Retratos que vulneran: la violencia mediática hacia niñas/os, adolescentes y mujeres
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Retratos que vulneran: la violencia mediática hacia niñas/os, adolescentes y mujeres

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Valentina Trespalacios, las niñas del Tolima y Antonella Petro son apenas ejemplos del periodismo amarillo y estigmatizador que suelen practicar periodistas y medios influyentes de Colombia.

María Cristina Hurtado Sáenz*

Más que contar noticias

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la promoción de los derechos humanos. Sin embargo, es innegable que algunos refuerzan estereotipos,  percepciones y prejuicios que vulneran derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes (NNA) y de mujeres, contribuyendo a mantener el sexismo y a estigmatizar a las víctimas de violencias de género o inclusive a justificar a sus agresores. 

La violencia mediática se concreta en el uso de plataformas para reproducir ideas contrarias a la dignidad de los NNA y mujeres mediante estereotipos sexistas o que hagan apología de las violencias.

El periodismo a través de salas de redacción, directores de medios, radio, televisión, prensa, medios digitales y redes sociales, contribuye a la construcción social de la realidad. El periodismo también está ligado a la percepción de hombres y mujeres, cuyas opiniones resultan de patrones patriarcales, que a su vez se reproducen en la familia, la comunidad y el Estado. 

La violencia mediática se concreta en el uso de plataformas para reproducir ideas contrarias a la dignidad de los NNA y mujeres mediante estereotipos sexistas o que hagan apología de las violencias.

Le recomendamos: La trata de mujeres, niñas, adolescentes: ¿cómo prevenirla?

El mal balance de los medios colombianos 

El artículo de El Tiempo “Agresión contra mujeres sigue sin verse como un crimen, dice informe de Llyc” (marzo 4 de 2024), analiza el informe de la consultora Llyc según el cual los medios de comunicación abordan mal la violencia de género y  Colombia es el país donde “más se dramatiza” la violencia contra las mujeres. “En el manejo que se da en Colombia a la violencia de género, es recurrente la dramatización en redes sociales, “Una agresión no es un evento triste, es un crimen” señala el informe. 

Para determinar el tratamiento que le dieron los medios a la violencia de género, Llyc se basó en las 21 reglas de buenas prácticas, entregadas por la Red Mediterránea de Autoridades Reguladoras (MNRA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD.”

“Las principales deficiencias de los medios de comunicación, detectadas en el estudio, fueron la alusión a la salud mental de las víctimas, la negación de las violencias de género, la violación a la privacidad y las justificaciones a la agresión por discusiones, adicciones y enfermedades siquiátricas”. 

Es lamentable corroborar que los colombianos fueron quienes más justificaron las agresiones contra las mujeres al suponer que la víctima provocó o sedujo al agresor;

así respondió el 5% de los encuestados en Colombia. 

Es más: el 75% dijo que los medios destacan más los atributos de la víctima que los del agresor y que los medios minimizan indirectamente la responsabilidad del perpetrador.

Valentina Trespalacios

Con el fin de ilustrar estas situaciones, quisiera referirme al feminicidio de la joven de 23 años Valentina Trespalacios por parte de su pareja, el norteamericano Jhon Poulos, el 21 de enero de 2023.  

Este suceso fue intensamente mediatizado y reveló una faceta dolorosa para las víctimas y sobrevivientes: la revictimización. Varios medios pusieron el foco en la víctima, en su vida íntima, su forma de vestir, actividad laboral (DJ), nivel socioeconómico y nivel educativo. 

Los niveles de indolencia y crueldad en las redes llegaron a utilizar adjetivos como “buscona”, “trepadora”, “vaga”, “drogadicta” para justificar lo sucedido y buscar razones para que el agresor la hubiera asesinado, trasladando la culpa a la víctima.

Uno de estos fue el artículo de El Colombiano Jhon Poulos confesó que asesinó a Valentina Trespalacios mientras tenían relaciones: “Lamento la decisión de meterla en una maleta”.

Dicha nota le dio énfasis a la confesión del feminicida: Imagínese matar a alguien a quien uno ama. Es una sensación horrible. Quedé destruido, yo a ella la amaba. Lamento la decisión de meterla en una maleta y tratar de escapar. La habitación me daba vueltas, había consumido muchas drogas”. Este tratamiento particular de la información produjo reacciones de compasión y empatía con el feminicida. 

El crimen tuvo gran figuración mediática porque el agresor era un extranjero y la víctima pertenecía al mundo del entretenimiento, como una suerte de estratificación de las víctimas, ante un universo de 218 feminicidios en 2023, según Medicina Legal,  los cuales en su gran mayoría pasaron desapercibidos.

Además, como dice Yamile Roncancio “En los chats de las plataformas que transmitían audiencias judiciales se leían comentarios como, “eso le pasa por estar buscando gringos para que las mantengan”. “En este caso, los cubrimientos eran acompañados con imágenes en las que siempre se veía a la víctima estereotipada, con poca ropa y siempre en medio de una fiesta, se usaban mientras se hablaba de la tortura sufrida y la forma en la que fue desechada de forma inhumana”.

Es típico de estos cubrimientos periodísticos la difusión de entrevistas con vecinos, el manejo de las versiones de oídas, las filtraciones judiciales y las fotos hipersexualizadas de las víctimas, lo cual redunda en una altísima revictimización de la víctima y su familia y el uso de ellas de manera coyuntural para después abandonarlas a sus precarios recursos. 

A esto suele sumarse la exculpación del victimario debido a sus circunstancias personales (consumo de sustancias, celos, enfermedad mental etc.) y al presunto uso económico y emocional de la que pudo haber sido sujeto por parte de la víctima.

