17. 

A través de este acercamiento, relato un panorama que demuestra el aporte de dos colectivos artísticos que desde unos años atrás han convertido al Carnaval del Sur en un escenario público de resistencias disidentes, lo que ha llevado a interesantes caminos libertarios, poéticos y de autoafirmación afro-travestis, travestis, mariconxs y trans-incluyentes. 

Cuando una danza, comparsa o colectivo se crea a partir del otro grupo es porque mantiene una o más diferencias en las formas en que se siente parte del espacio político y festivo, lo que da lugar a una única opción, declarar la disidencia y abandonar el statu quo.

Los carnavales “oficiales” en Barranquilla como los conocemos hoy son un invento de finales del siglo XIX, organizado en formato militar con desfiles, herencia de un país que emerge con las gestas de independencia y un sinfín de guerras civiles en los territorios. 

Es justamente ese el origen de la Batalla de Flores, pues cuando terminó la Guerra de Los Mil días, el general de la plaza, Heriberto Vengoechea, ordenó que se realizara un desfile para celebrar el fin del conflicto. 

Las carrozas y las caras blancas conforman el repertorio que no ha cambiado mucho desde entonces, mientras las comunidades de afrodescendientes, mestizos y de todo color, migrantes de todos los puntos de la región, organizan bailes con cantos y tambora en sus barrios. 

En los diferentes archivos audiovisuales, fotográficos y de prensa que revisé en los años dos mil, el carnaval se presenta como carnaval blanqueado y “salvado” por la élite de la ciudad, en los años ochenta del pasado siglo, cuando la corrupción y la política amenazaban su continuidad. Curiosamente en ninguna otra expresión de la cultura popular colombiana hay tal ordenamiento. 

Frente a los archivos blancos, los estudios etnográficos de autores como Nina S. Friedemann, Mirta Buelvas, Margarita Abello, Jaime Arocha, Eduardo Restrepo, Adriana Maya, Ramiro Delgado, Jaime Olivares, han develado un carnaval negro y mestizo. 

En mi caso, he encontrado un carnaval travesti, afrotravesti, maricón y queer, a partir de mi propia corporalidad, mis archivos y los estudios realizados con otros autores, como Massimiliano Carta y Francisco A. Zurian. También he puesto en discusión los archivos mismos y el concepto de archivo, ya que no corresponden a nuestra cosmovisión travesti. 

En nuestra ayuda, la escritura maricona de John Templanza Better ha abierto los canales antes bloqueados por la heteronormatividad y el patriarcado Caribe. Pero más allá, hay contribuciones del mismo Gran Caribe a través de la figura interdisciplinaria del dominicano Johan Mijail, quien también ha profundizado al respecto en las cavidades pre-históricas del machismo de la provincia. 

También está el trabajo de feministas que abogan por una sociedad trans-incluyente como Celenis Rodríguez Moreno, a diferencia de la censura que un feminismo TERF pretende imponer al Carnaval: “el Caribe ha sido un laboratorio de modernidad y por supuesto de colonialidad… Es importante resaltar que entre esas estructuras estaba el sistema moderno/colonial de género… el ideal sigue siendo la mujer blanca, letrada, de clase media, heterosexual, la cual debe ser emulada por las negras o por las indígenas, bajo la promesa de humanidad o de ciudadanía”. 

Entonces, ¿para qué explicar las disidencias corporales y sexuales en el contexto carnavalero? ¿qué plantean lxs colectivxs disidentes frente a las dinámicas del carnaval? 

Foto: Ade Chiriví - Las disidencias han sido parte del desarrollo del Carnaval de Barraquilla, incluso expresiones que hoy son tradiciones, como la danza de los Congos, fueron parte del espíritu de renovación.

El viaje de La Nave

Como expresó Mirta Buelvas en los noventa “hoy se reúnen en un mismo espacio hechos consagrados por la tradición con nuevas y originales creaciones… puesto que lo tradicional en el carnaval es lo opuesto a este concepto, es decir, el cambio y la renovación”.

Este espíritu de “cambio y renovación”, es parte de su desarrollo, puesto que las disidencias ya han aparecido a lo largo de su devenir entre las mismas expresiones tradicionales como la danza de Congos (El Toro Grande y El Torito) o las comparsas (Las marimondas del Barrio Abajo y la Rebelión de las marimondas). 

