Reformas sin coaliciones reformistas - Razón Pública

Reformas sin coaliciones reformistas

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En días pasados presenciamos en el Senado el hundimiento de la consulta popular promovida por el Gobierno Nacional, que tenía como propósito someter a refrendación popular varios de los temas centrales de la reforma laboral. En una jugada estratégica de la oposición, lograron revivir la apelación al hundimiento de la reforma laboral, como un mecanismo para que se cayera la consulta popular en el Senado. El paso a paso de toda la jornada, las jugadas, jugaditas, jugadotas y demás, ya ha sido ampliamente descrito en otras notas de prensa y columnas, por lo que aquí no vamos a volver a ello. Vamos a tratar simplemente de analizar un poco el panorama actual.

Para hacer este breve análisis vamos a recurrir a dos conceptos: polarización y coaliciones amplias. Con respecto al primero diremos que efectivamente Colombia en este momento tiene una fuerte polarización política. Pero como señalan autores como Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, la polarización per se no es negativa en las sociedades, pues lo perjudicial es la polarización extrema.

Podemos definir la polarización como el proceso o la situación en la que la distancia ideológica entre los principales actores tomadores de decisiones colectivas en una sociedad crece tanto, -en temas políticos, económicos, culturales, etc, – que les dificulta llegar a consensos básicos. Ciertos temas por su naturaleza pueden generar una fuerte polarización en muchas sociedades, incluso en democracias avanzadas, como el aborto, la eutanasia, los derechos de las personas LGTBIQ+, la independencia de un subterritorio nacional, etc, y esto no significa que sus democracias estén en peligro o en riesgo de caer.

El problema está en la polarización “extrema”, la cual implica que no solo existen dificultades para lograr unos consensos básicos, sino que (1) el lenguaje se empieza a tornar cada vez más violento contra el adversario, (2) el adversario ya no es visto como un contendiente legítimo sino como un enemigo existencial, al cual hay que excluir porque implica un “riesgo” para el sistema, (3) se logran cada vez menos acuerdos básicos en las principales instancias de tomas de decisiones (como el legislativo) y (4) quizás el síntoma más preocupante, cuando se recurre a la violencia física para agredir al adversario.

El problema con el concepto es que en ocasiones lo hemos usado con mucha imprecisión. Episodios como la Violencia de los 50s o el gobierno de Santos, todos van a parar a la misma bolsa. Por ejemplo, durante la administración de Juan Manuel Santos, algunos medios y analistas aseguraban que estábamos en una situación de polarización extrema, pero, como bien señaló el profesor Francisco Gutiérrez Sanín en su momento, más que una polarización vivimos fue una radicalización de un sector de la derecha. Polarización no es lo mismo que radicalización. La polarización es cuando dos o más actores se van a los extremos opuestos, radicalización es cuando uno de los actores se va al extremo -como hizo la derecha en ese momento atacando al proceso de paz con las FARC-EP- pero los demás sectores no necesariamente lo hacen. En ese caso la dificultad para lograr los consensos básicos se presenta no porque los actores se estuviesen alejando, sino porque uno de ellos se está alejando.

Pero como señalamos en párrafos anteriores, en la actualidad sí estamos en una situación clara de polarización, más que por la naturaleza de los temas, por los grandes intereses económicos que se verían afectados si se llegan a aprobar las reformas – salud, pensiones, laboral, tierras, etc-. Lo que deberían evitar todos los actores relevantes en el proceso de toma de decisiones colectivas y vinculantes de la sociedad colombiana – gobierno, oposición, medios de comunicación, gremios, sindicatos- es llevar la situación a un escenario de polarización extrema.

Uno de los principales fenómenos que puede hacer que un país se salga -o no llegue a estar- en eso que James Robinson y Daron Acemoglu llaman el pasillo estrecho, es precisamente la polarización extrema. El pasillo estrecho es ese camino en el que los países tienen Estados lo suficientemente fuertes para la provisión de bienes públicos y la garantía de derechos y libertades, pero con una sociedad civil lo suficientemente fuerte y activa para participar, controlar y exigirle rendición de cuentas. Así mismo, una manera en la que los países pueden mantenerse – o meterse si no lo están- en el pasillo estrecho es conformando lo que los autores llaman coaliciones amplias de actores políticos y económicos relevantes, que en ciertas coyunturas críticas toman decisiones políticas claves relacionadas con hacer cada vez más incluyentes sus instituciones políticas y económicas.

Esto último es lo que al parecer todavía el gobierno de Petro no ha logrado conformar. Al inicio de su gobierno con la inclusión de sectores liberales, de la U y hasta algunos conservadores en los gabinetes y mayorías legislativas, la inclusión de los ganaderos/terratenientes en las negociaciones con el ELN, etc, parecía que lo lograría, pero el hundimiento de varias de sus principales reformas demostró lo contrario.

Las principales investigaciones académicas sobre el por qué triunfan las revoluciones sociales, señalan que más que la pobreza y el descontento- que son necesarias obviamente- el factor clave que determina si el régimen cae e inician las transformaciones políticas y económicas profundas, es la conformación de lo que los autores llaman una coalición revolucionaria. En democracia y sin violencia, las grandes transformaciones no vienen de coaliciones revolucionarias, sino de lo que podríamos llamar grandes coaliciones reformistas. Pero, por las torpezas de un gobierno de izquierda primerizo, el obstruccionismo interesado de la derecha radical y la falta de valentía y compromiso del centro, eso por ahora no es lo que parece estarse configurando en Colombia.

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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