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Réquiem por el uribismo

Escrito por Carlos Arturo López

Durante sus últimos días este proyecto político parece haberse dedicado a construir un país en contravía de sus propios ideales: en vez de frenar el cambio, los uribistas lo están acelerando.

Carlos Arturo López*

Regalos del uribismo

Durante sus últimos días el uribismo regaló al país algo que necesitaba, pero el costo fue demasiado elevado.

Muy a su pesar, desde el gobierno y apoyado por sus esbirros mediáticos este proyecto político favorece a la oposición y sienta las bases para un cambio necesario en la Policía Nacional. También se esfuerza en causar y recibir las justificadas y diversas reclamaciones de los movimientos sociales y de las protestas públicas.

Gracias a su reacción al paro nacional se consolidó un apoyo internacional a las exigencias de los protestantes. Incluso Estados Unidos se pronunció contra la actuación del gobierno nacional en las últimas semanas.

Por si fuera poco, el uribismo llamó la atención y puso a circular algunos proyectos revolucionarios que rechaza y que hasta la fecha no tenían lugar en la política nacional.

Foto: Facebook Álvaro Uribe Vélez - Manifestación poco numerosa en contra del paro nacional

La violencia

Dan ganas de agradecerle a este movimiento político que abona el futuro con sus restos. Pero el agotamiento del uribismo no es un gesto de generosidad.

Las pruebas son sus excesos de violencia (6.402 falsos positivos por mencionar una de sus cifras macabras), los ataques a las instituciones estatales con expresiones que atentan contra la división de los poderes (desacreditando la función de las altas Cortes, por ejemplo) y el modo como incitó a la Policía a cometer desmanes y delitos durante las protestas.

El uribismo promovió a algunos políticos jóvenes para convertirlos luego en carne de cañón (el exministro Arias, que ya paga cárcel; y el propio Duque que en algún momento tendrá que poner su pellejo ante las Cortes nacionales o internacionales por lo ocurrido durante las actuales protestas y quién sabe por qué más).

Incluyamos también el escaso interés que ha mostrado el uribismo por las nuevas generaciones de colombianos que ya no comulgan con la moral, el tratamiento del   medio ambiente y el manejo de la economía que promueve.

Costos

No podemos agradecer esos beneficios: ya se pagaron con creces mediante reformas tributarias, proyectos de ley y otras medidas que deterioran el pecunio, la seguridad social y la estabilidad nacional. Incluso se pagó con la sangre de la juventud, convertida en falsos positivos, de líderes sociales y de manifestantes.

Dan ganas de agradecerle a este movimiento político que abona el futuro con sus restos. Pero el agotamiento del uribismo no es un gesto de generosidad.

Cada vez es más claro que el uribismo gobierna para una minoría usando mecanismos poco ortodoxos y fomentando el reparto desigual de las riquezas. ¿Cómo sorprenderse de que ahora ahuyenten a las mayorías de su caudal electoral para, por fortuna, abrirles paso a otras apuestas de país?

Es claro que el respaldo del uribismo a la Policía será el soporte de su futura y necesaria transformación.

Con el tiempo, los policías que infringieron la ley serán condenados, pagarán los agentes que ganan más con los resultados de las protestas que con su mal remunerada función —o tal vez servirán como chivos expiatorios para exculpar a los mandos medios y altos, como sucedió con los falsos positivos —.

No es extraño que se multipliquen los reclamos al proyecto político uribista: tanta violencia, mentiras, incumplimiento de promesas y menoscabo de los intereses de múltiples grupos para beneficio de quién sabe quién.

El uribismo no entiende nada, únicamente percibe acciones vandálicas y terroristas. La incomprensión de la protesta se traduce en muertes, violaciones y desapariciones producidas por el mismo gobierno. Pero paradójicamente esto fortalece la protesta, la mantiene firme y le permite alcanzar proyectos que al comienzo parecían imposibles.

Sin embargo, el país retoma el tono sangriento de finales del siglo pasado a los ojos de la comunidad internacional, y con esta vieja imagen se van los recursos de la inversión extranjera y el turismo seguro. Las relaciones con las potencias internacionales se deterioran y los problemas con los países vecinos no se resuelven.

Cada vez es más claro que el uribismo gobierna para una minoría usando mecanismos poco ortodoxos y fomentando el reparto desigual de las riquezas

Para desventaja de quienes militan en el uribismo, perder el respaldo internacional mejorará el ejercicio de la justicia ante las Cortes internacionales. Gracias a la falta de respaldo hoy es posible que las quejas contra el gobierno no sean fruto de las conspiraciones de la izquierda, sino que partan de los centros económicos y políticos mundiales.

La languidez intelectual del uribismo acogió un discurso que no puede calificarse siquiera de “mala filosofía”, un discurso que se articula con una bien manejada jerga guerrerista e infantiles teorías de la conspiración.

De nuevo, el uribismo no entiende nada: ni las teorías del posestructuralismo que refiere mal, ni las múltiples razones de las protestas, ni el funcionamiento de los movimientos sociales, ni la diversidad de los reclamos, ni los elementos que integra paranoicamente con el uso ridículo del término “revolución molecular”; un tipo de ideario que el uribismo promueve sin siquiera notarlo.

Ya movilizó a la academia y a algunos medios de comunicación dentro y fuera del país para explicar con detalle y claridad los vericuetos teóricos de esa “revolución molecular”. Por estos canales se aclaró que en vez de promover las guerrillas urbanas, la apuesta por lo “molecular” es congruente con los intereses de esas generaciones que despreció el uribismo.

Al final, hay mucho que agradecer, pero no al uribismo ni a sus pírricas victorias, sino a quienes este proyecto político puso sobre las llamas: a sus militantes prófugos o encarcelados, a los militares y policías condenados y por condenar, todos ellos sacrificados para el beneficio de unos pocos.

Pero en particular hay que agradecer a quienes se oponen a ese obtuso proyecto de país: las personas que protestan a diario, las que haciéndolo pagaron con su vida, su seguridad sexual o su libertad, a quienes costean el cambio con un alto grado de pobreza que un gobierno menos servil podría evitar, a quienes hacen parte de una Colombia que ya no da espera, a esa incontable multitud: muchas gracias, nos vemos en las urnas.

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