También se hicieron presentes en otras manifestaciones dentro del carnaval que a principios de los años ochenta marcaban una diferencia, para este caso, Disfrázate como quieras (1983), de la cual salió La puntica no má (1999), y de esta a su vez, La Nave de Lxs Locxs (2019). 

Pero, ¿por qué se dan las disidencias? Cuando una danza, comparsa o colectivo se crea a partir del otro grupo es porque mantiene una o más diferencias en las formas en que se siente parte del espacio político y festivo, lo que da lugar a una única opción, declarar la disidencia y abandonar el statu quo. 

La Nave nace de la necesidad de conectarnos “con el origen ritual del carnaval… el ADN del carnaval en el Caribe colombiano, conformado por elementos como: la resistencia, lo comunitario, la celebración como espacio metafísico y sobrenatural; y la fiesta como espacio político”. 

Por eso, La Nave mira a la zona patrimonial donde nació el Carnaval, que abarca los barrios Rebolo, La Chinita, Las Nieves, Simón Bolívar, y cuyo desfile, el del Rey Momo en la calle 17, entre las carreras 38 y 4C el sábado de carnaval, configura una serie de experiencias significativas más allá del desfile mismo.

Como Manifiesto, La Nave aboga por prácticas sanas como el reciclaje y la preservación del espacio festivo de las comunidades, las artes vivas como vehículo para la expresión profunda del ser y la descolonización de las expresiones culturales. La participación activa de artistes es parte de un performance colectivo, y no fragmentos dispersos. Su principal interés es el pensamiento y la reflexión. 

El furor travesti de Transmallo

Nuestro colectivo aparece como legado de otro, el Colectivo Proyecto Púrpura, que estuvo activo desde finales de los años noventa y principios de los dos mil, con el cual organizamos ciclos de cine LGBTIQ+ en Barranquilla, encuentros, charlas, estableciendo una conexión con instituciones culturales cuyos espacios sirvieron para los propósitos que nos planteamos. 

Pero Transmallo, que nació a expensas de un encuentro interestelar maravilloso con el artista Alfonso Suárez, como Farota, y nosotres como viudas de Joselito, el martes de carnaval, nos puso a pensar la reflexión desde nuestras corporalidades el día más travesti del año. 

Nos tocó enfrentar la pandemia COVID-19 encerrados en casa y algunes con problemas económicos y de muy diferente índole, por lo que Transmallo se constituyó en un espacio virtual en mayor medida y posteriormente hizo distintas incursiones en conexión con otros colectivos.

Una de ellas fue con el artiste Atabey Mamasita (Carlos María), que nos invitó a colaborar con el manifiesto visual titulado La Nave (2021) durante un año en que el Carnaval no se celebró, y les artistes de Transmallo: Ben Artist, Lea Leandro, Hanoi Utumayo y yo hicimos explotar la restricción patriarcal y deambulamos con nuestro llanto travesti por las calles del Barrio Abajo. 

Fue a finales de 2020 cuando desde Transmallo emprendimos nuestro proyecto más importante, la exposición Travestiario tropical, a partir de la cual se realizaron dos cortometrajes, “Como una loba” y “Visual travesti”.

También he puesto en discusión los archivos mismos y el concepto de archivo, ya que no corresponden a nuestra cosmovisión travesti.

Tuvimos una serie de encuentros sobre archivos travestis y representaciones LGBTIQ+ en el audiovisual iberoamericano, varios talleres y diálogos sostenidos con otres artistes que plantearon una museografía para confrontar conceptos estéticos como autenticidad/falsedad, visualidad, etc., como también para forjar una conciencia contra los discursos academicistas-artísticos homo y transfóbicos que tienen lugar en las escuelas y los circuitos de arte. 

Ese vínculo entre hermanas, como en “El color púrpura” de Alice Walker o por extensión como hermanas travestis, nos acercó a La Nave, como en una suma de resistencias, o en el sentido del Manifiesto de Johan Mijail “Olvidar de una vez la referencialidad heterosocial del activo y el pasivo y sus flujos coloniales. Inventar desde nuestro desborde y diferencias las maneras de hacernos compañía. ¿Qué es lo que significa ser trans? ¿Qué quiere decir soy “travesti” en el Caribe?”.

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