¿Y renunciar para qué? El caso Jennifer Arias - Razón Pública
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¿Y renunciar para qué? El caso Jennifer Arias

Escrito por Jaime Wilches
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El plagio de la presidenta de la Cámara de Representantes revela los muy graves defectos de las universidades colombianas. La renuncia de la funcionaria no resolvería los problemas de fondo.

Jaime Wilches*

El país de los escándalos

Exigir la renuncia de los funcionarios públicos implicados en escándalos de plagio se ha convertido en un deporte nacional.

En las pocas ocasiones cuando uno que otro político se marcha, se oyen gritos de celebración en las redes sociales. Pero el problema de fondo queda intacto.

Por ejemplo, Karen Abudinen renunció al Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones cuando su apellido fue utilizado en redes sociales como sinónimo del verbo robar. Pero de los 70 mil millones no volvimos a saber nada. Al parecer quedarán en el museo de la corrupción.

Y la lista sigue: los familiares de reconocidos personajes de la farándula implicados en el narcotráfico corroboran que estamos lejos de superar la narcocultura, pero sus sanciones quedaron reducidas a un meme.

Ese era el tema de este artículo, pero como es habitual en Colombia apareció un nuevo escándalo que tapó el anterior. La semana pasada la Universidad Externado confirmó que la presidenta de la Cámara de Representantes Jennifer Arias cometió plagio en su tesis de maestría. Rápidamente, la palabra de moda inundó las redes sociales: renuncie. Pero su improbable renuncia sería inútil, pues no aleccionará a nadie ni cambiará la forma de hacer política en Colombia.

En las pocas ocasiones cuando uno que otro político se marcha, se oyen gritos de celebración en las redes sociales. Pero el problema de fondo queda intacto.

Ni la civilizada y desarrollada Alemania se salva de estas situaciones. En 2011, el ministro de Defensa Karl Theodor zu Guttunberg admitió el plagio de su tesis doctoral y presentó su carta de renuncia, pero el “triunfo” mediático fue pasajero, pues al poco tiempo el político de derecha volvió a presentar su tesis y actualmente hace giras políticas y es aplaudido en la plaza pública.

Cinco omisiones importantes

Lo de veras preocupante del escándalo de Arias es que los medios se han negado a reconocer que la academia y la universidad son responsables de que los plagios se hayan convertido en una práctica habitual. A continuación, expongo cinco puntos que han omitido los medios:

  1. El plagio ha desbordado a la academia

El afán por conseguir títulos, la flexibilidad ética y la cultura del atajo han invadido la comunidad docente y estudiantil. Una investigación más profunda y menos mediática revelaría que un porcentaje considerable de trabajos de grado se pasan por la faja el respeto a los derechos de autor.

  1. Las universidades anteponen la cantidad a la calidad de los graduandos No es un secreto que la educación privada está atravesando una crisis, y que muchas veces los profesores reciben sutiles recomendaciones para que “pasen el estudiante”, pues el objetivo principal es mover el mercado de títulos.

Hoy existe una sobreoferta de cupos universitarios que obliga a competir con precios y con licencias en el desarrollo de trabajos de grado o eufemismos como los “conductos regulares” en donde las directivas muchas veces se inclinan a dar la razón al estudiante para evitar tutelas y derechos de petición.

Pero hoy por hoy sin duda gana el espectáculo y el Externado salió bien librado pese a que debió descubrir el plagio cuando Arias presentó su tesis y no ahora.

  1. Las investigaciones tienen poco o ningún impacto

Las Universidades están obsesionadas con los rankings internacionales, pero la obsesión ha sido improductiva, pues ninguno de los 6.000 investigadores más citados del mundo es colombiano.

Un fenómeno menos visible que el plagio, pero más dramático, es la aceptación de tesis donde prima el “plagio diplomático”, es decir, que se limitan a citar con normas APA lo que otros han dicho sin aportar absolutamente nada nuevo al campo de conocimiento.

  1. Las universidades exigen requisitos inútiles

Para los estudiantes es difícil aportar algo nuevo al canon académico porque las universidades exigen un sinnúmero de minucias administrativas que carecen de sentido y son condescendientes con el plagio y el plagio diplomático.

  1. Las personas estudian por razones equivocadas

El deseo de adquirir y producir conocimiento no es la principal motivación para realizar un posgrado. Las universidades venden estos programas como tablas de salvación económicas, aunque en la práctica no lo sean. Expresiones como “Necesito graduarme”, “Me están pidiendo el título” o “Cuando me gradúe me van a ascender” dan cuenta de las motivaciones que impulsan a los estudiantes a realizar estudios especializados. En el fondo, se trata de una cuestión de reconocimiento económico y social, y no de un interés genuino en el conocimiento.

Un país confundido

Por supuesto, estos diagnósticos no niegan la existencia de profesores, estudiantes y universidades cuyo deseo es el conocimiento.

Pero hoy por hoy por hoy sin duda gana el espectáculo y el Externado salió bien librado pese a que debió descubrir el plagio cuando Arias presentó su tesis y no ahora.

Como señala Mauricio García Villegas en El país de las emociones tristes (2020), Colombia es un país confundido en la administración de sus sentimientos. Y esa confusión hace difícil encontrar los rumbos éticos. Unos piden renuncias, otros se aferran a sus puestos y otros prefieren callar y esperar que la marea del escándalo se calme. Lo más grave es que muchos quedan con la sensación de que para lograr cosas grandes hay que ser deshonesto como Arias.

Seguramente, la próxima semana habrá un nuevo escándalo, y una nueva petición de renuncia a un funcionario público cuyos actos dan cuenta de nuestra hipocresía social.

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