Registro Universal de Ingresos y la des-estratificación
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Registro Universal de Ingresos y la des-estratificación

Escrito por Marta Juanita Villaveces Nino

Sabemos que Colombia es un país profundamente clasista que se revela en expresiones como “¿mi plata no vale?” o “¿no sabe quién soy yo?” o dichos que no vale la pena repetir, que definen al otro según su origen, su acento o las palabras que usa a diario. En Colombia se discrimina por el colegio o la universidad donde se estudia, por el lugar donde se vive y por la rama del apellido que algunos pretenden conocer hasta sus ancestros españoles, casualmente todos de aristocracia.

Más aún, sólo en Colombia decirle a alguien de qué estrato es o de cuál pretende ser es la distorsión de una herramienta de focalización de subsidios para señalar y segregar por clase, como lo ha analizado la profesora Uribe-Mallarino.  En ese contexto, la noticia del DNP de trabajar en el piloto que lleve a un Registro Universal de Ingresos- RUI- es, sin duda, una gran noticia.

La estratificación en Colombia, como mecanismo de asignación de subsidios, se creó en la década de 1980 y se formalizó en 1994 con la Ley de Servicios Públicos. La idea tenía sentido, se creó un mecanismo de subsidio para garantizar el acceso a los servicios básicos [agua, electricidad y gas]. A falta de un sistema tributario robusto que garantizara la redistribución del ingreso gravando a quienes más tienen, se diseñó un sistema según criterios espaciales de la vivienda, así, quienes cuentan con condiciones más favorables [fachada, materiales, estado de la calle] subsidian a quienes están en una condición más difícil en 6 estratos: un sistema que parecía cumplir su propósito redistributivo.

Sin embargo, desde el punto de vista de la creación de referentes culturales, la sociedad ha asociado el sistema de estratos a las clases sociales y con esto a un imaginario que reforzó el clasismo histórico y lo llenó de segregación espacial y señalamiento. De un momento a otro, el estrato parece decir todo de las personas, tanto que se han creado relatos de estratos inexistentes en el sistema, pero sí en las representaciones colectivas; ser de estrato 10 que es, no solo alguien con ingresos enormes sino también con pretensiones que desbordan las posibilidades de este país.  Esto es un efecto no deseado de un sistema de estratificación.

También el sistema de estratificación llevó a problemas de focalización de las políticas sociales y de subsidios, que lleva a un uso ineficiente y distorsionado de los recursos públicos. Según el DNP hay errores de inclusión que afecta la asignación eficiente al darle al que no necesita [cerca de 3.5 millones de hogares reciben sin ser considerados pobres o vulnerables], y de exclusión al no permitir que cerca de 197.000 hogares de estratos 4, 5 y 6 reciban por estar en condición de vulnerabilidad. Además, el modelo actual no tiene capacidad de respuesta a cambios positivos de movilidad social dificultando la exclusión de los beneficios sociales cuando se mantienen en la misma vivienda.

El esfuerzo por crear y consolidar el RUI no sólo entierra la idea de los estratos como mecanismos de asignación de subsidios, sino que se acerca más a lo que puede ser una clasificación social a partir de las características económicas de cada individuo, es decir, el ingreso, pero no como un determinante en su vida sino como una situación variable en el tiempo. Así, una persona hoy puede tener altos ingresos y, por tanto, contribuir proporcionalmente, pero si llega a experimentar una reducción de ingresos [por una crisis económica, personal o familiar], será receptor de subsidios aun habitando la misma vivienda que hoy tiene un estrato casi estático.

Sin duda el RUI es mucho más que esto y busca información más clara y certera de los individuos, sean declarantes de renta o no, que permita una asignación consistente con los ingresos, evitar los colados y asignar con más eficiencia los recursos de la política social. El RUI es una herramienta hacia un sistema de subsidios y programas sociales más progresivo y dinámico. Más progresivo, pues quién tiene, cuando tiene, hará contribuciones según sus ingresos y, más dinámico, pues en casos de movilidad social las condiciones de solidaridad se transforman. La puesta en marcha del RUI en 2026 pasa por el reto de la armonización de las fuentes de información que exige una articulación de datos del DNP y la  DIAN, principalmente.

Ojalá un efecto colateral positivo sea que la cultura se des-estratifique y demos un paso a la no discriminación clasista. Que esos imaginarios de 1 a 6 no señalen y segreguen, sino que entendamos que todos contribuimos cuando podemos y recibimos cuando necesitamos, construyendo colectivamente esta sociedad.  Que las futuras generaciones no sepan que es eso de ser de “estrato 10 o 2” y que no se oculten los que pueden contribuir en la comodidad de sus hogares que, hasta hoy han sido considerados objeto de subsidios.

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