El retorno del FA al gobierno de Uruguay y el triunfo de la moderación
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El retorno del FA al gobierno de Uruguay y el triunfo de la moderación

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Con el triunfo del Frente Amplio, la expectativa es que los próximos cinco años de Uruguay sean muy similares a lo que han sido los veinte anteriores. Según los dos partidos que se disputaban la Presidencia, ganaron la democracia y la institucionalidad.

El último domingo de noviembre el Frente Amplio (FA, centro-izquierda) recuperó el gobierno de Uruguay luego de haber gobernado entre 2005 y 2020 bajo los mandatos de Tabaré Vázquez y José “Pepe” Mujica. El presidente electo actual, Yamandú Orsi, fue impulsado en la interna del FA como candidato por Mujica y su facción política desde que el partido pasó a la oposición en 2020. El retorno del FA al gobierno de Uruguay marca tres elementos clave para la política nacional y regional. En primer lugar, muestra la continuidad y estabilidad de la competencia partidaria entre dos bloques programáticos claramente definidos y con alta conexión y legitimidad en el electorado. En segundo lugar, el 90 % de los electores votaron por alguno de los tres partidos tradicionales: FA, Partido Nacional (PN) y Partido Colorado (PC). Finalmente, los principales candidatos exaltaron los valores del republicanismo, la democracia y la institucionalidad uruguayas haciendo énfasis en la necesidad de mantener la excepcionalidad del país en un escenario global de amenaza a los principios de la democracia liberal. En la noche del domingo 24 de noviembre, cuando se conocieron los resultados, ambos candidatos presidenciales centraron sus discursos en que esa noche habían ganado la democracia y la institucionalidad. 

Sistema de partidos congelado y moderado

El sistema de partidos uruguayo está virtualmente congelado desde 1999. Esta metáfora la propusieron Lipset y Rokkan (1967) para entender la estabilidad de los sistemas partidarios y la distribución de los votos en la Europa occidental de posguerra. Para Lipset y Rokkan, ese “congelamiento” en que competían siempre los mismos partidos con cuotas de votos similares era resultado de que los partidos representaban los conflictos sociales (clivajes) más relevantes de un país dado. Los ejemplos clásicos son los Partidos Laboristas o Socialistas, que representan a los obreros; los partidos cristianos, entre otros. La representación consiste en trasladar eficazmente demandas de la base electoral de cada partido y producir políticas públicas alineadas con esas demandas. Cuando por distintas razones los partidos se alejan de las demandas de sus bases electorales, los sistemas pueden realinearse o ir perdiendo legitimidad. Un sistema de partidos institucionalizado es aquel en que los partidos existentes pueden adaptarse y continuar representando eficazmente.  

El congelamiento del sistema partidario uruguayo combinado con reglas electorales abiertas a nuevos competidores (representación proporcional y sin umbrales mínimos) muestra con claridad que el sistema partidario como conjunto representa las demandas ciudadanas. Además, la estabilidad en los votos de los bloques señala que las identidades partidarias y los intereses de cada grupo social continúan relativamente alineados. 

La estabilidad uruguaya también muestra que el país está dividido políticamente en dos mitades con pesos similares: el FA gobernó quince años con mayorías absolutas en las Cámaras del Parlamento y un caudal electoral de entre el 48 % y el 52 %. Cuando en 2019 el FA perdió el balotaje frente a la coalición liderada por Lacalle Pou, del PN, la coalición obtuvo el 49 % y el FA el 47 %. En esa ocasión, la coalición multicolor de Lacalle Pou controló ambas Cámaras. En la elección de 2024, la coalición oficialista obtuvo el 46 % y el FA el 49,8 % aunque el FA solo controla el Senado. Lo que parece un simple listado de porcentajes es la clave para entender los resultados de la política uruguaya. Más allá de mayorías circunstanciales, y un predominio del FA entre 2005 y 2020, la diferencia entre los bloques es poca, existe movilidad de votantes de centro y por tanto los partidos moderan su oferta programática. 