Para la infancia no es mejor

Es frecuente también el tratamiento irresponsable y estigmatizador en los casos de delitos sexuales contra NNA, explotación en la prostitución y trata con fines de explotación sexual donde se refieren a ellas como “niñas en prostitución” o “en actividades sexuales pagas”, o que “prestaban servicios sexuales”. Estas etiquetas desconocen la condición de víctimas de conductas penales que viven algunas NNA.

Adicionalmente, es común naturalizar y legitimar las relaciones sexuales y “sentimentales” entre adultos y niñas y adolescentes, desconociendo que toda actividad sexual con menores de 14 años es un delito sexual agravado, así sea con el consentimiento de la víctima.

Al respecto, es ilustrativa la noticia de la emisora ONDAS de Ibagué (23 de Mayo de 2024) que se tituló “ Niñas del sur del Tolima no fueron raptadas, estaban con sus novios”. En este caso, las niñas tenían 12 y 17 años y sus “compañeros sentimentales” 35 y 37 años.

“El mayor Jorge Iván Puentes comandante del distrito de Chaparral, reveló que la primera pequeña fue hallada en compañía de un hombre de 35 años de edad quien presuntamente sería su compañero sentimental, la adolescente estaba voluntariamente con el sujeto y descartó que se haya tratado de un rapto”.

Salud Hernández y Antonella Petro

Por último y, por ser de actual ocurrencia, relaciono apartes de la columna  de Salud Hernández de la eevista Semana Carta a Antonella Petro”, donde asevera refiriéndose a la hija de 15 años del presidente Petro, Antonella: “Encuentro descorazonador que una adolescente crea que las proclamas incendiarias, calumniar a tus oponentes y mentir sin ruborizarse sean el camino recto que deba seguir la juventud”

Hernández agrega que  “Podría ocurrir que la próxima ocasión en que usted viaje a Italia de paseo, sus amigos europeos le transmitan su alarma al creer que en Colombia los millones que no votaron por su papá y rechazan sus políticas abrazan la esclavitud y la matanza de jóvenes”. 

En respuesta, Antonella Petro le escribe una carta a la periodista donde asevera: “Usted a lo largo de su carta estigmatiza mi vida, mi forma de ser y de pensar (…) Sin embargo parece que usted, respetada periodista, por verme al lado de mi papá buscó la ocasión de utilizarme como instrumento para criticarlo”

Como parte de la respuesta, la hija del presidente también dice: “si su intención es juzgar el discurso de mi padre, lo cual es totalmente válido, podría haberlo hecho sin necesidad de mencionarme (…) No soy una adolescente ni sesgada, ni ignorante como usted intenta plantear en incontables ocasiones en su artículo”.

Este caso ejemplifica perfectamente la forma en que una periodista autodeclarada de oposición del gobierno, que incluso ha sido defensora de derechos de infancia y adolescencia en otras columnas y trabajos periodísticos, hace prevalecer su sesgo político sobre el interés superior de los derechos de la adolescente de forma revictimizante y estigmatizante, sin que hasta hoy la columnista o el medio hayan hecho ninguna rectificación o excusa.

Por una nueva ética mediática con enfoque de género

En Colombia, aunque contamos con un marco legal robusto de los derechos humanos de las mujeres y las NNA y con tratados internacionales suscritos por el Estado, no tenemos un código de ética y deontológico único con enfoque de género para los medios de comunicación públicos y privados. 

Un enfoque de ese tipo es necesario, especialmente para los periodistas y las víctimas, pues es necesario establecer límites legales y éticos que dejen claro que la libertad de expresión no puede ejercerse a costa de violar otros derechos humanos.

Foto: CityTv

La violencia mediática se le puede atribuir a cualquier medio de comunicación que, de manera directa e indirecta, promocione o legitime estereotipos discriminatorios por sexo y género y haga apología de la violencia contra NNA y mujeres

De hecho, algunos medios de gran difusión como El Tiempo (Jineth Bedoya, editora de género) y El Espectador (Impacto mujer) tienen expertas en análisis de las noticias con perspectiva de género. 

Adicionalmente, existe la Red Colombiana de periodistas con visión de género, que cumple un papel importante en difundir pautas éticas, sin embargo, la gran mayoría de los medios adolecen de este apoyo. 

A mi parecer, y para abrir la discusión, considero que la violencia mediática se le puede atribuir a cualquier medio de comunicación que, de manera directa e indirecta, promocione o legitime estereotipos discriminatorios por sexo y género y haga apología de la violencia contra NNA y mujeres. 

Cualquier medio que produzca o permita la reproducción de discursos de odio sexistas que causen daño psicológico, sexual, físico, económico, o de otra índole y que atenten o vulneren la vida, salud, libre desarrollo de la personalidad, dignidad, integridad, libertad, seguridad y otros derechos fundamentales. 

Para enfrentar esto, es necesario implementar códigos éticos y procesos de formación y cambio cultural en la representación mediática de las NNA y mujeres que impidan vulnerar sus derechos. Por último, recuerdo la vieja consigna feminista: “Lo que no se nombra no existe”, pero en este caso lo que se nombra y comunica mal, es peligroso, encubre, invisibiliza y daña.

Lea en Razón Pública: https://razonpublica.com/las-marchas-del-8m-la-respuesta-la-policia-las-mujeres-somos-las-enemigas/

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María Cristina Hurtado

Escrito por:

María Cristina Hurtado

*Abogada de la Universidad Nacional, politóloga de la Universidad Javeriana, Magíster en políticas públicas y política social, investigadora, docente de posgrados de la Universidad Nacional, exdelegada de derechos de infancia y mujeres en la Defensoría del Pueblo, corredactora de la Ley 1257 de 2008.

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