Retaliar o no, frente a los aranceles trumpianos
Foto: The White House

Retaliar o no, frente a los aranceles trumpianos

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Han retaliado China, Canadá y la Unión Europea. Se destaca el comportamiento mexicano, que no ha retaliado. Y se ha beneficiado. Porque lo importante aquí no es el nivel absoluto, sino el nivel relativo frente al competidor importante.

Los acuerdos arancelarios de la administración Trump resaltan porque prácticamente todos los países del Mundo han aceptado una asimetría: en tanto que Estados Unidos impone sus aranceles, muy pocos países han retaliado y ninguno al nivel de Estados Unidos. Globalmente esto es una buena noticia, pues indica que el ciclo vicioso de retaliaciones de la Gran Depresión no tiene actualmente condiciones para repetirse.

Analizado individualmente, este panorama muestra, además, para los países pequeños, una situación desventajosa por el poco poder de retaliación frente a un enorme mercado importador. Ahora bien, el poder de Estados Unidos como importador ha disminuido mucho a lo largo de la última década: En 2000 representaba el 20% de las importaciones mundiales, en tanto que en 2024 es el 14%. En el mismo período, China creció desde 3,6% hasta 10,9% y el ritmo de crecimiento de las importaciones chinas en los últimos años indica que podría desplazar a Estados Unidos de la segunda posición en uno o dos años, dependiendo principalmente del estancamiento o la caída de las importaciones estadounidenses (datos calculados sobre los Indicadores del Desarrollo Mundial – Banco Mundial). Resulta curioso que siendo Europa el mayor mercado importador, la Unión Europea y países europeos aliados no hayan logrado utilizar políticamente ese poder de mercado de la manera como Trump lo está haciendo. 

La política arancelaria trumpiana es contundente frente al comercio de los países pequeños, pero en esta guerra arancelaria comienza a perder poder de coacción frente al gigante chino. 

Dentro de esta lógica, ¿qué países se han sentido con capacidad para retaliar? China, el primero, que además es el único que tomó en algún momento retaliaciones arancelarias de igual a igual. Canadá, que puso aranceles en los sectores donde Estados Unidos le impuso aranceles. La Unión Europea, que ha impuesto retaliaciones, aunque son más simbólicas que económicas y en todo caso poco decididas. Se destaca el comportamiento mexicano, que no ha retaliado, no ha criticado. Y se ha beneficiado. Porque lo importante aquí no es el nivel absoluto, sino el nivel relativo frente al competidor importante. Y para México, China ha sido desde hace medio siglo el mayor competidor. 

Veamos caso a caso las respuestas. 

  • Canadá

Las retaliaciones han sido serias y así han sido reconocidas, con cierta furia, por la contraparte estadounidense. Sin embargo, en el caso de Canadá el grueso del comercio (85%) pasa bajo las normas del acuerdo de libre comercio de Norteamérica. Pero las medidas sectoriales, que no tienen la excepción del acuerdo, son particularmente dañinas para el comercio canadiense: en maderas, aluminio, acero y automóviles, Canadá es un importante proveedor de Estados Unidos. Canadá impone aranceles en estos sectores a los productos estadounidenses y guarda armas adicionales como energía eléctrica, uranio procesado, tránsito hacia Alaska, entre otras muchas de las armas que podría esgrimir en una guerra comercial de fondo. Un arma para-arancelaria que está siendo usada recientemente es desviar las exportaciones de petróleo de arenas bituminosas canadienses hacia China. 

  • Unión Europea

Luego del acuerdo de julio 28, la Unión Europea paga aranceles del 15% (a partir de septiembre) incluso para acero, autos, aluminio, y no cobra aranceles a los productos estadounidenses. La Unión Europea había impuesto algunas retaliaciones frente al arancel del 20% original del “día de la liberación”, pero eran retardadas y su nivel resultaba simbólico frente al alto arancel que pagó en todos los productos. Como en los acuerdos con Corea y Japón, la Unión Europea se comprometió a hacer grandes inversiones en Estados Unidos de aquí a 2028. 