La campaña de 2024 fue tildada de aburrida y sin mayores enfrentamientos. La razón es que ambos bloques buscan un puñado de electores centristas que gustan de las cosas a la uruguaya. Lacalle Pou, que se autodefine liberal y proveniente de la línea neoliberal del PN, defendió el rol de un Estado fuerte en un discurso frente a Milei en Argentina. No es casual que Lacalle entregue el mando con una aprobación superior al 50 % (solo debajo de Mujica) y que haya conducido el país sin políticas disruptivas. De hecho, y con el ojo puesto en las elecciones de 2029, algunos días atrás Lacalle dijo: “Me está gustando que me digan tibio, hoy el coraje está en el centro”. En una línea similar, el presidente electo, Yamandú Orsi, era apodado tibiorsi por los sectores de izquierda que buscan avanzar en su agenda redistributiva.  

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¿Retorno de la izquierda en Uruguay?

El FA es un partido político programático de izquierdas que tiene una conexión orgánica fuerte con el movimiento sindical y social. Sin embargo, a diferencia del PT brasileño, el sindicalismo uruguayo y la militancia de base del FA tienen un comportamiento autónomo de sus líderes.  De hecho, el FA tuvo que dejar en libertad de acción a sus militantes en el plebiscito para constitucionalizar la edad jubilatoria en sesenta años promovido por la central sindical. Mientras que tanto Orsi como la vicepresidenta electa, Carolina Cosse, dijeron que votarían contra el plebiscito por entenderlo arriesgado en términos macroeconómicos, el 38 % del electorado votó a favor. Estas tensiones al interior del campo social y político de la izquierda hacen prever que la moderación buscada por los líderes políticos tendrá siempre el contrapeso de la militancia del FA y el movimiento sindical que empujará cambios graduales tanto en la esfera de la seguridad social como en las políticas redistributivas a través de aumentos del salario y la progresividad tributaria.

Además, a diferencia de los primeros gobiernos del FA, el Gobierno no tiene una mayoría propia en la Cámara de Diputados, lo que necesariamente implicará el diálogo con otros actores del sistema político. 

En este escenario de estabilidad política y moderación, la expectativa es que los próximos cinco años de Uruguay sean muy similares a lo que han sido los veinte anteriores. Hasta ahora, los outsiders estridentes han fracasado y quienes llegaron a la política desde fuera del sistema, como el general retirado Manini Ríos, rápidamente se integraron al formato del conflicto político en Uruguay: sin estridencias, gradual y con una alta participación de la ciudadanía tanto a través de los movimientos sociales como a través de los mecanismos de democracia directa. 

Uruguay y la región

Uruguay es un país pequeño que siempre dependió de una política exterior amistosa sujeta a las tradiciones del derecho internacional. Desde la redemocratización en 1985, todos los gobiernos han seguido una línea de no injerencia en los asuntos de los países extranjeros. Las políticas de buena vecindad han sido particularmente importantes dada la fuerte conexión histórica y política que existe con Argentina, un país que tiene un patrón sistemático de inestabilidad política.

Finalmente, además de procurar una relación amistosa con sus vecinos, Uruguay busca deliberadamente proyectarse como una referencia simbólica del funcionamiento virtuoso de las formas democráticas y republicanas. Por eso, Lacalle Pou ya ha participado junto a Yamandú Orsi en toda la agenda exterior. El mismo gesto que se buscó en 2023, cuando Lacalle Pou viajó con los expresidentes José Mujica (FA) y Julio María Sanguinetti (PC) a la toma de posesión de Lula Da Silva. 

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Acerca del autor

Lihuen Nocetto
lnocetto@razonpublica.org | + posts

*Doctor en Ciencia Política. Profesor de la Universidad Católica de
Temuco, Chile. Investigador asociado del Centro de Políticas Públicas
(UCT).

1 comentarios

Lihuen Nocetto

Escrito por:

Lihuen Nocetto

*Doctor en Ciencia Política. Profesor de la Universidad Católica de Temuco, Chile. Investigador asociado del Centro de Políticas Públicas (UCT).

Comentarios de “El retorno del FA al gobierno de Uruguay y el triunfo de la moderación”

  1. Muy buen análisis. Te felicito querido sobrino. Desde lejos no es fácil contar con todos los elementos que has manejado. La política en Uruguay no es entendible para otros países. Algunos, cómo los argentinos nos envidian pero los vicios de la política sucia van tomando vuelo. Lo importante es que no se deja espacio a la ultraderecha que hace estragos. La coalición y el frente forman un bloque convincente que oscila y que no deja filtrar esas ideas.

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