  • México

El grueso del comercio de México con Estados Unidos (85%) está libre de aranceles gracias a que cumple la norma de origen del acuerdo de Norteamérica. Se decía inicialmente que apenas el 40% cumplía la norma de origen, pero en realidad el 40% del comercio reclamaba norma de origen para no pagar los aranceles existentes preacuerdo. Con los aranceles posacuerdo incrementados brutalmente, en la actualidad el comercio sí está reclamando norma de origen. México paga arancel sectorial en acero, aluminio (50% sobre el contenido mexicano); el comercio automotor corre en su mayoría dentro del acuerdo. El comercio mexicano ha seguido creciendo gracias a que las disrupciones con el resto de socios han sido mucho mayores que en el caso mexicano. 

  • China

A diferencia de los anteriores socios comerciales, China sí ha retaliado de manera dura. Me pregunto incluso si no es una sorpresa para los mismos chinos el éxito que ha que ha tenido su estrategia de retaliación, en la cual se destacan:

  • Como demostración de una larga preparación para una eventual guerra comercial, China había deslocalizado la producción hacia otros países de manera que el comercio entre Estados Unidos y China había caído sustancialmente y el comercio de Estados Unidos con los países vecinos (Filipinas, Vietnam, Indonesia, etc.) se había incrementado. China exporta a los países vecinos y estos a Estados Unidos. (en el artículo anterior analicé el ejemplo de Malasia). Ahora Estados Unidos debe negociar reglas de origen en cada país que comercia masivamente con China y/o aranceles comunes que eviten la deflexión del comercio desde China a través de los países del sudeste asiático. 
  • China respondió a los aranceles “recíprocos” de Trump en la misma especie, y así se llegó en un instante a cruzarse aranceles del 145% vs. el 125% unos pocos días después del anuncio de los aranceles recíprocos, en abril. Un acuerdo preliminar logró poner estos aranceles recíprocos en promedios del 57% vs. el 10%. Si bien hubo retaliación en este campo, la diferencia de nivel es muy importante y digna de destacar: China ha usado el arma arancelaria dentro de la racionalidad económica, en tanto que Estados Unidos la ha usado como elemento de propaganda, más que contando sus consecuencias económicas. Gracias a ello, los efectos de los aranceles chinos son incluso más fuertes que los de los estadounidenses: en los productos que exporta Estados Unidos a China, el 10% sobre la soya estadounidense bastó para  volcar las importaciones chinas hacia la soya brasilera y últimamente, la argentina.
  • El componente más decisivo, para el cual parecen también haberse preparado largamente, es la política de control a la exportación de tierras raras y de los productos de tierras raras. China en abril colocó unas restricciones genéricas y recientemente había propuesto una restricción radical de manera que un país importador de tierras raras debía obtener licencia para la exportación a terceros de un producto que tuviera el 0,1% de valor de tierras raras chinas. Una restricción de semejante nivel es un problema gigantesco para las empresas estadounidenses, en particular el “complejo militar-industrial” y ha sido la principal razón para que Estados Unidos se siente a negociar de tú a tú con China.

En la última ronda de negociaciones, China logró una rebaja arancelaria de un promedio del 57% a uno del 47% a cambio de una colaboración en las restricciones a los precursores del fentanilo; además, se levantaron las restricciones sobre buques en puertos y China se comprometió a comprar soya. Las restricciones a productos de tierras raras se aplazaron un año, pero no se eliminaron, y las restricciones a la exportación de tierras raras continúan tal como desde abril. Hay lecturas de que en esta ronda de negociaciones Estados Unidos ganó, y versiones de que China ganó. El hecho es que los avances fueron magros y las grandes decisiones se aplazaron para dentro de un año. Yo tengo la impresión de que en el juego largo China tiene más armas, y que aplazar las soluciones es una derrota para Trump. 

  • Brasil, India

Por diversos motivos (invocando la ley Magnitisky sobre Bolsonaro, sanciones secundarias al petróleo ruso), Trump ha impuesto aranceles del 50% a estos dos países, miembros de los BRICS, situación que los iguala a China. Ahora bien, mientras se mantengan los aranceles agrícolas, así sean del 10% en China, Brasil obtiene ganancias importantes. India parece haber calculado que las sanciones no valen tanto como lo que le reditúa la compra de petróleo ruso a descuento. Las negociaciones con estos socios (¿o exsocios?) continuarán. 

  • Corea, Japón

Luego de la reciente gira de Trump en Asia, los productos de estos países quedaron sujetos, en general, a una tasa del 15%. A cambio, estos dos países se comprometieron a invertir gigantescos montos en Estados Unidos. La negociación parece frágil, dejó muchas áreas grises y no tiene elementos vinculantes, de manera que es previsible una renegociación o un descarte de estos acuerdos. 

  • Sudeste asiático

En su reciente gira, Trump logró acuerdos con Tailandia, Vietnam, Malasia, Camboya, Australia. Si bien los detalles todavía no están disponibles, la sola selección de socios indica que Trump está negociando la obligación de imponer aranceles a los productos chinos para que la industria en estos países pueda a su vez exportar a Estados Unidos. Los países del sudeste asiático se verán entre la espada gringa y la pared china: en algún punto deberán escoger campo, imponiendo aranceles secundarios a los productos chinos (y sufriendo retaliaciones chinas) o bien aceptando los mismos aranceles que China para sus exportaciones al mercado estadounidense. 

Los resultados de esta negociación de aranceles secundarios son claves para la previsión del panorama estratégico que se está formando en el comercio mundial y para la existencia de los organismos multilaterales.

  • Panorama estratégico

Si los países del sudeste asiático aceptaran imponerle aranceles secundarios a China según la solicitud gringa, las normas multilaterales de comercio se verían vulneradas ya no por un socio, sino por una multitud de participantes en la Organización Mundial del Comercio (OMC). La normativa multilateral comenzaría a ser inaplicable, en esta primera alternativa. La segunda solución alternativa, en la cual los países del sudeste asiático aceptan para sus productos el mismo arancel que los productos chinos al ingresar a Estados Unidos, implica que sólo Estados Unidos está por fuera de las reglas multilaterales de comercio, siendo esta segunda situación ampliamente preferible. Esta es una primera preocupación en el panorama estratégico de los aranceles trumpianos. 

Una segunda preocupación, al menos para los países sin capacidad de retaliación, es que Trump está negociando según la importancia estratégica del socio. México muestra cómo lo mejor es comer callado, si no hay perjuicios fundamentales. Pero para todos los países que no tenemos tan alta importancia estratégica, la estrategia de comer callado implicará que en algún momento un socio de mayor importancia logrará concesiones claves y dañinas para nuestro comercio. Este socio puede ser, en su orden, China, Canadá, Brasil, India, el sudeste asiático, etc. Lo más preocupante sería que China pudiera presionar a Estados Unidos y se eliminaran los aranceles a los productos chinos. En ese caso, quedarían Colombia, Brasil, India, el sudeste asiático, etc., en desventaja arancelaria frente a China. Y así sucesivamente, hasta que el último socio de menor importancia logre acordar sus aranceles con Trump. 

Le recomendamos: El viaje de Trump por Asia: ¿triunfalismo o regreso al punto cero?

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Joaquín Montes
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*Economista y científico de datos

1 comentarios

Joaquín Montes

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Joaquín Montes

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Comentarios de “Retaliar o no, frente a los aranceles trumpianos”

  1. Si la OMC ya no funciona, y el problema es que le principal socio comercial ya no es confiable, el camino es diversificar mercados, BRICS, sudeste asiático, Africa. Y con USA, tratamiento de caca de perro. Porque ya se va a ver que tenerlos de amigos, como Argentina, va a ser mucho peor.

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